67,6. En marzo de 1987, la Santa Sede publicó un documento titulado Donum vitae sobre Bioética, poniendo barreras morales a la manipulación genética. La Iglesia está a favor del hombre y no acepta que se fabriquen hombres en serie para luego destruirlos cuando ya no interesen[1] .

 

No puede permitirse el derecho a crear una vida humana con el fin de destruirla después.

Leí en el Diario YA, que frente a los seiscientos niños probeta conseguidos, se han destruido veintitrés mil cuatrocientos óvulos fecundados «in vitro»,es decir, que se perdieron el 97,5% de las vidas humanas que se iniciaron[2] .

En Francia, en 1986 se consiguieron ochocientos «niños probeta», pero se habían concebido «in vitro» once mil embriones humanos.Es decir, se destruyeron diez mil doscientos  seres humanos[3] .

El Dr. Justo Aznar, Jefe del Departamento de Biopatología Clínica del Hospital de la Fe de Valencia, dice que por cada niño «in vitro» que nace se pierden cuarenta vidas humanas[4] , pues para obtener un niño probeta se fecundan unos cincuenta óvulos.

La experimentación científica no puede legitimar esta destrucción de vidas humanas.

    En Melbourne, una clínica especializada en fecundación «in vitro» ha anunciado que destruirá centenares de embriones congelados[5] .

 

    El padre Angelo Serra, pionero mundial de la bioética, fundador del Instituto de Genética de la Facultad de Medicina Agostino Gemelli de Roma dice: «La genética es una gran conquista de la ciencia, una oportunidad a aprovechar, una autopista para llegar a comprender el mundo y el hombre y vencer enfermedades y sufrimientos»

    Pero como genetista, le preocupa que la cada vez más extendida reacción ante los excesos cree un clima hostil hacia todo este filón de la investigación genética a la que ha dedicado su vida, trabajando en los mayores centros de vanguardia del mundo.

    «La genética --afirma-- nos lleva a conocer el programa biológico de cada uno de nosotros. Cuanto más se conoce el código genético, antes se podrá dar vía libre a la geneterapia, sobre todo en la lucha contra los tumores. Pienso que en el futuro, la ingeniería genética, cuando pueda comprender y gobernar las complejas interrelaciones entre los genes, podrá también ayudar a un embrión humano enfermo a no desarrollar la enfermedad que lleva en sus genes».

    Sin embargo, reconoce que «la sombra oscura que pesa sobre el progreso de nuestra época» es la producción de embriones para luego descartarlos: «Para tener el 95% de probabilidades de que la fecundación tenga éxito, hace falta programar al menos treinta embriones que después serán eliminados. La cultura de hoy va en esta dirección»[6].

 

El Dr. Jacques Testart, padre del primer «niño probeta» francés, cuenta en su libro El embrión transparente  cómo en la Clínica Clamart donde él trabaja, a veces coinciden en la misma habitación una mujer que va a abortar y otra que está sometida a tratamiento para lograr la fecundación «in vitro». ¿No sería más lógico que la segunda adoptara al niño de la primera, en lugar de que tengan que morir cincuenta niños probeta para que ella consiga uno?[7] .

 

Hay que distinguir entre la inseminación artificial (in vitro) y la asistida, en la que el médico ayuda a los esposos. Ésta es lícita, pero la artificial está prohibida por la Iglesia[8] .

 

«Las enseñanzas de la Iglesia sobre la fecundación artificial dejan bien claro que el método técnico utilizado no puede sustituir al acto conyugal, sino que únicamente debe ser, cuando se considere necesario médicamente, una facilitación y una ayuda para que aquél alcance su finalidad natural»[9].

 

«La inseminación artificial y la fecundación in vitro son un problema delicado. (...) Muchos católicos aprueban, sin dificultad, la condenación por la Iglesia de la fecundación heteróloga, es decir, recurrir a un donante ajeno a la pareja. (...) Según la expresión cruda, pero iluminadora, de un periodista francés, “la fecundación heteróloga es el adulterio en probeta”.

»Presenta, en cambio, dificultad a ciertos católicos, el juicio negativo (...) pronunciado por la Iglesia, sobre la fecundación artificial homóloga, es decir, que no recurre a ningún donante extraño. (...)

»Para enfocar bien el problema hay que ir al fondo de la cuestión. (...)

»La fecundación in vitro implica corrientemente la sobreproducción de embriones que no serán trasplantados al cuerpo de la mujer y serán destruidos o congelados. Este hecho plantea el problema del aborto o su manipulación.(...)

»Sin embargo, aun en el caso de una fecundación homóloga “limpia técnicamente”, el juicio de la Iglesia sigue siendo negativo. (...)

»El acto conyugal, por el que los esposos se entregan uno al otro, y se abren juntos al don de la vida es al mismo tiempo indisolublemente espiritual y carnal.

»Marido y mujer consuman su unión en sus cuerpos, y por sus cuerpos también en su corazón. Así pueden llegar a ser padre y madre.

»De aquí la convicción profunda de la Iglesia de que la única manera, verdaderamente humana, de dar la vida a un niño reside en un acto conyugal auténtico, en el que los esposos se donan el uno al otro tanto en la verdad de su carne como de su alma.

»El único lugar adecuado para el surgimiento de una nueva persona es un acto de amor, a la vez espiritual y físico; y no una sucesión de operaciones técnicas, separadas, objetivamente, de los gestos del amor»[10] .

Por otra parte, la inseminación artificial lleva en sí un peligro de contagio; como le ocurrió a una mujer alemana que se contagió de SIDA por haber usado semen de banco.

«Según las revelaciones de un equipo médico alemán a la revista «The Lancet», una enfermera alemana se vio contagiada de SIDA tras una inseminación artificial»[11] .

 

Angelo Serra, pionero mundial en el campo de la genética, ha afirmado que la fecundación asistida fracasa en el 87% de los casos y deja graves consecuencias psíquicas[12].

 

Un estudio llevado a cabo en el Hospital Universitario de la Infancia de Upsala (Suecia) ha revelado que los bebés nacidos por la fecundación artificial corren tres veces más riesgo de desarrollar desórdenes neurológicos y discapacidades cerebrales que los niños concebidos naturalmente[13].

 

En la presentación del documento Donum Vitae, el cardenal Ratzinger  dice:«La actividad científica está sometida a la ley ética. La Ciencia no es un absoluto a lo que se puede sacrificar todo, aun la dignidad del hombre».

Progreso que va contra la dignidad del hombre no es verdadero progreso.

