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Mandamientos
62.-LOS
MANDAMIENTOS DE
62,1. Los
mandamientos son normas de conducta dictadas por Dios a la humanidad.
Estas normas
son el camino que ha de conducir al hombre a la felicidad eterna. «Si quieres entrar en la vida, guarda los
mandamientos»[1] , dijo
Jesucristo.
«La división
y numeración de los mandamientos ha variado en el curso de
Las leyes
que Dios ha puesto en la Naturaleza podríamos dividirlas así[3] :
a) Ley eterna: es el plan de
b) Ley natural: es la ley eterna grabada en
los seres racionales que está basada en la naturaleza del hombre, como, por
ejemplo, la injusticia de la calumnia o la monstruosidad de la
blasfemia.
c) Ley positiva: tanto divina (mandamientos)
como humana (administración de los sacramentos).
d) Ley física: es la que dirige los seres
irracionales.
Los
mandamientos son preceptos de la ley natural[4] impresos por Dios en el alma
de cada hombre. «Contienen una expresión privilegiada de la ley natural»
[5] .
Por eso
obligan a todos los hombres de todos los pueblos, y son valederos para todos los
tiempos, constituyendo el fundamento de toda moral individual y
social[6] .
«La ley del Señor es perfecta y es descanso
del alma»[7] ,
dice
Dios ha
impreso los mandamientos en el alma de tal modo que, incluso los que se las dan
de ateos y dicen que no hay Dios, reconocen esta ley impuesta por Dios al
hombre, y se ofenden cuando se les llama ladrones o embusteros.
La moral
católica no sólo obliga a los católicos, obliga a todos los hombres; pues se
basa en la ley natural[8] . Todo
hombre, católico y no católico, está obligado a no matar, no robar, no explotar
al prójimo, no calumniar, etc.
Esto no
excluye que haya mandamientos exclusivos para los católicos, como el ir a misa,
práctica de sacramentos, etc.
La ley
natural «es algo que nos pertenece intrínsecamente, que está grabado en los más
íntimo de nuestro ser. (...) Su seguimiento nos realiza auténticamente como
personas humanas, su olvido y desobediencia terminan por rebajar al hombre en su
dignidad. Los principios de la ley natural -los primeros y más comunes- que
dicen relación a los bienes humanos básicos son evidentes y no requieren
demostración alguna. Estos principios constituyen el primer nivel de la ley
natural. Se trata de verdades cuyo conocimiento está al alcance de todos:
“haz el bien y evita el
mal”.
»El segundo
nivel lo forman aquellos preceptos que a la razón de todo hombre (...) basta un
poco de reflexión para derivar dichos principios de los pertenecientes al primer
nivel: “no hurtarás, no matarás”.
(...)
»El tercer
nivel lo constituyen aquellos principios (...) cuya verdad ya no es tan clara;
(...) nos llega a través de hombres sabios y prudentes»[9] .
Los
mandamientos de la Ley de Dios son la ley moral que Dios dio a Moisés en el Antiguo Testamento y que
Cristo perfeccionó en el
Nuevo[10] . Se
basan en que Dios es nuestro Dueño y nuestro Señor, y nos puede mandar.
Pero es tan bueno, que lo que nos manda es para bien nuestro. Con los
mandamientos, Dios protege nuestros derechos y también los de nuestros
prójimos.
Los
mandamientos «presentan valores trascendentes que nacen de la misma dignidad de
la persona humana»[11] .Los mandamientos
no son prohibiciones caprichosas
para poner trabas a la libertad del hombre. Es la ley justa y sabia con que Dios
quiere gobernarnos para nuestro propio bien.
Las cosas no
son malas porque Dios las prohibe, sino que Dios las prohibe porque son
malas.
Todos los
mandamientos son para todos: nadie puede dejar de cumplirlos, y es necesario
cumplirlos todos para salvarse. No basta decir: «yo no robo ni mato».
Para
salvarse hay que guardarlos todos.
Para condenarse basta faltar a uno.
Para poder
pasar por un puente es necesario que no se haya hundido ninguno de sus
arcos[12] . Dice
el Apóstol Santiago el Menor que
el que guarda los demás mandamientos pero quebranta uno solo, se hace culpable
de todos[13] .
62,2. Los
mandamientos de la ley de Dios constituyen el programa más completo y más perfecto que se ha dado
en el mundo, para conseguir la paz y la tranquilidad a los individuos, a las
familias, a los pueblos y a las naciones.
