67.- EL QUINTO
MANDAMIENTO DE
67,1. Este
mandamiento ordena no hacer daño a la propia vida o a la de otros con palabras,
obras o deseos (odio); es decir, querer bien a todos y perdonar a nuestros
enemigos.
El desear la
muerte a sí mismo o a otro, es pecado
grave, si se hace por odio[1] o
desesperación rebelde[2] .
«El odio es
incapaz de liberar a nadie. El odio sólo sirve para fomentar el odio, y en la
historia humana nadie ha conseguido ser libre gracias al odio. El odio nunca
está justificado para un cristiano»[3] .
«Para ser
feliz hay que tener el corazón en paz. El que odia no vive feliz. El odio hace
daño al que odia. Ese rencor le destruye por dentro»[4].
Las
riñas, los insultos, las injurias, etc.,
pueden, a veces, llegar a ser pecado grave si se desea en serio un mal grave a
otro, si se falta gravemente a la caridad, y si son la exteriorización del odio.
Pero de
ordinario no lo son, ya sea por inadvertencia, ya porque no se les dé
importancia, etc.
Cuando dos
riñen, de ordinario cada uno tiene la mitad de la razón y la mitad de la culpa;
pero cada cual mira la parte que él tiene de razón y la que el otro tiene de
culpa. Por eso no se ponen de acuerdo.
Las riñas
empiezan generalmente por pequeñeces, pero con el calor de la discusión se van
desorbitando hasta terminar en enemistades profundas..., y, a veces, en
crímenes.
Lo mejor en
las riñas es cortarlas desde el principio sin permitir que adquieran grandes
proporciones.
Y si uno se
encuentra de mal humor, seguir el consejo de aquel inglés que contaba hasta diez
antes de contestar.
Con calma y
con sensatez se evitarían muchas riñas nacidas generalmente por
pequeñeces.
Si estás
airado, calla. Aunque tengas tú la razón.
Dirás más de
lo que quisieras, y luego te pesará.
Nunca te
arrepentirás de haber callado.
En cambio,
¡cuántas veces quisieras poder sujetar las palabras que lanzaste a volar! Y esto
ya no es posible.
Un diálogo
sincero es difícil.
Hay que
aprender a dialogar.
Hay que
saber descubrir la parte de verdad que hay en el punto de vista del otro.
Ponerse en equilibrio no es buscar el término medio, sino buscar la verdad
completa que puede surgir de lo que aporta cada
parte.
67,2.
La venganza personal no está
permitida en ningún sentido. Cristo la prohibió[5] .
Porque si fuese permitida, no se podría vivir en el mundo. Todos nos creeríamos
con derecho a vengarnos de alguien.
No: hay que
perdonar a los enemigos, y dejar que Dios los castigue en la otra vida, y
«Tal vez, la
afirmación más radical que hizo Jesús
fue: Sed misericordiosos como
vuestro Padre es misericordioso»[7] .
»Jesús describe la misericordia de Dios no
sólo para mostrarme lo que Dios siente por mí, o para perdonarme los pecados y
ofrecerme una vida nueva y mucha felicidad, sino para invitarme a ser como Dios,
y para que sea tan misericordioso con los demás como lo es Él
conmigo»[8] .
«Con
frecuencia aquellos que no perdonan a sus semejantes cometen los mismos pecados
que critican»[9] .
Es necesario
saber perdonar a las personas que
nos hayan ofendido.
«La
experiencia enseña que quien descuida la oportunidad de hacer bien a su prójimo
porque ha sido anteriormente ofendido por él, suele ser también
culpable»[10] .
Es, desde
luego, indispensable estar dispuestos a conceder el perdón si nos lo piden,
quedándonos satisfechos con una moderada reparación.
Quien niega
el perdón a su hermano, es inútil que espere el perdón de Dios. En el Padrenuestro tiene su sentencia:
como él no perdona, tampoco Dios le perdonará. Lo dijo Jesucristo[11] .
Y no seamos
fáciles en echar al otro toda la culpa.
Ordinariamente la culpa hay que
repartirla entre los dos.
Uno fue el
que empezó, pero el otro contestó con ofensa más grave.
Si los dos
están esperando a que sea el otro el que se adelante a pedir perdón, la cosa no
se arreglará nunca.
El que sea
más generoso con Dios, es el que debe tomar la
iniciativa.
