66,4. Debes preocuparle de que tus hijos no aprendan de sus amigos de la calle de dónde vienen los niños.

Evidentemente que ellos procurarán enterarse. Si tú les abandonas en este punto, cuando les entre la curiosidad, irán a sus amigos que más saben de esto, que, naturalmente, serán los más golfos.

Puedes imaginarte la clase de información que tus hijos recibirán de ellos. Si tus respuestas a sus preguntas son oscuras o con evasivas, el niño se dará cuenta de que ha topado con algo misterioso y se callará; pero su curiosidad aumentará e irá a preguntar donde le ofrezcan confianza.

 

En materia sexual el niño tiene necesidad de saber, y por lo tanto hay obligación de informarle. Pero esta información no es conveniente que la reciba de sus amigotes que lo harán de modo chabacano, deformado, degradando la sexualidad, y envileciendo el misterio de la vida. Hay que hacerlo de una manera sana, clara, correcta, digna y adecuada.

 

Es indispensable que te encargues de hacerlo tú con discreción, prudencia, método y tacto.

A los niños «hay que iniciarlos conforme avanza su edad, en una positiva y prudente educación sexual»[1] .

Puede ayudarte en este importante asunto un pequeño libro titulado Iniciación de los niños en la vida[2] . Este libro te dará normas acertadísimas, e incluso el discursito ya hecho para distintas edades y sexos.

Sobre este tema se hicieron famosos dos libritos de los PP. Pereira y Álvarez Torres titulados: Díganos la verdad [3] y Enséñenos la verdad[4] .

 

Hay quien opina que es mejor esperar a que el niño pregunte.

Pero, ¿y si el niño tiene vergüenza de preguntar a sus padres?. ¿Y si el niño pregunta primero en la calle?

Además en muchos casos la calle se adelanta a informar al niño antes de que éste pregunte.

Una de las edades más peligrosas de los niños es entre nueve y once años, y hay que orientarlos.

No olvides nunca que en esta materia es preferible llegar con un mes de anticipación que con un día de retraso[5] .

 

Es importante que los niños se sientan superiores a sus compañeros por la buena información que sus padres les han proporcionado, y porque saben les tendrán al corriente de todo lo que quieran preguntar.

Conozco un niño que cuando sus compañeros quisieron hablarle de cosas escabrosas, él les respondió: «Todo esto ya lo sé yo, porque me lo ha explicado mi padre».

Y se marchó.

Su padre está orgulloso de haberle preparado bien.

 

En esta materia, ante las preguntas de los niños hay tres posturas:

a) El silencio y las evasivas: lo cual es hacer que el niño vaya a preguntar a otro sitio, lo mismo que iría a satisfacer su hambre si nosotros no le diéramos pan.

Una madre a quien su hija le preguntó sobre el origen de los niños, le respondió dándole un bofetón: «una niña educada no preguntas esas cosas». Proceder lamentable.El silencio de los padres sobre el sexo es causa de que el niño crea que el sexo es algo malo[6] .

b) La segunda postura es responder con mentiras, lo cual les hará perder la confianza en vosotros cuando averigüen la verdad; y se formarán una idea equivocada del problema al ver que se trata de una cosa vergonzosa de la cual no se puede hablar en casa. Además sentirán  una reacción desfavorable hacia sus padres que les engañaron y les llevaron a hacer el ridículo ante sus amigos por creerse lo de la cigüeña, niños de París, etc.

c) La tercera actitud es la acertada: responder con lealtad, con respuestas breves, claras, sencillas y naturales, enteramente verdaderas, aunque no se diga toda la verdad de una vez, sino escalonadamente, en diversas ocasiones, según las circunstancias, y grado de comprensión del niño[7] .

Esta explicación debe rodearse de un gran ambiente de elevación, dulzura, delicadeza y sobrenaturalidad[8] .

Hacer la información gradualmente, según el niño vaya preguntando, satisfaciendo siempre su curiosidad.

Si el niño tarda en preguntar, provocar con tacto la pregunta, para que de esto hable en casa antes que en la calle.

 Las primeras preguntas pueden surgir a los cuatro o cinco años. «Antes de los nueve o diez años debe saber que el niño comienza a crecer en la madre por amor del padre»[9] .

 

Te voy a poner aquí un ejemplo de un posible diálogo de un niño con su madre, con las respuestas a las preguntas más comprometidas que los niños pueden hacer.

Las he encontrado en varios libros que he leído sobre este tema. Evidentemente que no es para que des la respuesta al pie de la letra. Es para que te orientes en las respuestas que necesites, y las acomodes a la edad, sexo, madurez, etc., del niño que pregunta.

- ¿De dónde ha venido mi hermanito?

- Se lo ha mandado Dios a papá y a mamá porque se quieren mucho.

- Entonces tía María y tío Pepe no se quieren porque Dios no les manda ningún hijo.

- Es que los hijos son un regalo de Dios, y ese regalo Dios no se lo da a todos.

- ¿Y cómo vienen?

- Dios ha puesto en la barriga de las madres un nido muy abrigadito. Y ahí está el niño durante nueve meses, porque al principio es muy pequeñito y se le podría pisar como a una hormiguita.

También yo te he llevado a ti nueve meses debajo de mi corazón y te he alimentado con mi sangre.