En la guarda
de ellos está el secreto de abrirse paso dignamente en la vida.
Si quieres
que todo el mundo te estime y te respete, guarda los mandamientos. Además, te
aseguro que tu vida será mucho más feliz que si no los
guardases.
Las mayores
tragedias que vemos en esta vida ocurren frecuentemente porque no se guardan los
mandamientos. Por eso están las cárceles llenas de desgraciados, por eso el
hambre de muchos hijos, por eso los disgustos en tantas familias, tantas
lágrimas y tantas penas.
Si se
cumplieran los mandamientos de Dios desaparecerían muchos problemas de hoy:
delincuencia, terrorismo, violaciones, madres solteras, adulterios, hijos
extramatrimoniales, abortos, homosexualidad, drogas, SIDA, etc. Si todo el mundo
cumpliera los mandamientos, la vida en la Tierra sería un
cielo.
Avelino de Luis,
Profesor del Seminario de Astorga,
dijo en el Congreso de Pastoral Evangelizadora, celebrado en Madrid en
Septiembre de 1997:
«Hemos ido
robando a Dios espacio en la familia, en la escuela, en la prensa, en la radio y
en
Por no
cumplir los mandamientos de la ley de Dios ocurre, como dice Hobbes, que «el hombre
El Papa
Juan Pablo II, en Georgia, en el
89º viaje internacional apostólico de su Pontificado, celebró una misa
multitudinaria en el Palacio de Deportes de Tbilisi. «Durante la homilía,
recalcó firmemente la dimensión teologal del ser humano al indicar que "sin
Dios, el hombre no puede realizarse plenamente ni encontrar su verdadera
felicidad. Sin Dios, el hombre termina yendo contra sí mismo, porque no es capaz
de construir un orden social adecuadamente respetuoso de los derechos
fundamentales de la persona y de la convivencia civil”»[15].
No negamos
que un ateo pueda ser honrado. Pero le falta motivación
eficaz.
Si la moral
se reduce a convenciones sociales, carece de fuerza para obligar cuando su
observancia exige notables sacrificios.
Esa moral
puede derrumbarse con facilidad lo mismo que un castillo de naipes. «Una ley a
la cual puede uno sustraerse sin riesgo ninguno, no tiene eficacia. Edmundo Scherer ha dicho: «una moral no es
nada si no es religiosa».
«La única
moral que es razonable es la que se propone desde una óptica religiosa. Que
disponga de un punto de apoyo. Si no, sería como querer colgar un cuadro en la
pared sin clavar antes el clavo. Ese clavo es Dios»[16].
Por eso dijo
Dostoieski: «Si Dios no existe,
todo está permitido».
Sin Dios,
sin alma y sin vida futura, la moral es un ídolo que el hombre destroza el día
que cae en la cuenta de que es obra de sus manos»[17] .
«Cada uno obrará según sus gustos», como dice Benezech[18] .
«Alguno dirá que existe la
ética civil, la moral consensuada
por los grandes organismos internacionales, (...) pero son poquísimos los
hombres que dejan de robar, mentir y matar porque lo diga la ONU. (...)
Arrancada del interior del ser humano la conciencia religiosa, es fácil que éste
se convierta en un tiburón (...) en un mundo sin Dios, en el cual la única ley
que cuenta es la de que el pez grande se come al chico, y casi siempre hay un
tiburón más grande que otro»[19] .
Dice una
sentencia catalana, «El qui no té fe, no té
fre»: «el que no tiene fe, no tiene
freno».
Una sociedad
que no acepte valores auténticos va camino del suicidio.
Para muchos
hoy no son valores la familia, la fidelidad matrimonial, los hijos, el respeto a
la vida de seres humanos inocentes, la moralidad sexual, la honradez, la verdad,
la religión, la moral... ¿A dónde vamos por este camino? ¿Qué futuro nos espera?
Dice Dios en la Biblia: «Mis mandatos son
luz de los pueblos»[20] .
«El
reconocimiento de Dios no se opone en modo alguno a la dignidad humana, sino que
es su fundamento. Cuando el hombre organiza el mundo sin Dios, acaba organizando
una sociedad contra el hombre»[21] .
«Hoy es más
urgente que nunca la educación ética y religiosa. No podremos avanzar en la
construcción de una convivencia social justa y libre, si las nuevas generaciones
no son educadas en los valores fundamentales, y si no se ejercitan en vivir, ya
desde la infancia, de acuerdo con ellos»[22] .
