95.- El pecado original es el pecado que cometieron nuestros primeros padres, y que heredamos al nacer todos menos la Santísima Virgen.

 

95,1. La Santísima Virgen es la única que ha sido concebida sin pecado original. Esto es lo que queremos decir al invocarla con el título de «Inmaculada Concepción».

Dios le concedió este privilegio en atención a que iba a ser Madre de Jesucristo.

 

96.- El pecado original se lava con el sacramento del bautismo.

 

96,1. El sacramento del bautismo, al lavarnos el pecado original, infunde en nuestra alma la gracia santificante y nos hace miembros de la Iglesia, hijos de Dios y herederos del cielo[1] .

 

En el mundo hay muchos paganos sin bautizar. Por eso, los misioneros dejando familia, patria y todo, se van a lejanas tierras para instruirlos, bautizarlos y hacerlos hijos de Dios.

 

Jesús dijo a los apóstoles: Seréis mis testigos hasta los confines de la tierra[2] .

 

Podemos y debemos ayudar a la obra de los misioneros con nuestras oraciones, nuestros sacrificios y nuestras limosnas. Tenemos obligación de esto, pero según las posibilidades de cada uno.

 

Las Obras Misionales Pontificias mantienen en el Tercer Mundo:

Ochocientas ochenta y tres leproserías.

Cinco mil Hospitales.

Ocho mil Orfanatos.

Doce mil Asilos

Diecisiete mil Dispensarios y Ambulatorios.

 

La iglesia Católica está en más de mil territorios de misión, en los cuales atiende:

- 81.400 seminaristas.

- 10.000 novicios/as.

- 22.500 centros de asistencia sanitaria.

- 183.000 centros educativos[3].

 

El Vaticano ha podido distribuir, por petición del Papa, cinco millones  de dólares en 1997, siete millones en 1998, y nueve millones en 1999. Estas ayudas han sido destinadas a ayudar a las poblaciones afectadas por catástrofes naturales o humanas[4].

 

La Iglesia Católica educa en el Tercer Mundo a un millón de universitarios, a seis millones de alumnos de Enseñanza Media y a quince millones en la Enseñanza Primaria[5] .

 

Sólo la Compañía de Jesús educa en Hispanoamérica más de UN MILLÓN de niños en las Escuelas Gratuitas de Promoción Popular, Fe y Alegría.

Su sede en España está en Barquillo, 40, 2º, dcha. 28004-Madrid.

FAX: 91 319 40 28.

Correo electrónico (e-mail):fya@eurosur.org

 

Para mantener todo esto hace falta mucho dinero, y muchos misioneros y misioneras.

España es el país del mundo que tiene más misioneros: 25.000[6] .

Los misioneros católicos en el mundo son más de 200.000[7].

Según el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), el 85% de los españoles se declaran católicos[8].

Según reciente estudio en España se declaran católicos el 90% de los españoles[9]. Sólo el 1,6 % se declara creyente en otras religiones[10] .

 

A veces se oye decir:

 «Dejaos de ir a las misiones. Primero instalemos bien la Iglesia aquí».

Esto es no entender la catolicidad de la Iglesia.

La Iglesia es católica, es decir, universal.

Tiene que instalarse en la humanidad entera.

No puede limitarse a un pueblo o a una raza.

Su caridad universal se extiende a todos sin distinción.

Lo mismo a los  pueblos en decadencia, que a los de brillante porvenir.

Donde haya un alma, allí está la Iglesia.

Las misiones son una actualización de la catolicidad de la Iglesia.

 

Dijo el Papa Juan Pablo II: «Al afirmar que la Iglesia es católica, queremos decir que es evangelizadora, misionera y apostólica; si no tuviera estas características no sería la  verdadera Iglesia de Jesucristo»[11] .

