3,7. Prescindo de lumbreras de la antigüedad como San Agustín, Santo Tomás o Miguel Ángel, que siempre rezaba de rodillas antes de empezar a trabajar en su obra de arte.

Lo mismo que Newton, era creyente Kepler. Leverrier, descubridor del planeta Neptuno, fue ferviente católico.

Laplace murió como fervoroso cristiano asistido por un sacerdote.

Incluso Galileo, a pesar de su lamentable proceso, murió como buen cristiano en 1642.

Copérnico (a quien debemos el sistema heliocéntrico) y Lemaître, muerto en 1966 (autor de la teoría de la expansión del universo hoy en boga), fueron sacerdotes.

«Un destacado historiador -Deunert- tan sólo ha hallado en el campo de las Ciencias Naturales un 2% de científicos de fama que se declaren materialistas y ateos.

Entre 8.847 nombres de sabios citados por Poggendorff en su Dictionaire des Sciencies Exactes la inmensa mayoría son creyentes e incluso un 10% son  sacerdotes o religiosos»[1] .

El 1º de febrero de 1976 murió en Munich a los 74 años de edad Werner Heisenberg, que está considerado como el físico más grande de todos los tiempos[2] , Premio Nobel por sus investigaciones sobre Física Nuclear.

Él formuló matemáticamente la teoría unificadora de los campos energéticos, gravitatorio, electromagnético y nuclear (fuerte y débil), que son las energías que conocemos[3] ; lo cual, Einstein no consiguió a pesar de sus esfuerzos[4] .

En abril de 1969 pasó por Madrid. En una entrevista que hizo para la prensa, dijo entre otras cosas: «Lo que sí creo es en Dios, y que de Él viene todo.  Las partículas atómicas tienen un orden, que tiene que haber sido impuesto por alguien».

Heisenberg le dijo a Vintila Horia: «La teoría de un mundo creado, es más probable que la contraria, desde el punto de vista de las ciencias naturales. La mayor parte de los hombres de ciencia que yo conozco han logrado llegar a Dios»[5].

En un ABC dominical leí que Werner von Braun, «padre» de la astronáutica y «cerebro» de los vuelos espaciales que han llevado el hombre a la Luna, manifestaba que era creyente y que todos los días oraba a Dios[6] . Decía: «El hombre tiene necesidad de fe como tiene necesidad de agua y de aire. Tenemos necesidad de creer en Dios»[7] .

Dice Salvador de Madariaga que «los hombres más eminentes en la vanguardia de la ciencia no vieron que hubiera nada en su actitud científica que les impidiera creer en Dios»[8].

Y Alexis Carrel, muerto en 1944, Premio Nobel de Medicina, dice: «Yo creo todo aquello que la Iglesia Católica quiere que creamos. Y, para hacer esto, no encuentro ninguna dificultad, porque no encuentro en la verdad de la Iglesia ninguna oposición real con los datos seguros de la Ciencia»[9].

 Manuel M. Carreira, S.I., Doctor en Ciencias Físicas y Profesor de Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Cleveland (EE.UU.), dice: «Ni por ser sacerdote he tenido que viciar un razonamiento científico, ni fue preciso nunca que cerrase mis ojos a la ciencia para mantener la fe»[10].

El Premio Nobel Paul Sabatier, muerto en 1941, ha dicho: «Contraponer la Ciencia con la Religión es cosa de gente poco experta en uno y otro tema»[11].

El Dr. Juan Oró, nacido en Lérida, que es uno de los más prestigiosos bioquímicos de Estados Unidos y que trabaja para la NASA, afirma: «Para mí no hay contradicción entre Fe y Ciencia»[12].

El Profesor Baltasar Rodríguez-Salinas, Catedrático de Teoría de Funciones en la Facultad de Ciencias Matemáticas de Madrid, en un discurso que pronunció en la Academia de Ciencias, comenzó con una cita del genial matemático Cauchy: «Yo soy cristiano, es decir, yo creo en la divinidad de Jesucristo, con  Tycho-Brahe, Copérnico, Descartes, Newton, Kepler, Fermat, Leibniz, Pascal, Grimaldi, Euler, Gauss, Guidin, Boscovich[13], Gerdil, con todos los grandes astrónomos, todos los grandes físicos, todos los grandes matemáticos de los siglos pasados.

