Juan Pablo II ha sido la persona de la historia que más gente ha congregado ante su persona: más de un millón en Canadá, estados Unidos.Méjico, Brasil, Madrid, etc. en Manila reunió cinco millones de personas[1] .

 

Esta lista de los Papas, legítimos sucesores de San Pedro es una garantía de que estamos en la misma Iglesia que Cristo fundó. Así lo decía San Ireneo en el siglo II[2] .

Los Apóstoles son el fundamento puesto por Cristo en persona. Nosotros debemos adherirnos a sus sucesores legítimos.

«Ésta es la sucesión y el canal a través del cual la tradición de la Iglesia y el mensaje de la verdad ha llegado hasta nosotros»[3] .

 

37,11. Hoy vivimos tiempos de ecumenismo en los que todos ansiamos  la  unión de todos los cristianos en una sola Iglesia. Pero la unión con los protestantes, decía Juan XXIII, no puede venir del sacrificio de parte de la verdad, sino de un profundizar más en el conocimiento de la verdad. No podemos sacrificar un dogma de nuestro patrimonio doctrinal para buscar una unión engañosa[4].

«En el Concilio Vaticano II, el Romano Pontífice junto con los Padres Conciliares tomaron viva conciencia de la necesidad de empeñar todo tipo de esfuerzos para que los hermanos separados se pudieran reintegrar en la unidad. Esta preocupación ecuménica quedó reflejada en diferentes documentos conciliares: en la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, en el Decreto sobre las Iglesias orientales católicas  y en el Decreto sobre ecumenismo. En estos documentos se proclamaron los siguientes principios sobre ecumenismo:

- Las divisiones entre los cristianos contradicen la voluntad de Dios, y son motivo de escándalo para el mundo.

- Alguno de los bienes que constituyen la Iglesia pueden hallarse también fuera de la Iglesia Católica, pero la plenitud de los medios de salvación sólo se pueden encontrar en la Iglesia Católica.

- Los católicos deben manifestar comprensión hacia aquellos que no participan de la plena unidad, teniendo en cuenta que no pocos se encuentran en esa situación sin culpa por su parte.

- Los medios fundamentales para recuperar la unidad son la caridad y la oración.

- Nada más lejos del verdadero ecumenismo que aquello que afecta a la pureza de la doctrina católica, y a su sentido genuino y preciso.

- No sería lícita aquella relación con los no católicos que suponga peligro de la fe o indiferentismo religioso.

»El Concilio vino a recordar que nadie puede poner en duda un dogma de fe, ni siquiera con la intención de aproximarse a los no católicos. Los católicos no tienen poder sobre la fe recibida; sino que ésta es un depósito que deben custodiar y transmitir con fidelidad. Por eso deben respetar en todo momento las fórmulas definidas por el Magisterio de la Iglesia»[5] .

La declaración sobre la libertad religiosa del Concilio Vaticano II advierte que no es lo mismo practicar una religión que otra. No todas son igualmente buenas, pues son contradictorias entre sí[6] .

 «Todos los hombres están obligados a buscar la verdad, sobre todo, en lo que se refiere a Dios y a su Iglesia, y, una vez conocida, abrazarla y practicarla»[7].

Dice el Concilio Vaticano I: «Nadie tiene causa justa para dejar la Iglesia Católica»[8].

 

«Aunque fuera de la Iglesia Católica pueda encontrarse parte de virtud y parte de verdad»[9] , la «única y verdadera religión está en la Iglesia Católica»[10].

Aunque añade que todos los que han recibido el Bautismo y tienen fe en Cristo, de alguna manera también pertenecen a la Iglesia de Cristo en un sentido amplio. Pero en sentido estricto «la Iglesia de Cristo subsiste hoy en la Iglesia Católica»[11]  .

 

Ésta es la razón por la cual la Sagrada Congregación del Clero en su Directorio dice: «Propóngase los argumentos en favor de la doctrina católica con caridad a la vez que con la debida firmeza»[12] .

 

Dice el Concilio que la libertad religiosa consiste en inmunidad de coacción[13] es decir, que a nadie se le puede imponer por la fuerza la práctica de una religión, ni tampoco impedírsela[14] , ni en público ni en privado[15] .

 

“El derecho a la libertad religiosa no es ni la permisión moral de adherirse al error, ni un supuesto derecho al error; sino un derecho natural de la persona humana a la inmunidad de coacción exterior en materia religiosa”[16] .

El hombre tiene derecho a practicar lo que él cree que es verdad.

Pero el ejercicio público de la religión, debe subordinarse al «justo orden público»[17], que consiste en la recta ordenación del bien común, en «la salvaguarda efectiva de los derechos de todos los ciudadanos..., el interés proporcionado por la auténtica paz pública..., y una adecuada tutela de la moralidad pública»[18] .

«En la divulgación de la fe religiosa y en la introducción de costumbres hay que abstenerse siempre de cualquier clase de actos que puedan tener sabor a coacción o a persuasión inhonesta o menos recta, sobre todo cuando se trata de personas rudas o necesitadas. Tal comportamiento debe considerase como abuso del derecho propio y lesión del derecho ajeno»[19].

El Episcopado Español, mientras «pide a sus colaboradores apostólicos, que jamás incidan  en este defecto, les ruega que con la mayor caridad posible procuren que los fieles de fe sencilla no sean jamás víctimas de dicho procedimiento, si alguna vez hubiere lugar a ello»[20] .

 

Recientemente España se ha visto invadida por multitud de sectas muy proselitistas que con señuelos más o menos atractivos para los jóvenes han desorientado a un número muy considerable. Ver 75,6.

El Episcopado de Francia ha hecho esta advertencia a los católicos: «Todos los católicos deben oponer un dique a esta marea invasora. Por eso el comprar, leer o conservar sus publicaciones constituye una grave imprudencia. Frecuentar sus reuniones y participar en su culto es todavía más peligroso. Y el adherirse pública y plenamente a ellos constituye un pecado grave contra la fe».

 

Puede ser interesante mi vídeo Las sectas desenmascaradas[21] .

 

37,12. La plenitud de los medios salvíficos se encuentra en la Iglesia Católica, pero algunos actos de los hermanos separados, pueden también producir la gracia[22]  . En los hermanos separados se puede encontrar también virtud y parte de verdad[23] . Los católicos deben reconocer con gozo «los tesoros verdaderamente cristianos que, procedentes del patrimonio común, se encuentran en nuestros hermanos separados»[24] .

 

«El cristiano, lejos de juzgar o de condenar a los que están fuera de la Iglesia, deberá ofrecerles su ayuda y su amor. Si él es feliz por encontrar la salvación dentro de la Iglesia, también está seguro que la bondad de Dios salva, por Cristo, a todas las almas generosas y de buena fe que, sin pertenecer visiblemente a la Iglesia, siguen lealmente los dictados de su conciencia»[25] . «Aquellos que con seriedad intentan en su corazón hacer todo lo que Dios exige de ellos no están excluidos de la esperanza de la vida eterna»[26].

Dice el Concilio Vaticano II: «El propósito divino de salvación abarca a todos los hombres: y aquellos que, ignorando sin culpa el Evangelio de Cristo y su Iglesia, buscan, sin embargo, a Dios con corazón sincero, y se esfuerzan, bajo el influjo de la gracia, por cumplir con obras su voluntad, conocida por el dictamen de la conciencia, ellos también, en un número que sólo Dios conoce, pueden conseguir la salvación eterna. La Divina Providencia no niega los auxilios necesarios para la salvación a los que, sin culpa por su parte, no llegaron todavía a un claro conocimiento de Dios y, sin embargo, se esfuerzan, ayudados por la gracia divina, en conseguir una vida recta»[27] .

Es decir, que los no creyentes de buena fe, que siempre cumplieron con su conciencia, pueden salvarse.

 

Dice Balmes: «Dios es justo, y como tal, no castiga ni puede castigar al inocente. Cuando no hay pecado no hay penas ni las puede haber»[28] .

 

Dice Martins Veiga: «Constituye una gran alegría pensar que hay mucha gente de buena voluntad que se salva sin pertenecer a la Iglesia. Sin embargo, no deja de ser un hecho doloroso el que haya tantos hombres que no conozcan ni vivan el misterio de la Iglesia en su integridad, porque sin ella nunca podrán alcanzar su plena y total realización en Dios»[29] .

 

La conocida frase «fuera de la Iglesia no hay salvación» se remonta a Orígenes y ha sido muy repetida. Incluso se ve incorporada en el Concilio IV de Letrán[30]. Pero hay que entenderla en su contexto. Va dirigida a los que conociéndola la rechazan[31]. No a los que inculpablemente no la conocen.

«Para comprender bien su significado quizás sea mejor decir: “Fuera de la Iglesia no hay medio de salvación”»[32] .

 

Pero «quienes sabiendo que la Iglesia Católica fue instituida por Jesucristo como necesaria, desdeñaran entrar o no quisieran permanecer en ella, no podrían salvarse»[33].

 

Con todo, para la salvación eterna, no basta estar en la Iglesia, hay que estar en gracia. «La Iglesia es medio de salvación, no causa»[34] .

 

37,13. Los milagros de hoy día son una prueba a favor de la Iglesia Católica.

Agudamente dice San Agustín: Si en la Iglesia Católica hay milagros es porque es verdadera; y si no hay milagros, es enorme milagro que sin milagros haya creído en ella el Imperio Romano[35] .

 

El Concilio Vaticano I[36] afirma tres cosas de los milagros:

a) que son posibles,

b) que pueden ser conocidos con certeza,

c) que con ellos se prueba legítimamente el origen divino de la Religión Cristiana.

 

Desde 1882 funciona en Lourdes una Oficina de Comprobaciones Médicas. Hasta 1955 habían desfilado por esta Oficina 32.663 médicos. Esta Oficina acepta la inscripción de todo médico que lo solicite, cualesquiera que sean sus creencias religiosas, nacionalidad, etc. De hecho los ha habido católicos, protestantes, judíos, hindúes, y hasta ateos racionalistas. En miles de casos han declarado que la curación fue inexplicable desde el punto de vista médico.

El enfermo fue examinado por los médicos antes y después de la curación.

La existencia de la enfermedad tiene que constar antes de la curación con pruebas clínicas: radiografías, biopsias, encefalogramas, análisis bacteriales, etc., según lo demande la naturaleza de la enfermedad.

Quedan excluidas de antemano todas las enfermedades que sean puramente nerviosas.

Tiene que tratarse de enfermedades orgánicas, no puramente funcionales.

La curación debe ser científicamente inexplicable, por no haberse aplicado tratamiento adecuado, instantánea y duradera.

Se somete al enfermo a observación durante un año. Sólo entonces la Oficina de Comprobación afirma que la curación es inexplicable, científicamente hablando.

Por Lourdes han pasado trescientos millones de personas[37] . En los archivos de la Oficina Médica de Lourdes hay 3.184 expedientes de curaciones inexplicables por la Medicina. De éstos la Comisión Eclesiástica en 19 años de trabajo sólo ha aceptado cincuenta y cuatro casos como auténticos milagros [38].

No es que los demás no sean milagros. Es que la Iglesia es rigurosísima antes de declarar un hecho como milagroso, y un hecho milagroso auténtico puede no ser reconocido como tal por la Iglesia por falta de algún requisito.

Dios no hace milagros para que sean comprobados científicamente, sino como respuesta a la oración de las personas que se lo piden con fe, aunque falten requisitos para una comprobación científica. El rigor de la Iglesia en aceptar hechos milagrosos nos debe dar confianza en los casos que la Iglesia acepta como milagros.

 

Es famoso el caso de la enferma Marie Bayllie Ferrant, que fue examinada por Alexis Carrel, Premio Nobel de Medicina.

 Él mismo cuenta el caso en su libro Viaje a Lourdes.

Acompañaba por curiosidad una peregrinación de enfermos a Lourdes. Era escéptico. Entre los enfermos escogió a Marie Bayllie por parecerle que era el caso más desesperado. Llegó a decir: «Si esta enferma se cura, sería un milagro verdadero. Entonces yo creería». La enferma tenía peritonitis tuberculosa en último grado. Él mismo la había desahuciado como un caso perdido. Sin embargo en Lourdes, ante los ojos atónitos de Alexis Carrel, aquel abdomen voluminoso descendió instantáneamente a su volumen normal. Él examinó a la enferma y la encontró curada. Cumplió su palabra. Se convirtió al catolicismo, y murió católico[39] .

El doctor Leuret, Jefe de la Oficina Médica de Lourdes ha publicado un libro, traducido al español por la Editorial FAX titulado Curaciones milagrosas modernas, donde se narran varios casos con los nombres de los enfermos, reproducciones de las radiografías, etc., y las firmas de los médicos que certifican las curaciones inexplicables desde el punto de vista científico.

 

La Iglesia ha aprobado recientemente un nuevo milagro en Lourdes:

«Jean-Pierre Bély quedó curado instantáneamente de esclerosis múltiple.

LOURDES, 11 feb (ZENIT).- Lourdes ha vuelto a ser testigo de un milagro. A las 10:00 de la mañana, en la basílica subterránea, el obispo de Lourdes y Tarbes, monseñor Jacques Perrier, proclamó oficialmente, durante la solemne celebración de la Jornada Mundial del Enfermo, la aprobación eclesiástica de un milagro que tuvo lugar hace doce años en la gruta y rigurosamente comprobado por la Oficina Médica del santuario mariano. 

Es la historia de Jean-Pierre Bély, quien cuando vino a Lourdes tenía 51 años y sufría una grave forma de esclerosis múltiple, curada instantánea, completa y duraderamente. En la tarde de hoy, el señor Bély participó en su localidad natal de Angulema, en una celebración de acción de gracias por el obispo de esa ciudad.

Desde 1972, Jean-Pierre Bély, casado y padre de dos hijos, enfermero de la sección de oftalmología del Hospital de Angulema, comenzó a experimentar síntomas dramáticos, como expresión de la destrucción selectiva de la mielina del sistema nervioso central.

El diagnóstico del Servicio de Neurología del Hospital Universitario de Poitiers fue claro: esclerosis múltiple.

A partir de 1984, Jean-Pierre comenzó a caminar con un bastón, pues sus miembros no soportaban el peso de su cuerpo.

Tuvo que abandonar definitivamente su trabajo.

En febrero de 1985 la silla de ruedas se convirtió en el único sistema para poder moverse.

De hecho, desde 1986 perdió la posibilidad de ponerse de pie. 

En 1987, el señor Bély presentaba un cuadro neurológico desastroso, que justificó la atribución de una pensión de invalidez del 100 por ciento.

Según revela «Lourdes Magazine» (http://www.lourdes-france.com), el periódico oficial del Santuario de los Pirineos, la sorpresa tuvo lugar el 9 de octubre de 1997, durante una peregrinación al Santuario de Lourdes.

Ese día, tras la confesión del día anterior, recibió el sacramento de la unción de los enfermos durante una misa en la explanada. En ese momento, el señor Bély experimentó cómo le invadía un poderoso “sentimiento de liberación y de paz” interior como nunca antes había experimentado.

A mediodía, cuando descansaba en la sala de los enfermos, experimentó una sensación de frío cada vez más fuerte hasta el punto de que se hizo casi dolorosa. A continuación, se apoderó de él una impresión de calor que se fue haciendo también cada vez más intensa y penetrante.

De este modo, se dio cuenta de que estaba sentado en su cama y de que comenzaba “a mover los brazos y a sentir el contacto de la piel”.