Cristo habla de
poner la otra mejilla[12] .
Es una
fórmula oriental hiperbólica, para dar a entender que debemos estar dispuestos
al perdón; pero no es para que lo entendamos al pie de la letra.
El mismo
Cristo al ser
abofeteado[13] no
puso la otra mejilla, sino que respondió con toda energía, verdad y dominio
propio: «Si he respondido mal, muestra en
qué; mas si bien, ¿por qué me hieres?»[14] .
Si la culpa
ha sido nuestra, tenemos obligación de pedir perdón de alguna manera.
Pero incluso
aunque sea claro que toda la culpa es del otro, da una muestra de virtud el que
se adelanta a otorgar el perdón, por ejemplo, dirigiéndole amablemente la
palabra, ofreciendo un servicio, reanudando el saludo, etc. Durante un tiempo
puede manifestarse el disgusto, por ejemplo, con una actitud más seria y
distanciada; pero esto no debe durar indefinidamente.
Salvo en
algunos casos excepcionales de ofensas gravísimas, es muy de aconsejar que al
cabo de cierto tiempo se reanuden los saludos ordinarios entre gente educada.
Negar el
saludo no es cristiano. Si el otro no contesta allá él; pero que la cosa no
quede por tu parte.
Cuando han
fracasado ya varios intentos de
reconciliación, o el otro se niega obstinadamente a devolver el
saludo, o si parece cierto que nuestro esfuerzo por la reconciliación puede
ahondar la mala voluntad del otro, será mejor esperar otra ocasión.
Pero no
abandonar el deseo de reconciliación, ni escudarse en esta dificultad para no
reconciliarse, por no desearlo.
Nuestra
voluntad de reconciliación debe ser sincera.
Si el otro
no quiere saludarnos o hablarnos, nosotros debemos estar dispuestos a hablarle
cuando él lo desee, y saludar cuando él nos salude.
Adelantarse
a reanudar el saludo es una prueba de virtud
superior.
A veces
puede facilitar la reconciliación la ayuda de una tercera
persona.
Eso de
«piensa mal y acertarás», aunque a veces dé resultado es poco
cristiano
Es mucho
mejor eso de «piensa bien mientras no tengas motivos para pensar mal».
«Si una
persona fomenta sospechas poco caritativas, no tardará en manifestar también con
palabras los pensamientos poco amables»[15] .
Distingue,
con todo, entre el rencor admitido, y un cierto distanciamiento para evitar el
chocar de nuevo.
Y también
entre el sentimiento de la ofensa y el resentimiento admitido voluntariamente.
Aunque la ofensa recibida nos duela, no podemos desear mal a
nadie.
Esta
voluntad de perdonar puede unirse a un sentimiento inevitable de la ofensa
recibida.
Muchos se
refieren a este sentimiento cuando dicen que no pueden perdonar. Es posible que
la serenidad de espíritu, después de la ofensa, requiera un tiempo mínimo para
sobreponerse al dolor.
Una prueba
de esta sincera buena voluntad sería orar por el ofensor, nunca hablar mal de
él, y pedir a Dios la gracia de saber perdonar[16] .
Cuando
tengas antipatía por una persona, pide por ella.
Y cuando
tengas ganas de desearle algo malo, reza por ella un Padrenuestro. Dice Jesucristo «rogad por los que os
persiguen»[17] .
«El Señor
nos pide que perdonemos, pero jamás nos ha pedido que deseemos hacerlo. (...) Si
esperas que aparezca en ti el instinto natural de perdonar, esperarás mucho
tiempo»[18].
A veces se
oye decir: «yo perdono, pero no olvido».
El olvidar
puede ser difícil. No depende de nuestra voluntad. Uno puede perdonar de corazón
y no poder evitar el recuerdo. Esto no se opone al amor que Jesucristo manda a nuestros enemigos.
Lo que
Cristo manda no es un amor
sensible, pues esto no se puede mandar, no depende de nuestra voluntad. Se trata
de un amor de benevolencia, un amor desinteresado, un amor que devuelve bien por
mal, que hace el bien al que nos hace daño, independientemente de nuestros
sentimientos. Un amor efectivo, no afectivo. Un amor dispuesto a hacer un
servicio al que nos ofendió.