»Yo también soy católico como la mayor parte de ellos; y si se me pregunta la razón, diré que mis convicciones son el resultado, no de prejuicios de nacimiento, sino de un examen profundo»[14].

Podíamos añadir: el médico Pasteur, el biólogo Mendel, los físicos Volta, Ampère, Faraday, Galvani, Faucault, etc. etc.

Muchísimos científicos son católicos, como Pasteur, De Broglie, Schrödinger, Pauli, y Max Planck que se convirtió al catolicismo al final de su vida, como afirmó el Profesor Stanley L. Jaki, húngaro, Profesor de varias Universidades de Estados Unidos, en el Congreso sobre Física y Religión celebrado en Madrid en Octubre de l990[15] .

Angel Santos Ruiz, Catedrático de Bioquímica de la Universidad Complutense de Madrid, dice: «Ningún hecho científico, plenamente confirmado, ha tenido que rechazarse por estar enfrentado con la doctrina revelada»[16].

 «De hecho, ningún físico, químico, biólogo, etc., ha tenido que renunciar nunca a sus convicciones sobre Dios, el alma, la Ley Moral y lo sobrenatural, porque fueran incompatibles con su ciencia»[17].

El 23 de agosto de 1985 le oí decir al Rector de la Universidad de Santander, y Catedrático de Física, D. Francisco González de Posada, en unas conferencias que pronunció en Laredo: «La Ciencia de hoy no le da al ateo ningún dato que le confirme en su ateísmo».

D. Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel 1906, «jamás dudó de la existencia de Dios», en frase de su hermano Pedro; quien, además, afirma que si él hubiera llegado a tiempo, su hermano «Santiago hubiera muerto con los sacramentos»[18].

Leonardo Torres Quevedo, que murió en Madrid, el 18 de Diciembre de 1936, a los 84 años de edad, fue ingeniero y matemático. Inventó en 1895 una máquina de calcular ecuaciones que es precursora de las computadoras electrónicas de hoy[19] .

El 25 de octubre de 1906, en la ría de Bilbao hizo evolucionar un bote, sin tripulantes, por ondas hertzianas, gracias al telekino, desde la terraza del Club Náutico.

 El bote avanzó, retrocedió, viró en redondo, sorteó otras embarcaciones que había en el puerto y llegó a la escala del vapor Elcano, donde se hallaba la representación oficial[20] . El telekino es precursor de los cohetes teledirigidos de hoy.

El 10 de febrero de 1916 se inauguró en las Cataratas del Niágara el transbordador que Torres Quevedo proyectó y se adjudicó en concurso internacional, y sigue funcionando en la actualidad.

El Ayuntamiento de Camargo (Santander) organizó en el mes de agosto de 1991 una exposición en Maliaño con ocasión del 75 aniversario del transbordador del Niágara, obra de Torres Quevedo, nacido en Santa Cruz de Iguña (Cantabria), el 28 de Diciembre de 1852.

En esta exposición vi una réplica de este transbordador que en 75 años no ha tenido ni un accidente ni una avería grave. En América lo llaman el «aerocar español». Va sostenido por seis cables y anclaje con contrapesos, con lo cual se mantiene constante la tensión de los cables, independientemente del peso, según la barquilla estuviera más o menos cargada de gente; y le proporciona un alto coeficiente de seguridad.

Antes de construirlo en el Niágara, lo instaló en el Monte Ulía de San Sebastián en 1907 para probarlo. Fue el primer tranvía aéreo del mundo.

En 1914 inventó el ajedrecista mecánico, que siempre gana. Es una máquina precursora de los robots de hoy. Se conserva en la Escuela de Ingenieros de Caminos.

En 1951 fue presentado, por Gonzalo Torres Quevedo (hijo del inventor, ayudante suyo y colaborador), en París, en un Coloquio Internacional de Cibernética, y dio mate a Tartakower, entonces campeón del mundo de ajedrez. La máquina anuncia por un altavoz al contrincante cuando hace trampa o se equivoca. A la tercera se enfada y no juega más[21] 

En 1976 estuve en Toledo predicando conferencias cuaresmales, y entonces tuve la satisfacción de conocer a Valentina Torres Quevedo, hija del inventor, que me facilitó los recortes de periódicos que cito. Ella me dijo que su padre murió como un buen cristiano, como había vivido: comulgaba todos los Primeros Viernes de mes.