En la noche que siguió, Bély se despertó brutalmente de un profundo sueño y, en ese momento, tuvo la sorpresa de “poder caminar por la primera vez desde 1984”. Los primeros pasos eran inseguros, pero rápidamente su caminar cobró la normalidad.

Para no destacarse de sus “compañeros de enfermedad”, Jean-Pierre dejó Lourdes en la silla de ruedas, como si todavía estuviese inválido.

Llegado a la estación, decidió finalmente subirse por sus propias fuerzas al tren y viajar sentado a su regreso a Angulema.

Desde entonces ha recuperado la integridad de sus facultades físicas.

Objetivamente, su curación, doce años después, parece completa y estable.

El señor Bély no presenta ninguna irregularidad neurológica.

Su resistencia física es excelente. Le han abandonado totalmente los síntomas de la esclerosis.

Exactamente un año después,  el jueves 6 de octubre de 1988, declaró su curación a la Oficina Médica de Lourdes y desde entonces ha sido analizado anualmente por los médicos convocados por el médico permanente de esa institución.

Asimismo ha sido examinado atentamente por los médicos que habían seguido su caso, en particular por el jefe del servicio médico del Hospital Universitario de Poitiers.

La conclusión en todo momento ha sido la misma: “evolución inesperada y excepcional”.

El 17 de junio de 1992, se realizó un primer examen a petición del Comité Médico Internacional de Lourdes, segunda instancia de control del Santuario. El equipo médico concluyó que “una curación de este tipo no es sólo anormal sino también inexplicable, teniendo en cuenta los conocimientos actuales de la ciencia”.

En noviembre de 1992, el Comité exigió una prórroga de observación de dos años suplementarios para respetar los criterios que permiten hablar de “curación definitiva”.

El 28 de septiembre de 1994, Jean-Pierre fue sometido a un nuevo examen médico.

Entre el 15 y el 16 de noviembre se decidió pedir el parecer de los médicos que habían examinado al paciente durante su enfermedad. De este modo, el 8 de febrero de 1999, el doctor Patrick Theillier, médico responsable de la Oficina Médica de Lourdes, después de que los miembros del Comité Médico Internacional de Lourdes se pronunciaran por votación favorablemente, resumió así el caso: “Es posible concluir con un buen margen de probabilidad que el señor Bély ha sufrido una afección orgánica de carácter de esclerosis múltiple en estado avanzado. La curación brutal experimentada durante la peregrinación a Lourdes corresponde a un hecho anormal e inexplicable en virtud de los conocimientos de la ciencia. Es imposible decir algo más hoy día desde el punto de vista científico. Corresponde a las autoridades religiosas pronunciarse sobre las otras dimensiones de esta curación”.

A continuación, monseñor Claude Dagens, obispo de Angulema, escribía: “En nombre de la Iglesia, yo reconozco públicamente el carácter auténtico de la curación de la que se ha beneficiado el señor Jean-Pierre Bély en Lourdes, el viernes 9 de Octubre de 1987. Esta curación inmediata y completa es un don personal de Dios para este hombre, y un signo efectivo de Cristo Salvador, que se ha realizado por la intercesión de Nuestra Señora de Lourdes”»[40].

 

Voy a dar cuenta aquí de dos «hechos milagrosos» de los cuales tengo en mi poder acta notarial.

Miguel Juan Pellicer, de 23 años, labriego de profesión, regresando del campo, se cae del carro, una rueda le pasa sobre una pierna y se la tienen que cortar. Le ponen una «pata de palo», y así está dos años y medio pidiendo limosna en la puerta de la Basílica del Pilar de Zaragoza. Todo Zaragoza le conoce como el Cojo de Calanda. Calanda era su pueblo.

Él le pedía a la Virgen del Pilar que no quería ser mendigo toda su vida, y una mañana amanece con las dos piernas. Todo Zaragoza que le había visto durante dos años y medio con la pierna cortada y la «pata de palo», lo ve ahora con las dos piernas.

De esto hay acta notarial, firmada por veinticinco testigos. El original está en el despacho del Alcalde de Zaragoza.

Cuando yo estuve en Zaragoza dando conferencias en la Parroquia de Santa Engracia, un día me fui al Ayuntamiento a ver este acta notarial, y el secretario del Alcalde, amablemente, me regaló una edición facsímil que tengo en mi poder.

Sobre este milagro ha escrito un libro titulado El gran milagro el conocido escritor italiano Vittorio Messori.

En este libro dice los siguiente:

«En total, las actas del proceso contienen un total de ciento veinte nombres, ilustres o humildes, entre jueces, notarios, procuradores, alguaciles, testigos “de prueba”, testigos “de laboratorio”, médicos, enfermeros, sacerdotes, posaderos, campesinos, carreteros...»[41].

Y más adelante:

«Gracias a los trasuntos y protocolos, el milagro de Calanda aparece documentado con una seguridad tal que satisface incluso las exigencias de la crítica más exigente. (...) La inmensa mayoría de los hechos del pasado (incluso los más sobresalientes) están atestiguados con una certeza documental y unas garantías públicas mucho menores»[42] .

     Vittorio Messori contestó en una entrevista que le hizo José Ángel Agejas para EL BOLETÍN INFORMATIVO CATÓLICO ZENIT en INTERNET:

    «Quienes me conocen saben que yo soy un converso, que no nací cristiano. Desde que, tras haber estudiado en la universidad laica, en Turín, descubrí la fe, el cristianismo, siempre he tratado de razonar sobre el Evangelio, de buscar los motivos de credibilidad de la fe. Pues bien, en esta investigación sobre las razones de la fe, me he ocupado también de los milagros, esos signos de credibilidad. Por ejemplo, he estudiado mucho, entre otros, los hechos de Lourdes. Me convencí así de que el Dios cristiano tenía un estilo, una estrategia: la de respetar la libertad de sus creaturas. Para decirlo con la expresión de Pascal, “el Dios cristiano da siempre suficiente luz para creer, pero deja suficiente sombra para dudar”. Lo que significa que la fe no es una imposición, sino una propuesta, de modo que también en los milagros, Dios deja sitio para la duda, precisamente para respetar nuestra libertad, para no obligarnos a creer»[43] .

 

Otro caso es de Manuela Cortés Colmillo, a quien yo conocí personalmente. Vivía en un cortijo cerca de El Puerto de Santa María, en Cádiz. No tenían luz eléctrica. Se alumbraban con candiles de carburo. Un día le reventó en las manos un candil y le quemó los ojos.

Estuvo seis meses con los ojos «como los de una pescadilla frita» en frase de la familia.

La trataba el Dr. D. José Pérez-Llorca. A los seis meses, ante una pregunta de la hija que acompañaba a la enferma, el doctor certifica que la ceguera era irreversible.

Al volver a casa, ella desconsolada, le pide a la Virgen de Fátima: «Madre mía Santísima, tú que eres tan milagrosa, por mis nueve hijos, que yo vea». En ese instante recuperó la vista.

En un taxi se fueron a ver al médico.  Éste, que a las doce del mediodía había diagnosticado ceguera irreversible, y a las tres de la tarde se le presenta la mujer con los ojos como nosotros, repetía: «Esto no tiene explicación».

De este hecho tengo un acta notarial donde firman treinta y dos testigos: hijos, nueras, yernos, vecinos y, sobre todo, el médico que la trató, D. José Pérez-Llorca, Miembro de la Real Academia de Medicina, Presidente de la Sociedad Oftalmológica Española, General Inspector del Cuerpo de Sanidad de la Armada. Este doctor, treinta años catedrático de oftalmología y uno de los más prestigiosos de España en Oftalmología Clínica, firmó ante notario: «Me quedé sorprendido de aquella repentina e inexplicable curación de aquella ceguera que yo acababa de diagnosticar irreversible».

 

También tengo copia del Acta notarial de D. Leonardo Herrero Miranda Notario de Picasent (Valencia) en que se narra la curación de la Hermana Remedios Pagant Coloma, a quien conocí personalmente. Al final, la firma del Notario va acompañada de la firma de veinte testigos.

En el texto de este Acta se dice «que a los 30 años tuvo un tumor en el hígado con ictericia negra del cual sólo se salvan el 1% de los que la padecen. Sufrió cinco operaciones. La última fue para abrir y cerrar, pues el hígado estaba deshecho.

No querían llevarla a Lourdes porque temían se muriera en el camino. El Arzobispo de Valencia D. Marcelino Olaechea dijo: «Estos son los enfermos que hay que llevar a Lourdes».

Por fin se decidieron a llevarla. En el camino entró en coma, asegurando que desde Sagunto a Lourdes no se enteró absolutamente de nada.

En el viaje iba con gotero y dos enfermeras continuamente a su lado para hacerse cargo del cadáver, porque esperaban la muerte de un momento a otro. Llevaban todos los papeles arreglados para poder trasladar el cadáver.

Al llegar a Lourdes le quitaron el gotero para poder meterla en la piscina. Nada más tocar con los pies el agua, vio como una luz y sintió como si le quitaran «diez arrobas de peso de encima, y como pasar de un morir a un resucitar». Son palabras textuales de ella.

Inmediatamente se le quitaron los dolores que tenía desde hacía seis años. Dolores tan fuertes que a veces perdía el conocimiento y tenían que administrarle morfina y Pantopón. Llegando a tener a veces hasta 42 grados de fiebre.

La metieron en la piscina entre dos personas y salió sola por sus propias fuerzas. Se le quitó de repente la fiebre que en aquellos momentos era de 40 grados. Al salir tenía 36’5º de temperatura.

Inmediatamente pidió comer pollo, que hacía años que no lo probaba.

Desde aquel momento se encontró perfectamente hasta hoy, que a los 23 años de la curación, se encuentra ágil y sana. Trabaja de cocinera en un colegio. Del hígado jamás volvió a tener nada. Le han hecho 25 placas y no hay señal alguna de tumor.

La trataron durante seis años los catedráticos del Aparato Digestivo de Valencia, Doctores. D. Francisco Gómez y D. Fernando Carbonell.

El historial de este caso está en la Oficina Médica de Lourdes».

 

Los milagros confirman nuestra fe en Cristo, en la Virgen y en la Iglesia Católica.

 

37,14. Una confirmación de que la Iglesia Católica es la verdadera, es la cantidad enorme de convertidos que se han pasado al catolicismo desde el protestantismo y desde el ateísmo, después de un detenido estudio de la religión católica.

Muchos protestantes no se hacen católicos porque desconocen la Iglesia católica.

 Pero los que la estudian se hacen católicos. es el caso del célebre historiador protestante Ludovico Pastor, que se convirtió al catolicismo estudiando la Historia de los Papas[44] . Y lo mismo el cardenal Newman, que era pastor protestante. Y es que la belleza de las cristaleras de una catedral se aprecia mejor desde dentro que desde fuera.

Por añadir algunos nombres citaremos al Premio Nobel de Física, Max Planck, que era luterano y se convirtió al catolicismo[45] , Scott, pastor protestante, que se convirtió al catolicismo como fruto de sus estudios bíblicos[46] , y a Enrique Shlier, gran exégeta luterano alemán, discípulo de Martín Heidegger, Karl Barth, y Rudolf Bultmann, que es actualmente catedrático de Nuevo Testamento en la Universidad de Bonn (Alemania) y es un conocedor de San Pablo de los mejores del mundo. Su comentario a la Carta de los Efesios es el mejor que existe. Se convirtió al catolicismo estudiando la fe de la Iglesia Católica, y comprobar que es idéntica a la de los Padres de la Iglesia[47] . Fue recibido en la Iglesia Católica el 24 de Octubre ce 1953. Lo que le condujo a la Iglesia Católica fue «la imparcialidad de una leal investigación histórica»[48] 

 

En Estados Unidos se convierten al catolicismo 150.000 personas al año[49] .

 

Del 2 al 9 de noviembre del 2000 se celebró en Roma el Jubileo de los convertidos a la Iglesia Católica. Participaron más de setecientos. Quinientos provenían del protestantismo y cien del anglicanismo[50].

 

Es notable el número de conversiones al catolicismo de anglicanos[51]  .

Fue célebre la conversión al catolicismo de John Henry Newman. Era un culto ministro del anglicanismo que abrazó el catolicismo el 9 de octubre de 1845. Se ordenó sacerdote católico en 1847. León XIII lo nombró cardenal en 1879, y murió el 11 de agosto de 1890. En 1991 Juan Pablo II ha iniciado su beatificación[52].

San Edmundo Campion, S.I., fue Profesor de la Universidad de Oxford, y prestó juramento anticatólico en 1564. Pero más tarde, estudiando a los Santos Padres, asignatura que explicaba, se convirtió al catolicismo, entró en la Compañía de Jesús y fue martirizado el 1º de  Diciembre de 1581[53] .

También fue notable la conversión de los célebres escritores Chesterton y Graham Greene, y hasta la Duquesa de Kent, prima de la reina de Inglaterra, bautizada el 14 de enero de 1994 por el Cardenal Hume[54] .

También se han convertido recientemente al catolicismo dos ministros del gobierno británico: John Gumer y Ann Widdecombe[55] y el obispo anglicano de  Londres, el Dr. Graham Leonard[56] . Un párroco anglicano de la localidad inglesa de Bath, Michael Fountaine, de 34 años de edad, se pasó al catolicismo con todos sus feligreses[57] 

Lo mismo hizo Leslie Hamlet, Vicario Anglicano de St. John’s Church de Stoke-on-Trent (Inglaterra), que se convirtió al catolicismo con todos sus feligreses[58] . A principios de 1991 se han convertido al catolicismo cuatro pastores protestantes[59]   En octubre de 1996 el Cardenal Hume ordenó sacerdotes católicos a diez pastores anglicanos[60] .

Tras la decisión de la Iglesia anglicana de ordenar sacerdotes a mujeres, más de un centenar de pastores anglicanos se han convertido al catolicismo y muchos de ellos han recibido la ordenación sacerdotal en el seno de la Iglesia católica. Entre ellos, se encuentra Graham Leonard, quien fue arzobispo anglicano de Londres y tercero en la jerarquía de la Iglesia anglicana[61] . Estuvo en Madrid en el VI Congreso Internacional «CAMINO DE ROMA», donde se congregaron muchos convertidos al catolicismo. Allí dijo: «La unidad de las Iglesias, para que sea auténtica, debe estar basada en la verdad. Y la unidad en la verdad la debe asegurar el Papa por su autoridad de jurisdicción»[62] .

«En un año, más de once mil anglicanos de Gran Bretaña han pedido entrar en la Iglesia Católica»[63].

«Se calcula que más de veinticinco mil anglicanos han pedido la admisión dentro de la Iglesia Católica. Entre ellos varios obispos y decenas de pastores anglicanos; algunos de ellos acompañados de la práctica totalidad de los fieles de sus parroquias»[64].

En Diciembre de 2003, toda una diócesis anglicana se pasó a la Iglesia Católica[65] .

Recientemente se ha convertido al catolicismo Charles Moore, un converso ilustre, director del «Daily Telegraph» el diario con más difusión en el Reino Unido[66]

Scott Hahn,pastor protestante y profesor de Teología, se hizo católico al comprobar que la salvación «sólo por la fe» (sola fide) de Lutero no estaba en la Biblia[67] . También comprobó que tampoco estaba en la Biblia la afirmación básica protestante de que para salvarse basta la Sagrada Escritura (sola Scritura), menospreciando la Tradición[68] .