Si el que
consideramos nuestro enemigo estuviera en una necesidad grave, y no pudiera
salir de ella, sin nuestro especial auxilio, tenemos obligación de ayudarle,
porque en estos casos hay obligación de atender al prójimo, aunque sea
enemigo[19] .
No es odio a
una persona odiar lo que hay de malo en ella, o el mal que nos causa
injustamente a nosotros o a otros[20] .
El amor a
nuestros enemigos que pide el Evangelio, no obliga a la amistad con ellos, sino
que prohibe el odio y la venganza, o el desearles algún mal[21] ; y
manda tener un deseo de reconciliación. «El ofendido está obligado siempre a
perdonar al ofensor que le pide perdón, en forma directa o indirecta. Si se
niega a hacerlo, comete un grave pecado contra la caridad, y regularmente no
podrá ser absuelto mientras continúe en su obstinación»[22] .
Por supuesto
que es lícito exigir una reparación del daño recibido, pero no por odio ni por
venganza, sino por deseo de justicia[23] .
La buena
voluntad de perdonar de corazón a los que nos han ofendido no excluye utilizar
todos los medios justos para que se haga justicia.
Es verdad
que hay personas que son indignas
de nuestro perdón; pero nosotros no perdonamos porque ellas lo merezcan, sino
porque lo merece Jesucristo, que
es quien nos lo pide. Para eso nos dio Él su ejemplo. Fue mucho más ofendido que
nosotros, y sin embargo perdonó. No sólo en su corazón, sino que lo manifestó
exteriormente. El perdón de Cristo
en la cruz es el modelo que debemos imitar. Las almas generosas tienen en esto
un inmenso campo de perfección y santificación[24] .
«El mundo de
los hombres no puede hacerse cada vez más humano si no introducimos el
perdón -que es esencial en el Evangelio- en las relaciones de unos con
otros»[25] .
Lo
maravilloso del perdón no es que liberemos al otro de una culpa, sino que nos
liberamos a nosotros de un resentimiento.
67,3. Al
prójimo se le puede matar en tres
casos: en la guerra justa, en defensa propia y en la justa aplicación de la pena
de muerte.
El mandato divino "No matarás" significa que nadie puede matar sin motivo y sin
razón. Pero hay circunstancias en las que hay una
justificación.
1) En
la guerra
justa.
La guerra no
puede ser nunca un medio normal para la solución de conflictos. «Todo ciudadano
y todo gobernante están obligados a empeñarse en evitar las
guerras»[26] .
Según los
moralistas, para que la guerra sea justa se deben cumplir varias condiciones:
a)
Imposibilidad de solución pacífica.
b) Causa
justa, como sería legítima defensa, mientras no haya una autoridad supranacional
competente y eficaz.
c) Que la
decisión sea tomada por la autoridad legítima a quien corresponde velar por el
bien común de la nación.
d) Intención
recta buscando la justicia y no la venganza.
e) Que sean
superiores los bienes que se van a conseguir a los males que se pueden
producir[27] .
«La
apreciación de estas condiciones de legitimidad moral pertenece al juicio
prudente de quienes están al cargo del bien común»[28] .
«Los poderes
públicos tienen, en este caso, el derecho y el deber de imponer a los ciudadanos
las obligaciones necesarias para la defensa nacional»[29] ,
«pero atenderán equitativamente el caso de quienes, por motivos de conciencia,
rehúsan el empleo de las armas; éstos siguen obligados a servir de otra forma a
la comunidad humana»[30] .
«Una cosa es
utilizar la fuerza militar para defenderse con justicia, y otra muy distinta
querer someter a otras naciones»[31] .
Buscar la
guerra es absurdo. Pero rehuirla por principio puede ser cobardía ante la
injusticia.
El creyente
obra con rectitud mientras luche por implantar la justicia en el mundo.
La paz es el
ideal del hombre: pero esta paz debe ser obra de
El peligro
de una tercera guerra mundial que podría destruir la humanidad por el armamento
de que hoy dispone el hombre, hace deseable un desarme internacional. Pero para
que esto sea eficaz tiene que ser de ambos bloques, y con posibilidades de mutua
vigilancia.
Aunque la
guerra sea justa, «no todo es lícito entre los contendientes»[32] . Debe
respetarse la ley moral y el derecho de gentes. «Las acciones deliberadamente
contrarias al derecho de gentes son crímenes»[33] .