 

Según «uno de los comentaristas de los acontecimientos internacionales mejor informados de nuestro país, la gran mayoría de los investigadores y técnicos de la navegación espacial no  sólo  de  los  Estados  Unidos,  sino  también de la Unión Soviética, confiesan, cuando la conversación ha alcanzado un determinado clima de intimidad, su fe en Dios. Es más, casi sin excepción, admiten y añaden que su fe surge como consecuencia de sus mismas investigaciones científicas»[22].

«Un número cada vez mayor de científicos se está declarando creyente en Dios»[23] .Dos mil trescientos miembros de la Asociación Norteamericana de Científicos admiten ser creyentes[24] .

«Según recientes encuestas el 80% de los científicos se declaran creyentes»[25] .

El Premio Nobel de Física 1985, Carlos Rubbia, Director del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN) que ha descubierto una nueva forma de generar energía nuclear por fisión, que es más barata, limpia y segura, y no sirve para fabricar bombas atómicas[26], y recientemente ha inventado un modo de destruir los residuos radiactivos de alta actividad[27] , ha dicho: «La Ciencia más avanzada se acerca a la Religión»[28].

Y Pío XII: «La ciencia moderna descubre a Dios detrás de cada nueva puerta que abre»[29]. .

Juan Pablo II, dijo en la Universidad de Madrid: «La Ciencia y la Fe no son opuestas, sino convergentes en el descubrimiento de la realidad integral que tiene su origen en Dios».

“Las realidades profanas y las de fe tienen su origen en un mismo Dios”[30] .

Dijo el Concilio Vaticano I: “Ninguna verdadera disensión puede darse jamás entre la fe y la razón porque el mismo Dios que revela los misterios e infunde la fe puso dentro del alma humana la luz de la razón; y Dios no puede negarse a sí mismo, y la verdad no puede contradecir jamás a la verdad”[31] .

El filósofo alemán contemporáneo Martín Heidegger dijo en una entrevista a la revista alemana Der Spiegel en 1966: «La literatura actual, en su mayoría, es destructiva. Sólo Dios puede salvarnos todavía. Frente a la ausencia de Dios, nos hundimos»[32].

Boris Yeltsin, Presidente de Rusia, declaró que «el comunismo intentó durante 70 años imponer el ateísmo, pero no lo ha logrado»[33] 

El soviético Alejandro Solzchenitsyn, Premio Nobel 1970, que estudió Matemáticas y Física en la Universidad Rostov y luego cursó los estudios de Literatura en el Instituto de Filosofía de la URSS, se manifiesta creyente. Es muy conocida la oración que escribió: «¡Qué maravilla es vivir contigo, Señor! ¡Qué fácil me es creer en Ti! Tú me envías la clara certidumbre de tu existencia»[34].

Chabanis después de entrevistar a varios pensadores ateos, afirma: «Pensaba encontrar en ellos un ateísmo riguroso y bien fundamentado, pero lo que había era ausencia de búsqueda de la Verdad Absoluta»[35].

 

Dijo Pascal: “Muchos están siempre dispuestos a negar todo aquello que no comprenden”.

 

La increencia de muchas personas tiene su origen en su ignorancia religiosa. A nadie le puede convencer lo que no conoce. Yo no puedo opinar sobre la comida de Kenya, pues no sé lo que allí se come.

   Sería interesante contar las páginas que ese ateo ha leído de su profesión y las que ha leído de cultura religiosa. Seguramente la diferencia es enorme. Cuál sería su información profesional si invirtiéramos los números?

¿Nos vamos a extrañar de su ignorancia religiosa?