62,3. El cumplimiento de los
mandamientos a veces cuesta trabajo. Tenemos que frenarnos, renunciar. Pero los
mandamientos nos llevan al cielo.
Son como las
ruedas del carro, que pesan, pero gracias a ellas puede andar. Un carro sin
ruedas no hay quien lo mueva.
«Dios hace
posible por su gracia lo que manda»[23] .
62,4. La
moral católica no es represiva, como algunos dicen. No quita la libertad al
hombre. La orienta para que se realice como persona humana.
Como las
vías del tren que le obligan a ir por un camino, pero ayudan al tren a avanzar y
a llegar. Le impiden que se despeñe.El puente me obliga a cruzar el río por ese
punto concreto, pero gracias al puente puedo cruzar el
río.
Algunos
consideran a Dios como enemigo de la libertad humana, y piensan que el hombre
será totalmente libre cuando se emancipe de Dios y de la Religión.
Sin embargo,
sometiéndonos a la ley de Dios nos realizamos plenamente como personas humanas,
pues nos liberamos de la esclavitud de nuestros instintos desordenados. Muchos
adoran su libertad como a un ídolo. Desean hacer lo que quieren siempre y en
todo. Por eso rechazan la moral católica porque les limita su libertad. Pero la
vid, si no se poda, no da fruto.
«Cuando el
hombre se deja podar es cuando puede madurar y dar fruto»[24] .
Dice
Ortega y Gasset: «Es falso decir
que en la vida deciden las circunstancias. Al contrario, las circunstancias son
el dilema ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro
carácter»[25].
Libertad es
la capacidad para poder elegir entre dos valores auténticos. Pero elegir el mal,
abandonando el bien, no es libertad sino esclavitud[26] .
El hecho de
que algunos prefieran ser esclavos es lamentable. Pero las joyas no pierden
valor aunque haya personas que no saben apreciarlo.
La libertad
con Dios, es auténtica. La libertad sin Dios es un engaño.
Dios no
quita libertad para lo bueno, sino para lo malo. Con esto ayuda al hombre.
Elegir lo malo es una equivocación. Quitar la libertad para lo malo es un bien.
«La verdadera libertad es el derecho a no estar impedido para hacer lo que es
bueno»[27] .
«No hay
verdadera libertad sino en el servicio del bien y de la
justicia»[28] . «El
ejercicio de la libertad no implica el derecho a decir y hacer cualquier
cosa»[29] .
El cristiano
se siente libre, no porque hace lo que quiere sino porque quiere hacer lo que
Dios manda. Obedece a Dios libremente, sin coacción.
Ser libre no
es hacer lo que a uno le gusta. El ludópata elige libremente jugarse el dinero,
pero es un esclavo de su vicio.
«Lo que nos
hace libres no es el no querer aceptar lo que sea superior a nosotros, sino el
acatar de buena gana lo que está por encima de nosotros» (Goethe). «Yo soy libre cuando elijo lo que
me perfecciona como ser humano. Si actúo sólo en virtud de mis apetencias
momentáneas soy esclavo de mi tendencia a tomar lo agradable como valor supremo.
Lo agradable es un valor, pero se halla en la parte más baja de la escala de
valores»[30] .
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63.-
EL PRIMER MANDAMIENTO DE
63,1. Amar a
Dios no es, precisamente, sentir cariño
sensible hacia Él, como lo sentimos hacia nuestros padres; porque a
Dios no se le ve, y a las personas a quienes no se ve es difícil tenerles
cariño. Dios no obliga a eso, pues no está en nuestra mano. Aunque hay personas
que llegan a sentirlo, con la gracia de Dios.
Amar a Dios
sobre todas las cosas es tenerle en aprecio supremo, es decir, estar convencido
de que Dios vale más que nadie, y por eso preferirle a todas las cosas. Tú
puedes tener mucho más cariño al cuadro que pintó tu hija, que a cualquiera de
los cuadros que se exponen en el Museo del Prado de Madrid, aunque reconozcas
que estos últimos tienen mucho más valor artístico.
El
amor a Dios es apreciativo.
63,2.
Tenemos que amar a Dios porque Él nos amó primero[31] y
debemos corresponderle. El amor se manifiesta en obras más que en palabras.
«Obras son amores y no buenas razones». Amar a Dios es obedecerle, cumplir su
voluntad. No hacer mal a nadie[32] .
Hacer bien a todo el mundo[33] .
Una prueba
de amor a Dios sobre todas las
cosas es guardar sus mandamientos por encima de todo[34] . Es
decir, estar dispuesto a perderlo todo antes que ofenderle. Por lo tanto
preferir a Dios siempre que haya que escoger entre obedecerle o cometer un
pecado grave.