«Existe la
obligación moral de desobedecer aquellas decisiones que ordenan
genocidios»[34] .
2) En
defensa propia[35] se
puede matar cuando alguien quiere matarnos injustamente, o hacernos un daño muy
grave en nuestros bienes, equivalente a la vida; si no hay otro modo eficaz de
defenderse.
No es
necesario esperar a que él nos ataque. Basta que nos conste que él tiene un
propósito decidido de matarnos, y sólo está esperando el momento oportuno para
hacerlo; y no hay otro modo de salvar la vida que adelantarse y atacar
primero[36] .
Esto en el
terreno moral, independientemente de la ley civil.
Lo que se
permite en defensa propia se autoriza igualmente en pro del prójimo injustamente
atacado. La caridad fraterna puede obligar a esto, pero no a exponer la propia
vida, a no ser que se trate de parientes cercanos o esté uno obligado por
contrato (guardias, policías)[37] .
«Éstas son
las condiciones para que pueda hablarse de legítima
defensa:
- Debe
tratarse de un mal muy grave, cual es, por ejemplo, el peligro de la propia
vida, la mutilación o heridas graves, la violación sexual, el riesgo de la
libertad personal, la pérdida de bienes de fortuna desmedidos,
etc.
- Que sea un
caso de verdadera agresión física.
- Que se
trate de un daño injusto. Por ejemplo no sería lícito defenderse de un policía,
hasta producirle la muerte, pues el agente, normalmente, actúa en cumplimiento
de su deber.
- Para
defenderse no hace falta que el agresor lo haga de modo voluntario y consciente.
Por eso es lícito contra un borracho o un loco.
- Que no
haya otro modo eficaz de defenderse[38] .
El obispo de
Mérida-Badajoz D. Antonio Montero
escribió en el ABC (6-II-2003) un artículo donde decía que también
sería lícita la guerra para corregir infracciones graves y duraderas del derecho
natural.
3)
«Es de notar
que el verbo del original hebreo es “rasach”
, que significa la muerte del inocente. Por eso habría que
traducirlo: “No causarás la muerte de un hombre
inocente”.
»Para otra
clase de muertes la Biblia emplea los términos “harag” y “hemit” [41] .
Salvador de
Madariaga, conocido intelectual que murió a
los 92 años en Lugano, Suiza, escritor internacional y ministro de la República
en 1934, dice: «La pena de muerte no será necesaria el día que la supriman
primero los asesinos»[42] .
«En un año
murieron en España más de cien víctimas del terrorismo. Si se hubiera ejecutado
al criminal al primer asesinato, no hubieran muerto todos los demás asesinados.
Algún terrorista asesinó más de diez veces. No es deseable la muerte de nadie,
pero si para que no mueran los inocentes es necesario ejecutar a los asesinos,
puede ser esto una exigencia del bien común»[43] .
En las
Navidades de 1986 hubo 62 muertos en un avión Boeing 737, secuestrado por un
grupo de terroristas[44] .
El 19 de
julio de 1987, una bomba terrorista produjo 20 muertos en un hipermercado de
Barcelona[45] .
No se
comprende por qué los criminales pueden
aplicar la pena de muerte a un inocente, y los jueces no puedan
aplicar la misma pena a los asesinos culpables.
Se supone,
naturalmente, una culpabilidad claramente demostrada[46] .
Lo mismo que
es lícito matar a un injusto agresor en defensa propia[47] , la
Autoridad puede aplicar la pena de muerte para defender la vida de los
inocentes.
«La
Autoridad tiene el deber de defender la vida de los ciudadanos
inocentes»
«Los que
tienen autoridad legítima, tienen también el derecho de usar las armas para
rechazar a los agresores de la sociedad civil confiada a su
responsabilidad».[48]
La legítima
defensa propia es aceptada por todo el mundo. Con
la pena de muerte la Autoridad defiende a los inocentes, siempre expuestos a
caer en manos de los criminales.
Se trata de
casos extremos en los que le pena de muerte sea el único modo eficaz de defender la vida de
personas inocentes de un injusto
agresor[49] .