 

Julián Marías en una entrevista publicada en el diario LA RAZÓN dijo: «El que el clero se ocupe tanto de las cosas puramente temporales es un problema. (...) Hace años vi en televisión unas declaraciones de unos misioneros. Decían: “Les enseñamos a cultivar la tierra y a curar las enfermedades. No tratamos de convertir a nadie”. Yo pensé: “Entonces, ¿para qué son misioneros? Para esas labores sería mejor mandar peritos agrícolas, médicos y enfermeros. Si un misionero no comunica la religión, no es misionero”. Las otras cosas son muy buenas. Pero no es la labor propia de un misionero. Y desde luego, no la principal»[12].

 

«Suma perplejidad produce en el cristiano de a pie el escuchar (...) que las misiones no tienen razón de ser en nuestro mundo actual, donde han de prevalecer las libertades personales. Se trata de suplantar el deber de evangelizar de la Iglesia Católica por el diálogo interreligioso entre las diversas culturas y religiones. (...) Lo verdaderamente importante es la promoción humana de las gentes, sacándolas del estado de injusticia o pobreza en que se hallan. (...)

»Juan Pablo II sale al paso de estas opiniones en su encíclica Ad gentes  diciendo[13]: “Esta concepción es irreconciliable con el mandato de Cristo a sus Apóstoles: ´Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura´[14]; enseñándoles a guardar todo lo que Yo os he mandado[15]’”

»Por eso dice San Pablo: «Ay de mí si no evangelizo».[16]

»Quede bien claro que hoy como ayer y como siempre son necesarias las misiones.

»Una cosa son la misiones, y otra muy distinta el diálogo interreligioso»[17].

 

España, a lo largo de su historia, se ha distinguido siempre en la defensa y propagación de la fe católica. Vittorio Messori, ese gran luchador de nuestro tiempo en defensa de la Iglesia Católica, en el campo del periodismo, dice: «Los creyentes en Cristo le debemos mucho a España»[18].

 

Dos palabras sobre la obra de España en América: la mayor obra de evangelización de la historia.

LA MITAD DE LOS CATÓLICOS DEL MUNDO está en HISPANOAMÉRICA.

Es para España un honor que la mayoría de las oraciones que llegan al cielo lo hacen en lengua española.

 

Todo comenzó con Isabel la Católica, pues su esposo el rey Fernando de Aragón no quiso comprometer el dinero de su Corona.

El principal motivo de la reina fue la evangelización.

«Confirma en su testamento que el principio inspirador de toda la conquista fue especialmente la evangelización»[19] .

Escribió el 23 de Noviembre de 1504, tres días antes de morir, que su principal intención en la conquista de América no fue aumentar los territorios de su Corona, sino la conversión de los indios a la Fe Católica[20] .

Su preocupación evangelizadora se evidencia en las normas que dio al gobernador Nicolás de Ovando en 1501: «Nos deseamos que los indios se conviertan a nuestra santa fe católica e sus ánimas se salven»[21].

 

Recientemente se ha introducido la causa de beatificación de Isabel la Católica.

El cardenal Darío Castrillón Hoyos, prefecto de la Congregación para el Clero, apoyó este martes la propuesta de beatificación de la reina española Isabel la Católica, a la que calificó de «una gran humanista, verdadero paladín de su época y entusiasta del Evangelio». «Sin Isabel la Católica, América no sería lo que es» afirmó el cardenal Castrillón, al subrayar el «humanismo cristiano» de la reina castellana.[22]

 

Evidentemente que en una obra tan gigantesca  como fue la evangelización de América hubo luces y sombras, como en toda obra humana.

Lo mismo que en la conducta en América de ingleses, franceses y holandeses.

Pero como dijo Juan Pablo II: «En la evangelización de América hay mucha más luz que sombras».

El premio Nobel Octavio Paz ha dicho que la diferencia entre la colonización de España y las colonizaciones de otros países está en la preocupación de España por evangelizar.

 

 Es indiscutible la conciencia evangelizadora de España, que en multitud de ocasiones salió en defensa de los indios oprimidos[23] .

Unos con ideas, como los dominicos Bartolomé de las Casas, a pesar de sus exageraciones, motivadas por su celo apostólico, y Francisco de Vitoria, desde la cátedra donde repetía que la fe no se puede imponer por la fuerza.