 

 Federico Mayor Zaragoza, Presidente de la UNESCO, dijo el 26 de agosto  de 1998 en Rímini (Italia):«Por primera vez el hombre ha llegado al umbral de los mecanismos de la vida; por esto, la Bioética debe asegurarse que los progresos se pongan al servicio de todos»[14] .

 

He aquí algunas ideas del documento Donum Vitae:

«Si el progreso tecnológico no está encauzado por la moral, puede atentar contra la dignidad de la persona humana» (Introducción nº 2). «No todo lo que es técnicamente posible es moralmente admisible»(Introducción nº 4). «La Ciencia y la técnica exigen el respeto incondicional a los criterios fundamentales de la moralidad: deben estar al servicio de la persona humana»(Introducción nº 2). «El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el primer instante de su concepción»(I,1). «Es inmoral producir embriones humanos destinados a ser explotados como “material disponible”. Resulta obligado denunciar la particular gravedad de la destrucción voluntaria de los embriones humanos obtenidos “in vitro” con el sólo objeto de investigar»(I, 4). «Tanto en el caso de los fetos muertos, como cuando se trata de cadáveres de personas adultas, toda práctica comercial es ilícita y debe ser prohibida»(I, 4). «Desde el punto de vista moral, sólo es verdaderamente responsable, para con quien ha de nacer, la procreación que es fruto del matrimonio... La fidelidad de los esposos, en la unidad del matrimonio, comporta el recíproco respeto de su derecho a llegar a ser padre y madre exclusivamente el uno a través del otro. El hijo tiene derecho a ser concebido,  llevado en las entrañas, traído al mundo y educado dentro del matrimonio»(II, 1).

 

Un hijo concebido con ayuda de un gameto procedente de una tercera persona es propiamente un hijo adulterino.

Por lo mismo están prohibidos los «vientres de alquiler» que van contra la unidad del matrimonio, y la congelación de embriones que los expone a posibles manipulaciones contra la dignidad de la persona humana.

«Las técnicas que provocan una disociación de la paternidad por la intervención de una persona extraña a los cónyuges (donación del esperma o del óvulo, préstamo de útero), son gravemente deshonestas»[15] .

 

El 12 de febrero del 2001 se publicó el mapa del genoma humano.

El descubrimiento del genoma humano nos ha descubierto la poca diferencia, en el número de genes, de los seres vivos. Pero queda por estudiar las funciones de los millones de proteínas producidas por los treinta mil genes humanos, que son lo que nos diferencia a unos de otros.

 Según el Dr. César Benito Jiménez, Profesor de Genética Humana en la Universidad Complutense de Madrid, ya conocemos el número exacto de los genes que poseemos. En adelante se podrá sustituir un gen defectuoso por un gen sano, y diseñar nuevos fármacos para el tratamiento de algunas enfermedades hoy incurables[16].

Pero también hay peligro de caer en la tentación de eliminar embriones humanos defectuosos, lo cual sería asesinar a personas humanas inocentes por el hecho de no ser sanas; lo cual es monstruoso.

Y es que el progreso técnico, si no se somete a la moral se vuelve contra el hombre.

 

A propósito del genoma humano donde están codificadas las características de la persona, dijo Juan Pablo II, en la IV Asamblea General de la Academia Pontificia para la Vida: «No es lícito realizar intervenciones sobre el genoma que no estén orientados al bien de la persona»[17] .

 

El P. Javier Gafo, S.I., Catedrático de Bioética en la Universidad de Comillas en Madrid, dice: «El desarrollo tecnológico no es un valor en sí absoluto, en nombre del cual pueda legitimarse cualquier tipo de avance. Las nuevas técnicas de reproducción humana pueden llevar a abusivas manipulaciones del embrión y a una degradación de su valor humano»[18] .

Se pueden realizar verdaderas perversiones[19] .

Manipulando el cromosoma de la agresividad se podrían obtener seres humanos de tendencias criminales destinados al terrorismo.

La ingeniería genética podría conseguir hombres infradotados para ponerlos al servicio de los «listos» que los han «producido»[20] .

Sería una nueva modalidad de esclavitud.

Y ningún hombre debe ser explotado por el que es más fuerte que él sea económicamente, sea culturalmente, sea físicamente, sea psíquicamente.

Todo hombre, nacido o no nacido, enfermo incurable o desbordante de salud, es hijo de Dios.

No puede ser explotado por otro hombre.

 

Elio Sgreccia, portavoz vaticano de Bioética, afirma:

«La Iglesia está a favor de las investigaciones científicas que estén orientadas a la prevención y tratamiento de enfermedades. La Ciencia experimental tiene que estar orientada al bien del hombre. Pero la utilización destructiva de embriones para investigar merece un juicio negativo, pues el embrión humano vivo es un ser humano que exige el respeto que merece todo hombre»[21].

 

El Premio Nobel Dr.Severo Ochoa entrevistado por la periodista Pilar Urbano, dijo: «Muchas veces el hallazgo científico se escapa de nuestras manos y se vuelve contra el hombre»[22] .

Como dijo Juan Pablo II: «El principio de la libertad de investigación científica no puede ser separado de la responsabilidad ética»[23] .

Evidentemente, no todo lo que es técnicamente posible es moralmente aceptable[24] ..

Los Medios de Información propagaron que dos lesbianas del país vasco habían tenido un hijo en común: una quedó embarazada con espermatozoide de banco de semen, y el óvulo fecundado fue anidado en la otra.

Esto es una monstruosidad.

Ese niño va a vivir traumatizado cuando se entere que es hijo de dos mujeres anormales.

Siempre será verdad que toda ciencia necesita de la conciencia: la ciencia sin conciencia se vuelve contra el hombre.

 

 «Las intervenciones sobre el embrión humano sólo son lícitas si tienen como fin la mejora de sus condiciones de vida»[25] .

«Los médicos del Hospital Antoine Béclère, en las proximidades de París, han logrado, con un proceso de selección genética, evitar en un bebé la trasmisión de una enfermedad hereditaria de uno e sus padres»[26].

 

El 24 de Febrero de 1997 todos los medios de información se hicieron eco de la clonación de una oveja en Escocia, quitando el núcleo con el código genético de un óvulo y poniéndole el núcleo de otra célula con su código genético. Así se engendra un nuevo ser idéntico al ser del que se ha tomado el núcleo.

Fue obra de dos científicos escoceses Iam Vilmut y K.H.S. Campell con sus colaboradores del Roselim Institute  de Edimburgo[27] . Esto puede ser útil para mejorar la ganadería. Con esta ocasión se multiplicaron los comentarios sobre la aplicación de la clonación al ser humano. Uno de ellos fue el de Juan Antonio Martínez, Delegado de la Conferencia Episcopal Española, que dijo por televisión: «La Ciencia sin conciencia se vuelve contra el hombre».  Efectivamente, sería una monstruosidad que unos hombres «fabricaran» a otros infradotados intelectualmente, sumisos y dóciles, pero muy fuertes físicamente, para su servicio en trabajos duros o peligrosos . Sería una nueva forma de esclavitud.