Por eso te quiero tanto, porque eres hijo de mi sangre. Cuando yo te llevaba dentro de mí, pensaba mucho en ti, te preparaba la cuna, los pañales, las camisitas y muchas cosas más; y rezaba mucho a Dios por ti.

Cuando ya fuiste un poco mayor entonces te di a luz.

Eso me hizo sufrir fuertes dolores, y tuve que guardar cama.

Pero estos dolores se transformaron en alegría cuando te tuve en mis brazos y pude abrazarte y besarte.

- ¿Y por qué te hice sufrir?

- Porque cuando saliste de dentro de mi cuerpo eras ya grandecito, y me costó mucho trabajo.

- ¿Y por dónde salí?

- Por una puerta que Dios ha puesto en el cuerpo de las mujeres, y que llevamos siempre tapada, porque las personas mayores nunca enseñan eso.

- ¿Dónde está esa puerta?

- Entre las piernas. Por donde se orina.

Esta puerta se estira como si fuera de goma, para que pueda salir el niño. Primero sale la cabeza, después los hombros, los brazos y por fin las piernas. Así naciste tú. ¿Puedes imaginarte la alegría que sentí cuando puede tenerte en mis brazos?

- ¿Y por qué soy también hijo de papá?

- Porque el padre es el que pone las semillas de la vida dentro del cuerpo de la madre.

- ¿Y cómo se hace eso?

- Dios ha hecho el cuerpo del hombre distinto del cuerpo de la mujer para que cuando estén casados puedan unirse de modo que el padre deje la semilla de la vida dentro del cuerpo de la madre. La puerta por donde sale el niño al nacer, fue nueve meses antes la puerta por donde entraron las semillas de la vida que el padre donó a la madre[10] .

- Pues yo tengo un amigo que no tiene padre.

- Porque se habrá muerto o se habrá ido.

- Es que su madre es soltera.

- Eso quiere decir que su padre hizo mal, y no quiso casarse con su madre; pero todos los niños nacen de la unión de un padre y una madre.

- ¿Y por qué tienen hijos las solteras?

- No deben tenerlos, pues no tienen marido. Pueden tenerlos si ceden su cuerpo a un hombre.

Pero esto es un pecado en una mujer soltera. A veces ocurre sin culpa de ellas, por violencia o engaño de hombres malvados.

- Por eso en el colegio hablaban de uno que era un sinvergüenza porque había tenido un hijo de una muchacha soltera.

- Claro. Eso es un pecado enorme.

Pero en el colegio no hables de estas cosas. Todo lo que quieras saber, yo te lo explicaré. Hablaremos de todo esto siempre que quieras. Pero tú con tus amigos no debes hablar de estas cosas. A lo mejor hay algún niño a quien sus padres le han contado el cuento de la cigüeña, pensando que no podría entender esto que yo te he explicado a ti, y no está bien que dejes mal a sus padres.

Y si hay alguno que quiera hablarte de estas cosas, tú le dices que ya te he explicado yo todo.

Y a mí me preguntas todo lo que quieras, que yo te lo explicaré mejor que nadie, porque soy tu madre».

 

«Frecuentemente será fácil satisfacer la curiosidad del niño respecto al otro sexo mostrándole a un niño (o niña) de corta edad desnudo. Es preferible evitar las exhibiciones de adultos desnudos. Nuestra sociedad no lo admite, y se puede  ofender al niño»[11] .

 

Es conveniente que la madre instruya a su hija sobre el significado y normalidad de la menstruación cuando haya cumplido los diez años[12] , para que si apareciera en edad prematura no le cause impacto psicológico perjudicial. El modo de hacerlo puede ser una cosa así: «La obra más grande que puede hacer una mujer es tener un hijo. Esto ocurre cuando la mujer se casa. Pero desde pequeña, Dios va preparando el cuerpo de la mujer, y todos los meses se forma un nido para el posible hijo. Al no tener el hijo, el nido se deshace y sale por abajo un poco de sangre, pero no duele nada».

Lo mismo hay que hacer con los chicos sobre los derrames nocturnos, para que sepan que son fenómenos perfectamente normales, previstos por Dios para que el cuerpo elimine las secreciones sobrantes que no necesita para su fortalecimiento.

Si los padres explican a sus hijos adolescentes las emisiones nocturnas de semen y la menstruación, respectivamente, antes de que esto ocurra, cuando llegue ese momento, lo aceptarán con toda naturalidad.

 

No es lo mismo información sexual que educación sexual.

La información sexual es más fácil, pero no basta. Se ha comprobado que a más información sexual , más embarazos de adolescentes, enfermedades venéreas, etc.[13] .

Se puede tener una gran información sexual, y ser esclavo de la lujuria.

Una persona puede saber perfectamente que una cosa es mala y sin embargo no querer privarse de ella. Es el caso de los fumadores.

 La educación sexual debe procurar la maduración afectiva del niño, hacerlo llegar a ser dueño de sí y a usar rectamente del sexo[14] .

La educación lleva al hombre a practicar el bien. «La virtud no es cuestión de enseñanza solamente. Muchas veces comprobamos que el problema no es de desconocimiento de lo que hay que hacer, sino que falta el necesario esfuerzo para hacerlo. (...). Las virtudes se logran a costa del propio esfuerzo, pero es fundamental que este esfuerzo esté acompañado de una convicción intelectual»[15] . Al hombre no le basta saber lo que es verdad y lo que es bueno, necesita además una motivación que le anime a vivirlo. Y en eso consiste la educación. La experiencia cotidiana enseña que al hombre no le basta conocer el bien para practicarlo. Ya lo dijo Ovidio[16]  hace dos mil años: «Conozco el bien y lo apruebo, pero practico el mal».