 

También es notable la conversión de Herald Riesenfeld, luterano sueco,[69] profesor de Nuevo Testamento de la Universidad de Úpsala[70], Eric Peterson, uno de los mejores conocedores de la Antigüedad Cristiana, y Luis Bouyer, Profesor del Instituto Católico de París y autor de varias obras exegéticas.

 

Recientemente se ha convertido al catolicismo el célebre escritor alemán  Ernest Jünger. Dos años antes de su muerte, el 17 de febrero 1998 cuando ya tenía casi 103 años, el escritor alemán pasó de la Iglesia protestante a la católica. La fuente de esa noticia es el párroco de Wilflingen, el P. Roland Niebel, durante una conversación con Heimo Schwilk, un investigador que desde hace tiempo está preparando una biografía de Jünger. Para Schwilk el testimonio del párroco viene confirmado por la celebración en la Iglesia católica de los ritos fúnebres del escritor.

Todavía no se conocen los motivos por los que tuvo lugar la conversión. Posiblemente la respuesta está en algunos diarios de Jünger que todavía no han sido publicados.  (La República, 19/2/99)»[71].

 

Después de la firma en 1999 del documento sobre la Doctrina de la Justificación entre la Iglesia Católica y la Iglesia Luterana, se ha convertido al catolicismo el obispo luterano Michel Viot, de 57 años[72] .

38.- Jesucristo fundó la Iglesia Católica para comunicarnos por ella las ayudas necesarias para ser mejores y salvarnos eternamente.

Para ello la hizo depositaria de su doctrina y de todos los medios de salvación.

 

38,1. Dice la Carta a los Hebreos:«Dios ha hablado a los hombres»[73] .

«Dios quiso que lo que había revelado para la salvación de todos los pueblos se conservara para siempre íntegro, y fuera trasmitido a todos los tiempos»[74] .

«La Revelación concluyó con los Apóstoles»[75].

 

La misión de la Iglesia es señalar el camino de la salvación eterna de los hombres por medio de la doctrina de Cristo y los sacramentos por Él instituidos.

Jesucristo estuvo en la Tierra pocos años. Para que su obra redentora pudiese continuar a través del tiempo, dejó una institución que cuidara de su doctrina, y ayudara a los hombres a conseguir la salvación eterna[76] . Como San Pedro y los Apóstoles iban a vivir un número limitado de años, para que la Iglesia durara hasta el final de los tiempos como Cristo prometió[77] ellos necesitaban tener sucesores.

Cristo dio a San Pedro autoridad para «atar y desatar. esto es, obligar en conciencia»[78] .

«Jesús ha querido valerse de los hombres, como ministros suyos, para llevar adelante su obra redentora»[79] .

 

38,2. El hombre no puede conocer bien a Dios, si Dios no se manifiesta al hombre. A esta manifestación se le llama Revelación[80] . Por ejemplo, el dogma de la Santísima Trinidad el hombre sólo lo conoce por revelación[81] .

 

    La Revelación es la manifestación que Dios ha hecho a los hombres de Sí mismo y de aquellas otras verdades necesarias o convenientes para la salvación eterna.

«Al revelarse Dios a sí mismo quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle más allá de lo que ellos serían capaces por sus propias fuerzas»[82] .

 

«La revelación presupone los hechos y palabras exteriores, que percibimos por los sentidos, pero acontece fundamentalmente en el corazón del hombre. Los hechos exteriores necesitan de una luz interior; el mensaje que desde fuera nos es ofrecido necesita pulsar nuestro corazón con una fuerza que permita a nuestra libertad abrirse con alegría a sus exigencias. Por ello la revelación tiene su expresión correlativa en la fe, que es igualmente don divino»[83] .

 

La doctrina revelada por Dios se encuentra en la Sagrada Escritura y en la Tradición, que nos ha transmitido las verdades de la fe oralmente.

No todas las verdades de la fe están en la Biblia. Algunas las conocemos sólo por la Tradición. Por ejemplo: todos sabemos que Jesucristo fue soltero, pero esto no está en ningún versículo de la Biblia.

Por eso el principio protestante de «sólo la Escritura» no es válido. Pues además esto supone que cada uno tiene su Biblia para poder leerla e interpretarla, y esto no fue posible para los cristianos durante 1.400 años, antes de inventarse la imprenta. La imprenta la inventó Guttemberg en 1450.

Los primeros cristianos recibieron la fe por la palabra predicada, no por la escrita. Muchos no sabían leer, y pocos podían tener un manuscrito de la Biblia.

Y, para total seguridad, era necesario dominar la lengua original del autor.

Es decir, resulta evidente que el principio protestante de «solo la Escritura», no es válido. Esta doctrina no está en la Biblia, por lo tanto ellos mismos se contradicen cuando imponen doctrinas que no están en la Biblia.

 

El Antiguo Testamento se transmitió oralmente de generación en generación. El Pentateuco se transmitió de boca a boca; es absurdo pensar que se transmitió por escrito.

 

Es verdad, como dice San Pablo[84] , que la Biblia es necesaria, pero eso no excluye que también es necesaria la Tradición.

Si yo digo que el agua es necesaria para vivir, no quiero decir que baste el agua para vivir.

 

«Escritura y Tradición enlazan directamente con los Apóstoles y gozan de la misma autoridad. (...) La Escritura y la Tradición son las fuentes que nos dan acceso a la Revelación.»[85] .

La Biblia y la Tradición proceden de la misma fuente. Son los dos canales por los que nos llega el contenido de la Revelación.

La Biblia y la Tradición están íntimamente unidas y tienden a un mismo fin; por eso los pasajes oscuros de la Sagrada Escritura se iluminan con la Tradición. Esto lo expresa el Concilio Vaticano II con estas palabras: «La Iglesia no saca exclusivamente de la Escritura la certeza acerca de todo lo revelado; por eso la Sagrada Escritura y la Tradición se han de recibir y respetar con el mismo espíritu de devoción». «La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia»[86] .

La Sagrada Biblia nos transmite la palabra de Dios escrita.

La Tradición nos transmite las enseñanzas orales, transmitidas de viva voz de una generación a la siguiente[87] .

 

  «La tradición apostólica era la clave para el canon de los libros inspirados, diciéndonos qué doctrinas deben enseñar (o no enseñar) los libros apostólicos, y diciéndonos qué libros fueron escritos por los apóstoles y sus compañeros.

»Irónicamente los protestantes, que normalmente se burlan de la tradición en favor de la Biblia, ellos mismos están usando una Biblia basada en la tradición»[88].

 

 La Tradición es más amplia que la Escritura. Las dos transmiten lo que proviene de la palabra de Dios; proceden de una misma fuente y son los dos canales por lo que nos llega el contenido de la Revelación. Por tanto entre Escritura y Tradición hay una íntima relación.

 

Los Apóstoles enseñaron principalmente de palabra, como ellos habían sido enseñados por Nuestro Señor. Cristo no escribió nada. Se limitó a predicar. Y a los Apóstoles no les dijo «escribid», sino «predicad»[89] .

Jesús dijo: «El que a vosotros oye, a mí me oye»[90]. «Id y haced discípulos de todos los pueblos»[91].Por eso «la fe viene por la predicación»[92].

 Jesús les enseñó muchas cosas que no están en la Sagrada Escritura, pero han llegado hasta nosotros transmitidas de viva voz de generación en generación por la Tradición oral de la Iglesia: San Pablo, escribiendo a los de Tesalónica les dice: «Hermanos, sed constantes y guardad firmemente las enseñanzas que habéis recibido de nosotros, ya de palabra, ya por escrito»[93] . «Cuando recibisteis la palabra de Dios, que nosotros predicamos, la aceptasteis no como palabra de hombre, sino cual realmente es palabra de Dios, que obra en vosotros los creyentes»[94] .

. A Timoteo le dice: «Conserva viva la doctrina que has oído de mí»[95] . «Lo que has oído de mí, trasmítelo a otros, para que a su vez lo enseñen a otros»[96].

San Pablo alaba «a los que conservan las tradiciones tal como él las transmitió»[97].

Todo esto está indicando que la doctrina evangélica se trasmite por la predicación oral, es decir, por la tradición.

 

Hay que distinguir entre la Tradición Apostólica, con mayúscula, objeto de fe, y las tradiciones humanas, con minúscula, que no afectan a la fe: son costumbres.

 

    Cuando decimos «Sagrada Tradición» entendemos las enseñanzas de Jesús y, después de Él, de los Apóstoles a quienes envió a enseñar[98].

Estas enseñanzas han sido entregadas a la Iglesia Es necesario para los cristianos creer y seguir firmemente esta Tradición, lo mismo que la Biblia. Dijo Cristo: «El que os escucha a vosotros me escucha a mí; y el que os rechaza a vosotros, a mí me rechaza»[99]

   La Iglesia está protegida por el Espíritu Santo, que la preserva de todo error[100].

 

 La Sagrada Escritura está contenida en la Biblia.

La Biblia consta de setenta y tres libros divididos entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento.

 

  La Tradición apostólica hizo discernir a la Iglesia qué escritos constituyen la lista de los Libros Santos. Esta lista integral es llamada "Canon de las Escrituras". Canon viene de la palabra griega "kanon" que significa «medida, regla».

  El Canon comprende para el Antiguo Testamento cuarenta y seis escritos, y veintisiete para el Nuevo.

   Éstos son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, los dos libros de Samuel, los dos libros de los Reyes, los dos libros de las Crónicas, Esdras y Nehemías, Tobías, Judit, Ester, los dos libros de los Macabeos, Job, los Salmos, los Proverbios, el Eclesiastés, el Cantar de los Cantares, la Sabiduría, el Eclesiástico, Isaías, Jeremías, las Lamentaciones, Baruc, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, y Malaquías, para el Antiguo Testamento.

  Para el Nuevo Testamento, los Evangelios de Mateo, de Marcos, de Lucas y de Juan, los Hechos de los Apóstoles, las Epístolas de Pablo a los Romanos, la primera y segunda a los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, a los Colosenses, la  primera y segunda a los Tesalonicenses, la primera y segunda a Timoteo, a Tito, a Filemón, la Epístola a los Hebreos, la Epístola de Santiago, la primera y segunda de Pedro, las tres Epístolas de Juan, la Epístola de Judas y el Apocalipsis.

 

Lo que divide estas dos colecciones de libros es la Persona de Jesucristo. Lo que se escribió antes de Él, es el Antiguo Testamento. Lo que se escribió después de Él, es el Nuevo Testamento.

Para facilitar la búsqueda de los pasajes, el texto se ha dividido en capítulos, y dentro de éstos se han numerado los párrafos (versículos). Estas divisiones son posteriores a los evangelistas. La división en capítulos se debe a Esteban Langton, en el siglo XIII, y la división en versículos a Roberto Estienne, en el siglo XVI.

Los salmos tienen dos numeraciones debido a la diferente numeración de la Biblia hebrea y la griega, en las que se dividen en dos los salmos 9 y 147, respectivamente[101].

 

Jesucristo ha encargado a la Iglesia la interpretación y vigilancia sobre la Sagrada Escritura y Tradición, para evitar el error[102] .

Por eso no se pueden leer todas las traducciones de la Biblia, sino sólo aquellas que tienen aprobación eclesiástica, y por lo tanto nos consta que no contienen errores.

Hay pasajes de la Biblia que son difíciles de entender, como advirtió San Pedro[103] .

Por eso dice Vittorio Messori que «para el católico corriente, el creyente de la calle, es más importante leer un catecismo que la Biblia, pues lo entenderá mejor»[104] .

«Para descubrir lo que el autor sagrado quiere afirmar hay que tener en cuenta la forma de pensar y de hablar de su tiempo»[105] .

«El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo. Este Magisterio, evidentemente, no está sobre la Palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado. Por mandato divino y con asistencia del Espíritu Santo, la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad; y de este único depósito de la fe saca lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de creer»[106] 

 

La libre interpretación de la Biblia de los protestantes da lugar a multitud de interpretaciones equivocadas y opuestas entre sí, pues no todo el mundo está preparado para conocer los géneros literarios de los distintos pasajes bíblicos, ni para entender la lengua en que se escribió el texto bíblico original.

Hay que tener en cuenta los modos de pensar y de expresarse que se usaba en tiempos del escritor[107] .

Por eso hace falta un magisterio entendido, que oriente con autoridad en la interpretación bíblica.

Dijo Cristo que, «la verdad nos hará libres»[108] .

Quien está en la verdad objetiva pisa firme, se siente seguro.

Quien piensa que la verdad es relativa, que cada cual tiene su verdad, está en un error.

La verdad tiene un valor absoluto. Quien no se ajusta a la verdad objetiva está en un error. La verdad objetiva no depende de nuestro parecer ni de nuestros deseos.

Por deseo de ser conciliador y tolerante, no puedo decir que la verdad es el término medio  de dos opiniones distintas.

Si uno dice que la capital de España es Madrid y otro que es Barcelona, yo no puedo decir que es Zaragoza porque está equidistante entre Madrid y Barcelona.

 

Hay valores absolutos, como la verdad y el bien.

Hay que tener criterios sobre lo indiscutible y lo opinable, la intransigencia y la tolerancia.

Hay muchas cosas opinables: el café negro es mejor, ¿amargo o dulce?

Pero hay cosas indiscutibles: el todo es mayor que su parte.

Por eso la verdad es intransigente: las matemáticas afirman que 2x3=6.

No aceptan 2x3=5, ni 2x3=7

El error es tolerante, indiferente: lo mismo le da 2x3=6 que 2x3=5 que 2x3=7.

Pero lo mejor no es siempre el término medio.

Si uno prefiere la leche fría y otro la prefiere caliente es posible que los dos acepten la leche templada, a la temperatura ambiente.

Pero si uno dice que la capital de España es Madrid y otro que es Santander, no vale decir que será Burgos que está entra las dos ciudades. A veces la verdad está en un extremo.

Sin embargo, la caridad es tolerante: acepta la persona equivocada, aunque rechace el error, porque el error no tiene derechos.

Y el fanatismo es intransigente: el fanático es capaz de matar al que no piensa como él.

 

Hay valores que son relativos porque depende del punto de vista. Una ficha de dominó puesta de pie es blanca o negra según desde donde se mire.

O del modo de mirar: un tablero de ajedrez para uno puede ser una tabla blanca con cuadros negros, y para otro una tabla negra con cuadros blancos.

 Una medicina es buena para un niño si es dulce, pero para un médico lo será si cura. Para un comerciante un artículo es bueno si le da dinero, pero para el comprador será bueno si es barato y eficaz. Etc., etc.

 

Cuando se trata de valores subjetivos cada uno puede tener su verdad. Pero cuando se trata de valores objetivos, la verdad objetiva es la misma para todos.

Por ejemplo: uno puede dormir mejor con la ventana de la habitación abierta y otro con ella cerrada. La temperatura ideal para dormir puede variar según las personas. Pero las temperaturas de la evaporación del agua y su solidificación son siempre 100º y 0º centígrados respectivamente.

 

Ha dicho el Cardenal Ratzinger: «La tolerancia que todo lo acepta se despreocupa de la verdad»[109].

 

Frente a los múltiples errores, hay una verdad objetiva.

Verdad subjetiva es lo que a mí me parece. Verdad objetiva es lo que responde a la realidad.

Frente a la verdad objetiva no somos libres. Tenemos obligación de someternos a la verdad objetiva.

Todos los médicos tienen obligación de decir que el órgano de la visión es el ojo, ninguno puede decir que vemos por la nariz.