Otros con el ejemplo de su vida, como el jesuita San Pedro Claver, que se hizo «esclavo de los esclavos» para llevarlos a Jesucristo.

Los indios americanos fueron también defendidos por la CORONA ESPAÑOLA, que promulgó unas LEYES DE INDIAS, que no tienen igual en las legislaciones de otros países de aquel tiempo.

La misma Isabel la Católica escribió en su testamento: «no consientan ni den lugar que los indios y moradores de aquellas tierras reciban agravio alguno en sus personas y bienes: sean bien y justamente tratados.».

La obra colonizadora de España no se limitó a evangelizar, también elevó el nivel cultural de los indios.

Se levantaron colegios y universidades, se instalaron imprentas, se hicieron diccionarios y gramáticas que han perpetuado las lenguas indígenas, y algunos indios llegaron a hablar el latín mejor que los españoles. Incluso,en opinión de Pedro Borges, Profesor de la Universidad Complutense de Madrid, el nivel de alfabetización de muchos guaraníes y aztecas era superior al de los españoles de Castilla.

Pero, sobre todo, se erradicó el canibalismo y los sacrificios humanos.

 

 

96,2. «Los sacramentos son signos sensibles, instituidos por Cristo, para conferir la gracia que significan»[24] .

Los sacramentos son ritos, ceremonias sagradas (que incluyen palabra y acción), instituidos por Jesucristo[25] , que, si se reciben con buenas disposiciones, dan vida sobrenatural al alma, es decir, nos dan la gracia santificante[26] , o nos la aumentan cuando ya estamos en gracia.

 

Los sacramentos son los medios de salvación que Jesucristo dejó en su Iglesia para los hombres.

Son siete: bautismo, confirmación, penitencia (confesión), eucaristía, unción de los enfermos, orden sacerdotal y matrimonio.

 

El Concilio de Trento definió que los siete sacramentos fueron instituidos por Jesucristo[27] .

El Evangelio nos habla de la institución de cinco sacramentos: bautismo[28] , eucaristía[29] , penitencia[30] , orden sacerdotal[31]  y matrimonio[32] .

De la confirmación y de la unción de los enfermos no habla el Evangelio, pero nos dice el Nuevo Testamento que existían en tiempo de los Apóstoles; por lo tanto, tuvieron que ser instituidos por Jesucristo como los anteriores.

De la confirmación se nos habla en los Hechos de los Apóstoles[33] .

Y de la extremaunción en la Epístola de Santiago[34] .

También se habla de la institución del sacerdocio en los Hechos de los Apóstoles[35] , y del matrimonio en San Pablo[36] .

 

Los sacramentos deben celebrarse según las normas litúrgicas.

Dice el Código de Derecho Canónico: «En la celebración de los sacramentos, deben observarse fielmente los libros litúrgicos aprobados por la autoridad competente; por consiguiente nadie añada, suprima o cambie nada por propia iniciativa»[37].

 

Para que haya sacramento se requiere:

a) Un signo sensible.

b) Instituido por Cristo.

c) Que tenga la virtud de producir la gracia.

 

Todo sacramento consta de cuatro elementos:

a) Materia o cosa sensible: son los elementos materiales que se utilizan, agua, óleo...

b) Forma o palabras que utiliza el ministro con la intención de hacer lo que hace la Iglesia, es decir, administrar el sacramento de acuerdo con la voluntad de Cristo..

c) Ministro o persona que lo ejecuta.

d) Sujeto o persona que lo recibe.

 

Hay tres sacramentos que imprimen carácter.

«Carácter» significa en griego «sello imborrable».

Estos sacramentos imprimen un sello indeleble. Es decir, ponen un sello espiritual en el alma que no se borra jamás[38] .

Por eso sólo se pueden recibir una vez[39] . No se pueden repetir. Son: bautismo, confirmación y orden sacerdotal. Es de fe que el bautismo, la confirmación y el orden sacerdotal imprimen carácter[40] .