 

Dice el Dr. Enrique Rojas, Catedrático de Psiquiatría: «Educar es comunicar conocimientos y promover actitudes. (...) Hay que distinguir por tanto dos facetas en este terreno; por un lado la información y por otro, la formación. Mientras el primero consiste tan solo en la suma de una serie de datos, observaciones y manifestaciones específicas, el segundo va más allá. Trata de ofrecer unas pautas de conducta de acuerdo con una cierta orientación humana, se preocupa que a todo ese saber se le saque el mejor partido, favoreciendo la construcción de un hombre más maduro, más hecho, con más solidez..., más humano y más dueño de sí mismo»[17].

 

La experiencia ha demostrado que una información sexual insistente, como la que hoy padecemos, es de efectos negativos, pues se convierte en excitación sexual.

«La enseñanza no es nunca una educación completa. Ha de ser complementada por el esfuerzo personal, por la lucha. Esto es especialmente cierto en lo relativo a la educación sexual.

»El uso cristiano de la sexualidad no se realiza sin esfuerzo; sin un esfuerzo que a veces tiene que ser heroico.

»Esto vale principalmente para la juventud, en la cual la fuerza de las tendencias sexuales y la poca madurez de la personalidad del joven, exigen una lucha mucho más rigurosa.

»Por otra parte, la juventud es también la época más adecuada para entender la vida como lucha, para despreciar la comodidad. Fortalecer en la juventud la conciencia de que una vida humana sólo se realiza a través de la lucha, es poner uno de los fundamentos más firmes para la educación en el aspecto sexual.

»En esa lucha tienen que emplearse recursos humanos y sobrenaturales, porque también en este campo lo natural y lo sobrenatural se influyen mutuamente.

»La oración y los sacramentos son como las dos direcciones del camino que une al hombre con Dios. La oración es fundamentalmente petición, camino del hombre hacia Dios; los sacramentos son las sendas por donde Dios nos envía su gracia, camino de Dios hacia el hombre. La oración y los sacramentos están en la base de la educación sexual.

»En cuanto a la Virgen, Ella es llena de Gracia, es la protagonista del amor más puro y más hondo que haya podido tener criatura alguna. Es Madre nuestra y está delante de Dios para hablar bien de nosotros, para interceder por nosotros»[18] .

 

Las caídas en materia de sexualidad se deben, más que a la falta de información, a la debilidad de la voluntad, expuesta a toda clase de tentaciones que sólo pueden superarse con esfuerzo humano auxiliado por la gracia de Dios.

 

El padre Martín Descalzo en su libro Razones desde la otra orilla  dice que la campaña recomendando preservativos a la juventud es un reconocimiento del fracaso de la educación sexual. Como no se ha sabido educar a los jóvenes para que controlen el instinto sexual se les da un preservativo para complacerles. Como el chupete que se da al niño que ha cogido una rabieta[19] .

 

«Una educación sexual bien hecha -iniciación y educación-, es necesaria, y el hacerla con discreción y delicadeza corresponde como un derecho y un deber a los padres, que lógicamente se han de preparar y empeñar en ella. Sería un error dejar esta educación, por un silencio culpable, a agentes inadecuados que el niño encontrará, quienes inevitablemente harán su pseudoeducación.

»Nadie puede marginar a los padres de esta tarea, y nadie les suplirá como es debido con tal que ellos lo hagan bien.

»En todo caso, ha de quedar bien claro siempre, que, siendo la educación sexual una parte de la educación total de la persona, no son lícitos los experimentos perjudiciales para la integridad y el equilibrio personal, ya sea en el aspecto individual, ya sea de cara a la apertura hacia los otros.

»Es bueno también recordar que los padres, sobre todo los que dan una iniciación, acaso prematura, persuadan a sus hijos de que no hablen de ello con otros. Si se lograse hacer esto, no serían tan frecuentes las conversaciones sobre temas sexuales, ni los padres tan frecuentemente suplantados por inoportunas revelaciones.

»Una progresiva información de la realidad sexual, a nivel cultural y religiosa, se hace necesaria tan pronto como el niño va abriendo sus ojos a la vida personal y al mundo que lo rodea; pero la información sola no es suficiente. Se necesita, sobre todo, la educación de la persona en la castidad o pureza -virtud que proporciona dominio sobre la sexualidad- por medios idóneos.

»He aquí algunos: clima de ejemplaridad familiar, de diálogo y aprendizaje constante del amor evangélico y el dominio de sí mismo y, por encima de todo, de vivencia consciente de la oración y de los sacramentos.

»Por la misma razón han de colaborar los gobernantes, gerentes del bien común. Su colaboración no ha de invadir, sino respetar la competencia de los padres y los derechos de la comunidad cristiana.

»Un programa realista de colaboración del Estado en este asunto habría de tener muy en cuenta problemas como el de la protección a la familia, la enseñanza, las condiciones de trabajo, alojamiento, la multiforme pornografía y anarquía del erotismo público, la llamada «apertura cultural» de los medios de comunicación social y otros, algunos de los cuales son realidades muy perniciosas, verdaderos agresores injustos -con bellos nombres- de los derechos de las personas débiles que, por sí mismas, no se pueden defender.