Olegario González de Cardedal, Catedrático de la Universidad Pontificia de Salamanca, Académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, y uno de los teólogos españoles de más prestigio habla de la crisis del ateísmo: «Sus viejas murallas se resquebrajan, a través de sus grietas entra una luz que ilumina a los que viven dentro de la ciudad amurallada que empiezan a preguntarse por la conveniencia de asomarse al ancho mundo exterior. El sujeto histórico ha vuelto a preguntar por Dios, e incluso reclamarlo. (...) Se trata de una especie de insatisfacción colectiva con el proyecto de hombre, de sociedad y de historia que proceden del ateísmo. Un impulso vital, incoercible, lleva a preguntar por Dios, a contar con Él. (...) El ateísmo está minado en sus cimientos. (...) Una mujer recién preñada no ofrece ningún signo externo de diferencia, y sin embargo todo es distinto; llegándole los días dará a luz y surgirá una nueva criatura»[36] .

Monseñor Elías Yáñez, Presidente de la Conferencia Episcopal Española, presentó el 11 de diciembre de 1998, una Instrucción Pastoral en la que se decía que «el ser humano es religioso por naturaleza. (...)

»El ateísmo no está en el origen del hombre. Es más bien un fenómeno surgido de diferentes causas».

 

CIUDAD DEL VATICANO, 10 feb (ZENIT).- El profesor Antonino Zichichi, presidente de la World Federation of Scientists (Federación Mundial de Científicos) entregó esta mañana a Juan Pablo II el ejemplar número cien mil de su libro «Por qué creo en el que ha hecho el mundo» [37] 

 

3,8. El ateísmo deja sin resolver muchas más cosas que todos los misterios que acepta la fe. Por eso Alexis Carrel, Premio Nobel de Medicina, dijo: «No soy lo suficientemente crédulo, para ser incrédulo».

 

Según una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, el 75% de los españoles creen en Dios[38] .Y según otra del Instituto Gallup, el 94% de los norteamericanos cree en Dios, y el 58% en el infierno[39] .

Ya dijo Berdiaef que «el hombre es un ser incurablemente religioso».

Y Max Scheler: «el hombre o cree en Dios o se fabrica un ídolo. Este ídolo será la raza, el Estado, una mujer o el dinero; pero el hombre no puede vivir sin adorar algo»[40].

 

 «No se conoce ningún pueblo, ninguna cultura, sin religión.

»Otra cosa distinta es que todos los individuos de ese pueblo hayan sido religiosos.

»Pero el conjunto, en cuanto tal, sí lo ha sido. (...)

»Los estudiosos de la historia de las religiones, de entre los cuales Mircea Eliade fue uno de los grandes maestros y pioneros, coinciden en afirmar que el hombre de todas las épocas, desde que abandonó la categoría de “mono”, es un hombre creyente»[41] .

 

El agnóstico se escapa con un «no sé» por no querer reconocer lo razonable que es un Dios Creador.

 

La fe complementa la razón como el telescopio complementa al ojo.

Con el telescopio veo estrellas que no veo a simple vista.

Con la fe obtengo respuestas a muchas cosas para las que la ciencia no tiene respuesta: ¿Qué sentido tiene la vida del hombre? ¿De dónde viene? ¿A dónde va?

¿Qué hay después de la muerte?

 

Todo hombre racional tiene que plantearse la cuestión del sentido de nuestra existencia y de si hay algo después de la muerte.

Quien tiene la respuesta de la fe vive con ilusión y esperanza.

Quien no sabe responder vive con la angustia de la duda, pues nadie puede estar seguro de que no hay nada después de la muerte.

Ya dijo Bacón: «Poca filosofía aparta de la religión, pero mucha filosofía conduce a ella»[42] .

 

Los caminos que llevan al ateísmo pueden ser:

a) La rebelión contra el mal en el mundo.

b) La ignorancia religiosa.

c) Una formación religiosa infantil.

d) Un apego desordenado a los goces de este mundo.

e) El mal ejemplo de algunos creyentes.

f) Un ambiente hostil a la religión.

g) Un equivocado temor de Dios que no conoce la misericordia y bondad divinas[43] 

 

Puede ser interesante mi vídeo: Ateísmo y ciencia de hoy[44] .

 

La Madre Angélica cuenta en su libro la siguiente anécdota[45] :

Un soldado norteamericano, al ser interrogado, para su ficha, por su religión, contestó: CATÓLICO. Y no era verdad. Pero él había observado que en la hora de la muerte los católicos morían con una gran esperanza, y él quería lo mismo para su muerte.

 

Esto fue el comienzo de su conversión al catolicismo.