 

Los sacramentos son fundamentalmente acciones de Cristo[41] : «Cuando Pedro bautiza es Cristo quien bautiza»[42] .

«La gracia sacramental no depende de la santidad del ministro, sino de Cristo que actúa por medio de él»[43] . Esto, técnicamente, se llama «ex opere operato».

Pero el provecho espiritual del sacramento, sí depende de la disposición del que lo recibe[44] . Esto, técnicamente, se llama «ex opere operantis».

«Al celebrar un sacramento, el ministro ha de tener la intención de realizar la acción sacramental que Cristo confió a su Iglesia. Sin embargo, el poder santificador de los sacramentos no depende ni de la fe, ni de la santidad de los ministros, porque cuando alguien bautiza o perdona, es el mismo Cristo quien bautiza o perdona»[45] .

 

Las condiciones de validez y licitud de cada sacramento compete a la Iglesia determinarlo, pues a ella confió Cristo esta misión[46] .

 

Cada sacramento añade una gracia específica a la gracia ordinaria. No es una diferencia entitativa, sino moral: según los fines de cada sacramento[47] .

 

Para la recepción válida y lícita de los sacramentos se requiere estar bautizado (menos para recibir el bautismo) y en gracia de Dios (menos para recibir la absolución)[48] .

 

«Los sacramentos son la principal fuente de santificación que tiene la Iglesia de Jesucristo[49] .

 

97.- Es obligatorio recibir el bautismo, la confesión y la comunión; pero, además, deben recibir el matrimonio los que quieran casarse, y  todos la  unción de los enfermos en la hora de la muerte.

 

97,1. La confirmación no es absolutamente obligatoria para salvarse, pero todos los que aún no la hayan recibido deben recibirla, si se les presenta la ocasión oportuna[50] , pues ayuda a conseguir con mayor facilidad la salvación eterna.

 

El sacramento del orden es sólo para los que quieran hacerse sacerdotes.

 

«El matrimonio y el orden sacerdotal son sacramentos de estado. Lo cual significa que ambos sacramentos no se reciben tanto con vistas a la salvación individual, como para ocupar un determinado estado dentro de la Iglesia, para, dentro de él, servir a la comunidad.

 

De modo que estos sacramentos los recibe el individuo menos para sí mismo que para los demás: los esposos deberían partir siempre del supuesto de que cada uno consigue las gracias necesarias más bien para el otro cónyuge que para sí mismo»[51].

 

97,2. BAUTISMO. Es un sacramento por el que lavándonos con el agua e invocando a la Santísima Trinidad, se nos borra el pecado original[52] .

El bautismo, además de lavar el pecado original, perdona cualquier otro pecado personal que tuviere el que se bautiza[53] , si recibe el bautismo después de tener uso de razón (con tal que tenga el debido arrepentimiento), y todas las penas debidas por ellos[54] 

 

El bautismo nos introduce en la Iglesia[55] haciéndonos cristianos, miembros de la Iglesia, hijos adoptivos de Dios y herederos del cielo[56] .

Por el bautismo nacemos a una nueva vida, a la vida de la gracia, a la vida de la fe[57] .

Como el bautismo es la puerta para entrar en la Iglesia, «sin haber recibido el bautismo no se puede recibir válidamente ningún otro sacramento»[58] .

 

Los Testigos de Jehová imponen el bautismo de inmersión (por medio del baño) considerando inválida toda otra forma, basados en que Cristo lo recibió así en el Jordán.

Pero desde los primeros tiempos del cristianismo, en la Iglesia se empleó también el de ablución, como lo hace hoy la Iglesia.

Si San Pablo bautizó en la cárcel al carcelero[59] , no es probable que lo hiciera por inmersión. El mismo San Pablo fue bautizado por Ananías en una casa, y tampoco es probable que fuera por inmersión[60] .

Lo mismo San Pedro cuando el día de Pentecostés bautizó a tres mil[61] ; no es fácil fuera por inmersión.