Es el caso
de San Pelagio de Córdoba
y de Antonio Molle, de Santa María Goretti y Josefina Vilaseca, que se dejaron
martirizar y apuñalar antes que cometer un pecado grave.
El
adolescente San Pelagio murió
mártir el año 925 por rechazar las proposiciones deshonestas del Califa cordobés
Abderramán III.
Antonio Molle,
requeté jerezano que a los veinte
años fue mutilado y martirizado el
10-VIII-1936 durante la guerra civil española. Cayó prisionero de los milicianos
rojos en el frente de Peñaflor (Sevilla), y como llevaba un escapulario
quisieron hacerle blasfemar. Él siempre contestaba gritando: ¡Viva Cristo Rey!
Le cortaron
las orejas y le sacaron los ojos, y al final lo acribillaron a balazos. Así lo
cuenta Rafael de las Heras,
testigo presencial[35] .
Hoy su
cuerpo mutilado está enterrado en la Basílica de Ntra. Sra. del Carmen Coronada
de Jerez de la Frontera (Cádiz).
María
Goretti, adolescente italiana, murió mártir
de quince puñaladas por negarse a los deseos deshonestos de Alessandro Serenelli, un amigo suyo, que
después se convirtió y murió fraile franciscano en loor de
santidad[36] .
Josefina Vilaseca
también murió apuñalada en Diciembre
de 1952 en Artés, diócesis de Vich, por negarse a perder su virginidad. Tenía
doce años[37]
Con ocasión
de la beatificación de unos sacerdotes, mártires, asesinados en Motril (Granada)
durante la persecución religiosa que tuvo lugar en la guerra civil de 1936, dijo
el Papa Juan Pablo II: «La vida
muere, pero la fe triunfa y vive. Así es el martirio. Un acto supremo de amor y
fidelidad a Cristo, que se convierte en testimonio y ejemplo, en mensaje perenne
para la humanidad presente y futura»[38].
Dice
Jesucristo: «el que guarda mis mandamientos, ése es el que me
ama»[39]. Y San Juan: «En esto consiste el amor a Dios, en guardar sus
mandamientos»[40] .
Este
mandamiento también nos obliga a creer en todas las verdades de fe; a esperar en
Dios, confiando que nos dará las gracias necesarias para alcanzar la vida
eterna[41] ; a
adorarle solamente a Él, darle el culto debido y reverenciarle con el cuerpo y
con el alma. Este mandamiento nos manda adorar sólo a Dios[42] .
Este
mandamiento prohibe especialmente la idolatría[43] que
consiste en adorar como a Dios a otra cosa o persona[44] .
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63,3. Peca
contra este mandamiento quien trata indignamente o maltrata personas, lugares o
cosas consagradas a Dios: por ejemplo, una religiosa o un cáliz. Este pecado se
llama sacrilegio[45] .
Comete
también un sacrilegio quien administra o recibe en pecado grave algún sacramento
que requiere estado de gracia, lo cual es gravísimo. Por ejemplo, quien se casa
en pecado grave, o quien comulga en pecado grave.