El
psico-pedagogo Dr. Bernabé Tierno
dice: «Existe la figura del sanguinario sin retorno, del maligno
retorcido y mala sangre incorregible que necesita hacer daño, desea el mal ajeno
y disfruta con el sufrimiento que causa. (...) Difícilmente puede tener
recuperación un ser demoníaco que disfruta segando vidas ajenas. (...) La
sociedad tiene un grave problema en decidir lo que debe hacer con individuos
así, cuyo objetivo es matar. (...) Está claro que la sociedad debe impedir, a
toda costa, que estos individuos vuelvan a saciar su sed de
matar»[50].
«Por eso el
73% de los británicos son partidarios de la pena de muerte para los terroristas,
según un sondeo de opinión de Harris»[51] .
Según una
encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, la mitad de los españoles
está a favor de la pena de muerte para los terroristas y
asesinos[52] .
En Estados
Unidos se ha restablecido la pena de muerte en muchos Estados[53] .
No es lo
mismo el que mata en un arrebato
pasional que el profesional del crimen. Un asesino es un
peligro para las personas inocentes.
La cadena
perpetua puede no bastar, pues los asesinos se pueden fugar. A veces de modo
espectacular.
En 1986 se
fugó de la cárcel de La Santé, de
París, Michel Baugour, en un
helicóptero alquilado y pilotado por su novia Nadine[54] .
Tres presos
se fugaron de una cárcel de Marsella en un helicóptero que aterrizó en un patio
de la cárcel a las cuatro y media de
En Alemania
un preso se fugó en un tanque que robaron sus amigos y entró en la cárcel
derribando la puerta[56] .
En
Copenhague (Dinamarca) doce presos se escaparon de la cárcel al ser derribada
parte del muro de la prisión por una excavadora manejada por un cómplice de los
presos[57] .
A primeros
de mayo de 1982, se fugó de la cárcel central de Lovaina, considerada como de
alta seguridad, Freddy Horion, a
quien se le había conmutado por cadena perpetua la pena de muerte a la que había
sido condenado por haber asesinado a cinco personas miembros de una
familia[58]
Dos
terroristas, se fugaron de la cárcel de San Sebastián, escondidos en los
altavoces de un cantante que había actuado en la cárcel[59] .
De la cárcel
de «máxima seguridad» Can Brians,
considerada la más moderna de Cataluña, en menos de dos meses se fugaron nueve
reclusos[60].
O que un
preso que no vuelva a la cárcel después de un permiso de fin de semana, como uno
que no volvió al Penal de Ocaña, donde cumplía 36 años de condena, y que al ser
reconocido disparó sobre dos policías que iban a detenerle, matando a los
dos[61] .
Una niña de
nueve años vallisoletana, fue violada y asesinada por un recluso que salió de la
cárcel con permiso[62] .
Un recluso
que cumplía condena por robo con homicidio, en un permiso carcelario asesinó a
dos jóvenes[63] . Otro
preso en régimen abierto asesinó a una mujer en Madrid[64] .
En un sólo
día se fugaron de las cárceles españolas cinco reclusos que disfrutaban permisos
de fin de semana[65] .
Según los
datos del gobierno, desde el 1º de enero de 1982 hasta el 1º de octubre de 1988,
cinco mil setenta y cuatro presos no regresaron después de sus
permisos[66].
Cuatro de
cada cien presos aprovechan los permisos para no regresar a las
prisiones[67].
«Dos presos
peligrosos se fugan en Barcelona cuando iban a jugar al fútbol en una salida.
Uno de ellos cumplía condena de treinta años. En dos meses se fugaron más de una
docena de presos, en Cataluña, durante los permisos. Entre 1990 y el 2000 no
volvieron a la cárcel, tras salir de permiso, 1.361 reclusos»[68].
Otras veces
los terroristas secuestran a un inocente exigiendo la liberación de sus
compañeros encarcelados bajo la amenaza de asesinar al secuestrado: dos hechos
próximos y contrarios son iluminadores.
En Italia,
donde no hay pena de muerte, los secuestradores, seguros de que sus compañeros
en prisión no perderían la vida, asesinaron a su rehén Aldo Moro. En cambio en Francia, donde
hay pena de muerte, el industrial Jean
Eddouard Empain, fue liberado por sus secuestradores, a los dos meses
de cautiverio, al ser amenazado con la guillotina el jefe de la banda de
secuestradores Alain Caillol, que
estaba en prisión[69] .
En diciembre
de 1984, los secuestradores de un avión de la líneas aéreas kuwaitíes, mataron a
cinco pasajeros para obligar al gobierno de Kuwait a soltar trece presos
condenados por diversos actos de terrorismo[70] .