»El poder público es corresponsable, junto con los ciudadanos, de la defensa de sus valores y, en nuestro caso, no es justo que el pansexualismo posea un nivel tan alto de monopolio de la educación de la sexualidad.

»La escuela  -y ahora pensamos en la escuela católica- puede aportar buenos servicios a la recta educación sexual.

»Como una realidad subsidiaria ha de actuar con la anuencia y la cooperación de la familia educando integralmente al alumno y ayudándolo a integrar debidamente la sexualidad.

»Además de esta educación genérica incumbe a la escuela hacerlo también de una manera más especifica, informando científicamente sobre el tema a nivel biológico y psicológico sin omitir el moral, de acuerdo siempre con los padres y evitando con extrema delicadeza que no se susciten problemas nuevos y graves, antes de resolver los ya existentes. Esto último es muy posible y de alta responsabilidad.

»Puede presentarse el caso de que en una escuela, especialmente si no funciona en verdad como católica, se perturbe esta educación por la imprudencia de algún profesor, por presiones intencionadas de los alumnos -o por fuerzas de fuera que influyen en la misma- o por una insistencia morbosa sobre el asunto. Cuando ocurre eso, lo que tendría que ser verdadero elemento de educación, es posible se convierta en una clase de juegos preferidos, refugio de erotismo, y, en fin de cuentas, de pornografía.

»Por tanto, hay que exigir un clima de delicadeza y de respeto muy acentuado hacia las personas de los educandos de ambos sexos.

»Querríamos decir a los educadores que no se permitan iniciativas caprichosas sin contar con los padres; no es justo que éstos se encuentren, a veces, sorprendidos por hechos consumados de conferencias, cursillos y proyecciones de temas sexuales, en escuelas católicas que no han tenido en cuenta la Doctrina de la Iglesia»[20] .

 La Comisión Permanente del Episcopado Español ha protestado por la difusión entre los jóvenes de unos folletos distribuidos por algunas entidades socialistas de la Administración Pública Española, que pretenden ser de educación sexual y lo que hacen es incitar al libertinaje sexual, animando al ejercicio de la sexualidad solamente por la satisfacción egoísta del placer, indiferentemente de que se haga por medio del vicio solitario o con otra persona de diferente o del mismo sexo, sin ninguna relación con la moral y la integración de la sexualidad en la maduración de la persona humana, haciendo de la vida sexual un juego y pasatiempo, algo trivial y carente de pleno sentido humano.

 Entre otras cosas dice:

«Estas orientaciones relativas a la conducta sexual se oponen a los valores y bienes fundamentales de la sexualidad humana y a las enseñanzas morales de la Iglesia. (...) Sentimos el deber de denunciar que tales orientaciones degradan y pervierten las conciencias de los jóvenes. (...) Con frecuencia se une esta difusión de inmoralidad en el campo sexual con ataque a la fe cristiana»[21] .

«Cuando autoridades civiles, de cualquier rango, promueven la difusión de los citados cuadernos en centros escolares cometen un verdadero abuso de autoridad. Los poderes públicos vulneran claramente los derechos de los ciudadanos en la medida que, a través de las indicadas iniciativas pedagógicas o de poderosos medios de comunicación, tratan de establecer en el conjunto de la sociedad una determinada concepción de la conducta sexual, que implica una forma definida de entender el hombre y su destino.

»No pertenece ni al Estado ni siquiera a los partidos políticos tratar de implantar en la sociedad una determinada concepción del hombre y de la moral por medios que supongan de hecho una presión indebida sobre los ciudadanos contraria a sus convicciones morales y religiosas.

»A los organismos estatales compete, en cambio, tutelar a los ciudadanos contra los desórdenes morales y toda forma de agresión sexual, especialmente el abuso de menores y, en general, contra la degradación de costumbres y la permisividad sin límites. Teniendo en cuenta el pluralismo de la sociedad moderna y la debida libertad religiosa, corresponde al Estado ayudar a las familias para que pueda darse a sus hijos en todas las escuelas una educación conforme a los principios morales y religiosos profesados por sus padres, tal como prescribe la Constitución Española.

»La propia Constitución establece las normas de protección de la moralidad de los niños y jóvenes.

»Está en juego el bien común de la sociedad: una comunidad humana que no alcance un grado suficiente de adhesión a valores morales fundamentales como son, en este caso, los relativos a la sexualidad y a la familia se autodestruye»[22] .

 

El arzobispo de Valladolid, José Delicado Baeza, en una carta pastoral se lamenta de la frivolidad con la que en algunos sitios se realiza la educación sexual, estimulando al sexo más que educándolo, añadiendo: «La castidad no es la única, ni siquiera la principal virtud cristiana, pero es una virtud necesaria para vivir en gracia»[23] .

«La educación sexual de hace años tuvo sus errores. Pero hoy algunos llaman educación sexual a lo que es pura pornografía.

»Algunos han olvidado que el hombre, además de cuerpo tiene espíritu, y que el comportamiento sexual del hombre no puede ser lo mismo que el de un animal. El instinto sexual del hombre debe ser dirigido por la razón y la voluntad. De esta manera se eleva, se dignifica, se espiritualiza.