En Abril de 1997 se celebró en Oviedo un Convenio de Bioética. Representantes de veinte países firmaron un Convenio Europeo sobre Derechos Humanos y Biomedicina auspiciado por el Consejo de Europa. Este documento incluye un anexo especial sobre la clonación humana que prohibe expresamente. Pone límites a la ingeniería genética y protege a los ciudadanos frente a los avances científicos[28] .

Después, el 12 de Enero de 1998 el Consejo de Europa firmó en París un Protocolo prohibiendo la clonación humana[29] .

«Una organización que agrupa alrededor de sesenta organizaciones científicas internacionales pidió que se prohiban en todo el mundo los experimentos sobre clonación humana»[30] .

La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe dice que la clonación humana es contraria a la moral[31] .

El 20 de enero de 1998 vi en Televisión Española un debate sobre la clonación humana moderado por Luis Herrero. En él intervino el obispo de Castellón, Doctor en Moral, D. Juan Antonio Reig. Contestando a Agustín Zapata y a Javier Sádaba que opinaban que la clonación humana podía ser útil, expuso con gran claridad que no se puede permitir la clonación humana con fines utilitarios, como sería hombres clonados como almacén de piezas de recambio para trasplantes. Esto sería muy práctico, pero no sería ético. Y lo que distingue a los hombres de los animales es el respeto a la ética.

Resulta monstruoso que unos hombres «fabriquen» otros hombres para tener piezas de recambio y después eliminarlos.

La ciencia sin conciencia se vuelve contra el hombre. A las personas humanas no se las puede tratar como objetos. La persona humana tiene unos derechos que hay que respetar.

Cuatrocientos catedráticos de Roma han firmado una «Declaración»  contra la clonación humana[32].

«El gobierno español ha ratificado oficialmente el protocolo internacional que prohíbe taxativamente la práctica de la clonación de seres humanos»[33].

 

Por otra parte, David Humphreys, del Whitehead Institute for Biomedical  Research de Estados Unidos, ha manifestado su preocupación por «las irregularidades genéticas» observadas en los seres clonados[34].

 

Los reparos éticos que suscita la clonación de personas humanas pueden desaparecer si se logra la clonación de tejidos para trasplantes[35]. Por ejemplo, de tejido epitelial, etc.

El 19 de diciembre del año 2000, el Parlamento Británico aprobó la clonación terapéutica. Parece que enfermedades como el  parkinson, la diabetes y la leucemia, se podrían curar trasplantando células de embriones con capacidad de originar «células madre», llamadas «estaminales», que pueden dar lugar a células iguales para generar nuevos tejidos.

Las células madre son unas células a partir de las cuales se pueden obtener células de distintos tejidos. Estas células están en tejidos de embriones y también en tejidos adultos, por ejemplo en tejido adiposo.

Pueden ser totipotentes, que dan lugar a un individuo completo de su especie, pluripotentes, que dan lugar a todo tipo de tejidos, multipotentes, que dan lugar a diversos tejidos, y unipotentes, que dan lugar a un solo tejido.

La Iglesia anima a investigar en la obtención de células madre de tejidos adultos, pues obtenerlas de embriones es matar a un ser humano.

No se puede matar a una persona para dar a otra el órgano que necesita. Como ocurre cuando se mata un embrión humano para sacar «células madre» que fabriquen los órganos deseados para hacer trasplantes.

Fabricar seres humanos con el fin de tener órganos humanos de recambio para las personas enfermas que los necesiten, y después matarlos, además de ser una monstruosidad, es tan absurdo como fabricar un camión para utilizar sus neumáticos, y después mandarlo al desguace del chatarrero.

 

Y mucho mejor obtenerlas del cordón umbilical de cada uno, pues al ser células indiferenciadas se pueden cultivar para el tejido que se desee, y así se podrían curar muchas enfermedades, por ejemplo la leucemia.

Sería de desear que hubiera bancos que conservaran congelados en nitrógeno líquido los cordones umbilicales de todos los que nacen por si los necesitan en el futuro utilizando la posibilidad que tienen esas células para regenerar órganos y tejidos dañados.

 

El Papa Juan Pablo II  dijo con frase feliz: «Con la vida no se comercia. (...) Desde la concepción hasta la muerte natural, el ser humano es sujeto de derechas inviolables»[36] .

 

 

67,7. Los  Testigos  de  Jehová  prohíben  las  transfusiones  de  sangre, diciendo que están prohibidas por la Biblia; y son capaces de dejar  morir  a  una persona antes de facilitarle esta ayuda.

En primer lugar hay que decir que esto es falso. En ningún lugar de la Biblia se habla  de  las  transfusiones  de  sangre.  La Biblia no puede prohibir una cosa que se  desconocía  en  su  tiempo.  Lo  que  la Biblia  prohíbe  es  comer  sangre  de  animales[37] ,  por  estar  relacionada  con  la idolatría que ellos veían en otros pueblos que sacrificaban animales a los ídolos.

También la Biblia prohíbe comer sebo[38] . Y   a esto no hacen caso.

Pero además Cristo abolió algunas prácticas del Antiguo Testamento e instauró el Nuevo[39] . Muchas de las leyes del Antiguo Testamento no rigen en el Nuevo (circuncisión, peregrinar a Jerusalén, pena de muerte para los adúlteros, etc.).

Esta prohibición de no tomar sangre se mantuvo al principio[40]  por consideración a los cristianos procedentes del judaísmo, apegados a sus costumbres, que tenían reparo en participar en comidas que habían estado prohibidas para ellos durante toda su vida, y no se les debía escandalizar.

El tránsito del Antiguo al Nuevo Testamento, necesitaba su tiempo para que aquellos judíos se desprendieran de sus viejas costumbres; pero pronto se permitió a los cristianos tomar toda clase de alimentos, como dice San Pablo: «Ni porque comamos ni porque no comamos mereceremos o desmereceremos; pero si lo que yo como escandaliza a mi hermano, no comeré»[41] . Pero después dice que se puede comer de todo[42] .

El abstenerse de comer sangre fue una norma transitoria, circunstancial y disciplinar que cayó en desuso al desaparecer las comunidades palestinenses judeo-cristianas con la guerra del 70[43] . Por eso no vuelve a mencionarse ni en San Pablo ni en los Padres Apostólicos.