Unos
terroristas paquistaníes secuestraron un avión de la líneas aéreas de la India
con la amenaza de matar a los ciento cincuenta y cinco pasajeros si no liberaban
al jefe de la banda que estaba en una cárcel de
«La pena de
muerte sigue en vigor en la mayor parte del mundo»[72] .
De los
ciento sesenta estados independientes que hay en el mundo, sólo una veintena han
abolido la pena de muerte de su ordenamiento jurídico[73] .
Hay que
advertir que la «pena de muerte no supone el derecho a matar a un inocente, sino
el derecho a ejecutar a un culpable»[74] .
«Debe constar con toda certeza su culpabilidad criminal, por lo irreparable de
una equivocación»[75] .
Hay que
poner todos los medios para que la condena sea
justa.
Aunque
siempre queda un peligro de error.
Pero si no
actuamos cada vez que haya peligro de error, nunca podríamos hacer
nada.
Hay que
valorar los «pros» y «contras», y actuar en
consecuencia.
La
conveniencia o no de la abolición de la pena de muerte es un «problema complejo
y polémico, y no pueden esperarse respuestas nítidas ni
definitivas»[76] .
Hoy existe
una corriente ideológica contraria a la pena de muerte. Por eso
Sin embargo
reconocen que no son ilícitas las «disposiciones de un código penal que impone
la pena capital con el fin de proteger a la sociedad».
«En la
doctrina de
Juan Pablo II,
en
El Nuevo Catecismo de
«En
definitiva, no deben confundirse dos planteamientos esencialmente diversos: el
de la licitud moral de la pena de muerte y la cuestión práctica de su
aplicación. Tanto la razón natural cuanto la doctrina revelada y magisterial
admiten la licitud fundamental de dicha pena. Otra cosa es, en cambio, la
opinión prudencial que puede dictaminar en alguna circunstancia histórica que
debería renunciarse a su aplicación en un Estado y en un tiempo determinados. Lo
que decida en cada tiempo y lugar la aplicación o la supresión de la pena de
muerte ha de ser exclusivamente las exigencias del bien común»[79] .
«La Iglesia
no ha condenado la ejecución de un criminal, de acuerdo con la ley, y por la
autoridad convenientemente constituida»[80] .
Podríamos
resumir la doctrina católica sobre la pena de muerte de esta
manera:
1.- Todo el
mundo tiene derecho a la defensa propia de un injusto
agresor.
2.-
3.- Si la
única manera eficaz de conseguirlo es la pena de muerte, es lícito
aplicarla.
4.- Con tal de que la
culpabilidad del asesino sea clara, para evitar
equivocaciones.
5.- La cadena perpetua
no es siempre eficaz, pues hay asesinos de profesión; y muchos se escapan de la
cárcel.
6.- La aplicación de
7.- La
oportunidad o no de su aplicación es opinable entre los
católicos.
8.- Antes de su
aplicación debe darse al reo oportunidad de arrepentirse y pedir perdón a Dios
de su culpabilidad.
9.- Si no es
un caso de agresión actual, la aplicación debe ser derecho exclusivo de
67,4. El
respeto a la vida propia y ajena nos obliga a considerar la importancia del
cumplimiento del Código de la
Circulación.
Dice el
Nuevo Catecismo de
Infracciones, al parecer pequeñas,
pueden originar accidentes graves.
Se puede
pecar por ponerse en peligro de hacer daño al prójimo, y también por exponer la
propia vida sin causa justificada.
Incluso se
puede pecar contra la caridad al poner al prójimo en una situación difícil que
le haga perder la serenidad, aunque uno tenga seguridad en sí
mismo.
El
pecado se comete desde el momento en que alguien se sienta al volante sin ánimo
de esmerarse en el cumplimiento del Código.
Quien
habitualmente comete imprudencias e incorrecciones muestra que no tiene este
ánimo, o que carece de cualidades de conducir.
En este
caso, debería abstenerse de coger el volante.
Es
irresponsable el que corre a excesiva velocidad, el que lleva el automóvil en
mal estado, y el que conduce en condiciones físicas o morales
inadecuadas.
«Nadie debe
intentar conducir si está agitado emocionalmente»[82] .