»El libertinaje sexual tiene peores problemas que la represión.

»Las aberraciones sexuales se difunden alarmantemente. Y es que el hombre necesita una ética, una norma moral. Su conducta no se regula por el instinto, como en los animales que nunca comen si no lo necesitan, ni engendran fuera de los tiempos de celo»[24] .

 

66,5. Es, sobre todo, importante que los padres se preocupen de la instrucción religiosa de sus hijos. Si ellos no saben o no pueden hacerlo, tienen que buscar quien supla esta obligación; ya en la escuela, ya en la catequesis de la parroquia. Pero dice el Nuevo Código de Derecho Canónico «a los padres corresponde en primer lugar la educación cristiana de sus hijos»[25] .

Al niño pequeño hay que obligarle a ciertas cosas (urbanidad, higiene, etc.) aunque él no entienda su valor. Poco a poco irá captando su sentido y cuando sea mayor las realizará por propia convicción. Lo mismo hay que hacer en la educación religiosa.

 

Los domingos llévatelos de paseo o al campo; y a la vuelta haz una visita en alguna iglesia y enséñales desde pequeñitos dónde está el Señor, para que aprendan a pedirle cosas y a hablar con Él. Desde los primeros años conviene infundirles una vida de piedad. Esto es insustituible. Deberías tener la costumbre de rezar algo en común: bendecir la mesa, rezar en el automóvil en los desplazamientos dominicales, etc.

«Hogar que reza unido, hogar que permanece unido»[26] .

 

66,6. Los hijos son el encanto de los hogares, la alegría y la ternura de los padres, los perpetuadores de su nombre, el estímulo de sus trabajos, el consuelo de sus sufrimientos y la esperanza de su vejez.

Los niños fortalecen el amor de sus padres. Las estadísticas internacionales demuestran que hay menos rompimientos en los matrimonios con hijos.

Los hijos enriquecen el amor conyugal. Hacen superar el egoísmo.

El amor del marido a la esposa puede tener un matiz egoísta por los placeres físicos que le proporciona y por los servicios que le presta.

El hijo va a aumentar sus sacrificios, y sin embargo lo ama.

Igualmente en ella, la maternidad despierta enormemente la capacidad de amor sacrificado.

Hogar donde abundan los niños es hogar feliz.

Los niños arman ruido; pero, ¡qué triste es el silencio de un hogar sin niños! ¡Qué sola es la vejez sin hijos! Los hijos son el más fuerte vínculo de unión entre los esposos. Llenan de ilusión la vida. A veces dan disgustos, pero su amor hace felices a los padres.

«El futuro de la humanidad se fragua en la familia. Por consiguiente, es indispensable y urgente que todo hombre de buena voluntad se esfuerce por salvar y promover los valores y exigencias de la familia»[27] .

Comentando esta frase de Juan Pablo II, dijo el Dr. Juan Alberto Varela en una conferencia pronunciada en Uruguay y publicada en INTERNET: «La familia es el único lugar en el cual se nos acepta por lo que somos como personas. En los demás ámbitos se nos acepta por lo que tenemos, por lo que sabemos o por lo que podemos. En la familia se nos acepta por lo que somos»[28] .

«La familia es la comunidad en la que, desde la infancia, se pueden aprender los valores morales, se comienza a honrar a Dios, y a usar bien de la libertad»[29] .

«La misión de la familia, ante un mundo en permanente cambio, es proporcionar a los hijos sentimientos de arraigo y seguridad, elevar su autoestima y sentimiento de competencia, ofrecerles ejemplos y modelos válidos, dignos de imitar, ser una escuela de aprendizaje en el amor, la comprensión, el esfuerzo y la solidaridad, donde cada miembro sepa aceptar y acoger las diversidades de los demás, desarrollar convenientemente su singularidad e integrarse en una sociedad plural»[30].

 

«Los niños necesitan aprender en el seno familiar las normas elementales de convivencia, las reglas morales imprescindibles para su ulterior desenvolvimiento social.

»El miedo de ciertos padres actuales a aparecer frente a sus hijos como autoritarios les hace prescindir de cualquier inculcación de reglas, de normas de comportamiento doméstico, incluso de aquellas normas indispensables de civilidad, llamadas de urbanidad.

»Esta incapacidad de ciertos padres para hacer uso de una legítima autoridad en la trasmisión de los valores esenciales (...) constituye uno de los dramas fundamentales de la sociedad actual»[31] .

 

«Son bien conocidos los problemas que en nuestros días asedian al matrimonio y a la institución familiar. Por eso es necesario presentar con autenticidad el ideal de la familia cristiana basado en la unidad y fidelidad del matrimonio abierto a la fecundidad y guiado por el amor. Y, ¿cómo no expresar vivo apoyo a los reiterados pronunciamientos del episcopado español en favor de la vida y sobre la ilicitud del aborto? Exhorto a todos a no desistir en la defensa de la dignidad de toda vida humana, en la indisolubilidad del matrimonio, en la fidelidad del amor conyugal, en la educación de los niños y jóvenes siguiendo los principios cristianos, frente a ideologías ciegas que niegan la trascendencia, y a las que la historia reciente ha descalificado al mostrar su verdadero rostro», así hablaba el Papa Juan Pablo II en Junio de 1993 en la homilía de la misa de la canonización en Madrid de San Enrique de Ossó.