Todos los químicos del mundo tienen la obligación de decir que el agua es H2O, ninguno puede decir que es ClNa.

Todos los matemáticos del mundo tienen obligación de decir que _ es la relación de la circunferencia a su diámetro, una constante, que en el sistema decimal es 3,141592... y no 8,2432...

 

Si a un niño le dan un mapa con todas las ciudades de Europa para que señale las capitales de cada nación, y él elige las ciudades que más le gustan por su nombre, esto no cambia la verdad. Las capitales seguirán siendo las que son independientemente del parecer del niño.

La verdad no me permite opinar libremente lo que yo prefiera.

La verdad orienta la libertad, no la quita. Como las vías del tren que orientan la ruta del tren, pero no le impiden avanzar, sino que le ayudan. Un tren fuera de la vía, se despeña.

Subordinar la verdad a mi libertad es ridículo. La mentira no interesa a nadie con sentido común: queremos café de verdad, no agua sucia; medicinas de verdad, no pócimas ineficaces; amistad de verdad, no traidores.

Todo esto es indiscutible para una persona normal.

Lo mismo pasa con la verdad religiosa. El bien de la libertad religiosa no es el tener libertad para elegir el error, sino elegir libremente la verdad sin sentirse coaccionado.

 

La manipulación que con frecuencia ofrecen los medios de comunicación nos dificulta conocer la verdad objetiva. Nos presentan atractivo o razonable lo que quieren inculcarnos: modos de presentar el aborto y la eutanasia. Nos llevan a donde quieren engañados. Nos vencen sin convencernos. Otra cosa es que nos convenzan con razones. Esto sería recto.

Para no dejarnos engañar hay que tener claras las ideas y los auténticos valores. Saber distinguir entre lo relativo y lo absoluto. Hay cosas que varían según el punto de vista: el color de la ficha de dominó. O que depende de las circunstancias: ahora mismo aquí son las doce del mediodía, y en Miami son las seis de la mañana. Pero hay verdades invariables en todas las circunstancias.

Estas tertulias de televisión donde todos opinan, y al final no se saca ninguna conclusión, más que aclarar lo que hacen es confundir.

Hoy vivimos un exceso de información. Es imposible leer todo lo que me llega. Hay que seleccionar. Si es malo no estar informado, también lo es estarlo demasiado. No toda información es fiable, ni recta. Hay que tener criterio.

Vivimos una sociedad donde prevalece la información. Se ha dicho que sólo existe aquello de lo que se informa.Pero no se debe informar de todo. La palabra «censura» tiene mala prensa, pero es necesario establecer un modo de autocontrol en la medios de comunicación para no divulgar lo que puede hacer daño: pornografía, incesto, paidofilia, crueldad, nombre del testigo que ha denunciado al terrorista, etc.

Todas estas ideas sobre la información se las oí a Alfonso López Quintás, académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, en su magnífica conferencia durante el TERCER CONGRESO DE CATÓLICOS EN LA VIDA PÚBLICA que organizó el CEU de Madrid.

Allí habló también el profesor italiano Rocco Buttiglione del cual son estas ideas: Dice Santo Tomás que el hombre es un ser libre e inteligente.Para poder decidir tiene que ser libre, y para poder juzgar tiene que ser inteligente. Pero para que el juicio sea verdadero tiene que estar bien informado. Si la información está equivocada. también lo estará el juicio y la decisión. El exceso de información que recibimos hace difícil el seleccionar lo verdadero  y lo importante. Hay mucha información manipulada. Si no está permitido contaminar el ambiente físico, peor es contaminar el ambiente moral.

 

Hay verdades absolutas y verdades relativas. La temperatura de 0º es frío para un andaluz, pero no lo es para un noruego que vive a 20º bajo cero. Pero hay verdades absolutas, como el valor de _ (3,14159265...) o la fórmula del agua (H2O).

Hoy hay gente que defiende el relativismo universal de la verdad. Pero sus afirmaciones relativistas van contra ellos. Dicen:

- «No hay verdades absolutas». Luego esto que dices tampoco lo es.

- «Nadie puede conocer la verdad». Luego tú tampoco.

- «No seas dogmático con tus afirmaciones». Es lo que haces tú con las tuyas.

- «No pretendas imponerme tu verdad». Es lo que quieres hacer tú con la tuya.

 

La verdad objetiva es dogmática, invariable. El error es libre. Para encontrar la verdad hay un sólo camino. Para equivocarse hay muchísimos.

En la estación del ferrocarril un sólo tren me lleva a mi destino. Todos los demás me pierden.

¿Qué diríais de una maestra de escuela que al preguntar a los niños cuántos son 2+2 y uno le dice 22, otro 20, otro 10, otro 4. Y ella da por buenas todas las respuestas. Y cuando el que dijo 4 protestó de que sólo él acertó, ella le responde que no hay que ser intransigente ni dogmático, que todas las opiniones son buenas, que cada uno puede tener su opinión. ¡Evidentemente esa maestra es inepta para enseñar matemáticas! Pues si esto es así en las matemáticas, es mucho más importante cuando se trata de las verdades referentes a la salvación eterna[110] .

 

Hoy algunos cambian la verdad objetiva por la opinión personal («eso para mí no es pecado»), la belleza estética por la moda (moda de pantalones tejanos  sucios y rotos), y la bondad ética por el placer (libertinaje sexual). Pero siempre quedará en pie que los tres grandes valores del ser son la verdad, la belleza y el bien.

 

Incluso en cosas accidentales no siempre podemos cambiarlas a nuestro capricho.

El orden de las letras del abecedario es el que es, y yo no puedo alterarlo a mi capricho, aunque en absoluto podría ser otro. Pero así está establecido para todos. No depende de la voluntad de cada uno.

 

La fe es libre, no en el sentido de que dé lo mismo creer que no creer; sino que al no ser axiomática no se impone a la razón, sino que ésta queda en libertad para aceptarla o rechazarla a pesar de que sea razonable[111] . Aunque la fe sea oscura. Ya lo dice la Biblia: La fe es garantía de lo que se espera y convicción de las realidades que  no se ven[112] .

Es oscura, porque no es evidente. Sin embargo es cierta porque son verdades reveladas por Dios, que no puede engañarse ni engañarnos.

Y los motivos de credibilidad la hacen razonable[113] .

 

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38,3. «Dogma es una verdad revelada por Dios y propuesta como tal por el Magisterio de la Iglesia a los fieles con obligación de creer en ella»[114] . «Se apoya en la autoridad de Dios, por eso tenemos obligación de creerla»[115].

 

A veces la Iglesia define algunas verdades dogmas de fe. No es que esas cosas empiecen entonces a ser verdad. Son verdades que siempre han existido; pero que su creencia ha empezado a ser obligatoria al definirse.

La definición de una doctrina no es su invención, sino la declaración autoritativa de que ha sido revelada por Dios, es decir, que forma parte del conjunto de verdades que constituyen la Revelación cristiana.

Algunas veces la aparición de nuevos errores obliga a la Iglesia a definir y declarar más lo que siempre ha sido verdad, pero que las circunstancias del momento reclaman aclaración.

 

Los dogmas no son verdades que la Iglesia impone arbitrariamente. Son iluminaciones de la verdad objetiva. No son muros para nuestra inteligencia. Son ventanas a la luz de la verdad.

Algunos dicen: «La vida es movimiento. Estancarse es morir. Las ideas petrificadas no hacen avanzar a la humanidad». Esto es verdad sólo en parte. Hay verdades definitivas -y los dogmas lo son- que cambiarlas no es avanzar sino retroceder. Quien quiera cambiar que «la suma de los ángulos de un triángulo vale dos rectos», no avanza, sino que retrocede al error.

 

El norteamericano Fukuyans, de origen japonés, pretende que la Iglesia Católica renuncie a declarar que su doctrina es la verdad absoluta, y se vuelva tolerante contentándose con ser una opinión más en la sociedad, igual que las otras[116]. Esto es tan ridículo como pedirle a un químico que sea tolerante y acepte que el agua es NH3 en lugar de H2O; o pedirle a un matemático que sea tolerante y acepte que _ es 8,2014 en lugar de 3,1416.

Herzason dice que aceptar dogmas carentes de demostración es una aberración[117] . Yo le preguntaría si ha exigido a su padre la prueba de paternidad. Sólo el proponérselo sería una gran ofensa para sus padres. Es decir, que él ha caído en su propia trampa. Creer un dogma es fiarme del que lo dice.

 

El contenido de los dogmas es inmutable, pero la formulación de ese contenido se puede desarrollar para acomodarse mejor al modo de hablar de los tiempos.

El Magisterio de la Iglesia puede ir mejorando el modo de expresar las verdades que creemos[118] . Toda formulación dogmática puede ser mejorada, ampliada y profundizada[119].

Pero ninguna formulación dogmática del futuro puede contradecir el sentido de anteriores formulaciones, sino solamente completar lo que ya ha sido expresado por ellas.

Otras veces un estudio cada vez más profundo nos hace progresar en nuestro conocimiento de la Revelación, y nos hace ver más claramente verdades que antes no parecían tan claras[120] .

La Iglesia, asistida por el Espíritu Santo, penetra cada vez más profundamente en el contenido de la Revelación Divina, descubriendo nuevos aspectos en ella implícitos, como son los dogmas de la Inmaculada Concepción y de la Asunción.

 

La Revelación fue un hecho histórico, y no puede crecer el número de verdades reveladas contenidas en el depósito de la Revelación que es la Sagrada Escritura y la Tradición, porque este depósito, quedó cerrado con la muerte del último Apóstol[121] .

«Ninguna verdad puede añadirse a la fe católica que no esté contenida, explícita o implícitamente, en este depósito revelado. (...) Lo único que cabe es una mayor explicación de los dogmas, pero conservando el mismo sentido, que es definitivo e indeformable una vez definido por la Iglesia»[122] .

Sí puede y debe crecer continua y armónicamente nuestro conocimiento del dogma, pasando de lo implícito a lo explícito.

Y la Iglesia, al crecer con el tiempo los conocimientos humanos, puede aprobar infaliblemente este progreso.

No es esto crear nuevas verdades reveladas: es descubrir lo que se encerraba en el viejo legado de los Apóstoles. Lo mismo que las estrellas del firmamento descubiertas últimamente existían mucho antes, pero nosotros hasta ahora no las hemos conocido.

 

«No podemos decir que nuestras formulaciones de fe sean las mejores posibles. Están sujetas a perfeccionamiento. Pero sin contradecir nunca u olvidar el sentido primitivo»[123].

 

«Los enunciados dogmáticos, aun reflejando, a veces, la cultura del período en que se formulan, presentan una verdad estable y definitiva»[124].

 

Para que una cosa sea dogma de fe es necesario que haya sido revelada por Dios, y que la Iglesia así lo declare[125] . Bien sea por una declaración solemne o por la enseñanza de su Magisterio Ordinario.

«Pero el ámbito de las verdades de fe es mucho más amplio que el de las verdades expresamente definidas. Hay verdades que llamamos ‘de fe divina’ porque se encuentran en la Sagrada Escritura o en la Tradición, que han de ser igualmente creídas, pero que no han sido nunca definidas, como es el caso de la resurrección de Cristo.

Nadie ha negado en la historia esta verdad; y por eso la Iglesia no ha sentido la necesidad de definirla»[126] .

 

El Depósito de la Revelación Pública acabó con la muerte del último Apóstol[127] . Cualquier otra revelación es enteramente privada, y no puede tener valor, a no ser que esté de acuerdo con la única Revelación Pública que Dios ha hecho a los Apóstoles.

«La fe cristiana no puede aceptar ‘revelaciones’ que pretenden corregir la Revelación de Cristo. Es el caso de ciertas religiones no cristianas, y también de ciertas sectas recientes»[128] .

 

La Revelación ha terminado pero «nosotros debemos usar nuestra inteligencia para explorar el dato revelado, deduciendo verdades que a primera vista no aparecen claramente explícitas en el mismo, pero que no por eso dejan de estar contenidas virtualmente en él. (...) La garantía de lo que así descubrimos está en la Iglesia, portadora de toda la Tradición cristiana e intérprete autorizado de la Escritura Santa. (...) Es función del Magisterio definir los contenidos de la Revelación. (...) La teología no debe suplantar al Magisterio. (...) La última palabra la tiene el Magisterio»[129] .

«Algunos teólogos que critican la doctrina del Magisterio de la Iglesia, después quieren que sus opiniones personales sean doctrina infalible»[130] .

A propósito de esto dijo el Papa Pablo VI a los participantes en el Primer Congreso Internacional de Teología del Concilio Vaticano II, el 1º de Octubre de 1966: «Los teólogos deben investigar el dato revelado para iluminar los artículos de la fe; pero sus aportaciones quedan sujetas a la enseñanza del Magisterio auténtico. (...) Su preocupación ha de ser proponer la verdad universal creída en la Iglesia bajo la guía del Magisterio más que sus ideas personales».

Al Magisterio de la Iglesia hay que obedecerle, no sólo cuando se trata de verdades de fe, sino también cuando se refiere a opiniones que pueden desorientar al pueblo de Dios; pues también en estos casos está protegido por la autoridad recibida de Dios, cosa que el teólogo, como tal, no tiene, por mucha ciencia que tenga[131] .

Por eso dice el Sínodo de los Obispos de 1967: «No les corresponde a ellos la función de enseñar auténticamente».

 

La Conferencia Episcopal Española ha hecho una llamada a «la responsabilidad de los teólogos» para que acaten los planteamientos de la encíclica Veritatis Splendor sobre las cuestiones fundamentales de la moral y su enseñanza. En el documento titulado Nota sobre la enseñanza de la moral  alude a los teólogos «que disienten públicamente de la enseñanza del Magisterio. (...) Es necesario evitar esta actitud que empobrece y esteriliza el trabajo teológico y lo vuelve contraproducente para la misión evangelizadora de la Iglesia»[132] .

 

«Los que ejercitan el Magisterio de la Iglesia son exclusivamente el Papa y los Obispos, porque a ellos solamente ha confiado Jesucristo la potestad de enseñar»[133] .

«Fuera de los legítimos sucesores de los Apóstoles (que son el Papa y los Obispos) no hay otros Maestros de derecho divino en la Iglesia de Cristo»[134] . Cuando el Papa habla en una encíclica enseña como auténtico Maestro y no como un doctor más. Por eso no es válido apelar a la autoridad de otro teólogo para sostener lo contrario de lo que el Papa ha enseñado.

«Los fieles católicos han de aceptar las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia con obediencia religiosa, sabiendo que les obliga en conciencia»[135] .

«La misión del Magisterio de la Iglesia es velar para que el Pueblo de Dios permanezca en la verdad»[136].

 

La Iglesia se compone de Pueblo de Dios y Jerarquía: pluralidad en los súbditos y autoridad que unifica mirando por el bien común de todos[137] , pues hay que armonizar el pluralismo en lo accidental con la unidad en lo esencial.

No son dos Iglesias, sino dos partes de una única Iglesia. Separar estas dos partes sería la muerte de la Iglesia; como es la muerte de una persona separar el cuerpo del alma.

 

Un católico tiene que aceptar todos los dogmas de fe revelados por Dios. No puede rechazar ni uno. O se es católico del todo, o se deja de ser católico. No se puede ser «casi católico», lo mismo que no se puede estar «casi vivo», porque eso es estar muerto. Si «casi» me toca la lotería, no tengo derecho a cobrar el premio: o me toca el número entero o no me ha tocado. El «casi» me toca, no vale.