 

En una ocasión. un ateo le dijo a un sacerdote:

- Demuéstreme que hay Dios y me convertiré en un cristiano.

El sacerdote le contestó:

- Demuéstreme Vd. que no hay Dios y me convertiré en un ateo.

- No puedo, replicó el ateo.

- ¿Y en una cosa tan trascendental, de la cual depende toda la eternidad, Vd. se arriesga a seguir una ideas que no se pueden probar? ¡Menudo disparate! Yo tengo muchas razones que apoyan mi fe en Dios[46] .

 

«El ateísmo podrá esforzarse en querer demostrar que la religión es falsa, pero nunca podrá demostrar que él es verdadero»[47].

Por eso dijo Pascal: «Prefiero equivocarme creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme NO creyendo en un Dios que existe. (...) Si después no hay nada, nunca lo sabré, pero si hay algo...»[48] .

Es mucho más razonable creer en Dios que ser ateo.

El ateo no sólo no puede demostrar que no hay Dios, sino que desde el ateísmo no se pueden resolver los grandes interrogantes de la vida.

¿De dónde viene?

¿A dónde va?

¿Qué pasa después de la muerte?

¿Qué sentido tiene la vida?

¿Cómo saciar el apetito de felicidad?, etc., etc.

El ateo se condena a vivir en la angustia, en la duda, en la desesperación. A no ser que prefiera dejar de ser hombre y vivir de espaldas a todo pensamiento trascendente. El animal no puede hacerse preguntas trascendentes. El hombre sí. Y sólo con Dios encuentra respuestas.

 

Los ateos se ríen de estas preguntas por considerarlas ociosas porque no tienen respuesta[49] . Ellos no tienen respuesta, pero los creyentes sí la tenemos. Ésa es la diferencia. Pero algunos tienen tan mal gusto que prefieren las tinieblas a la luz.

Prescindir de Dios es irracional. Es sintomático que «en la Biblioteca Nacional de París, que viene a ser un test de la cultura occidental, la voz DIOS ocupa el primer lugar en número de fichas. La segunda es JESUCRISTO»[50] .

 

Como dice el Concilio Vaticano II[51] , sin Dios quedan sin respuesta los problemas más agudos de la existencia humana como son el sentido de la vida y de la muerte, de la culpa y del dolor. Y estos problemas son insoslayables.

No hay nadie que, al menos en ciertos momentos de su vida, deje de planteárselos.

 

Todo hombre normal debe preocuparse de su muerte. Carl Gustav Jung, uno de los padres del psicoanálisis, dijo: «el hombre que no percibe el drama de su muerte es un enfermo que debería dejarse curar»[52] .

 

El materialismo dice que todo lo que existe es material, porque todo lo que se ve, se toca, se mide, etc., es material.

Esto es tan simple como el pescador que niega que haya peces más pequeños que los que sus redes pescan, porque los más pequeños se le escapan por los agujeros[53] .

 

El hecho de que haya tantos hombres de ciencia creyentes es prueba de que la Ciencia no es obstáculo para creer.

Si lo fuera, todos los científicos serían ateos; y, como hemos visto, muchos hombres de ciencia se declaran creyentes.

El hecho de que haya científicos ateos habrá que explicarlo por otros caminos, pero no por el hecho de ser científicos[54] .

 

Evidentemente que la ciencia no demuestra la existencia de Dios, pues la ciencia estudia las leyes de la naturaleza, no a Dios. A Dios lo estudia la teología.

Pero la ciencia da datos que apoyan la fe del creyente.

«La ciencia no prueba la existencia de Dios-Creador, pero sí sienta las bases para un raciocinio metafísico que lleva lógicamente a Él»[55] .

 

«El problema del hombre contemporáneo es la fraudulenta y persistente manipulación a que ha sido sometido por el racionalismo materialista que le asegura que “La Ciencia” ha demostrado la no existencia de Dios»[56].

No hay ningún argumento científico que demuestre que no hay Dios[57] . Por el contrario, hay muchos datos científicos que confirman la fe del creyente: desde lo que dicen los astrónomos sobre el origen del cosmos (ver nº 3), hasta los estudios científicos realizados en la Sábana Santa de Turín[58] .