En cambio la prohibición de la fornicación se repite con frecuencia en San Pablo y en los Padres Apostólicos.

Por otra parte, ya lo dijo San Mateo[44] : «Lo que mancha al hombre no es lo que entra por la boca, sino lo que sale del corazón».

En cambio lo que dice la Biblia con toda claridad es que debemos dar la vida por los hermanos[45] , pues ésta es la mejor manera de mostrarles nuestro amor a ellos[46] . Pues, si debemos estar dispuestos a dar la vida por nuestros hermanos; ¡cuánto más un poco de sangre, que recuperamos con facilidad, y que puede salvar la vida de un hermano!

Luego, las transfusiones de sangre no sólo no están contra la Biblia, sino que están muy de acuerdo con ella, ya que nos manda sacrificarnos por nuestros hermanos. El que se oponga a las transfusiones de sangre, está muy lejos de conocer la Biblia y el mensaje de amor que ella encierra en bien de todos.

En Octubre de 1977 murió en Ortuella (Vizcaya) la niña de ocho años María Albertina Martín González, porque sus padres, Testigos de Jehová, se negaron a que le hicieran una trasfusión de sangre.

La indignación del pueblo fue tan grande que, en el entierro, la Guardia Civil tuvo que proteger a los padres para que no los lincharan[47] .

 

 

67,8. Es, además, un pecado contra este mandamiento el suicidio, es decir, quitarse a sí mismo la vida deliberadamente y por propia iniciativa[48] .

El hombre tiene obligación de conservar la propia vida[49] .

Por lo mismo no es lícito exponerla temerariamente cuando no lo aconseja razón alguna del deber o caridad[50] .

Tampoco es lícita la propia mutilación, a no ser que no se pueda por otra vía proveer a la salud de todo el cuerpo[51] .

El suicidio es pecado grave porque la vida no nos pertenece a nosotros, sino a Dios, que nos la ha entregado en usufructo[52] .

No puedo quemar la casa en que vivo porque no es mía: la tengo sólo arrendada.

¿Acaso me he dado yo la vida para considerarla como mía?

Pero generalmente el suicida lo hace en un momento de arrebato o desesperación. Y esto es un atenuante.

 

Las situaciones difíciles se superan pidiendo a Dios que nos libre de ellas o nos dé fuerzas para sobrellevarlas. Pero el suicidio no arregla nada: lo estropea del todo y para siempre. Por eso sólo la locura o la irreligión pueden llevar al suicidio.

«El suicidio lo cometen frecuentemente personas que por enfermedad, o por otras causas, no son totalmente dueñas de sí mismas. De ordinario es difícil medir el grado de responsabilidad y de culpabilidad que contraen»[53] .

«Trastornos psíquicos graves pueden disminuir la responsabilidad del suicida»[54] .

«La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida»[55] .

Antes, La Iglesia negaba a los suicidas las ceremonias religiosas. Pero desde 1971, sólo niega los funerales religiosos a los que expresamente han manifestado su rechazo.

 

No es suicidarse el perder la vida en un acto de servicio o de caridad[56] , como al salvar a un náufrago.

Aunque uno sepa, al tirarse al agua, que es posible pierda la vida.

Esto no es suicidarse, pues no se busca la muerte directamente, sino que se pierde la vida al querer salvar a otro.

Pero «nadie puede exponer su vida a peligros graves sin causa proporcionada que justifique la exposición al mismo»[57] .

 

Tampoco sería suicidio ofrecer la propia vida para salvar la de un inocente, como el caso del P. Maximiliano Kolbe, que se ofreció a morir a cambio de un padre de familia en un campo de concentración alemán. Efectivamente, murió voluntariamente, pero nadie lo considera suicida, sino mártir.

Caso similar es el de un condenado a muerte a quien se le da el modo de quitarse él mismo la vida.

Incluso podría asimilarse el caso del espía que se quita la vida como único modo de proteger informaciones secretas que pueden poner en peligro a su patria. Este quitarse la vida no sería un suicidio moral. Así opina el célebre moralista Häring[58] .

 

67,9. No sólo está prohibido quitarse la vida, sino también acortarla directamente, como sucede con la eutanasia.

Eutanasia significa «buena muerte», según su etimología griega. Muerte apacible y sin dolor. Pero actualmente su significado real es «provocar directamente la muerte por procedimientos médicos a enfermos terminales para librarles a ellos de sufrimientos y a los demás de una carga».

 

La eutanasia es «una acción o una omisión que por su naturaleza, o en la intención, causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor»[59] .

La eutanasia eugénica, elimina a los deformes y tarados; la eutanasia económica, suprime a los viejos, inválidos y dementes.

 

«Anticipar la muerte, por muy cierta que sea, y por insoportable que parezca la vida, es otorgarse un derecho que sólo a Dios pertenece. Y esto aun cuando el enfermo consienta y lo solicite vivamente, porque ni siquiera él puede conferir un derecho que tampoco posee, ya que no es dueño ni propietario de su cuerpo y de su existencia»[60] .

No somos propietarios de nuestra vida, pues no la hemos conquistado nosotros, sino que la hemos recibido de Dios, por medio de nuestros padres, cuando Él así lo dispuso.

 

El deseo de dejar de sufrir es algo muy humano. Pero hay que mitigarlo por medios lícitos. Hoy no hay sufrimientos insoportables dada la terapia antidolorosa de que hoy dispone la Medicina.

Pero, sobre todo, hay que tener motivos para sufrir. Se puede sufrir con dignidad y con optimismo. Para un cristiano el dolor tiene un valor redentor. El dolor unido a la pasión de Cristo Redentor lo sublima y ennoblece.

Morir con dignidad no es precisamente morir sin dolores, sino aceptando la muerte, cuando y como Dios disponga.

No hay muerte más digna ni más dichosa que la recibida en estado de gracia y en paz con Dios.

Un enfermo dijo en su lecho de muerte: «Pasé de la desesperación a la alegría gracias a la fe».

 

Dice Juan Pablo II en su Encíclica Evangelium vitae: «La eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios»[61] .

 

La eutanasia se quiere enmascarar con la etiqueta de «muerte digna», lo mismo que el aborto asesino se quiere disimular llamándole «interrupción del embarazo»

«No confundamos “muerte digna” con “muerte provocada”»[62] .

 

Después del aborto vendrá la eutanasia. Por la misma razón que se permite matar a los niños no deseados, se permitirá matar a los enfermos y ancianos que estorben. «Que nadie se engañe. Primero fue el no nacido, ahora el anciano, y luego vendrá todo aquel que estorbe al que manda, o el que se atreva a disentir. La cultura de la muerte es imparable, aunque sus argumentos sean nulos», ha dicho Santiago Martín[63] .