 

«Esta sumisión al Santo Padre es exigida también a los sacerdotes y teólogos. Quienes instruyen a otros en la fe, tienen que enseñar el mensaje auténtico de la Iglesia. El católico tiene derecho a ser enseñado por un sacerdote que esté de acuerdo con el Papa»[138] . Quien desobedece a la Jerarquía Eclesiástica desobedece al mismo Jesucristo. Él nos dijo: «El que a vosotros escucha, a Mí me escucha; el que a vosotros desprecia, a Mí me desprecia. Y el que me desprecie a Mí desprecia a Aquél que me ha enviado»[139] .

 

La fe de la Iglesia está condensada en el Credo de los Apóstoles. Se le suele llamar símbolo, que es una profesión de fe abreviada.

El Credo de los Apóstoles fue retocado por los Concilios de Nicea y Constantinopla para aclarar la doctrina revelada frente a las herejías que entonces empezaban a aparecer.

En los Apéndices tienes las dos fórmulas.

 

«El Romano Pontífice y los Obispos, como maestros auténticos, predican al Pueblo de Dios la fe que debe ser creída y aplicada a las costumbres. A ellos corresponde también pronunciarse sobre las cuestiones morales que atañen a la ley natural y a la razón»[140] .

38,4. La Iglesia es nuestra Madre que procura nuestro bien, no sólo en esta vida, sino también en la otra.

La Iglesia es nuestra Madre, pues en su seno somos engendrados como «hijos de Dios» y Ella nos alimenta espiritualmente, y nos ayuda a crecer para que estemos maduros para el «Reino de los cielos».

 

La doctrina que la Iglesia enseña es santa, y haría el mundo mejor si los hombres le hiciesen caso.

Pero, desgraciadamente, son muchos -también entre los que se dan el nombre de cristianos- los que la desobedecen por seguir sus pasiones y egoísmos.

La Iglesia ilumina al mundo con la luz contenida en el mensaje de Cristo. Si hay quien rechaza esta luz, no es por culpa de la Iglesia, sino de los hombres que la rechazan.

La virtud y el camino del cielo son a veces costosos a nuestra naturaleza caída en el pecado. Pero ya dijo Jesucristo que el camino del cielo no es fácil, ancho y cuesta abajo, sino que es estrecho, costoso y cuesta arriba. Lo que mucho vale, mucho cuesta[141] 

 

  Con todo, a pesar de los pecados de los malos cristianos, la santidad de la Iglesia y su doctrina queda en pie, porque son muchos los que por ella se han hecho santos. No son las manzanas podridas caídas del árbol, sino las que cuelgan de sus ramas, las que dicen que el árbol es bueno.

La Iglesia siempre condena el pecado, aunque no pueda privar de la libertad de pecar.

Cuando la Iglesia manda o prohíbe, no pretende de ninguna manera molestarnos ni hacernos la vida menos agradable. La Iglesia en todo busca nuestro bien, por eso prohíbe lo que nos daña, aunque nos gustaría hacerlo. Tampoco los buenos padres que educan bien a sus hijos les conceden todo lo que ellos quieren.

«Hay que obedecer las leyes de la Iglesia con toda fidelidad porque están dadas con la autoridad de Cristo, que Él comunicó a los Apóstoles»[142] .

 

La Iglesia Católica es la institución que más ha contribuido al progreso moral de la humanidad. Ella regeneró al individuo, libertándolo de la esclavitud; regeneró a la mujer, devolviéndole su dignidad; regeneró la familia, exigiendo para ella todos los derechos que le corresponden; regeneró la sociedad, transformando el Estado déspota y tirano en el Estado que recibe su autoridad de Dios y que sólo puede ejercerla en bien de sus súbditos.

La Iglesia Católica es Madre de la civilización occidental. Ella ha inspirado la arquitectura medieval, la pintura del Siglo de Oro, la escultura de todos los tiempos y hasta las grandes obras musicales.

Es imposible enseñar historia, arte o pensamiento prescindiendo de la Iglesia.

 

La Iglesia fundó los primeros hospitales, asilos y orfanatos de la Historia.

Las primeras escuelas de Europa nacieron a la sombra de los conventos de religiosos, y las universidades más célebres han sido fundadas por Papas. De las cincuenta y dos universidades europeas anteriores anteriores a 1400, cuarenta fueron fundadas por los Papas. Así París, Montpellier,  Oxford, Cambridge, Heidelberg, Leiptzig, Colonia, Varsovia, Cracovia, Vilna, Lovaina, Roma, Padua, Bolonia, Pisa, Ferrara, Alcalá, Salamanca, Valladolid, etc.[143] 

Europa ha llegado a lo que es por el cristianismo. Si permitimos que se descristianice, se derrumbará. Ya lo dijo Dostoieski: «El occidente ha perdido a Cristo y por eso perecerá».

«Dios no concede a nadie privilegios de validez eterna. Si un pueblo deja de cumplir su voluntad, el Señor llama a otro pueblo y le confía esa misión, dejando que el anterior baje a la tumba que él mismo se cavó»[144] .

 

Algunos censuran las riquezas de la Iglesia.

Es verdad que el Museo Vaticano vale mucho dinero. Pero eso no se puede vender. Es patrimonio de la humanidad, aunque esté en manos de la Iglesia.

Lo mismo que el gobierno español no puede vender el Museo del Prado para remediar una situación económica ruinosa.

El Museo del Prado es propiedad de todas las generaciones de españoles, no sólo de la nuestra.

 

Por otra parte la Iglesia contribuye mucho a remediar las necesidades de la humanidad. A parte de lo que hacen privadamente los católicos y las Órdenes Religiosas, el Vaticano, en 1966, dedicó setecientos millones a ayuda humanitaria[145] 

 Y en el Vaticano hay más de cien organizaciones que se dedican a repartir limosnas a los pobres de todo el mundo.

 «En el último ejercicio, el Óbolo de San Pedro ha recogido 52.456.054,37 dólares. Según ha podido saber «Zenit», en este año, Juan Pablo II ha destinado 1.720.000 dólares a las poblaciones afectadas por calamidades y para proyectos de promoción cristiana; 1.313.000 dólares para las comunidades indígenas,  mestizas,  afroamericanas  y  campesinos  pobres  de  América  Latina;  1.800.000 dólares para la lucha contra la desertización y la carencia de agua en el Sahel. La gran mayoría de las ayudas del Papa son cantidades menos consistentes, de miles o cientos de miles de dólares, que no sólo pretenden ofrecer un remedio concreto, sino también estimular la solidaridad y caridad»[146] .

En 1999 el Vaticano dio treinta millones de dólares en ayudas[147].

Y este mismo año 1999 Caritas  Internacional  destinó ochenta y dos millones de dólares para auxiliar a las víctimas de sesenta y cuatro situaciones de emergencia en el mundo[148] .

Cáritas Española invirtió en 1998 más de 19.000 millones de pesetas en la lucha contra la pobreza[149].

 

Hay quienes dividen a los católicos en «conservadores» y «progresistas».

Esta división es muy simplista. Todos debemos ser, al mismo tiempo, conservadores y progresistas. Debemos conservar la verdad y ser fieles a ella. Pero también debemos progresar en la profundización de su conocimiento.

Si no conservamos bien la verdad, se corrompe; como un alimento mal conservado.

Pero también debemos avanzar en su conocimiento.

Lo funesto sería avanzar por un camino equivocado: terminaríamos en el error[150] 

 

«Hoy está de moda el ser contestatario.

»Sin embargo al Papa le corresponde vigilar la doctrina y la buena marcha de la Iglesia[151] .

»Oponer nuestro criterio al Magisterio de la Iglesia, ridiculizar toda ascética de renuncias desde la mortificación voluntaria del cuerpo hasta la renuncia del propio criterio, etc., es desconocer los valores cristianos que son locura para el mundo, pero que tienen la consistencia de la sabiduría de la cruz.

»No podemos olvidar que el camino de la Encarnación terminó en el Calvario. Un cristianismo sin cruz, será muy humano, pero no es el de Jesús»[152]..

«Hay muchos -incluso cristianos- que se portan como enemigos de la cruz de Cristo. Muchos a quienes la predicación de la cruz parece una necedad. Muchos que huyen de la cruz como el diablo; para quienes la palabra “mortificación” es ininteligible; para quienes la penitencia es algo que pertenece a lo que reputan mentalidad estrecha y un tanto supersticiosa del pasado. Éstos, generalmente, si es que no lo han perdido, tienen considerablemente atrofiado el sentido del pecado y de la responsabilidad, y además demuestran una ignorancia del cristianismo comparable tan sólo a su propia falta de solidaridad con el que es el “primogénito de los hermanos” y cabeza del Cuerpo al que, por ser cristianos, pertenecen. (...) Hay una relación muy precisa y directa entre la capacidad de amor y la capacidad de sufrimiento. Quien no es capaz de sufrir, no es capaz de amar. Si los santos han deseado ardientemente el sufrimiento es porque su amor a Cristo les llevaba a padecer con Él. Si nosotros no lo deseamos, antes al contrario, lo rehuimos, es síntoma de que todavía nos queremos demasiado a nosotros mismos. Acaso nos fuera muy útil examinar, de vez en cuando, el estado de nuestro amor a la cruz para poder atisbar el grado de amor de Dios que encerramos en nuestra alma»[153] .

 

Algunos dicen: «Cristo, sí; Iglesia, no».

Pero ya dijo San Agustín: «No puede tener a Cristo por Padre quien no tiene a la Iglesia por Madre»[154] .

 «No se puede ser de Cristo sin serlo de la Iglesia, que es el ‘Cuerpo Místico de Cristo’ de quien Él es la cabeza»[155] .

 

«A Cristo nos incorporamos en y por su Iglesia; y sólo dentro de ella la vida de Cristo se hace de verdad vida nuestra»[156] .

Por eso el Concilio Vaticano II llama a la Iglesia «sacramento universal de salvación»[157] .

El Cardenal Newman que era anglicano y se convirtió al catolicismo decía: «quien rechaza a la Iglesia se equivoca»[158]; y añade, «hace inútil para sí lo que Dios puso para bien nuestro»[159] .

 

 La frase «fuera de la Iglesia no hay salvación» es de San Cipriano en lucha contra los movimientos de escisión que se daban en su comunidad[160] 

Quien conociendo a la Iglesia la rechaza, compromete su salvación[161], dice el Concilio Vaticano II.

 

Hoy abunda en la Iglesia el tipo de contestatario que adopta una postura de protesta ante todo. Uno no puede evitar pensar en aquello del Evangelio: «Ven la paja en el ojo ajeno y no ven la viga en el propio»[162] . ¿No sería mejor que corrigieran sus defectos antes de protestar de los ajenos?

 

Uno de los contestatarios más famosos de nuestro tiempo es Hans Küng.

Vittorio Messori asistió a una rueda de prensa que él ofreció para presentar uno de sus libros. Hans Küng dijo, entre otras cosas, que la Iglesia Católica debía aceptar los sacerdotes casados, las mujeres sacerdotes, los divorciados vueltos a casar, el aborto libre...

Un pastor protestante se levantó y le dijo:

- Todas esas reformas que pide Vd. a la Iglesia Católica las tenemos los protestantes desde hace mucho tiempo, y sin embargo nuestros templos están más vacíos que las iglesias católicas.

Hans Küng no le contestó[163] .

 

Algunos reniegan de la Iglesia porque dicen que hay católicos malos.

Según eso tampoco pueden ser protestantes porque también los hay malos. Y, consiguientemente, ni budistas, ni españoles, ni franceses, ni siquiera hombres, porque también hay hombres malos. Absurdo.

 

Si la Iglesia Católica es la única en el mundo fundada por Cristo-Dios, ella será la única verdadera, aunque todos los católicos fueran malos.

 

Hoy es frecuente un tipo de católico «por libre» que vive al margen de la Iglesia, prescinde de la Institución, del Magisterio, etc.

 

Esto es tan absurdo como si uno dijera que él se siente español, pero ni saca carnet de identidad, ni está en el censo, ni el registro civil, ni nada.

Éste será un apátrida, pero no un español.

Es verdad, que lo principal es el corazón, pero hay que institucionalizar la situación.

 

A veces se oye decir: «Yo soy católico, pero no practico».

Esto no es coherente.

Quien pertenece a una asociación, si es coherente, cumple su reglamento.

De poco sirve afirmar que se es católico de corazón, si después las obras no son de católico.

Como si uno que se las da de católico, luego se casa sólo por lo civil.

Esto es un contrasentido. Por eso la Iglesia Católica a ése le prohíbe la comunión eucarística.

Toda ideología, para que sea sincera, exige un compromiso de vida.

Las afirmaciones deben estar confirmadas por las obras. Sería ridículo decir: «yo soy escritor, pero nunca he escrito ni una línea»; o «yo soy futbolista, pero jamás he dado una patada a un balón».

 

Una auténtica vivencia religiosa debe contener cuatro cosas:

a) un credo: sistema de verdades;

 b) una ética: valores morales;

c) unos ritos: comportamientos;

 d) una respuesta social: compromiso.

Son necesarias las cuatro cosas.

Quien olvida alguna de ellas tendrá una vivencia religiosa deforme.

 

Monseñor Elías Yanes dijo en el Sínodo celebrado en Roma en Octubre de 1994: «Algunos mantienen una actitud hacia el Magisterio de la Iglesia como si se tratase de una amenaza de la cual defenderse. Esta actitud debilita o rompe la comunión eclesial, destruye el fervor de la fe y de la caridad, y esteriliza la acción evangelizadora. El Magisterio es un don de Dios a su Iglesia que debemos recibir con  gratitud y humildad. El testimonio de fidelidad al Magisterio de la Iglesia debe manifestarse con especial claridad en la catequesis, en la enseñanza de la teología, en las publicaciones y en los medios de comunicación»[164] .

«Ni ha existido ni existirá nunca otro catolicismo que el preceptuado, sostenido y defendido por La Santa Sede. El acatamiento a los mandamientos del Papa es la primera señal del católico»[165] .

 

38,5. Hoy se habla mucho de libertad.

Como dijo Juan Pablo II, «la libertad no consiste en hacer lo que nos gusta, sino en tener el derecho de hacer lo que debemos».

«La libertad está condicionada por el deber. La libertad absoluta es la absoluta anarquía»[166].

Dice José Ortega y Gasset: «No se puede hacer sino lo que cada cual tiene que hacer»[167] .

 

Libertad es la facultad de poder practicar el bien sin ningún obstáculo exterior ni interior a nosotros mismos.

La facultad de poder hacer el mal, no es libertad sino depravación, libertinaje y esclavitud a las pasiones[168] .

Dice el psicólogo Enrique Rojas: «No eres más libre cuando haces lo que te apetece, sino cuando eliges aquello que te hace más persona»[169] .

La grandeza del hombre está en poder elegir entre el bien y el mal. Pero ahí radica también su responsabilidad que le hace merecedor de premio o castigo. Dice San Pablo: «Cada cual recibirá lo que mereció durante su vida mortal, conforme a lo que hizo, bueno o malo».[170] 

 

El 22 de mayo de 1986 la Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe del Vaticano, publicó una Instrucción sobre Libertad cristiana y liberación, donde dice: «La auténtica libertad no lo es para hacer cualquier cosa, sino para hacer el bien. La Verdad y la Justicia constituyen la medida de la auténtica libertad. El hombre cayendo en la mentira y en la injusticia en lugar de realizarse se destruye (nº26). La libertad se manifiesta como una liberación del mal moral (nº27). El pecado del hombre es la causa radical de las tragedias que marcan la historia de la libertad (nº37). El desconocimiento culpable de Dios desencadena las pasiones que son causa del desequilibrio y de los desórdenes que afectan la esfera familiar y social (nº39). Las comunidades de base y otros grupos cristianos son una riqueza para la Iglesia universal, si son fieles a las enseñanzas del Magisterio, al orden jurídico y a la vida sacramental (nº69)»[171] .