En las Enseñanzas de los Apóstoles, escritas en el año 70 del siglo I, se habla del modo de bautizar derramando agua sobre la cabeza[62] .

 

El catecismo más antiguo que se conoce, con la Doctrina de los Apóstoles, es la Didajé, escrito el año 70 de nuestra era, cuando todavía vivían muchísimos discípulos de Cristo, dice [63] :«si no hay agua corriente, para bautizar  se derrama agua tres veces en la cabeza».

Es decir, desde los primeros años del cristianismo el bautismo se realizaba por  infusión, derramando agua sobre la cabeza del bautizando[64] .

«El bautismo se ha de administrar por inmersión o por infusión, de acuerdo con las normas de la Conferencia Episcopal»[65].

 

Cuando un niño nace, debe ser bautizado enseguida, para que se le perdone el pecado original y quede hecho cristiano.

La Comisión Vaticana para la Doctrina de la Fe afirma que «sigue en todo  su vigor la obligación de bautizar, cuanto antes, a los niños nacidos de padres cristianos normales; si bien actualmente por el avance de la medicina y por haber disminuido mucho la mortalidad infantil, esa forma de “cuanto antes” puede entenderse con mayor amplitud»[66] .

Pero «privar voluntariamente a los niños durante largo tiempo de este sacramento puede ser un pecado grave»[67] .

El actual Código de Derecho Canónico dice que los hijos deben bautizarse en las primeras semanas[68] .

«Ya desde los primeros tiempos, la Iglesia introdujo la práctica del bautismo de los niños. Orígenes (siglos III y IV) y San Agustín (siglos IV y V) ven en esta costumbre una tradición recibida de los Apóstoles[69] .

 

No es absolutamente cierto que puedan salvarse los niños que mueren sin bautismo.

Como tampoco es absolutamente cierto que no puedan salvarse.

Dios puede tener para salvarlos medios extraordinarios que nosotros desconocemos.

Por eso la Iglesia tiene una misa para estos niños, confiándolos a la misericordia de Dios[70] .

«La misericordia de Dios nos hace confiar que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin bautismo»[71] .

Pero es claro que si en caso de enfermedad mortal se dispone de dos medicinas, una que cura y otra que no estamos seguros de que cura, todo el que tenga sentido común aplicará la primera.

 

La existencia de limbo no es dogma de fe[72]..

El limbo es «el lugar o estado de los que han muerto sólo con el pecado original.

No pueden entrar en el cielo; ni tampoco ir al infierno ni al purgatorio, pues no tienen pecados personales»[73] .

 «El limbo es un estado de felicidad natural. pero sin la visión de Dios, que es el elemento esencial del cielo»[74] .

Esta carencia de Dios en el limbo no supone sufrimiento, como en el infierno, pues los del limbo carecen de razón, y nadie desea lo que desconoce.

El limbo es una conclusión teológica defendida hoy por casi todos los teólogos católicos[75] .

Pero no sabemos si Dios tiene modo de salvar a los niños que han muerto sin bautismo y que por lo tanto no tienen derecho al cielo.

 

Dice Monseñor Alessandro Maggiolini, teólogo, y uno de los redactores del Catecismo de la Iglesia Católica: «Sobre los niños muertos sin bautismo, la Iglesia no puede sino confiarlos a la misericordia de Dios que quiere que todos los hombres se salven.

»Tiene que significar algo la ternura de Jesús por los niños.

»Dios nos ha revelado su sincera y eficaz voluntad de tener junto a sí a todos, y espera también a estos pequeños.

»Es de esperar que estén en la paz de Dios a través de caminos que Dios no nos ha comunicado»[76].

 

Al bautizar a un niño conviene ponerle un nombre que no sea «ajeno al sentir cristiano»[77] .

 Estos nombres son los de Jesús, de la Santísima Virgen en sus principales advocaciones y devociones, y de los santos.  «El patrocinio de un santo ofrece un modelo de caridad y asegura su intercesión»[78] .    