Se empieza con una etiqueta de buena apariencia: muerte digna, ayudar a morir al que no desea sufrir más. Pero luego se pasa a acciones aterradoras, como el caso de un matrimonio joven que quería eliminar a la abuela porque necesitaba su cama[64]..

Muchos podrían ser convencidos que debían pedir la eutanasia por ser una carga para la familia o la sociedad.

 

Por los años 70, en la China comunista desaparecieron de golpe leprosos, ciegos, locos y minusválidos. Esta «purga» explica en parte el impresionante «agujero» descubierto por los demógrafos de cincuenta millones de habitantes en la población china[65] .

Por la misma razón por la cual algunos defienden hoy el aborto, el día de mañana serán ellos mismos eliminados por sus hijos, que los considerarán una carga inútil.

 

Se dice que Napoleón ordenó a sus médicos militares que envenenaran a los soldados con enfermedades contagiosas para evitar su propagación.

 

Diego Díaz en su libro La última edad, recuerda unas palabras del demógrafo americano Dr. Gallop, de la Universidad de Manitoba (Canadá): «Una vez que hayas permitido la muerte del feto, el ciclo no se cerrará. No habrá límites de edad. Se habrá puesto en movimiento una reacción en cadena que podrá hacer de ti una víctima. Tus hijos querrán matarte, porque permitiste que fueran muertos sus hermanos y hermanas. Querrán matarte por no poder soportar tu vejez»[66] .

Incluso hay quien se ufana de haber podido comprar un coche con el dinero del seguro de vida del enfermo que dejó morir por falta de asistencia[67] .

Y como dice el Dr. Gallop: «Si un doctor acepta dinero para matar a un inocente en el seno materno, el mismo doctor te matará a ti con una inyección, cuando alguien se lo pague»[68] .

El jueves 4 de junio de 1987 pudimos ver en televisión en el espacio Debate cómo el defensor de la eutanasia decía que todos debíamos tener derecho a morir de modo digno, y el médico del Hospital de Basurto le dijo que en eso tiene toda la razón, pero la eutanasia consiste en matar al enfermo, y los médicos están para sanar, no para matar.

Morir dignamente es asumir la muerte humana y cristianamente.

 

Algunos piensan que es preferible matar al enfermo para que deje de sufrir. Sobre todo si él mismo lo pide.

Pero no es así.

El enfermo lo que quiere es dejar de sufrir.

Darle paliativos para aliviar su dolor, pero no matarle.

Hay que eliminar el sufrimiento humano, pero no al ser humano que sufre.

Detrás de la frase «para que no sufra» puede esconderse en el fondo, inconscientemente, el deseo de librarse de las molestias que el enfermo le ocasiona a él.

Vivir es un valor superior, que se le arrebata al darle muerte.

Dejar de existir es el supremo de los males.

«El derecho a la vida es el primero de los derechos del ser humano»[69].

 

Eso de que el enfermo o anciano tiene derecho a pedir la muerte cuando lo desee es una falacia. Como le dijo monseñor Ricardo Mª Carles  a Isabel San Sebastián en una entrevista que le hizo en el ABC de Madrid: «Si se llegara a legalizar la eutanasia voluntaria, sería muy fácil empujar a esas personas [que estorban] a pedir “voluntariamente” la muerte, sin desearla, en absoluto, en el fondo de sus corazones»[70] .

 

«Existe una tendencia a la aceptación legal de la eutanasia, es decir, a su despenalización. Desdichadamente, la despenalización suele equivaler, al menos en la mentalidad de muchas personas, a una legalización, a no considerarlo como delito, y hasta recomendar su aplicación como algo honesto.

»La mejor forma de ayudar a una muerte digna es procurar una vida de verdadera calidad humana, familiar, social y cristiana. Procurando una asistencia llena de afecto y de generosidad»[71].

 

El P. Luis de Moya, sacerdote tetraplégico, que ha superado su situación con admirable trabajo sacerdotal ha dicho: «Una persona que se siente querida no puede desear la muerte»[72]. Amar y ser amado es lo que da ilusión a la vida.

Muchos de los que piden la muerte, lo que desean es ser mejor atendidos y tener ayuda para querer seguir viviendo. Por eso, más que legalizar la eutanasia. habría que humanizar el proceso de la muerte.

«En opinión de muchos expertos, entre los que destaca el profesor Richard Fenigsen, pedir la muerte a menudo significa una petición de ayuda, de comprensión; incluso cuando alguien pide la muerte enfática y repetidamente por escrito o en presencia de testigos, no se puede excluir que esté pidiendo ayuda y atención»[73].

 

Lo mismo que es inaceptable legalizar que una persona quiera se esclava de otra, es inaceptable legalizar que una persona pida o otra que la mate. El quitarse la vida es peor que ser esclavo.

 

Además,si se legaliza que un enfermo pueda pedir la muerte, ¿por qué no va a tener el mismo derecho un sano cansado de vivir?

 

Monseñor Elías Yanes, Presidente de la Conferencia Episcopal Española, dice en una carta pastoral: «El anciano o el enfermo terminal es un ser humano, una persona. Causarle deliberadamente la muerte es un crimen. Aunque se haga por compasión»[74] .

Ayudar a un suicidio no es compasión, es colaborar a un crimen.

La «compasión» puede enmascararse con el deseo de quitarse de encima una carga molesta, y hasta el deseo de heredarle.

 

Todos los periódicos de España hablaron del caso de la niña Mercedes Rodríguez, de Bilbao, cuyo padre, Emilio, de veintiséis años, pidió por todos los Medios de Comunicación que los médicos mataran a su hija enferma. Hubo algún matrimonio que quiso hacerse cargo de su hija. Más tarde se encontró remedio a algunos de los males de la niña[75] .

 

Un enfermero de Indiana, en Estados Unidos, fue detenido como sospechoso de haber asesinado a un centenar de enfermos. La policía sospechó de él, pues cuando él estaba de servicio moría un enfermo al día; y cuando él faltaba moría uno al mes[76] .

Una enfermera del Hospital holandés de Vliethoven asesinó por medio de una inyección a nueve ancianos[77] .

Cuatro enfermeras de Austria fueron condenadas por «liquidar a cuarenta y nueve enfermos que les resultaban molestos»[78] . Una de las enfermeras, llamada Waltraud Wagner, reconoce haber matado a once personas[79] .

Una enfermera de Dinamarca asesinó a sesenta y cuatro ancianos, después de robarles, en una residencia geriátrica de Copenhague, dándoles una sobredosis de calmantes[80] .

Un enfermero suizo de Lucerna confesó que había dado muerte a veintisiete ancianos[81].