 

El 13 de octubre de 1988 se hizo público que el resultado del análisis del carbono-14 sobre la Sábana Santa, deduce que el tejido es de la Edad Media, es decir, que la Sábana Santa no pudo cubrir el cuerpo de Cristo en el siglo I, por lo tanto, es falsa.

Esta noticia fue rechazada por todos los especialistas en la Sábana Santa. No se podían ignorar las anteriores investigaciones en los campos de la Historia, Medicina, Bioquímica, Numismática, Palinología, Arqueología, etc. que confirmaban la autenticidad de la Sábana Santa.

De hecho se han celebrado varios Congresos Científicos Internacionales, donde se han invalidado las pruebas del Carbono-14 en la Sábana Santa.

En las palabras de clausura del Congreso de Cagliari, dijo el Dr.Baima Bollone, Presidente del Centro Internacional de Sindonología de Turín: «La tónica general del Congreso ha sido la inaceptabilidad de la prueba del carbono-14 en la Sábana Santa».

 

En este Congreso se presentaron veintisiete trabajos de investigación.

Yo tuve el honor de presentar en este Congreso un trabajo de investigación en nombre del Centro Español de Sindonología, que fue muy bien acogido, como expresó el Presidente de la Mesa.

En la sexta edición de mi libro de la Sábana Santa hago un resumen de este Congreso y del trabajo de investigación que allí presentó España Lo mismo en mi vídeo sobre la Sábana Santa[59] .

 

Con todo, no hay que desorbitar el valor del conocimiento científico experimental. También es válido el conocimiento histórico y metafísico.

El conocimiento científico experimental no es el único modo de conocer. Hay realidades que se escapan al conocimiento experimental.

El razonamiento filosófico no es científico. Cuando Renato Descartes dice: «Pienso, luego existo», hace un razonamiento válido; y, sin embargo, no es científico, sino filosófico. El pensamiento no se ve, pero existe.

La Ciencia no lo explica todo. Hay cosas que se le escapan. Lo mismo que una red de trama grande no puede capturar peces pequeños, pero no por eso dejan de existir boquerones y chanquetes.

Si yo te cuento un sueño que he tenido, tú no puedes comprobar científicamente que te digo la verdad.

«Los valores de bondad, belleza, santidad, heroísmo, lealtad, verdad; y los sentimientos de alegría, temor, esperanza, amor, etc. caen fuera del ámbito de la Ciencia»[60] .

 

Hay cosas inalcanzables para la ciencia experimental. La ciencia no sirve

para demostrar la existencia de Dios, como tampoco sirve para demostrar el amor de una madre o la fidelidad de un esposo, aunque todo esto sea una realidad.Sin embargo, no hay duda de que la ciencia  nos  aporta  datos  válidos  que confirman la existencia de Dios[61] .

La ciencia explica «cómo» funciona la naturaleza, no alcanza el «por qué». Esto es objeto de la filosofía[62] .

 

Las razones para creer son suficientes, pero no evidentes como un axioma; pues Dios quiere que el hombre le acepte libremente y no a la fuerza. Las verdades de la fe son razonables y ciertas. Las podemos creer con toda firmeza, pero no se nos imponen con una evidencia aplastante[63] , pues entonces la fe no sería meritoria, y Dios ha dispuesto que en esta vida merezcamos con la virtud de la fe. Decir «el todo es mayor que su parte» es tan evidente que el aceptarlo no tiene mérito ninguno.

«La oscuridad de la fe es absolutamente necesaria para que el acto de fe sea libre. Y la libertad de la fe es imprescindible para hablar de valores religiosos en ella»[64].

«La fe es suficientemente oscura para que la adhesión a ella sea libre; y al mismo tiempo bastante clara como para que la dicha adhesión sea razonable»[65] .

Pascal lo dijo también: «La fe es suficientemente clara para que el creer sea razonable, y suficientemente oscura para que el creer sea libre»[66].

 

La fe es segura y oscura al mismo tiempo. Segura porque se basa en la palabra de Dios, y oscura por la limitación de nuestro entendimiento. Por eso decía Santa Teresita del Niño Jesús:«Señor, no te entiendo nada; pero te creo todo, porque me fío de Ti».

La idea lleva al acto, pero hay que motivarla, amarla, entusiasmarse con ella.