 

La familia es la base de la sociedad, por eso Pío XII dijo el 9 de mayo de 1957: «La sociedad es para la familia, y no la familia para la sociedad».

La familia es la institución natural establecida universalmente en el tiempo y en el espacio. Donde tiene origen la vida humana, el recinto de la educación y el vínculo de la transmisión normativa.

Pero para que esta transmisión sea eficaz la normativa moral y religiosa debe hacerse con convicción, con motivación y con el ejemplo. No puede haber contradicción entre lo que se dice y lo que se hace.

Se educa más con lo que se hace que con lo que se dice. En la familia todo educa o deseduca. La familia es el clima ideal para la educación de un niño.

La familia tiene un valor insustituible para los hijos. Un hijo sin familia queda traumatizado. Las estadísticas de delincuentes juveniles y de anormalidades psíquicas hablan bien claro. Según Katherin Kasun, Presidenta de Family campaign Fundation de Suecia, en un país donde el Estado ha sustituido en gran parte a la familia en la educación de los hijos, de cada cuatro niños, uno necesita un psiquiatra, y el número de suicidios en menores de 16 años ha sido de 130 al año, y va en aumento[32] .

 

«Según un estudio financiado por el Congreso de Estados Unidos. realizado durante cuatro años, a noventa mil estudiantes, de varias universidades, publicado en la revista American Medical Association  revela que la presencia de los padres es fundamental para garantizar el crecimiento sano de los hijos. El proyecto se lanzó para poder prevenir los problemas de salud física y mental de los jóvenes.

»La gran mayoría de los entrevistados aseguran que una relación afectiva intensa con sus padres ayuda a evitar la droga, el alcohol, la violencia, el suicidio y la vida sexual prematura. Richard Udry, uno de los autores del estudio afirma: «es un error creer que la influencia de los amigos sustituye a la de los padres. Los padres siguen siendo tan importantes para los adolescentes como para los recién nacidos».[33] 

 

En el Segundo Congreso Mundial sobre la Familia, celebrado en Río de Janeiro el Octubre de 1997, el Cardenal López Trujillo, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, dijo que la familia es «una comunidad de vida y amor de un hombre y una mujer, abierta a la trasmisión de la vida, en el matrimonio»[34] . También dijo:«la familia es un patrimonio sagrado de la humanidad. (...) Es una realidad natural confiada a los cónyuges. (...) Merece el apoyo de las autoridades políticas nacionales e internacionales»[35] 

 

Y la ONU en la Declaración.Universal de los Derechos del Hombre de 1948 afirma: «la familia es la célula fundamental de la sociedad».

 

Una sociedad que destruye la familia se suicida. Dijo Juan Pablo II en Octubre de 1997, en Río de Janeiro, en el estadio de Maracaná, convertido en una inmensa catedral[36] : «Sin la familia la humanidad no tiene futuro.

»La familia es un elemento esencial e imprescindible del designio de Dios sobre la humanidad.

»La familia es el lugar privilegiado del desarrollo personal y social. Quien promueve la familia, promueve al hombre; quien ataca a la familia, ataca al hombre.»[37] .

En la clausura de este congreso, en opinión del portavoz del Vaticano Joaquín Navarro-Valls, el Papa celebró «una de las misas mayores de la historia»: asistieron más de DOS MILLONES de personas[38] .

 

Los valores de la familia han sido reconocidos incluso por personas ajenas a la Iglesia Católica, como el Primer Ministro francés socialista Lionel Jospin y el ruso Michail Gorbachov.

 

De Jospin son estas palabras: «La familia es un lugar privilegiado donde los niños han de encontrar sus puntos de referencia y descubrir los valores que forjarán su personalidad. (...) La educación es función insustituible de los padres. La escuela tiene una misión muy importante, pero ha de cumplirla en relación con los padres».

 

Y de Gorbachov son estas otras: «La familia es el núcleo vertebrador de la sociedad en cuanto a continuidad de la especie y transmisión de valores morales»[39] .

El mayor tesoro de una nación son los niños.

El futuro depende más de los niños que de las carreteras.

Los niños necesitan un hogar.

La guardería no puede suplir el hogar.

Los psiquiatras hablan de los traumas psíquicos de los niños que no han conocido el cariño y el calor de un hogar[40] .

La crisis de la familia se debe en gran parte a su descristianización.

Con Cristo LA FAMILIA IRÍA MEJOR.

Pero se ha quitado el crucifijo de la cabecera de la cama para poner en su lugar un paisaje, se ha sustituido el rezo del rosario en familia por la televisión, se han cambiado los libros religiosos por las revistas «del corazón» o «de actualidad», se ha arrinconado la moral católica para vivir el hedonismo que difunde la televisión, etc., etc.

Por eso la familia cruje. Sin Cristo se tambalea.

 

«El profesor genetista francés, Jerónimo Lejeune, narra cómo en una reunión de periodistas de París una mujer dijo: “Queremos destruir la civilización judeo-cristiana, y para ello tenemos que destruir la familia”»[41] .

 

«La familia es la fragua de la educación. (...) La historia de un pueblo se forja en la familia. Y en ella se forja también el santoral. (...)

»La felicidad de este mundo, si alguna existe, se ha refugiado, como paloma en su nido, en la familia. (...)