Dice
Mons. González Moralejo, Obispo de
Huelva: «Quien después de haber sido causa, culpable o no, de un accidente,
quiere evitar toda responsabilidad y se da a la fuga, contrae una seria culpa
moral, y está obligado ante su conciencia y ante Dios a reparar en justicia toda
clase de daños causados por uno y otro motivo.
»Sería un
verdadero crimen dejar morir en condiciones extremadamente lastimosas y
desesperadas a personas que con un socorro inmediato hubieran podido ser
salvadas»[83] .
Según las
normas de los socorristas, hay heridos que sólo deben ser trasladados en
ambulancias.
Por eso no
siempre es recomendable recoger a un herido.
Pero siempre
se debe avisar a una ambulancia.
![]()
67,5. Es un
pecado grave contra este mandamiento el
aborto. Se llama aborto la interrupción del embarazo cuando el feto
todavía no puede sobrevivir fuera del seno materno.
Puede ser
interesante mi vídeo El aborto: asesinato de
inocentes[84] .
El Artículo
15 de
la vida».
Cuando decimos «derecho a la vida», estamos diciendo que es un derecho a su
protección.
Provocar el
aborto directamente es un homicidio, porque el feto es un nuevo individuo
plenamente capaz para lograr su desarrollo completo.
De la unión del óvulo con el espermatozoide nace un nuevo ser humano, una célula
diferente con doble herencia: 23 cromosomas del padre y 23 de la
madre.
Por eso, ese
nuevo ser es persona humana
racional, aunque no ejercite su racionalidad, bien porque todavía no
se ha desarrollado (fetos), o porque ha perdido el uso de razón (ancianos). Pero
persona humana desde la concepción hasta
Como la vida
de una persona comienza con la concepción, el aborto provocado es un crimen.
El Concilio
Vaticano II lo llama: «crimen abominable»[86] .
Es un asesinato
de lo más cruel y cobarde, pues el asesinado es un ser
inocente e indefenso que no puede huir, ni siquiera gritar para protestar de la
injusticia que se comete con él.
Las
generaciones del futuro no comprenderán que en nuestro tiempo se permita a las
madres que maten a sus hijos. Nos llamarán «generación
asesina».
Los
abortistas se molestan si se les llama asesinos; pero, ¿qué otro nombre podemos
dar a los que han condenado a muerte a cuarenta millones de seres inocentes?
Y añaden:
«La Iglesia es cruel, porque a los que cargan con el trauma de haber abortado,
les añade el trauma de la excomunión». Este razonamiento es absurdo. Sería como
querer quitar la policía para no preocupar a los terroristas.
Defender a
los abortistas es como defender a los terroristas que matan, y despreocuparse de
las víctimas. Permitir el aborto para evitar el peligro de las mujeres que
abortan clandestinamente es lo mismo que permitir los asesinatos para no poner
en peligro la vida de los asesinos.
El Dr. Jerónimo Lejeune, uno de los más
brillantes investigadores franceses, Catedrático de Genética en la Universidad
de la Sorbona de París, y Director del Centro Nacional de Investigación
Científica, que cuenta en su haber profesional con los más importantes premios
científicos[87] , y es
miembro de las Academias de Ciencia de Suecia, Inglaterra y Estados Unidos,
dice: «Esta primera célula, resultado de la concepción, es ya un ser
humano»[88] .
Tiene los 46 cromosomas propios de la especie humana[89]. En otra
ocasión dijo: «Aceptar que después de la concepción un nuevo ser humano ha
empezado a existir, no es ya cuestión de gusto o de opinión, sino una evidencia
experimental»[90] .
Sigue
diciendo el Dr. Lejeune: «Si el
embrión no es desde el primer momento un miembro de nuestra especie, no llegaría
a serlo nunca. Decir que no es un hombre, es lo mismo que decían los nazis: “un
prisionero no es un hombre”»[91] .
Lo mismo se
decía en una de las conclusiones de
Pero además
el aborto es ilícito incluso en el caso de duda.
Si me dan un
paquete para que lo tire al mar diciéndome que es un gato muerto, pero yo
sospecho que es un niño vivo, no puedo tirarlo al mar, antes de salir de la
duda.
Y si lo hago
sin estar seguro de que no es un niño vivo, y resulta que lo es, soy responsable
de un homicidio.
Pues bien,
en Teología se dice que hay un nuevo ser humano desde el primer momento de