El mismo día se publicaron estas dos noticias:

Un médico inglés, Harold Shipman, ha sido condenado a cadena perpetua por haber dado muerte a 15 pacientes por medio de una inyección, en Hyde, cerca de Manchester[82].

Dos médicos belgas, Leon Radoux y Claude Chevolet, han sido acusados de asesinato por haber practicado la eutanasia activa a un paciente equivocado[83].

 

La aplicación de la eutanasia en Holanda, ha llevado en 1995 a acabar con la vida de 900 personas que en ningún momento habían pedido someterse a esta práctica. En pocas palabras, la ley ha provocado ya casi mil asesinatos. Hasta la fecha se han registrado 11.200 casos de interrupción o renuncia a tratamientos prolongadores de la vida, con la expresa intención de acelerar el fin de la vida del paciente[84] .

Ellos no sabían que otros tomaron la decisión de que ellos no tenían que seguir viviendo[85] .

Según el Dr. Antonio Pardo, Profesor de Bioética de la Universidad de Navarra, en 1990 se dieron en Holanda más de 25.000 casos de eutanasia, y 14.000 de ellos sin conocimiento del paciente[86].

 

«Desde hace tiempo uno de los argumentos contra la introducción de  la eutanasia ha sido que la legalización de esas prácticas permitirá a los doctores de abusar de los derechos de los enfermos que no quieren morir.

»Ahora la evidencia de Holanda, donde la eutanasia no es ya delito desde 1994, confirma estos temores.

»Una investigación llevada a cabo en 1996, cuyos resultados han sido publicados recientemente en el Journal of Medical Ethics, encontró que algunos médicos no están respetando las cláusulas que supuestamente protegen a los enfermos contra la práctica no voluntaria de la eutanasia.

»Estos resultados indican que en 1995, uno de cada cinco casos de eutanasia tuvo lugar sin la petición explícita del paciente.

»Los autores de la investigación, Dr Henk Jochensen, del Lindeboom Institute  y Dr John Keown, de Queens' College, Cambridge, concluyeron que en la mayor parte de los casos estaba claro que la eutanasia no viene comunicada a las autoridades y que no hay control sobre su práctica. (BBC, 16/2/99)»[87] .

«Según un estudio que el gobierno comisionó al ministro de Justicia holandés, el famoso "Informe Remmelick", en Holanda el 15% de los fallecidos morirían por eutanasia»[88].

La legalización de la eutanasia, en Holanda, en 1992 ha provocado una enorme difusión de una tarjeta donde se dice que el  portador no admite le sea practicada la eutanasia; y ochenta de cada cien mayores de setenta y cinco años no quieren ni oír hablar del Hospital por miedo a ser eliminados. El miedo a que se les practique la eutanasia ha hecho que los ancianos holandeses se asocien en la NPV para defenderse de la eutanasia.

La NPV cuenta con sesenta y tres mil miembros, y en las últimas semanas se han apuntado cinco mil nuevos socios[89] .

«Holanda: la eutanasia da miedo. Más de 100.000 personas en Holanda han comenzado a llevar consigo un documento que expresa su oposición a la eutanasia. Esta curiosa medida se debe al temor de ser matados por los médicos en caso de caer enfermos»[90].

En ZENIT, Boletín informativo del Vaticano se narra el caso de un médico, que estaba optimista por la mejoría de su paciente, cuando va a verlo por la mañana no lo encuentra en su cama: habían «acabado» con el enfermo porque faltaban camas libres[91].

En ese mismo boletín se da cuenta de un caso espeluznante: el hijo pide a los médicos que «aceleren» la muerte de su padre para que el funeral pueda celebrarse antes de las vacaciones.

 

Conozco casos de enfermos terminales, por los que se ha hecho todo lo que es razonable hacer, y que mueren desesperados creyendo que se les tiene abandonados.

Si esto ocurre en una situación en la que la eutanasia está rechazada, ¿cuántos morirían desesperados creyéndose abandonados en una situación en que la eutanasia esté legalizada?. 

De hecho en Australia se ha anulado la ley que permitía la eutanasia[92] .

 

No es lícito dar a un enfermo una inyección con el propósito de provocar la muerte, ya inevitable, apoyados en el piadoso deseo de que no sufra.

No es lícito provocar directamente la muerte por un medio artificial[93] , ni siquiera a petición del interesado, pero el médico puede dar al enfermo algún lenitivo de los dolores, aun a sabiendas de que posiblemente con ello se acelere indirectamente la muerte[94] .

Pero si la dosis empleada, aunque no produzca directamente la muerte, hace privar al enfermo del uso de la razón hasta el momento de morir no se podrá aplicar al moribundo; a no ser que esté ya preparado espiritualmente. En caso contrario sería privarle de una adecuada preparación para su salvación eterna, lo cual es mucho más importante que el alivio corporal[95] .

 

Todos debemos poner los medios proporcionados para conservar o recuperar la salud. Pero no estamos obligados a los medios desproporcionados como serían medicamentos muy caros o intervenciones quirúrgicas muy dolorosas[96] .

Cuando el enfermo, a juicio del médico, no tiene esperanza de curación, no es necesario prolongar indefinidamente (distanasia), por medio de medicinas o aparatos, una vida que corre irrevocablemente a su término[97] .

No tiene sentido aplicar un tratamiento inútil.

Pero se debe dar al enfermo la oportunidad de recibir los auxilios espirituales, y, en cuanto sea posible, arreglar sus asuntos familiares.

 

    Cuando el enfermo se encuentra en estado terminal, en una situación de muerte inminente inevitable, en la que las medidas de soporte vital sólo pueden conseguir un breve aplazamiento del momento de la muerte, cuando la vida se prolonga artificialmente, tan sólo vegetativamente, sin reacciones humanas, es perfectamente lícito interrumpir las medidas extraordinarias y suspenderle el tratamiento o desconectarle los aparatos dejando que la naturaleza siga su curso[98] .

No se puede matar, pero sí se puede dejar morir naturalmente, renunciando a terapias desproporcionadas, evitando un «ensañamiento terapéutico»[99] .

Una existencia irreversiblemente vegetativa, que ha dejado de ser humana, puede no tener sentido el prolongarla. Aunque no se puede privar a los familiares de su derecho de emplear todos los medios a su alcance para mantener la esperanza hasta última hora.

 

«Dejar morir» sería «matar» si se le niegan al enfermo los medios razonablemente normales para que pueda seguir viviendo. Nunca se deben interrumpir las curas normales debidas al enfermo en casos similares.

La distinción entre medios ordinarios y extraordinarios depende de la situación sanitaria del país en cada momento[100].