Peca,
además, contra este mandamiento quien desconfía de la misericordia de
Dios[46] , o
confía temerariamente en su bondad, permaneciendo mucho tiempo en pecado mortal,
o el que peca más y más, precisamente porque Dios es misericordioso y nos ha
prometido el perdón; quien tiene fe en adivinos, echadores de cartas,
horóscopos[47] ,
espiritistas y curanderos[48] ;
también quien cree en serio cosas
supersticiosas (mala suerte del nº
13, cadena de oraciones, etc.); quien niega o duda voluntariamente de alguna
verdad de fe, o ignora por culpa suya lo necesario de
«Los horóscopos ningún modo
pueden servir para predecir los actos futuros libres de los hombres, puesto que
sólo puede predecirse el futuro a partir de un hecho concreto, siempre y cuando
el evento futuro se encuentre en este hecho o realidad presente como el efecto
en su causa; y los hechos futuros de los hombres no son efecto de los
movimientos o posiciones astrales. (...) Pretender determinar los hechos futuros
a partir de los astros, plantea necesariamente la negación de la libertad
humana. (...) Por ello, la astrología puede constituir herejía (si presupone la
negación de la libertad y la Providencia), superstición e idolatría (si conlleva
la adoración de los astros). (...) En cuanto a los horoscoperos, adivinos y
astrólogos (licenciados o no en ciencias ocultas y parapsicológicas), hay que
decir que la gran mayoría son vividores que se aprovechan de la credulidad de
mucha gente. (...). Algunos, por último, practican la astrología como parte del
culto a los demonios, y es por la intervención de éstos últimos que algunos
“astrólogos” son capaces a veces de “predecir” algunos hechos futuros. Pero
todas sus “predicciones” sobre los actos futuros libres de los hombres no son
más que conjeturas.La Iglesia ha hablado sobre este tema desde antiguo
condenando la creencia en la astrología, por ejemplo el Concilio de Toledo del
año 400, o el Concilio de Braga del 561. El juicio del Magisterio de la Iglesia
puede resumirse en lo que dice el Catecismo de
»En
conclusión, si uno recurre a las prácticas astrológicas o consulta los
horóscopos, creyendo seriamente en ello, comete un pecado de superstición
propiamente dicho (pudiendo, incluso, llegar a la idolatría); si lo hace sólo
por curiosidad y diversión, no hace otra cosa que recurrir a un pasatiempo
fútil, que va poco a poco desgastando peligrosamente su fe verdadera. Si lo hace
para granjearse la “protección” de los demonios, comete un pecado de idolatría
diabólica, y tal vez tenga que decir alguna vez con el poeta Goëthe: “No puedo librarme de los espíritus
que invoqué”»[51].
El hombre o
es religioso o es supersticioso. Muchos que no creen en las verdades de la
Religión, luego creen en las mentiras y engaños de adivinos, brujos y
espiritistas.
Como dijo
Chesterton: «No creer en Dios no
significa no creer en nada; significa creer en todo»[52].
Y en otro
sitio dice Chesterton: «Las
prácticas supersticiosas son de todos los tiempos. Y, singularmente, de aquellos
que pasan por ser muy racionalistas»[53] .
Dice la
Biblia: «Que nadie de vosotros practique la
adivinación, ni el sortilegio, ni pretenda predecir el futuro, ni consulte
adivinos, ni a los que invocan a los espíritus, ni consulte a los muertos
(sesiones espiritistas)»[54].
«La
superstición es una forma de ignorancia»[55] .
El 17 de
abril del
No es lo
mismo parapsicología que
superstición.
La
superstición es atribuir a cosas creadas poderes que son exclusivos de
Dios[56] . La
parapsicología trata de hechos naturales aunque más allá de
«La
superstición es una degradación de
«Sólo Dios
conoce el futuro libre, y sólo Él puede revelar el porvenir a sus
profetas»[58] .
63,4. Para
que la duda sobre una verdad de la Religión sea pecado, es necesario que sea
voluntaria[59] . No
es pecado darse cuenta de que el misterio es difícil de entender, que nuestro
entendimiento no lo puede comprender, etc.
Si a pesar
de todo esto, se fía uno de Dios que lo ha revelado, y cree, no sólo no hay
pecado, sino que hay mérito[60] .«En
la absoluta veracidad divina -motivo formal de la fe- no cabe el error o el
engaño»[61] .Lo
que no se puede hacer -a pesar de la oscuridad profunda del misterio- es dudar
si será eso verdad o no. Esta duda positiva, tomando como cosa incierta lo que
Dios ha revelado, es pecado.
«El pecado
contra la fe está en la negación o en la duda voluntaria de aquello que se sabe
que Dios ha revelado»[62] .
«Sucede
muchas veces que dudamos de cosas que hemos tenido como indudables, y quizás,
equivocadamente, hasta de fe; pero que no lo son, de hecho. (...) Como si uno ha
creído que era de fe que los sacerdotes no se podían casar. (...) Otras veces
esas dudas versan sobre algo que ha afirmado algún predicador, con todo
entusiasmo, pero con poca exactitud, como si dice que se van a condenar los que
no rezan el rosario o no hacen los Primeros Viernes.Hay personas que llaman
dudas de fe a la dificultad de entender algún relato bíblico (...) como, por
ejemplo, la creación en seis días.Las dudas de fe de personas sencillas que
tienen buena voluntad de creer todo lo que Dios ha revelado, suelen ser
impresiones, vacilaciones que surgen sobre algunas verdades, porque no acaban de
comprenderlas.Éstas no son de verdad dudas de fe, sino meras impresiones que
pueden surgir en el espíritu, sin que realmente constituyan una duda. Porque,
para que haya duda, tengo que tener razones que me den base para ese juicio
dudoso; y en esos momentos no hay ninguna razón, sino una mera impresión que se
asemeja a la duda, pero que en realidad no lo es.