 

39.- El Jefe de la Iglesia Católica es Su Santidad el Papa, representante de Cristo en la Tierra, que lo ha puesto al frente de su Iglesia para que la guíe y cuide de su unidad.

 

39,1. El Papa es el Sumo Pontífice de Roma, sucesor de San Pedro[172] , a quien todos estamos obligados a obedecer[173], «no sólo en las materias que pertenecen a la fe y a las costumbres, sino también en las de régimen y disciplina de la Iglesia»[174]

La Iglesia afirma que el Papa es el sucesor de San Pedro[175] .

El mismo Pablo VI dijo ante millares de personas en Bombay: «¿Quién es este peregrino? El siervo y mensajero de Jesucristo, puesto por la Divina Providencia a la cabeza de su Iglesia como sucesor de San Pedro, Príncipe de los Apóstoles»[176] .

 

Es Maestro Infalible, porque cuando habla como Jefe de la Iglesia Universal[177] ejerciendo el supremo grado de su autoridad y define como obligatorias verdades de fe y moral, no se puede equivocar[178] .

«Infalibilidad es la preservación del error, fruto de la asistencia divina. (...) Su fundamento es la asistencia de Dios. En Dios se encuentra toda la verdad. Y Dios no miente[179] . Él ha querido dar a su Iglesia este don de permanecer en la verdad»[180] .

Si el Papa pudiera equivocarse al enseñar lo que es obligatorio creer o hacer para salvarse, nos desorientaría en el camino de la salvación; y Dios, que nos manda obedecer al Papa, sería el culpable de nuestra condenación.

Esto es absurdo. Luego se comprende que el Papa tiene que ser infalible cuando señala el camino de la salvación.

Esta  asistencia espiritual la prometió Jesucristo cuando dijo: «Yo estaré con vosotros hasta el final de los tiempos»[181] . «Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella»[182].

    «Si alguna vez la Iglesia dogmáticamente enseñara alguna herejía, (...) entonces dejaría de ser la Iglesia de Jesús y las puertas del infierno habrían prevalecido contra ella. Por eso no es posible que la Iglesia enseñe dogmas erróneos. Si lo hace, las puertas del infierno habrán prevalecido contra ella»[183].

 

La infalibilidad del Papa es dogma de fe.

Dice el Concilio Vaticano I: «Definimos ser dogma divinamente revelado que el Romano Pontífice cuando habla ‘ex cathedra’ esto es, cuando cumpliendo su cargo de Pastor y Maestro de todos los cristianos, define con su suprema autoridad apostólica, que una doctrina sobre la fe y costumbres debe ser sostenida por la Iglesia Universal... goza de aquella infalibilidad que el Redentor Divino quiso que estuviera en su Iglesia»[184].

La categoría «ex cathedra» se manifiesta con las palabras: «proclamamos y definimos que...».

 

La infalibilidad del Papa ha sido definida como dogma de fe en 1870. Desde entonces ha habido diez Papas (Pío IX, León XIII, Pío X, Benedicto XV, Pío  XI, Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II). En todo este tiempo sólo ha sido definido como dogma la Asunción, en 1950 por Pío XII. Y esta verdad estaba en la fe de la Iglesia desde el siglo VII.

 

      Para comprender este dogma conviene tener presente:

     1) SUJETO de la infalibilidad es todo Papa legítimo, en su calidad de sucesor de Pedro, y no otras personas u organismos a quienes el Papa confiere parte de su autoridad magisterial. Ejemplo: Congregaciones Pontificias.

     2) OBJETO de la infalibilidad son las verdades de fe y costumbres, reveladas o en íntima conexión con la revelación divina.     

      3) CONDICIÓN de la infalibilidad es que el Papa hable EX CÁTEDRA

     a) que hable como pastor y maestro de todos los fieles haciendo uso de su suprema autoridad.

      b) que tenga intención de definir alguna doctrina de fe o costumbres para que sea creída por todos los fieles. Las encíclicas pontificias no son definiciones «ex cátedra».

      4) RAZÓN de la infalibilidad es la asistencia sobrenatural del Espíritu Santo que preserva al supremo maestro de la Iglesia de TODO ERROR.

 5) CONSECUENCIA de la infalibilidad es que la definición «ex cátedra» de los Papas sean por sí mismas irreformables, sin la intervención ulterior de ninguna autoridad[185].

 

Para salvarse es necesario creer y aceptar toda la doctrina de Jesucristo. La auténtica doctrina de Jesucristo, no otra: «Id por todo el mundo - dijo Jesús a sus Apóstoles-  y predicad el Evangelio a toda criatura, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. El que creyere y se bautizare, se salvará; el que no creyere, se condenará»[186] . Esto supone garantía de que los que transmiten las enseñanzas de Jesucristo no se van a equivocar[187] .

Si la Iglesia no fuera infalible, Dios obligaría a los hombres a aceptar el error bajo pena de condenación eterna[188] . Esto es absurdo. Si Él nos obliga a creer lo que la Iglesia nos enseña es porque se compromete a que siempre enseñará la verdad: «Yo estaré con vosotros hasta el fin de los siglos»[189] .

Ahora bien, ¿qué garantías podemos tener nosotros a la distancia de veinte siglos, y a través de tantas teorías y opiniones humanas, de que la doctrina que nos enseña hoy la Iglesia es la auténtica doctrina de Jesucristo?

«¿Cómo se conservará este tesoro sin guardianes autorizados? ¿Cómo guardar incontaminada esta norma de vida, destinada a todos los pueblos y a todos los tiempos? (...) Su destino a la humanidad entera hacen indispensable la fundación de un magisterio y jerarquía en la Iglesia»[190] .

Jesucristo, fundador de la  Iglesia, si  quiso  hacer  efectivamente  una  Iglesia que llevase su mensaje a todos los tiempos y  a  todos  los  hombres, no  tuvo  más remedio que dotarla de un control adecuado, que impidiera absolutamente  el  que su doctrina fuera deformada a través de  los  siglos.  Este  control  es  una  especial asistencia  del  Espíritu  Santo  con  la  que  impide  absolutamente  el  error  en  su Iglesia, en lo que se refiere a la determinación de la auténtica doctrina revelada.

Le dice Jesucristo a Pedro: «Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, confirma a tus hermanos»[191] .

 

El Papa es infalible cuando determina o declara ex cathedra la auténtica doctrina revelada. Pero fuera de esto -por ejemplo, si predice el tiempo- el Papa se puede equivocar como otro hombre cualquiera.

 Es decir, que el Papa, en su vida ordinaria, aunque sea un hombre prudentísimo y de toda confianza, no es infalible. La infalibilidad está reservada a ciertas enseñanzas hechas con una solemnidad especial, de modo definitivo, que teológicamente se llama ex cathedra, en la que expresa su voluntad de obligar a toda la Iglesia a creer la verdad por él definida.

«Esto no significa que el Papa pueda sacarse los dogmas del bolsillo; sólo puede definir aquello que se encuentra en la Sagrada Escritura o en la Tradición»[192] 

Con todo, al Papa hay que obedecerle siempre; aun en las cosas que no es infalible[193]: lo mismo que los hijos tienen que obedecer a sus padres, aunque no sean infalibles.

El Magisterio de la Iglesia hay que aceptarlo incluso en lo no infalible, con religiosa sumisión; más que por los argumentos en que se apoya, por la autoridad que Cristo dio a su Iglesia para señalar el camino que nos lleva al Reino de los Cielos.

«Esta religiosa sumisión de la voluntad y del entendimiento se debe al magisterio auténtico del Romano Pontífice, de tal manera que se reconozca con reverencia su Magisterio Supremo, aunque no hable ex cathedra; y con sinceridad se adhiera al parecer expresado por él según el deseo que haya manifestado él mismo, como puede descubrirse, ya sea por la índole del documento, ya sea por la insistencia con que se repite una misma doctrina, ya sea también por las fórmulas empleadas»[194] .

«Un teólogo podría discrepar y seguir investigando; pero no desacreditar públicamente a la Iglesia, sino manteniendo un silencio obsequioso»[195] .

 

Para atacar la infalibilidad de la Iglesia se suele aducir la condenación de Galileo.

En primer lugar, conviene tener en cuenta que todos somos hijos de nuestro tiempo:En la Edad Media se moría la gente por enfermedades de las que hoy no se muere nadie.

El Derecho Romano admitía la esclavitud, y hoy se rechaza en el mundo entero.

La humanidad progresa en sus conocimientos técnicos y antropológicos.

Es ridículo pretender que la Iglesia de la Edad Media pensara como hoy en temas que no son dogmáticos: el geocentrismo era el modo de pensar de aquel tiempo.

Con todo, conviene advertir que la condenación de Galileo fue obra de una Congregación Romana, no del Papa en definición ex cathedra, que es la única infalible. Aparte de esto, la Iglesia, en aquel momento, juzgó a Galileo como los mejores astrónomos de su tiempo. Todos los que estudian los argumentos de Galileo (1564-1642) afirman que él no probaba su hipótesis[196]. Por eso no convenció a Tycho-Brahe (1546-1601), contemporáneo suyo, que siguió siendo geocentrista como Tolomeo[197], que, el siglo II después de Cristo, hizo a la Tierra el centro del universo[198].

«Galileo no pasó de probar la suma probabilidad del sistema de Copérnico sin conseguir demostrarlo con certeza»[199]. «Sus argumentos carecían de fuerza probativa, no ya ante la ciencia astronómica de aquel tiempo, sino ante la de hoy, mejor informada que entonces»[200].

«El mismo Galileo reconocía la debilidad de su argumentación»[201] .

El P. Antonio Romañá, S.I., Director del Observatorio de Astrofísica del Ebro, dice: «Galileo no pasó de probar la probabilidad del sistema de Copérnico,  sin conseguir demostrarlo con certeza»[202] .

Y el P. Antonio Dúe, S.I., Director del Observatorio de Cartuja: «Los argumentos de Galileo carecían de fuerza probativa»[203] .

 

Galileo tuvo la intuición de interpretar los textos bíblicos no literalmente como los teólogos de su tiempo, sino como hoy los interpretamos, sin saber él nada de los géneros literarios. En resumen, que como dice Walter Brand Muller: «Se da el paradójico resultado de que Galileo se equivocó en el campo de la Ciencia y los eclesiásticos en el campo de la Teología»[204] .

Cien años después se aportaron más y mejores pruebas, y en 1741 el Papa Benedicto XIV autorizó la publicación de las obras de Galileo en favor de la teoría heliocéntrica, que entonces estaban prohibidas[205].

Con todo hay que advertir que Galileo no fue condenado por su teoría heliocéntrica, pues lo mismo dijo Copérnico cien años antes y la Iglesia no se metió con él[206]. Es más, su obra fundamental, Las órbitas de los mundos celestes,  publicada en 1543, está dedicada al Papa Pablo III. Pero Copérnico presentaba sus ideas sólo como una hipótesis[207] .

«Galileo no fue condenado por lo que decía, sino como lo decía»[208].

Si Galileo se hubiera limitado a exponer sus ideas de modo hipotético, no absoluto, como le pedía Belarmino, no hubiera tenido problemas. Galileo fue condenado por su insistencia en interpretar la Sagrada Escritura[209].

Por eso le decía el santo cardenal Roberto Belarmino: «La Biblia no pretende enseñarnos cómo se mueve el cielo, sino cómo se va al cielo»[210] .

    «Ante la insuficiencia de sus argumentaciones astronómicas, Galileo utilizaba también textos de la Sagrada Escritura, interpretándolos a su manera, para fundamentar su posición»[211]. Galileo «quería demostrar que no había contradicción entre las Sagradas Escrituras y sus descubrimientos»[212] . «Interpretaba a su manera la Sagrada Escritura»[213] .

La Iglesia le dijo que se limitara a presentar sus ideas como una hipótesis científica[214] , y no quiso hacer caso[215] .

El error de Galileo fue entrar en un campo que no era el suyo. Olvidaba que el tema de la interpretación de las Sagradas Escrituras era un tema reservado a los especialistas[216] .

Según el embajador de Toscana, Pedro Guicciardini, Galileo «se mostró irascible, áspero, altanero y terco. Con las intemperancias de su lenguaje y de su carácter se atrajo la enemistad de hombres eminentes, y se acarreó amarguras y sinsabores»[217] .

 

Aunque la condena de la Iglesia a Galileo fue disciplinar y no dogmática[218], hoy se piensa que fue inoportuna. El Cardenal Paupard, Presidente del Consejo Pontificio de Cultura, dijo en una entrevista que le hizo Jesús Colina, Director de ZENIT, el Boletín informativo del Vaticano en INTERNET:

«Galileo sufrió mucho; pero la verdad histórica es  que  fue  condenado  sólo  a “formalem carcerem” –una especie de reclusión domiciliaria–, varios jueces se negaron a suscribir la sentencia, y el Papa de entonces no la firmó. Galileo pudo seguir trabajando en su ciencia y murió el 8 de enero de 1642 en su casa de Arcetri, cerca de Florencia. Viviani, que le acompañó durante su enfermedad, testimonia que murió con firmeza filosófica y cristiana, a los setenta y siete años de edad. Galileo, el científico, vivió y murió como un buen creyente»[219].

 

Y es que la Biblia nos enseña cómo se va al cielo, no cómo va el cielo (Baronio). Dios ha confiado el conocimiento de la estructura del mundo físico a las investigaciones de los hombres. La asistencia divina  en la Biblia no está para resolver problemas de orden científico.

 

39,2. Infalibilidad no significa impecabilidad.

El Papa -como todo hombre- puede tener sus faltas. Es más, en la Historia ha habido algunos Papas indignos, que no han sido ejemplares; aunque pocos. Habrán sido pecadores, pero siempre rectos en sus enseñanzas, pues siempre han sido infalibles[220] .

Con todo, gracias a Dios, tenemos en la Iglesia Católica un largo historial de Papas Santos. Se veneran en los altares setenta y siete Papas santos[221] 

Y treinta y uno murieron mártires.

 

«No hay tanta grandeza humana y tanta santidad en ninguna otra dinastía del mundo. ¿Qué valor le podemos dar a los que se fijan tan sólo en los tres o cuatro Papas que no hicieron honor a su puesto?

»Ludovico Pastor era un pastor protestante que leyó los archivos del Vaticano para escribir la Historia de los Papas. Él escribió todo: lo bueno y lo malo. Pero lo bueno apareció tan manifiesto a sus ojos que terminó convirtiéndose al catolicismo. La verdad borró sus prejuicios»[222].

El último Papa que ha subido a los altares con la corona de los Santos ha sido San Pío X, muerto en 1914.

 

40.-El Papa está en lugar de Jesucristo.