 

Lo que nunca debe faltar es el tratamiento paliativo para disminuir el dolor, y la asistencia espiritual.

 

En Septiembre de 1989 la Conferencia Episcopal Española ha redactado un Testamento Vital  para los enfermos que se hayan en una situación terminal.

Dice así:

«El que suscribe pide que si por mi enfermedad llegara a estar en situación crítica e irrecuperable, no se me mantenga en vida por medio de tratamientos desproporcionados o extraordinarios, que no se me aplique la eutanasia activa, ni se me prolongue abusiva e irracionalmente mi proceso de muerte; pero que se me administren los tratamientos adecuados para paliar los sufrimientos.

»Pido igual ayuda para asumir cristiana y humanamente mi propia muerte. Deseo poder prepararme para este acontecimiento final de mi existencia en paz, con la compañía de mis seres queridos y el consuelo de mi fe cristiana»[101] .

 

La doctrina de la Iglesia sobre la eutanasia puede resumirse en este decálogo:

1º Jamás es lícito matar a un paciente, ni siquiera para no verle sufrir o no hacerle sufrir, aunque él lo pidiera  expresamente. Ni el paciente, ni los médicos, ni el personal sanitario, ni los familiares tienen la facultad de decidir o provocar la muerte de una persona.

2º  No es lícita la acción que por su naturaleza provoca directa o intencionalmente la muerte de un paciente.

3º No es lícito omitir una prestación debida normalmente a un paciente, sin la cual va irremisiblemente a la muerte: por ejemplo, los cuidados vitales  (alimentación por tubo y remedios terapéuticos normales ) debidos a todo paciente, aunque sufra un mal incurable o esté en fase terminal o en coma irreversible.

4º No es lícito rehusar o renunciar a cuidados y tratamientos posibles y disponibles cuando se sabe que resultan eficaces, aunque sea sólo parcialmente. En concreto, no se ha de omitir el tratamiento a enfermos en coma si existe alguna posibilidad de recuperación; aunque se puede interrumpir cuando se haya constatado su total ineficacia. En todo caso, siempre se han de mantener las medidas de sostenimiento.

5º No existe la obligación de someter al paciente terminal a nuevas operaciones quirúrgicas cuando no se tiene la fundada esperanza de hacerle más llevadera su vida.

6º Es lícito suministrar narcóticos y analgésicos que alivien el dolor, aunque atenúen la consciencia y provoquen de modo secundario un acortamiento de la vida del paciente.

Siempre que el fin de la acción sea calmar el dolor, y no provocar subrepticiamente un acortamiento sustancial de la vida; en este caso, la moralidad de la acción depende de la intención con que se haga, y de que exista una debida proporción entre lo que se logra ( la disminución del dolor ) y el efecto negativo para la salud.

7º Es lícito dejar de aplicar tratamientos desproporcionados a un paciente en coma irreversible cuando haya perdido toda actividad cerebral. Pero no lo es cuando el cerebro del paciente conserva ciertas funciones vitales, si esta omisión provocase la muerte inmediata.

8º Las personas minusválidas o con malformaciones tienen los mismos derechos que las demás personas, concretamente, en lo que se refiere a recepción de tratamiento terapéutico.

En las fases prenatal y posnatal se les han de proporcionar las mismas curas que a los fetos y niños sin ninguna minusvalía.

9º El Estado no puede atribuirse el derecho de legalizar la eutanasia, pues la vida del inocente es un bien que supera el poder de disposición, tanto del individuo como del Estado.

10º La eutanasia es un crimen contra la vida humana y contra la ley divina, del que se hacen responsables todos los que intervienen en la decisión y ejecución del acto homicida[102] .

 

La Conferencia Episcopal Española publicó, en Febrero de 1998, un documento sobre la eutanasia donde dice que el «no matarás» del Quinto Mandamiento incluye también la vida propia.

Por lo tanto la eutanasia es un suicidio, y el que colabore a ella colabora a un homicidio[103] .

 

«La Comisión para las Cuestiones Sociales, la Salud y la Familia de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa ha afirmado claramente que el reconocimiento del derecho a la muerte reivindicado por numerosas asociaciones en Europa no constituye una respuesta apropiada a las aspiraciones de los enfermos incurables o moribundos.

»La Comisión se pronuncia contra toda institucionalización de la eutanasia activa, constatando en este sentido las dramáticas consecuencias producidas por esta práctica en los Países Bajos, donde está despenalizada.

»La adopción del informe constituye el final de una larga reflexión, en la que se han escuchados a numerosos expertos del mundo ético y médico»[104].


[1] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2275

[2] Diario YA, 7-IV-88, pg. 13

[3] JACQUES TESTART: El embrión transparente. Anexo, 4. Ed. Granica. Barcelona, 1988

[4] Diario YA, 14-IV-88, pg. 15

[5] Boletín informativo del Vaticano en INTERNET: Zenit,980401-2

[6] ZENIT. Boletín informativo del Vaticano en INTERNET: ZS99031503

[7] JACQUES TESTART: El embrión transparente, II, 8. Ed. Granica. Barcelona, 1988

[8] ARTURO FERNÁNDEZ: Compendio de Teología Moral, 2ª, X, 2.  Ed. Palabra. Madrid. 1995.

[9] ANTONIO MONTEBELLI: Guía de los métodos naturales. Apéndice.  Ed. Ciudad Nueva. Madrid.

[10] ANDRÉ LÉONARD: La moral sexual explicada a los jóvenes, III,6.  Ed. Palabra. Madrid. 1994.

[11]  ZENIT: Boletín informativo del Vaticano en INTERNET: Zenit, 980306-5

[12] ZENIT: Boletín informativo del Vaticano en INTERNET: ZS 00103101

[13]  ZENIT: Boletín informativo del Vaticano en INTERNET: ZSI 02072001

[14] Boletín informativo del Vaticano en INTERNET: Zenit, 980825-3

[15] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2376

[16] Diario LA RAZÓN, 12-II-2001, pg. 52

[17] Boletín informativo del Vaticano en INTERNET: Zenit, 980224-1

[18] Diario YA, 11-III-87, pg. 5

[19] JACQUES TESTART: El embrión transparente, IV, 4. Ed. Granica. Barcelona, 1988.

[20] ABC de Sevilla del 9-II-94. pg. 119

[21]  Diario La Razón del 15-II-2001, pg.46.

[22] Revista ÉPOCA, 142 ( 3-XI-87 ) 54

[23] DIARIO DE CÁDIZ del 9-VI-97, pg.52

[24] JUAN PABLO II: Mensaje en la Jornada Mundial del enfermo (3-IX-2001).