(...)
»Si se trata
de ignorancia y de que no sabemos cómo se pueden explicar ciertos hechos
revelados por Dios, debemos estudiar y profundizar nuestra fe, y no contentarnos
con lo que pudimos estudiar de pequeños. Si se trata de saber si alguna
afirmación hecha por algún sacerdote es de fe, o más bien una exageración,
debemos también profundizar y examinar sus
afirmaciones.
»Por último,
si sentimos esas vacilaciones o dudas, que como ráfagas pasan por nuestra mente
en ciertos momentos, (...) debemos rechazar esas vacilaciones y afianzarnos en
nuestra fe, mediante una oración asidua y una conducta intachable, que responda
a esa fe que profesamos.Sucede, a veces, que hay personas que llevan una
conducta no adecuada a la fe, y que esta disociación entre su fe y su conducta
les produce dudas de fe. Generalmente, estas dudas son interesadas, es decir, lo
que buscan con esas dudas es justificar su conducta. Naturalmente, el único
remedio que tienen esas personas contra sus dudas es romper con esa conducta;
porque mientras sigan llevándola, no podrán superar las dudas, que no son más
que una defensa falsa, o búsqueda de justificación de la conducta.
»La fe no es
una mera aceptación de ciertas verdades, sino que éstas llevan consigo unas
exigencias de acción y de conducta, y cuando entre la aceptación y esas
exigencias surgen dificultades, o hasta oposiciones, es fácil que surjan dudas
acerca de esas verdades, a fin de no tener que sujetar la propia conducta a esas
exigencias.
»En tales
casos, el único remedio para evitar y vencer las dudas está solamente en la
adaptación de la propia conducta a las verdades de fe que se
creen»[63] .
Esto
no se opone a la falta de claridad que podamos tener sobre una verdad de fe, ni
al deseo de esclarecerla, dentro de lo posible, sabiendo que hay misterios que
superan la inteligencia humana.
El pecado
será grave, si es una duda voluntaria, a sabiendas, de una verdad que la Iglesia
dice que hay que creer.
Si la
duda no es voluntaria, sino una mera ocurrencia de las dificultades que a
nuestro entendimiento se le presentan, no hay pecado; o a lo más pecado venial,
si ha habido alguna negligencia en resistir a
La fe debe
extenderse a todas las verdades reveladas por Dios y propuestas como tales por
la Iglesia.
«Nadie
pierde la fe sin culpa propia»[64] . Dijo
el Concilio de Trento: «Dios no abandona a nadie, si no es Él abandonado
primero»[65] .
«El que no
vive como piensa, terminará pensando como vive. (...) Si no ajustas tus obras a
la fe, terminarás perdiendo la fe»[66] .
«La manera
de vivir influye decisivamente en la manera de pensar»[67] .
Es un pecado
grave contra la fe
63,5. Ningún
adulto puede salvarse si no hace actos de
fe. «Dios no puede dar al hombre adulto responsable el don de su
amistad sobrenatural, sino cuando el hombre la acepta previa y
libremente»[69] .
Si sabes el
«Credo» de memoria, es un magnífico acto de fe. El Credo lo tienes en los
Apéndices. Si no lo sabes, aquí te pongo un acto de fe muy breve; pero debe
decirse con toda convicción.
«Creo que Dios
existe.
Creo que
Dios nos dará después de la muerte lo que merezcamos con nuestras obras en esta
vida[70] .
Creo que hay un solo Dios verdadero
en tres Personas distintas.
Creo que estas tres Personas son:
Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Creo que Dios se hizo Hombre y murió
en una
Y si lo quieres en dos
líneas:
«Creo
firmemente en todo lo que la Iglesia dice debemos creer, porque Dios lo ha
revelado»[71] .
Para
fortificar nuestra fe, deberíamos hacer actos de fe de cuando en cuando, sobre
todo en la hora de la muerte
La fe es
como un sexto sentido que nos ayuda a un superior conocimiento de Dios. Quien no
tiene fe, no se lo puede explicar.
Como una
planta no puede explicarse la música, porque no capta
nada.
63,6. La fe
no se puede demostrar con
argumentos, pues
La fe supera
la razón, pero no la destruye.
El motivo de
creer no son las razones filosófico-científicas de las verdades reveladas, sino
la autoridad de Dios que las ha revelado.