 

Al hijo bautizado hay que educarle cristianamente con la palabra y con el ejemplo (rezar habitualmente en casa, ir a misa los domingos y fiestas de precepto, confesar con frecuencia, vivir la justicia social, cumplir las obligaciones profesionales, respetar los bienes ajenos, ser responsable en la vida pública y social, etc.); y cuando llegue al uso de razón debe preparársele bien a la Primera Comunión[79] .

 

Antes de bautizar a un niño debe constar que hay garantías de que será educado cristianamente.

Por eso es problemático bautizar hijos de no creyentes, o poco practicantes, o casados civilmente, etc. Hay que estudiar cada caso.

 

Pero si hay peligro de muerte para el niño, se le puede bautizar, incluso contra el parecer de sus padres; «pues el derecho del niño a salvarse es superior a la voluntad de los padres»[80] .

 

Dice el Código de Derecho Canónico: «Para bautizar lícitamente a un niño, se requiere:

 

1: que den su consentimiento los padres, o al menos uno de los dos, o quienes legítimamente hacen sus veces;

 

2: que haya esperanza fundada de que el niño va a ser educado en la religión católica; si falta por completo esa esperanza debe diferirse el bautismo, según las disposiciones del derecho particular, haciendo saber la razón a sus padres.

 

§ 2.: El niño de padres católicos, e incluso de no católicos, en peligro de muerte, puede lícitamente ser bautizado, aun contra la voluntad de sus padres»[81].

 

Para darle una buena formación cristiana conviene llevarlo a la catequesis parroquial, ponerlo en un colegio donde se le enseñe la Religión Católica, seguir de cerca la formación religiosa que recibe en el colegio, formarle rectamente la conciencia (descubrirle el valor del cumplimiento del deber, acostumbrarle a ayudar a los demás, hacerle ver que las cosas no son buenas o malas porque las hagan muchos o pocos, etc.)

 

Para ayudar a la educación cristiana del bautizado se eligen los padrinos[82] que suplen a los padres, si éstos faltan.

Para que puedan ejercer bien su cometido, deben llevar una  vida congruente con la misión que van a asumir, no estar impedidos por el derecho de la Iglesia, tener conciencia de que su misión no es un mero trámite, sino que deben estar dispuestos a cumplirla honradamente; por lo cual deben ser católicos practicantes, aceptar la doctrina del Magisterio de la Iglesia, no militar en partidos políticos que tienen una ideología opuesta al Evangelio, realizar su trabajo profesional según criterios morales y no incompatibles con la enseñanza de la Iglesia Católica, etc.

 

Privar a los hijos del bautismo y de la educación católica pensando que así se les deja con mayor libertad para que ellos elijan de mayores, es tan absurdo como el no enseñarles ninguna lengua, para que así, de mayores puedan ellos elegir la lengua que prefieran.

 

Si un niño se pone enfermo, se le pone el tratamiento que dice el médico para que recupere la salud sin pedir al niño su opinión.

 

Lo lógico es que los padres transmitan a sus hijos todo lo que ellos consideran bueno: educación, cultura, lengua y fe.

Después, de mayores, cada cual hace suyo todo esto libremente o lo rechaza responsablemente.

«Llegados al uso de razón habrán de aceptar ellos personalmente el don recibido»[83] .La inhibición de los padres en este punto puede después ser censurada por sus propios hijos.

 

Según documento de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, el bautismo debe administrarse en la niñez, debiendo asegurarse una verdadera educación en la fe y en la vida cristiana[84] .

 

Si a un niño le tocara una gran herencia, los padres la aceptarían enseguida para que empiece a disfrutarla, y no esperarían a que fuera mayor.

El bautismo vale más que la mayor de las herencias.

Para hacer un gran favor a alguien no hay que pedirle permiso. A un niño se le vacuna sin pedirle permiso.

Pero un adulto no puede ser bautizado sin su consentimiento.

La Biblia nos cuenta que en cuatro ocasiones[85] San Pablo bautizó a familias enteras. Es lógico que en esas familias hubiera niños.