 

40,1. Jesucristo, antes de subir al cielo, dejó a San Pedro al frente de su Iglesia, comunicándole todos los poderes necesarios para desempeñar su cometido. El Papa tiene autoridad de Cristo-Dios para interpretar la ley divina. Cristo le dijo a San Pedro: «A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos, lo que ates o desates en la Tierra será atado o desatado en el cielo»[223] . Esto supone poder para legislar e imponer obligaciones[224] .Cristo le preguntó tres veces a Pedro si le amaba, antes de darle la orden de cuidar a sus ovejas, pues en el contexto judío tres afirmaciones cierran un trato[225] .El Papa es el sucesor de San Pedro y Vicario de Cristo en la Tierra[226] .

Por eso todos los católicos debemos obedecer al Papa en todo lo que él disponga para la buena marcha de la Iglesia. Cristo dotó a su Iglesia de todos los medios necesarios para conseguir su fin. Por eso la hizo jerárquica[227] .

La autoridad es necesaria. «No hay agrupación humana que no necesite un ordenamiento que haga posible la vida en común. (...) Donde hay una comunidad, allí hay forzosamente una institución como medio de salvar debidamente la convivencia, y conseguir eficazmente los fines que se pretenden. Se impone la fijación de unas normas de comportamiento y el deber de sujetarse a ellas. (...) La normativa institucional es una defensa contra la anarquía»[228] .¿Qué pasaría en Madrid o Barcelona sin normas de tráfico?

La misión de la jerarquía es garantizar la autenticidad en la fe y en la vida cristiana: «para que se crea lo que Dios quiere y como Dios quiere, y para que se administren los sacramentos que Cristo quiso y como Cristo quiso»[229] .

«Todos los grupos humanos: familias, asociaciones, pueblo o nación, necesitan una autoridad -del tipo que sea- para organizar, coordinar fuerzas, defender derechos, especialmente de los más débiles, y tomar responsablemente decisiones. Una sociedad sin autoridad acaba por disolverse.La autoridad justa y responsable es uno de los mejores servicios que se presta al pueblo. La autoridad es justa y razonable, cuando busca no los propios intereses, sino el bien de todos»[230] .

 

40,2. Los Obispos son los encargados de gobernar las diócesis bajo la autoridad del Papa[231] . «Ejercitan potestad propia y son, en verdad, los jefes del pueblo que gobiernan»[232], pues los Obispos son los sucesores de los Apóstoles[233], y administradores de Dios[234] .Ya en el siglo II, San Ireneo llama a los obispos sucesores de los Apóstoles: «Podemos contar con aquellos que han sido puestos por los Apóstoles como obispos y sucesores suyos hasta nuestros días»[235] .

 «La primera responsabilidad de los Obispos es combatir la herejía y guardar el depósito de la fe»[236] .

«Los Obispos, cuando enseñan en comunión con el Romano Pontífice, deben ser respetados por todos como los testigos de la verdad divina y católica; los fieles, por su parte, tienen obligación de aceptar y adherirse con religiosa sumisión del espíritu al parecer de su Obispo en materias de fe y de costumbres cuando él las expone en nombre de Cristo»[237].

Los Concilios Ecuménicos reúnen a todos los obispos del mundo para deliberar, bajo la dirección del Papa, sobre asuntos generales  de la Iglesia. Se han celebrado XXI. El primero fue el año 325 en Nicea, y el último de 1962 a 1965 en Roma. La lista de todos los Concilios Ecuménicos de la Iglesia está en 37,11.

 

40,3. Los sacerdotes se consagran a Dios para colaborar con el Papa y los Obispos en el cuidado de las almas predicando la Palabra de Dios y administrando los sacramentos[238]. Son también representantes de Jesucristo[239] , por esto merecen todo nuestro respeto. La misión del sacerdote es presidir la Asamblea Eucarística y ayudar a los Obispos a mantener la unidad en la fe y en la caridad fraterna, y conducir a los cristianos a Dios Padre[240] .

Hay que distinguir el sacerdocio ministerial, propio de los que han recibido el sacramento del orden, que les da poder para decir misa y perdonar pecados, del sacerdocio común de los fieles, propio de todos los bautizados «cuya vida debe ser un acto cultual a Dios»[241] y «deben dar testimonio de Cristo»[242] . Estos dos sacerdocios no sólo difieren en grado, sino esencialmente, como ha dicho el Concilio Vaticano II[243] .

 

Por eso hay un sacramento especial para el sacerdocio ministerial.

«La Iglesia enseña, con el Concilio Lateranense IV, que sólo el sacerdote ordenado puede consagrar»[244] .

 

«Hoy como ayer, la misión específica del sacerdote es la de comunicar el pan de la palabra; la de distribuir, como ministro del culto, el perdón, la gracia y la santidad. Podrán cambiar los tiempos y los métodos, según la evolución de las costumbres, pero el contenido del mensaje seguirá siendo el mismo: el apostolado será siempre la transmisión de la vida espiritual»[245] 

 

Jesucristo dice en el Evangelio: «No llaméis a nadie Padre»[246] .

Pero esto se lo dice a sus discípulos, pues entre ellos todos eran hermanos.

El pueblo es lógico que llame Padre a los sacerdotes por respeto a la persona que les transmite la doctrina y la gracia de Dios[247] .

El mismo San Pablo que sabía muy bien cómo había que interpretar las palabras de Cristo, se hacía llamar Padre: «No os escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos míos muy queridos. Porque aunque tuvierais diez mil pedagogos en Cristo no por eso tenéis muchos padres, ya que el que os ha engendrado en Cristo por medio del Evangelio he sido yo»[248].

Él mismo llamó «hijo» a Timoteo en las dos cartas que le escribe[249] .

Y lo mismo a Tito[250] .

 Por lo tanto es lógico que ellos le llamaran a él «Padre».

 San Juan llama «sus hijos» a los que andan en la verdad[251] .

Jesús también usó la palabra «padre» en la parábola del «Hijo pródigo»[252].

Por otra parte, en el mismo sitio donde dice Jesús que no se llame a nadie «padre», también dice que no se llame a nadie «maestro» ni «consejero» y nadie toma esto al pie de la letra[253] .

 

40,4. Para ayudar a los sacerdotes «en ministerios que aunque no sacerdotales resultan necesarios para el bien de la Iglesia»[254] , el Concilio Vaticano II ha permitido a las Conferencias Episcopales, con la aprobación del Sumo Pontífice, establecer el diaconado «para hombres de edad madura, aunque estén casados, y para jóvenes idóneos; pero para éstos debe mantenerse firme la ley del celibato»[255] .

 

Estos diáconos «sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la Palabra y de la caridad»[256].

Diácono significa servidor, ayudante.

 

En 1972 la Iglesia ha permitido que cuando hay muchos fieles y pocos sacerdotes[257]  , algunas personas idóneas señaladas por el sacerdote, con permiso del Obispo, pueden ayudar a dar la Sagrada Comunión,  para que este acto no se prolongue demasiado. Estas personas también podrán llevar la comunión a los enfermos, si no hay sacerdote o diácono que lo haga[258]

 


[1] Revista Proyección mundial, 38 (1995) 17.

[2] SAN IRENEO: Adversus haereses, III, 3.

[3] JUAN RIVAS, L.C.: Por qué soy católico, VII.  Ed. Hombre Nuevo. Los Ángeles. California.

[4] JOSÉ Mª CIURANA: En busca de las verdades fundamentales, VI,E. Ed. Bosch. Barcelona. Breve pero excelente libro que responde acertadamente a su título.

[5] JOSÉ ANTONIO FUENTES: 39 Cuestiones doctrinales, I, 8.  Ed. Palabra. Madrid. 1990.

[6] Concilio Vaticano II: Dignitatis Humanae: Declaración sobre la  libertad religiosa, nº 36

[7] Concilio Vaticano II: Dignitatis Humanae: Declaración sobre la libertad religiosa, nº1. Nuevo código de Derecho Canónico, nº748, 1

[8] DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº1815. Sesión 3ª del 24,IV,1870. Ed. Herder. Barcelona.

[9] Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº8

[10] Concilio Vaticano II: Dignitatis Humanae: Declaración sobre la Libertad Religiosa, nº1

[11] Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº8

[12] Sagrada Congregación del Clero: Directorio General de Pastoral Catequética, II, 27. Madrid.

[13] Concilio Vaticano II: Dignitatis Humanae: Declaración sobre la Libertad Religiosa, nº2. Nuevo Código de Derecho Canónico, nº748, 2

[14] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2106

[15] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2137

[16] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2108

[17] Concilio Vaticano II: Dignitatis Humanae: Declaración sobre la Libertad Religiosa, nº3

[18] Concilio Vaticano II: Dignitatis Humanae: Declaración sobre la Libertad Religiosa, nº7

[19] Concilio Vaticano II: Dignitatis Humanae: Declaración sobre la Libertad Religiosa, nº4

[20] Exhortación del Episcopado Español sobre Libertad Religiosa.Revista ECCLESIA, nº1376(3-II-67)

[21] Pedidos a: Apartado 2546. 11080-Cádiz. Tel.: (956) 222 838. FAX: (956) 205 810

[22] Concilio Vaticano II: Unitatis Redintegratio: Decreto sobre el Ecumenismo, nº3

[23] Concilio Vaticano II: Dignitatis Humanae: Declaración sobre la Libertad Religiosa, nº4

[24] Concilio Vaticano II: Unitatis Redintegratio: Decreto sobre el Ecumenismo, nº4

[25] Secretariado Pontificio para los no Cristianos:Presentación de la Fe cristiana,nº32.Ed.PPC. Mad

[26] RONALD LAWLER, O.F.M.: La Doctrina de Jesucristo, XIII, 6, b. Ed. Galduria, Jódar (Jaén)1986

[27] Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº16

[28] JAIME BALMES: Cartas a un escéptico, XII. Ed. Balmesiana. Barcelona. Interesantes cartas escritas con una lógica clarísima y un estilo agradable.

[29] AMÉRICO MARTINS VEIGA: Creer hoy,VI, 3, 1.  Ed. Perpetuo Socorro. Madrid.

[30] DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº 430 (802)

[31] JUSTO COLLANTES,S.I.: La Iglesia de la Palabra,2º, 4ª, XVI, 3, b. Ed. BAC. Madrid.

[32] RONALD KNOX: El torrente oculto,XIV.  Ed. Rialp. Madrid.

[33] Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº14

[34] BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: La Iglesia que Cristo quiso, V, 7. Ed. Roca Viva. Madrid.

[35] SAN AGUSTÍN: La Ciudad de Dios, 1ª, XXII, 5.  ML, 41, 756s.

[36] DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº 3034. Ed. Herder. Barcelona.

[37] RENÉ LAURENTIN:Lourdes, Crónica de u n misterio,Prólogo. Ed.Planeta+Testimonio.Barna.´99

[38] JUAN LÓPEZ PEDRAZ, S.I.: Cuando se está perdiendo la fe, 1ª, IX, 3. Ed. Sal Terrae. Santander

[39] JUAN LÓPEZ PEDRAZ, S.I.: Cuando se está perdiendo la fe, 1ª, IX, Ed. Sal Terrae. Santander

[40] ZENIT: Boletín informativo del Vaticano en INTERNET. ZS99021108

[41] VITTORIO MESSORI: El gran milagro, II,20.  Ed. Planeta+Testimonio. Barcelona. 1999.

[42] VITTORIO MESSORI: El gran milagro, II,25.  Ed. Planeta+Testimonio. Barcelona. 1999.

[43] ZENIT: Boletín informativo del Vaticano en INTERNET: (ZS99100704)

[44] JUAN RIVAS, L.C.: Por qué soy católico, VI   Ed. Hombre Nuevo. Los Ángeles. California. 2002.

[45] STANLEY JAKI: Física y Religión en perspectiva, Apéndice,4. Ed.Rialp. Madrid. 1991.

[46] JUAN RIVAS, L.C.: Fe y Evangelio, III.  Ed. Hombre Nuevo. P.O.Box 5445. Los Ángeles.EE.UU.

[47] JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Razones para creer, III, 1. Ed. Paulinas. Madrid. 1992.

[48] Revista 30 DÍAS, 93 (1995) 63

[49] Diario LA RAZÓN, 31-X-2001, pg. 32.

[50] ZENIT: Boletín del Vaticano en INTERNET, ZS00092608.

[51] Revista PALABRA, 241-242 (VIII-IX-1985)18; 243(X,1985)13.

[52]  ZENIT: Boletín del Vaticano en INTERNET, ZS01021804.

[53] www.mercaba.org/SANTORAL/DICIEMBRE/dic-01-2.htm

[54] ABC de Madrid del 15-I-94. Pg.7.

[55] Revista ECCLESIA, 2675 (12-III-94) 24.

[56] ABC de Madrid del 27-IV-94. Pg.8.

[57] ABC de Madrid del 5-II-94. Pg. 67.

[58] Diario YA del 23-IX-83, pg. 4.

[59] Revista ECCLESIA, 2521, (30-III-91)17.

[60] ABC de Madrid del 19-X-96. Pg.69

[61] ZENIT: Boletín informativo del Vaticano en INTERNET: ZE980604-3

[62]  Diario LA RAZÓN, 7-XI-2001, pg,40.

[63] VITTORIO MESSORI: Los desafíos del católico, V, 8.  Ed. Planeta+Testimonio. Barcelona 1997.

[64] Diario LA RAZÓN, 29-I-2000, pg,42.

[65] ACI DIGITAL,5-XII-2003. www.aciprensa.com

[66]  ZENIT: Boletín informativo del Vaticano en INTERNET: ZS00021706

[67] SCOTT HAHN: Roma, dulce hogar, III,1.  Ed. Rialp. Madrid. 2003.

[68] SCOTT HAHN: Roma, dulce hogar, IV,1.  Ed. Rialp. Madrid. 2003.

[69]  VITTORIO MESSORI: Padeció bajo Poncio Pilatos, XXXVII.  Ed. Rialp. Madrid. 1994.

[70] Revista 30 DÍAS, 45(1991)pg.16.

[71]  ZENIT: Boletín informativo del Vaticano en INTERNET del 20-II-99.

[72] Diario LA  RAZÓN, 17-VII-2001, pg.29

[73]: Carta a  los Hebreos, 1:1-3

[74] Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, nº7

[75] JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Compendio de Teología Fundamental, 1ª, VIII, 4.  Ed. EDICEP. 1998.

[76] JOSÉ Mª CIURANA:¿Cuál es  la Iglesia verdadera?, I, E. Ed. Bosch. Barcelona 1982.

[77] Evangelio de San Mateo, 28:20.

[78] PINARD DE LA BOULLAYE, S.I.: Jesús, viviente en la Iglesia, III, 1.  Ed. FAX. Madrid.

[79] MIGUEL PEINADO: Exposición de la fe cristiana, 3ª, IV, 65.  Ed. BAC. Madrid. 1975.

[80] FELIPE CALLE, O.S.A.: Razona tu fe, V.  Ed. Religión y Cultura. Madrid.

[81] RONALD A. KNOX: El torrente oculto, Vi.  Ed. Rialp. Madrid.

[82] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 52

[83] OLEGARIO GONZÁLEZ DE CARDEDAL:La entraña del cristianismo,3ª,XI,3,a. Salamanca.1997.

[84] SAN PABLO. Segunda Carta a Timoteo, 3:16s

[85] JEAN DANIELOU: Dios y nosotros, V.  Ed. Taurus. Madrid.

[86] Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, nº9s

[87] JESÚS MARTÍNEZ GARCÍA: Hablemos de la Fe, I, 10. Ed. Rialp. Madrid. 1992

[88] JAMES AKIN del sitio en INTERNET: The Nazareth Apologetics, Bible and Theology Page.