Esas razones
ayudan a ver que la fe es razonable, pero no son el motivo principal de la fe
(Ver nº 3). Podemos saber
que Dios nos ha hablado, y por tanto tenemos obligación de creer lo que Él nos
ha dicho[72] .
«Estimemos
sobre todas las cosas el don divino de la fe; procuremos conservarla con la
oración y el estudio, hacerla conocer y amar por los demás, defenderla si es
atacada, y pedir a Dios que sea conocida y aceptada por los incrédulos y
los infieles. Al mismo tiempo debemos evitar todo aquello que pueda ponernos en
peligro de perderla.
»Los que
descuidan su instrucción religiosa, los que escuchan voluntariamente a los que
la atacan, o leen libros o periódicos contra la fe, los soberbios y los impuros
se ponen en peligro de llegar a perder este don divino»[73] .
No es lícito
negar la fe, ni de palabra, ni de obra, portándose como si se profesara otra
religión no católica, ni siquiera con peligro de la vida[74] .
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63,7. Si
alguna vez oyes una dificultad contra
Es imposible
que tengas a mano los conocimientos necesarios para resolver todas las
dificultades, y para demostrar que la tal dificultad es muchas veces un sofisma,
un engaño, un falsear la verdadera realidad de las cosas. Pero no por eso debes
darte por vencido. Acude a una persona que entienda de Religión y pueda
resolvértela. Ten la seguridad de que todas las «pegas» contra la Religión
tienen su solución, aunque tú no
Acerca de
los que tienen dificultades contra la Religión hay que tener en cuenta que
algunos preguntan para aprender (desean encontrar soluciones a sus
dificultades), pero otros preguntan para atacar, y desearían que sus preguntas
no tuvieran respuesta, para así tener una excusa al sacudirse de encima el
cristianismo porque les estorba[75] .
«La razón
por la cual tantos han perdido la fe es porque no la conocen o la conocen mal,
que es peor aún. (...) Porque toman las dificultades por
argumentos»[76]
Para instruirse
en Religión es muy conveniente oír conferencias
religiosas y leer libros de formación religiosa. Todos debemos preocuparnos de
tener una formación religiosa proporcionada a nuestro estado y a nuestra cultura
humana y profesional. Al final del libro tienes una lista de libros
provechosos.
«La fe hay
que alimentarla y fortalecerla con lecturas, conferencias, oración, etc. Si no,
puede debilitarse y hasta perderse»[77].
Cuando en un
grupo se entabla una discusión de
Religión, verás que, generalmente, los que llevan la voz cantante son los que
menos saben de Religión, pero que su ignorancia los hace tremendamente audaces.
A éstos es difícil convencerles, porque su amor propio rechazará los
mejores argumentos.
Pero si en
el corro hay gente de buena voluntad, a quienes crees que tu solución puede ser
provechosa y disipar errores, expón tu pensamiento con calma y con vista. Te
será además útil pasar a la ofensiva, descubriendo la ignorancia religiosa del
que disparata. Con todo, has de procurar no ofender a nadie, si no es necesario.
Pero sé fuerte si alguno tiene positivamente mala fe y quiere propagar el mal.
Ataca su error aunque se ofenda.
Si alguien
toma el arma del ridículo contra la Religión, tómalo tú también para defenderla.
Es muy importante que consigas que los que se están riendo en el grupo se
pongan de tu parte.Si no te sientes con fuerza para dominar el grupo, has de
saber que, después, en particular, te será mucho más fácil hacerles bien, y
encontrarás razonables a muchos que en el grupo parecían
fanfarrones.
En las
discusiones de religión con descreídos suelen presentarse los siguientes
pasos:
Primero el
descreído empieza con aires de superioridad, como si los católicos fuéramos unos
ignorantes.
Cuando se
las da las razones de nuestra fe, entonces empiezan a contar historias de malos
sacerdotes.
Cuando se
les refuta sus generalizaciones con historias de sacerdotes ejemplares y de
santos, entonces se nos dice que somos unos soberbios por creernos en posesión
de
-¡Efectivamente! Así es. Porque si
no estuviera seguro de la verdad de
63,8. Es
también pecado grave contra este mandamiento escribir, leer, tener, prestar o
vender libros y escritos contra la Religión, pertenecer a sociedades
irreligiosas: masonería, espiritismo , o partidos políticos de ideología
marxista, pues el marxismo es esencialmente ateo[79] .