 

El encargado de bautizar es el párroco; pero, si hay peligro de que el niño muera antes de que llegue el sacerdote, debe bautizarlo cualquiera, hombre o mujer, aunque no sea católico, y aunque ni siquiera esté él mismo bautizado[86] . Basta con que tenga uso de razón y quiera hacer lo que instituyó Cristo bautizando en el nombre de la Santísima Trinidad[87] .

 

Para bautizar se derrama agua natural sobre la cabeza del niño, diciendo, con intención de bautizar: «Yo te bautizo el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo».

No sería válido bautizar con vino, pero sí lo sería con agua de mar[88] .

 

Las palabras se pronuncian al mismo tiempo que se derrama el agua.

Ésta debe mojar la piel de la cabeza y correr por ella[89] .

A ser posible, delante de dos testigos.

 

Con todo, si después el niño sale de peligro, hay que llevárselo al párroco, explicándole lo ocurrido, para que complete los requisitos que faltan[90].

 

Pero el bautismo sólo se puede recibir una vez, pues imprime carácter[91]  y deja el alma sellada para siempre.

 

Voy a añadir aquí algunas normas sobre el bautismo de urgencia.

Aunque no es frecuente que tenga que realizarse, pues en las clínicas suele haber gente que tiene mucha práctica en hacerlo, me basta que por darlas a conocer aquí pueda una persona más conseguir la gloria eterna.

 

La Iglesia desea que se bauticen los fetos abortivos.

Así lo manda en el Código de Derecho Canónico.

Cuando en un aborto se está cierto de que se trata de un ser humano vivo, se bautiza absolutamente según la fórmula que acabo de indicar.

 Pero si hay duda, se hace bajo condición: «Si eres capaz..., si vives...»[92] .

 

Especial dificultad presentan las molas o embriones.

Para bautizarlos se pueden coger con las dos manos y con los dedos rasgar la envoltura que los rodea y sumergirlos en un recipiente con agua de modo que ésta toque todo el contenido, pronunciando la fórmula la misma persona que hace esta acción. Cuando el feto presenta figura humana se bautiza la cabeza.

 

Si presenta señales de vida, con la fórmula ordinaria.

Si se duda de que viva, se hace bajo condición.

Solamente en caso de cierta y plena corrupción se ha de omitir el bautismo.

Si el feto tiene forma monstruosa debe bautizarse siempre, al menos bajo condición. Y si se duda de si es uno o varios, bautizar uno absolutamente y los otros bajo condición.

Si es claro que se trata de varias personas unidas entre sí, se bautiza cada uno por separado.

 

Si por las dificultades del parto hay peligro de que el niño muera antes de salir, debe bautizarse en el seno materno; y si lo primero que sale es una mano o un pie, bautícese ahí, y después, si nace con vida, bautícese de nuevo en la cabeza, bajo condición. Y si la madre muere antes de que el niño nazca, el feto debe ser extraído, por aquellos a quienes corresponda, y bautizado, absolutamente si ciertamente vive, o bajo condición si es dudoso que viva[93] : no se olvide que el feto humano puede sobrevivir a la madre una o varias horas, según los casos[94] .

 

El bautismo es necesario para salvarse[95] . Pero en caso de imposibilidad, puede ser suplido por el bautismo de deseo, por lo menos implícito, el cual se contiene en un acto de sincero amor a Dios[96] .

Es claro que el martirio es un acto excelente de amor a Dios[97] .

 

«Los que padecen la muerte a causa de la fe, los catecúmenos y todos los hombres que, bajo el impulso de la gracia, sin conocer la Iglesia, buscan sinceramente a Dios y se esfuerzan por cumplir su voluntad, pueden salvarse aunque no hayan recibido el bautismo»[98] .

 

La necesidad del bautismo para salvarse está claro en el Evangelio. Le dice Jesucristo a Nicodemo: «El que no naciere del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de  Dios»[99] .

