El revivir los acontecimientos más importantes de la historia de la humanidad y acompañar a Nuestro Señor Jesucristo en su Pasión, Muerte y Resurrección nos ayudará a percibir de una manera más viva el amor que Dios tiene por nosotros.
A continuación, recordaremos algunos de los misterios de la Semana de la Santa, la semana de la Misericordia Divina.
El domingo de Ramos
Jesús entró en Jerusalén como el Mesías, anunciado por los Profetas, que restablecería el Reino de Dios entre los hombres. Las multitudes le aclaman y ponen a su paso, en el suelo, sus mantos, palmas y ramos. Lo que no imaginan esas multitudes es que será con su muerte en la Cruz como el Hijo de Dios hecho hombre conseguirá, para nosotros, la Redención.
Les sugiero una lectura meditada de los Evangelios como un excelente modo de acompañar al Señor en su Via Crucis .
Jueves Santo
Es el día de la Eucaristía, del Sacerdocio y del amor fraterno. En el atardecer de ese día, víspera de su muerte, Jesús, reunido con sus discípulos para celebrar la Pascua de los judíos, instituyó los sacramentos de la Eucaristía y del Orden Sagrado, lavó los pies a sus Apóstoles y promulgó el Mandamiento nuevo: “Que os améis los unos a los otros como Yo os he amado”
Las celebraciones con las que la Iglesia revive ese día nos invitan a agradecer a Dios ese Alimento –“el que come mi carne y bebe mi sangre tiene la Vida eterna”- y el don del sacerdocio; y nos recuerdan que el amor a los demás tiene que ser aquello por lo que pueda distinguirse a un cristiano: “en esto conocerán todos que sois mis discípulos”.
La asistencia a la Misa Crismal en la Catedral (que se celebra por la mañana), a la Misa de la Cena del Señor (por la tarde) o la visita a los Monumentos, podrían convertirse en una demostración de gratitud a Jesús Sacramentado.
Viernes Santo
Habiendo asumido como propios nuestros pecados en el Huerto de los Olivos, Jesús convierte sus consecuencias en un acto de Amor de valor infinito. Sus padecimientos son el fundamento de nuestra esperanza pues, como comenta San Pablo, “El que no perdonó a Su propio Hijo, como no nos va a dar con El todas las demás cosas”.
La participación en los Oficios o, al menos, el rezo o meditación de la Pasión puede ayudarnos a unirnos a la Cruz de Jesús
El domingo de Pascua
Al tercer día, según El mismo lo había profetizado, por su propia virtud Jesús realiza el milagro de su Resurrección. Este admirable milagro muestra cómo el aparente fracaso de su Pasión y Muerte había sido el camino, previsto para manifestarnos su amor, vencer definitivamente el pecado y la muerte y comunicarnos la Vida eterna.
Para expresar su asombro, su alegría y su agradecimiento la Iglesia utiliza una palabra que los manifiesta todos a la vez: ¡Aleluya! Los frutos del “misterio pascual” de Jesús -su Pasión, Muerte y Resurrección- se nos comunican a través de los sacramentos.
La participación a la Vigilia Pascual o a la Misa del Domingo de Resurrección es necesaria para cumplir el precepto dominical.