[25] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2275

[26] Diario La Razón del 16-XI-2000, pg.35.

[27] Revista NATURE del 27-II-1997

[28] Diario ABC de Madrid del 5-IV-97, p g. 59

[29]  Diario ABC de Madrid del 13-I-98, pg.10

[30] INTERNET: BBC.Mundo.com (Lunes 22-IX-2003).

[31] Donum vitae, I,6

[32] ZENIT: Boletín informativo del Vaticano en INTERNET, ZS99020707,

[33] Diario LA RAZÓN del 25-I-2000, pg.35.

[34]  Diario LA RAZÓN del 6-VII-2001, pg.43.

[35] Diario ABC de Madrid del 22-I-99, pg. 69.

[36] ZENIT: Boletín del Vaticano en INTERNET, ZS03020202.

[37] Levítico, 3:17

[38] Levítico, 3:17

[39] SAN PABLO: Carta a los Gálatas, cap.3

[40] Hechos de los Apóstoles, 15:20, 29

[41] SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 8:8, 13

[42] SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 10:25ss

[43] SALVADOR MUÑOZ IGLESIAS: Los problemas de los primeros tiempos, II, 3. ADUE. Madrid

[44] Evangelio de San Mateo, 15:11

[45] Primera Carta de San Juan, 3:16

[46] Evangelio de San Juan, 15:13

[47] Diario YA del 28-X-77. pg.3

[48] ANTONIO ROYO MARÍN,O.P.: Teología Moral para seglares, 1º, 2ª, II, nº 447. Ed. BAC. Madrid.

[49] DENZINGER: Magisterio de la Iglesia,nº 1938c.  Ed. Herder. Barcelona.

[50] DENZINGER: Magisterio de la Iglesia,nº 1939.  Ed. Herder. Barcelona.

[51] DENZINGER: Magisterio de la Iglesia,nº  2246,2348.  Ed. Herder. Barcelona.

[52] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2280

[53] Conferencia Episcopal Española: Ésta es nuestra fe, 2ª, III, 7, 2, 2, c. EDICE. Madrid, 1986.

[54] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2282

[55] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2283

[56] ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.:Teología Moral para seglares,1º, 2ª, II, Nº 444,3º.Ed.BAC.Madrid

[57] ANTONIO ARZA, S.I.: Preguntas y respuestas en cristiano, pg. 245.  Ed. Mensajero. Bilbao.

[58] BERNHARD HÄRING: SHALOM:Paz, XVI, 2.  Ed. Herder. Barcelona. 1998.

[59] MIGUEL ÁNGEL MONGE: 39 Cuestiones doctrinales, IV, 8.  Ed. Palabra. Madrid. 1990.

[60] JESÚS FERRER: Dolor y eutanasia., pg. 26. EUNSA. Pamplona, 1976.

[61] JUAN PABLO II: Encíclica  Evangelium vitae, nº 65.

[62] FRANCISCO DE MIER: Apuesta por lo eterno, II, 4,b.  Ed. San Pablo. Madrid. 1997.

[63] ABC de Madrid del 3-III-93. Pg. 73

[64] TIHAMER TOTH: Creo en Jesucristo, el Mesías, XXV, 2. Ed. Atenas, Madrid.

[65] Revista 30 GIORNI, 1 (VI-1987) 10

[66] Diario YA Dominical del 6-II-77.Pg. 3

[67] Diario YA, 23-VI-88. Pg. 11

[68] Diario YA , 11-XII-91, pg. 17

[69] Documento de la Conferencia Episcopal Mejicana del 25-III-2001.

[70] Diario ABC de Madrid, 18-I-98, pg. 14

[71] CARLOS AMIGO: Cien respuestas para tener fe, V, 49.Ed. Planeta+Testimonio.Barcelona. 1999

[72] LUIS DE MOYA:  Su página en INTERNET: http://www.unav.es/capellania/ldm/

[73] PABLO NUEVO: Revista ARBIL en INTERNET. http://www.ctv.es/USERS/mmori

[74] Diario ABC de Madrid, 7-III-98, pg.42

[75] Diario YA, 20-III-86, pg. 35

[76] Diario ABC de Madrid, 31-XII-97, pg.91

[77] Diario ABC de Madrid, 15-IX-95, pg. 30

[78] Diario YA, 11-IV-89,  pg.13

[79] Diario YA, 21-IV-89,  pg. 17

[80] Diario ABC de Madrid, 22-X-97, pg.81

[81]  Diario LA RAZÓN, 12-IX--2001, pg. 58.

[82] Diario LA RAZÓN, 1-II--2000, pg. 44.

[83]  Diario LA RAZÓN, 1-II--2000, pg. 37.

[84] Boletín informativo del Vaticano en INTERNET: ZENIT, 980227-4

[85] Revista ECCLESIA, 2883 (7-III-98) 341

[86] Revista ALFA Y OMEGA, 253 (29-III-2001) 10

[87] ZENIT: Boletín informativo del Vaticano en INTERNET del 20-II-99.

[88] ZENIT: Boletín informativo del Vaticano en INTERNET:ZS99022410.

[89] Diario ABC de Madrid, 18-II-95, pg. 66

[90] Boletín informativo del Vaticano en INTERNET:ZENIT,31 de octubre de 1998.

[91]  Boletín informativo del Vaticano en INTERNET:ZENIT, ZS00120503

[92] DIARIO DE CÁDIZ, 11-XII-96, pg. 28

[93] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 2277

[94] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 2279

[95] ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología de la salvación, 3ª, I, nº 177, 2,a. Ed. B.A.C. Madrid

[96] Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe: Revista ECCLESIA, 1990 (12-VII-80)28

[97] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 2278

[98] VITTORIO MARCOZZI: Revista La Civiltá Cattolica, 15-XI-75

[99].Conferencia Episcopal Española: La eutanasia.  Revista ECCLESIA, 2883 (7-III-98) 340

[100] JAVIER GAFO, S.I.: Diez palabras clave en Bioética, V.2.  Ed. Verbo Divino. Estella. 2000.

[101] Diario YA, 28-IX-89, pg. 15. Revista ECCLESIA, 2444(7-X-89)14

[102] Revista ECCLESIA 2624 ( 20-III-93 ) 40: La Eutanasia, cien cuestiones y respuestas sobre la defensa de la vida humana, y la actitud de los católicos. Texto del Comité Episcopal para la Defensa de la Vida, de la Conferencia Episcopal Española. Publicado el 14 de febrero de 1993, nº 94.

[103] Conferencia Episcopal Española: La eutanasia es inmoral y antisocial, nº 11.

[104] ZENIT, Boletín informativo del Vaticano en INTERNET: ZS99052803