 

Pero desde los primeros siglos del cristianismo, en la Iglesia, se habla del bautismo de deseo; pensando no sólo en los catecúmenos que morían antes de recibir el bautismo, sino también en todo hombre que, ignorando el Evangelio de Cristo y su Iglesia, buscaba la verdad y hacía la voluntad de Dios según él la conocía; pues se podía suponer que semejantes personas habrían deseado explícitamente el bautismo si hubiesen conocido su necesidad[100] . El bautismo de deseo lo amplía hoy la Iglesia a todos los infieles que nunca faltaron a su conciencia y estuvieron siempre en disposición de hacer lo que Dios les pidiera.

Para éstos Dios tiene que tener el modo de que puedan salvarse. Así opinaba Santo Tomás[101] .

 

Aunque sea posible que los no católicos puedan vivir toda su vida sin faltar a su conciencia, esto les resulta mucho más difícil que a los católicos, pues carecen del auxilio de la gracia de los sacramentos[102] . De ahí el interés de la Iglesia en evangelizar a los infieles.

 

Los adultos que reciban el bautismo deben tener intención de recibirlo[103] 

     «Para que pueda bautizarse a un adulto, se requiere que haya manifestado su deseo de recibir este sacramento, esté suficientemente instruido sobre las verdades de la fe y las obligaciones cristianas y haya sido probado en la vida cristiana mediante el catecumenado; se le ha de exhortar además a que tenga dolor de sus pecados»[104].

   »A no ser que obste una causa grave, el adulto que es bautizado debe ser confirmado inmediatamente después del bautismo y participar en la celebración eucarística, recibiendo también la comunión»[105].

 

97,3. CONFIRMACIÓN. Dice San Lucas en los Hechos de los Apóstoles [106] que los samaritanos que ya estaban bautizados recibieron el Espíritu Santo con la imposición de manos de los Apóstoles.

Se trataba de la confirmación.

 

La confirmación es un sacramento por el que, con la unción del santo crisma[107] , hecha en la frente con la mano del ministro, y las palabras prescritas, se concede a los bautizados[108] el Espíritu Santo para creer firmemente, ser testigos de Cristo en las palabras y las obras, y defender intrépidamente la fe que recibimos en el bautismo[109] .

 

El sacramento de la confirmación nos hace madurar como cristianos, nos perfecciona como persona humana, y nos hace mejores templos del Espíritu Santo. Este sacramento, de ordinario, lo administra el Sr. Obispo; pero si él lo delega, puede administrarlo un sacerdote[110] .

 

La gracia recibida en el bautismo debemos fortalecerla con el sacramento de la confirmación[111] .

Así podremos cumplir mejor los deberes del cristiano, y vencer las dificultades que se nos presenten en el camino de nuestra salvación.

 

La vida cristiana está en abierta oposición con la vida mundana.

El cristiano vive en tensión continua: en el interior lucha contra las malas inclinaciones, y en el exterior contra el mundo y el demonio.

La confirmación imprime en el alma el carácter de soldado de Jesucristo, y vigoriza para el combate cristiano.

La «confirmación nos vincula más perfectamente con la Iglesia. Nos enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo. Es un obligarse más seriamente a difundir y defender la fe de palabra y de obra»[112] .

 

En el nº 75  te hablé del apostolado de los seglares.

La confirmación hay que recibirla en estado de gracia[113] .

El que recibe la confirmación, a sabiendas, en pecado grave comete un sacrilegio.

Si el confirmado tiene uso de razón, debe estar suficientemente instruido en la Religión Católica[114] 

Aunque la confirmación no es necesaria, absolutamente, para la salvación peca mortalmente quien la desprecia[115] .

 

97,4. PENITENCIA. También suele llamarse confesión o sacramento de la reconciliación.

Es un sacramento en el que por la absolución del sacerdote se le perdonan, al cristiano arrepentido que se acusa rectamente, los pecados cometidos después del bautismo. (Ver números 53-94)

 

97,5. EUCARISTÍA. Es un sacramento en el que, bajo las apariencias de pan y vino, se contiene verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre de Cristo, para alimento espiritual del alma que los recibe en la Sagrada Comunión con las debidas disposiciones. (Ver números 45-52)