Y también el
tentar a Dios[80] ,
poniendo a prueba, con hechos o con palabras, alguno de sus atributos, dudando
de su existencia o queriéndole obligar a que intervenga extraordinariamente en
algún caso[81] : por
ejemplo, diciendo «si mañana llueve, es señal de que puedo vengarme de fulano y
matarlo».También es tentar a Dios el exponerte sin necesidad a algún grave
peligro de la vida, esperando que Dios te librará de él. Si este peligro fuera
sólo leve, el pecado sería sólo venial.
Peca también
contra este mandamiento el que se anima a pecar precisamente porque Dios es
misericordioso. Esto es «un pecado gravísimo contra el Espíritu Santo, porque
supone un grave desprecio de la gracia de Dios»[82] .
Además entra
en este mandamiento el pecado de presunción, que consiste en pensar que podemos
salvarnos por nuestro propiuo esfuerzo, sin ayuda de Dios, o la temeraria
confianza de obtener la salvación del alma sin poner los medios[83] .
Pecan de presunción los que esperan la gloria sin hacer ellos mérito ninguno; el
perdón sin preocuparse de arrepentirse; la salvación eterna, andando fuera del
camino de Dios.
63,9. No
debe pasarse el día en que no reces algo. Al menos las tres Avemarías al
acostarte, que son prenda de salvación eterna.
También podrías hacer el siguiente
examen:
«Señor, creo
que estás aquí presente. Te ruego me ayudes a examinar mi
conciencia.
1.- ¿Qué
obras buenas he hecho? (PENSAR UN MINUTO)
Gracias
Señor porque me has ayudado.
2.- ¿Qué faltas he cometido?(PENSAR
UN MINUTO)
a. Contigo: respeto, rezos, olvidado
de Ti.
b. Con los demás: rencoroso,egoísta,
servicial, amable, buen ejemplo, criticón.
c. Conmigo
mismo:
a’)deber: obediencia, trabajo. ¿Todo bien hecho?
b’) pureza: miradas, deseos, palabras, obras.
c’) genio: iracundo, chinche.
Perdóname, Señor. Me pesa haberte
ofendido. Para repararte te prometo...
3.- ¿Qué cosas buenas he dejado de
hacer? (PENSAR UN MINUTO).
¿Han sido
mis pensamientos, palabras y obras las propias de una persona que aspira a la
santidad?
Te prometo, Señor, no perder otra
vez la ocasión de hacer el bien.
Señor, a pesar de todo, te quiero y
te prometo ser mejor. Madre mía, ayúdame».
(Tres
Avemarías)
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64.- EL SEGUNDO
MANDAMIENTO DE
64,1. «El
segundo mandamiento prohibe todo uso inconveniente del nombre de
Dios»[84] .Toma
el nombre de Dios el que jura,
pues jurar es poner a Dios por testigo de la verdad de lo que se
dice.
«En el mundo
semita el nombre es la persona misma. (...) Profanar el nombre de Dios equivale
a profanar a Dios mismo»[85].
Para que el
juramento sea lícito debe reunir las tres condiciones: que sea con verdad, que
sea con justicia, y que haya verdadera necesidad[86] .
No es lícito
jurar con duda. Debes estar
moralmente cierto. La certeza moral excluye toda duda razonable, pero no excluye
en absoluto el temor a equivocarse. Con todo, cuando se declara ante un tribunal
se debe tener absoluta certeza de la cosa: como ocurre con lo que se conoce por
propia experiencia, o se ha oído de personas que ofrecen total garantía.
En este segundo caso hay que dejar bien claro que lo que se jura es haberlo oído
a personas dignas de crédito.
El que jura
con mentira peca gravemente, si advierte que jura y sabe que
miente[87] .
Poner
a Dios por testigo de una falsedad es injuriarle gravemente[88] .
Jurar sin
justicia es jurar hacer algo malo o que sea en perjuicio del prójimo. El pecado
será grave o leve según que lo que se jure sea grave o sea levemente
ilícito.
Si lo que se
ha jurado es malo, no se puede cumplir.
Serían dos
pecados. Uno por jurar una cosa mala, y otro por
hacerla.
Quien ha
jurado hacer algo malo, debe dolerse de haberlo jurado y no
cumplirlo.
Pero si lo
que se ha prometido con juramento no es malo, hay obligación de cumplirlo bajo
pecado grave[89] .
Jurar sin
necesidad es jurar sin tener motivo razonable para ello; como los que juran por
costumbre.
El que jura
con verdad pero sin necesidad, por costumbre, sin darse cuenta, no comete pecado
grave; pero tiene que corregirse de su mala
costumbre.