[89] AGUSTÍN PANERO, Redentorista: NO a los Testigos de Jehová, IV, 12, 4. Ed. Perpetuo Socorro. Madrid. Este breve, pero acertado folleto es muy útil para conocer y refutar los errores de los Testigos de Jehová

[90] Evangelio de SAN LUCAS, 10:16

[91] Evangelio de SAN MATEO, 28:19

[92] SAN PABLO: Carta a los Romanos, 10:17

[93] SAN PABLO: Segunda Carta a los Tesalonicenses, 2:15

[94] SAN PABLO: Primera Carta a los Tesalonicenses, 2:13

[95] SAN PABLO: Segunda Carta a Timoteo, 1:13

[96] SAN PABLO: Segunda Carta a Timoteo, 2:2

[97] SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 11:2

[98] Evangelio de SAN MATEO, 28:20

[99] Evangelio de SAN LUCAS, 10:16

[100] Evangelio de SAN JUAN, 14:16

[101] PIERRE GUIBERT, S.I.: Así se escribió la Biblia, II,4,b.  Ed. Mensajero. Bilbao. 1997.

[102] Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, nº10

[103] Segunda Carta de San Pedro, 3:16

[104] VITTORIO MESSORI: Algunas razones para creer, IX.  Ed. Planeta+Testimonio.Barcelona.2000.

[105]  Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, nº12

[106] Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, nº10

[107] Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, nº12

[108] Evangelio de San Juan, 8:32

[109] Diario LA RAZÓN del 6-!X-2000, pg.31

[110] JUAN RIVAS, L.C.: ¿Por qué soy católico, V.  Ed. Hombre Nuevo. Los Ángeles.California.2002.

[111] ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: LA  FE  DE  LA  IGLESIA, 1ª, VI, 4.  ED. BAC. MADRID 1996

[112] Carta a los Hebreos, 11,1

[113] ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: LA  FE  DE  LA  IGLESIA, 1ª, VI, 2,b.  ED. BAC. MADRID 1996

[114] PAULINO QUEVEDO: Investigaciones teológicas.  INTERNET, www.es.catholic.net

[115] ALFONSO TORRES, S.I.: JESUCRISTO, su Persona y su Doctrina, IV.  T.Católica.Madrid.

[116] ALFREDO SÁEZ. S.I.: El hombre moderno, XIII.  Ed. APC. Guadalajara (Jalisco). 1999.

[117]  SALVADOR BORREGO: Reflexiones, IV, 8.   México. 1994.

[118] JESÚS MARTÍNEZ GARCÍA: Hablemos de la Fe, I, 10.  Ed. Rialp. Madrid. 1992

[119] CONFERENCIA EPISCOPAL ALEMANA: Catecismo Católico para Adultos, 1ª,  I, 4. BAC.Madrid

[120] Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, nº 8

[121] DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº 1836; 2021.  Ed. Herder. Barcelona.

[122] ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.:  LA  FE  DE  LA  IGLESIA, 1ª, IV, 1s.  Ed. BAC. Madrid. 1996

[123] JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Compendio de Teología Fundamental,1ª, VIII, 4.  Ed. EDICEP. 1998.

[124] JUAN PABLO II: Encíclica Fe y Razón, VII, nº 95

[125] JOSÉ Mª CIURANA: En busca de las verdades fundamentales, V,B,f. Ed. Bosch. Barcelona. Breve pero excelente libro que responde acertadamente a su título.

[126] JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Razones para creer, XII, 5,1. Ed.Paulinas. Madrid. 1992.

[127] JESÚS MARTÍNEZ GARCÍA: Hablemos de la Fe, I, 9. Ed. Rialp. Madrid. 1992.

[128] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 67

[129] BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: La Iglesia que Cristo quiso, II, 2. Ed. Roca Viva. Madrid

[130] BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: La Iglesia que Cristo quiso, I, 2. Ed. Roca Viva. Madrid

[131] BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: La Iglesia que Cristo quiso,II, 4. Ed. Roca Viva. Madrid

[132] DIARIO DE CÁDIZ del 5-IX-97, pg.27

[133] Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 25

[134] PÍO XII, el 31 de  mayo de 1954

[135] Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 25

[136] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 890

[137] BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: La Iglesia que Cristo quiso, V, 3. Ed. Roca Viva. Madrid

[138] RONALD LAWLER, O.F.M.: La Doctrina de Jesucristo, XIV, 7. Ed. Galduria. Jódar (Jaén) 1986

[139] Evangelio de San Lucas, 10:16

[140] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2050

[141] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2015

[142] JOSÉ RIVERA-IRABURU:Síntesis de Espiritualidad Católica, XXVII,5. Ed. Gratis Date. Pamplona

[143] TIHAMER TOTH: Cristo y  los cristianos, 3ª, II, 3.  Ed. Atenas. Madrid

[144] TIHAMER TOTH: Cristo y  los cristianos, 3ª, II, 9.  Ed. Atenas. Madrid

[145] Diario ABC de Madrid, 14-II-1997, pg.73

[146] ZENIT: Boletín del Vaticano en INTERNET: ZE980618-3.

[147] ZENIT: Boletín del Vaticano en INTERNET: ZS00030810.

[148]  ZENIT: Boletín del Vaticano en INTERNET: ZS01022302.

[149] Revista ECCLESIA, 2949(12-VI-99)13

[150] FÉLIX BELTRÁN: Revista ROCA VIVA, 349 (XI-97) 471

[151] SAN PABLO: Segunda carta a Timoteo, 4: 1-5

[152] JUSTO COLLANTES, S.I.: La Iglesia de la Palabra, 2º, 4ª,XXIV, 3, c.d. BAC. Madrid

[153] FEDERICO SUÁREZ: La Virgen Nuestra Señora, VI,1.  Ed. Rialp. Madrid. 1984. 17 edición.

[154] BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: La Iglesia que Cristo quiso, III,5. Ed. Roca Viva. Madrid

[155] BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: La Iglesia que Cristo quiso, V, 1. Ed. Roca Viva. Madrid

[156] BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: La Iglesia que Cristo quiso, IV,1. Ed. Roca Viva. Madrid

[157] Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 48

[158] BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: La Iglesia que Cristo quiso, IV, 3. Ed. Roca Viva. Madrid

[159] BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: La Iglesia que Cristo quiso, VIII,1. Ed. Roca Viva. Madrid

[160] JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Razones para creer, XIII, 2. Ed. Paulinas. Madrid. 1992

[161] Concilio Vaticano II; Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 14

[162] Evangelio de San Mateo, 7:3

[163] VITTORIO MESSORI:Los desafíos del católico, V, 8.  Ed. Planeta+Testimonio.Barcelona. 1997.

[164] Diario ABC de Madrid, 11-X-94, pg.68

[165] ANTONIO GARCÍA FIGAR, O.P.: Matrimonio y familia, Prólogo.  Ed. FAX. Madrid.

[166] ALFONSO TORRES, S.I.:JESUCRISTO, su PERSONA  y su DOCTRINA,V. Tip. Católica. Madrid.

[167] JOSÉ ORTEGA Y GASSET: LA REBELIÓN DE LAS MASAS, XI.  ED. Espasa Calpe. Madrid.

[168] ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Jesucristo y la vida cristiana, nº146. Ed. B.A.C. Madrid.

[169] ENRIQUE ROJAS: El amor inteligente, VIII.  Ed. Temas de hoy. Madrid. 1997.

[170] SAN PABLO: Segunda Carta a los Corintios, 5:10

[171] Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe: Instrucción sobre Libertad Cristiana y Liberación. Ciudad del Vaticano. 1986.

[172]  DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº 694.  Ed. Herder. Barcelona.

[173] Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 22

[174] DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº 1831.  Ed. Herder. Barcelona.

[175]  DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº  466, 694,  1825.  Ed. Herder. Barcelona.

[176] JUAN FÉLIX BELLIDO: La Iglesia en la que creo, V, 2.  Ed. EDICEP. Valencia. 1995.

[177] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 891

[178] Nuevo Código de Derecho Canónico, nº 749, 1

[179] Números: 23:19

[180] JESÚS GARCÍA MARTÍNEZ:  Hablemos de la Fe, I, 11.  Ed. Rialp. Madrid. 1992.

[181] Evangelio de San Mateo, 28:20

[182] Evangelio de SAN MATEO: 16:18

[183] JAMES AKIN:El papado un don de Dios. En INTERNET:Apologética católica,www.aciprensa.com

[184] DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº 1839. DS:3073. Código de Derecho Canónico, nº 749

[185] INTERNET, Church-forum: Doctrina cristiana, Dogmas. www.churchforum.org.mx.

[186] Evangelio de San Mateo, 28:20. Evangelio de San Marcos, 16:15s

[187]  Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2035

[188] A. MARTÍNEZ TORNERO, S.I.: ¿Por qué soy católico?, II.  Ed Fe Católica. Madrid.

[189] Evangelio de San Mateo, 28:20

[190] PINARD DE LA BOULLAYE, S.I.: Jesús, viviente en la Iglesia, III, 6.  Ed. FAX. Madrid.

[191] Evangelio de San Lucas, 22:32

[192] JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Razones para creer, XII, 4. Ed. Paulinas. Madrid. 1992.

[193] Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 25

[194] Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 25

[195] JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Razones para creer, XII, 4. Ed. Paulinas. Madrid. 1992.

[196] JOSÉ MARÍA RIAZA, S.I.:La Iglesia en la Historia de la Ciencia, 2ª, XII, 3, d. Ed. BAC.Madrid.1999

[197] MANUEL CARREIRA, S.I.:Metafísica de la materia,.Apéndice,III.Universidad de Comillas.Madrid

[198] RICARDO MORENO: Historia breve del universo, I,3.  Ed. Rialp. Madrid. 1998.

[199] ANTONIO ROMAÑA, S.I.: Revista Arbor, 62 (1966) 25.

[200] ANTONIO DÚE, S.I.:  Revista Pensamiento, 19 (1963) 452.

[201]  JOSÉ MARÍA RIAZA, S.I.:La Iglesia en la Historia de la Ciencia, 2ª, XII, 3, c. Ed. BAC.Madrid.1999

[202] Revista ARBOR  62 (1966) 25

[203] Revista PENSAMIENTO, 19 (1963) 452

[204] WALTER BRAND MULLER: Galileo y la Iglesia, Epílogo. Ed. Rialp. Madrid. 1987

[205] RICARDO MORENO: Historia breve del universo, I,7.  Ed. Rialp. Madrid. 1998.

[206] JOSÉ MARÍA RIAZA, S.I.:La Iglesia en la Historia de la Ciencia, 2ª, XII, 3, c. Ed. BAC.Madrid.1999.

[207] VITTORIO MESSORI: Leyendas  negras  de  la  Iglesia, IV, 28.  Ed. Planeta. Barcelona. 1996.

[208] VITTORIO MESSORI: Leyendas  negras  de  la  Iglesia, IV, 29.  Ed. Planeta. Barcelona. 1996.

[209] JOSÉ MARÍA RIAZA, S.I.:La Iglesia en la Historia de la Ciencia, 2ª, XII, 3, c. Ed. BAC.Madrid.1999

[210]  VITTORIO MESSORI: Algunos motivos para creer, XIV. Ed.Planeta+Testimonio.Barcelona.2000

[211] Mariano G. Morelli: Valor de la vida y cultura de la muerte.Universidad Católica de Santa Fe.

[212] VALADIER. Revista Mundo Científico, (1985) 1098s.

[213]  JOSÉ MARÍA RIAZA, S.I.:La Iglesia en la Historia de la Ciencia,2ª, XII,5,e. Ed. BAC.Madrid.1999.

[214] VITTORIO MESSORI: Leyendas  negras de  la  Iglesia, IV, 28.  Ed. Planeta. Barcelona

[215] WALTER BRAND MULLER: Galileo y la Iglesia, II, 6. Ed. Rialp. Madrid. 1987

[216] Revista Investigación y Ciencia 229 (1985) 1098s

[217]  JOSÉ MARÍA RIAZA, S.I.:La Iglesia en la Historia de la Ciencia, 2ª, XII, 5, q. Ed. BAC.Madrid.1999

[218] WALTER BRAND MULLER: Galileo y la Iglesia, III, 5. Ed. Rialp. Madrid.1987

[219] PAUL PAUPARD: Informativo del Vaticano en INTERNET: ZENIT, ZE971107-5

[220] JOSÉ ANTONIO LABURU, S.I.: ¿Qué es la Iglesia?, V. Ed. EAPSA. Madrid

[221] JESÚS MARTÍNEZ GARCÍA: Hablemos de la Fe, II, 4.  Ed. Rialp. Madrid. 1992.

[222] JUAN RIVAS, L.C.:Por qué soy católico, VI, 3.  Ed. HOMBRE NUEVO. Los Ángeles.EE.UU.1999

[223] Evangelio de San Mateo, 16:19

[224] JOSÉ Mª CIURANA: En busca de las verdades fundamentales, V, B, e. Ed. Bosch. Barcelona. Breve pero excelente libro que responde acertadamente a su título.

[225] FRANK MORERA en INTERNET: www.ewtn.com/spanish/preguntas/index/htm.

[226] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 882

[227] BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: LA IGLESIA QUE CRISTO QUISO, VIII, 1. Ed. Roca Viva. Madrid

[228] BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: La Iglesia que Cristo quiso, VIII, 5. Ed. Roca Viva. Madrid

[229] BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: La Iglesia que Cristo quiso, IX, 1.  Ed. Roca Viva. Madrid

[230] Conferencia Episcopal Española: Catecismo escolar 4º EGB, nº 15

[231]NUEVO CATECISMO DE LA IGLESIA Católica, nº 1558ss

[232] Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 27

[233] Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 20

[234] SAN PABLO: Carta a Tito, 1:7

[235] SAN IRENEO: Adversus Haereses, III, 3, 1. MIGNE: Patrología Griega. 7, 848, A

[236] JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Razones para creer, XI, 4, 2. Ed. Paulinas. Madrid. 1992

[237] Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 25

[238] Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 28

[239] NUEVO CATECISMO DE LA IGLESIA Católica, nº 1563

[240] NUEVO CATECISMO DE LA IGLESIA Católica, nº 1562

[241] BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: LA IGLESIA QUE CRISTO QUISO, VII, 2. Ed. Roca Viva. Madrid

[242] Concilio Vaticano II:Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 10

[243] Concilio Vaticano II:Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 10

[244] Acta Apostolicae Sedis, 75 (1983) 1001-9

[245] PABLO VI a los sacerdotes y seminaristas españoles el 13 de octubre de 1965

[246] Evangelio de San Mateo, 23:9

[247] AGUSTÍN PANERO, Redentorista: NO a los Testigos de Jehová. Ed. Perpetuo Socorro. Madrid Acertado folleto que refuta brevemente los errores de los Testigos de Jehová

[248] SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 4:14s

[249] SAN PABLO:Segunda Carta a Timoteo,1:2; 2:1

[250] SAN PABLO: Carta a Tito,1:4

[251]Segunda Carta de San Juan, 1:4

[252] Evangelio de SAN LUCAS, 15:11-32

[253] Evangelio de San Mateo, 23:8-10

[254] Conferencia Episcopal Española: Ésta es nuestra fe, 2ª, I, 9, 3, d. EDICE. Madrid 1986

[255] Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 29

[256] Revista ECCLESIA, 1637 (7-IV-73)419

[257] ABC de Madrid, 26-VII-88, pg. 48

[258] Revista ECCLESIA, 1637 (7-IV-73)419