»Una sociedad donde está en crisis la familia es una sociedad próxima a derrumbarse»[42] .

 

La base de la formación de la persona humana está en la trasmisión de valores. Y esto se realiza principalmente en la familia. Valores como la verdad, la justicia, la generosidad, la sinceridad, la servicialidad. etc. Saber descubrir el valor de cada cosa: lo bueno de lo malo; lo conveniente de lo peligroso, etc.

 

El hombre es esencialmente social. Y sus primeras relaciones sociales las aprende en la familia. En la familia unida reina la paz, el respeto, la comprensión, el diálogo, el sacrificio, la entrega, el servicio, la responsabilidad, el testimonio...: en una palabra EL AMOR.

 

Hoy, en España, la familia está en crisis.

 

Tenemos el índice de natalidad más bajo del mundo[43] .

La población española envejece. «Según estimaciones del Departamento Económico y Social de la ONU, España tendrá en el año 2050 la población más anciana del mundo[44] .

Los mismos datos revelan que por cada 3,6 personas de sesenta años sólo habrá una con menos de quince.

Según el Instituto Nacional de Estadística, en el 2020 siete millones y medio de personas tendrán más de 65 años»[45] .

 

Uno de cada tres matrimonios se rompe.

 

La equiparación del matrimonio a las «parejas de hecho», permitiendo a los homosexuales adoptar niños, es un insulto a los matrimonios legítimos y a la familia normal.

Y una injuria para esos niños que resultarán tarados psíquicamente cuando se den cuenta que sus padres son anormales, pues todos sus amigos tienen padre y madre.

El tipo de familia natural (padre, madre e hijos), está tan arraigada en la naturaleza humana que es constante en toda la Historia de la Humanidad.

 

Equiparar las «parejas de hecho» al matrimonio es una aberración.

El Papa Juan Pablo II le dijo a doscientos políticos europeos reunidos en Roma que es muy grave que la ley iguale los derechos de las personas que actúan según la ley natural formando un matrimonio a las personas que actúan por caprichos arbitrarios[46] .

En expresión lúcida y aguda el Papa califica a las «parejas de hecho» como «caricaturas de familia sin futuro»[47] .

 

El Conejo Pontificio para la Familia publicó un documento en el que se dice que «las uniones de hecho son una injusticia para el matrimonio, porque la justicia exige tratar lo igual como igual, y lo diferente como diferente. Si la familia matrimonial y las uniones de hecho no son semejantes ni equivalentes en sus deberes, funciones y servicios a la sociedad, no pueden ser semejantes y equivalentes en el estatuto jurídico (nº10). Las uniones de hecho no asumen para con la sociedad las obligaciones esenciales propias del matrimonio. La equiparación privilegia a las uniones de hecho respecto a los matrimonios. El matrimonio no puede ser reducido a una condición semejante a la de una relación homosexual (nº23).

 

El matrimonio es una unión estable entre un hombre y una mujer con el compromiso de formar una familia con determinados derechos y deberes, que hacen a cada una de las dos personas coposeedora de la otra.

En las «parejas de hecho» se niega cualquier compromiso.

Se rechazan los deberes y derechos mutuos.

Se excluye todo vínculo para el futuro.

Es decir, se trata de algo muy distinto del matrimonio.

Por eso «tan injusto es tratar desigualmente lo idéntico, como imponer la igualdad a lo distinto»[48] .

 

Los matrimonios hacen un servicio a la sociedad dándole ciudadanos para que no se extingan, lo cual no pueden hacer las parejas de homosexuales. No pueden tener los mismos derechos.

 

«La homosexualidad representa el suicidio de la raza humana. Ellos existen porque hay heterosexuales, es decir, gente normal. Si todo el mundo fuera homosexual, desaparecería la raza humana. Luego la homosexualidad no puede ser cosa buena»[49] .

 

La sociedad, la Iglesia y la familia necesitan los dos sexos. Cada uno con sus peculiaridades. Una melodía necesita notas diferentes. Si todas las notas sonaran igual, no sería posible la música.

 

El futuro de la humanidad pasa por la familia.

En una ocasión llegó a mis manos este cuento:

Un pintor quería pintar su obra maestra, pero no encontraba inspiración.

Se le ocurrió preguntar a los demás lo que consideraban más importante.

Preguntó a un sacerdote. Éste le contestó:LA FE.

Preguntó a una novia que venía de la boda. Ésta le contestó:EL AMOR.

Preguntó a un soldado que venía de la guerra. Éste le contestó: LA PAZ.

Al volver a su casa vio en su madre LA FE, en su mujer EL AMOR y en sus hijos         LA PAZ. Ya tenía la inspiración. Pintó SU FAMILIA.

 

«Una de las grandes alegrías de la vida es tener una familia unida», dice el Catedrático de Psiquiatría, Dr. Enrique Rojas[50] .

 

 

66,7. Una de las edades más difíciles para la educación de los hijos es la adolescencia

El adolescente empieza a descubrir su propia personalidad, y siente necesidad de afirmarla. Esto le inclina a la rebeldía en todos los órdenes.

 

La educación, la virtud, o el buen carácter, pueden dominar este espíritu rebelde.

Pero esta rebeldía de los adolescentes no debe extrañarnos.

Lo que debemos hacer es saber cómo educarla.

Es un momento difícil.

Las personas mayores tienden a tratarlos de «críos», y esto a ellos les subleva. Ellos se sienten personas, y quieren ser respetados.

El tratarlos de modo despectivo e irónico puede ser contraproducente. Sin perder la autoridad paterna es bueno lograr la amistad del hijo, para que se someta de buena gana al verse tratado con consideración.

Para educar bien a los hijos hace falta autoridad. Sin despotismo, pero con responsabilidad.Muchos padres n se atreven a imponerse a sus hijos porque dicen que sin rebeldes, y resulta que esos mismos hijos obedecen ciegamente a su entrenador deportivo. Dejar que los hijos hagan lo que quieran es muy cómodo, pero funesto para ellos, pues en la vida hay que ser responsables de las obligaciones, saber sacrificarse, ser disciplinados, etc. Los padres deben trasmitir valores, dar criterios, etc. Y no dejar que las ideas de sus hijos sean las que oyen en la calle, en la televisión. La educación de los hijos es deber y derecho primario de los padres[51].

 

Las fanfarronadas del adolescente son pura fachada.

Por dentro se encuentra inseguro.

Necesita consejo.

Pero hay que dárselo sin que él se sienta disminuido, porque entonces no lo aceptará.

 

El adolescente necesita afirmar su personalidad, su independencia, quiere ser él, decidir él, ser responsable de sí mismo.

Empieza su camino hacia la adultez, y sólo si es aceptado así se reincorporará emocionalmente a la vida del hogar.

 

El adolescente tiene grandes valores que hay que hacérselos ver: ser útil, servicial, agradable, sentirse valorado, etc. Da mucha importancia a la opinión que se tenga de él.

Conviene animarles a fortalecer estas virtudes: «sé que eres capaz de esto».

Insistir en sus defectos puede ser contraproducente: «eres un vago», «todo lo haces mal», «no eres servicial», etc.

El estarle recalcando sus defectos le hará afianzarse en ellos. El verse juzgado negativamente fomenta su actitud negativa.

Y en la reprensiones, nunca humillarle. Nada de gritos, mal genio, descalificaciones generales, alusiones a antiguas faltas, castigos desproporcionados, etc.

Que se vea claro que lo que buscamos es su propio bien, y no porque nos molesta a nosotros. Usar palabras de afecto y esperanza de su corrección.

Y desde luego hacerlo a solas. El adolescente tiene un enorme sentido del ridículo.

Y si reconoce sinceramente su falta, esto debe ser motivo de perdón.

 

Los padres deben ayudar a que su hijo vaya madurando en su adultez. No prohibir con autoritarismo, sino por razones y siempre en bien del hijo; hacérselo ver así con amor.

No se trata de entorpecer su madurez, sino de ayudarle en su autodesarrollo. El adolescente rechaza todo lo que sea imposición que pueda poner en peligro su personalidad naciente. No acepta que se le trate como a un niño.

 

«Los adolescentes se muestran inseguros, les falta unidad interior, les falta el  sentido de la seguridad, base fundamental de un desarrollo armonioso.

»El sentimiento de seguridad lo adquieren cuando encuentran en el hogar amor y autoridad: amor sobre todo en la madre, y autoridad en el padre. Lo que no significa que la madre no pueda ejercer autoridad, y que el padre no muestre afecto.

»El amor materno es indispensable para la salud física y psíquica del hijo. Las graves faltas en la personalidad del adulto provienen principalmente de la falta de amor en la infancia y en la adolescencia.

»Los criminólogos nos aseguran que los jóvenes delincuentes tienen la convicción de que nunca encontraron amor en la familia.

»La madre debe ser el corazón del hogar y mantener en él vivo el fuego del cariño.

»Desgraciadamente, en nuestros días, muchas mujeres queriendo igualarse a los hombres, procuran desarrollar actitudes francamente masculinas con detrimento de las maternales, lo cual luego perjudicará la educación de los hijos que necesitarán de ellas.

»También hay otro exceso: el cuidar demasiado del hijo y endiosarlo con mimos.

»Eso puede causar una fijación en la infantilidad e impedirle la necesaria emancipación.

»Los que fueron tratados como pétalos de rosa, no saben reaccionar más tarde ante las dificultades de la vida, incapaces de hacer algo sin la ayuda de los demás. Es preciso educar al niño para su propio bien, para desarrollar su propia personalidad.

»El padre es también indispensable en la educación del niño, que necesita de su dirección y autoridad.

»Muchos padres no entienden esto.

»Llegan cansados por la noche al hogar, y no prestan ninguna atención a los hijos.

»Hay que buscar tiempo para estar con ellos, dialogar, inspirarles confianza, darles ánimo, oírles con simpatía y comprensión.

»También el padre debe evitar demasiada protección y mimos a sus hijos. Pueden engendrar en ellos la pusilanimidad, el miedo ante la vida, el temor a la responsabilidad.

»La autoridad paterna es imprescindible para el desarrollo afectivo del hijo.

 Últimamente se ha hablado mucho de las consecuencias de la falta de amor materno; la carencia de la autoridad del padre no es menos funesta...

»Eduquen a los hijos con amor, comprensión y firmeza. El amor materno y la autoridad paterna son las dos grandes columnas en que descansa la educación de niños y adolescentes»[52] .