 

Hoy, en algunos ambientes, está de moda el agnosticismo; personas que prescinden de Dios. No les interesa Dios. Se instalan en el mundo como si no hubiera nada al otro lado de la muerte.

Adoptar el cómodo «no sabe, no contesta» está bien cuando no se tienen datos para opinar.Pero cuando se trata de rechazar las razones que hay para opinar, por prejuicios personales, esto no es razonable[67].

 

Lo primero que hay que decir es que negar a Dios, no es destruirle; y el que piense que no hay nada más allá de la muerte, se va a enterar en cuanto se muera. Pues las cosas son como Dios ha dicho que son, no como nos puedan parecer a nosotros. Y si Dios ha dicho que seguiremos vivos más allá de la muerte, esto es así aunque haya quien no lo acepte.

 

Algunos piensan que por no creer en el infierno son más libres. Pero no es así. Lo que son es más inconscientes. Cerrar los ojos ante la verdad no enriquece al hombre, lo empobrece. La prudencia no está en ignorar un riesgo, sino en estudiarlo y prevenirlo. Cerrar los ojos ante un riesgo es señal de inconsciencia.

 

El agnosticismo es un riesgo.

Cuando se trata de un riesgo grave como el morir electrocutado o la  condenación eterna, hay que ser muy prudentes. Nadie toca un cable de alta  tensión aunque tenga el 90% de probabilidades de que no pasa nada.

Pues el ateo tiene el 99% de probabilidades de equivocarse. Son muchísimas más las razones para creer en Dios que para convencerse de que no hay Dios.

 

Hay realidades que pueden dejarme indiferente. Por ejemplo, si en Marte hay vida o no.

Pero hay otras realidades a las que no puedo estar indiferente, pues es mucho lo que me juego. Por ejemplo, si el avión en que voy a viajar está o no en condiciones de volar. Procuro tener unas razonables garantías de seguridad.

Esto es lo que pasa con la Religión.

La Iglesia Católica dice que Dios existe, que Cristo  es Dios, y que después de la muerte hay una vida eterna en el cielo o en el infierno.

Yo tengo opción de aceptar o rechazar todo esto.

Pero para rechazar algo tan importante, tengo que estar muy seguro de que todo esto no es cierto, pues es mucho lo que me juego. No basta tener dudas. Las dudas y dificultades no son argumentos probativos. Yo puedo tener dificultades sobre una cosa que es una realidad.

Por el contrario, para aceptar un bien me basta una razonable probabilidad. Yo acepto una medicina con una probable esperanza de me ayudará, aunque no tenga seguridad absoluta de su eficacia.

 

Pero para optar por la Religión no bastan las ideas. Hace falta que la Religión sea para mí el supremo de los valores. Yo puedo saber que el tabaco es malo para la salud. Pero si yo valoro el tabaco más que la salud, seguiré fumando.

 

Hay personas que buscan la verdad, les guste o no.

Pero otras personas buscan lo que les gusta, sea verdad o no.

 

El entendimiento se decide por razones.

Pero la voluntad se decide por valores.

Es muy importante que para mí la Religión sea el supremo de los valores.

 

La fe es aceptar lo que no entiendo porque me fío del que me lo dice. Pero la fe es razonable. Si no lo fuera, los creyentes seríamos unos necios. Y nadie, con cultura, puede decir que fueron necios unas lumbreras de la humanidad como un San Agustín o un Santo Tomás de Aquino.

 

Por eso la fe no es un salto en el vacío, a lo loco. Es muy razonable aceptar lo que no entiendo, si puedo fiarme del que entiende y me lo dice.

 

La fe en Dios es perfectamente razonable. Hay muchas más razones para creer que Dios existe que para dudar de su existencia.

Pero hay que rechazar, tanto el racionalismo que sólo acepta lo que se puede demostrar (los misterios son indemostrables), como el fideísmo que desprecia la razón, y pretende que la fe sea «un salto en el vacío», sin ningún motivo de credibilidad. El fideísmo es absurdo pues pretende que creamos en Dios sin tener fundamento racional de la fe.

Si la fe no tuviera ninguna motivación de tipo racional no sería responsable ni humana. Por eso la teología católica ha defendido siempre la capacidad natural que tiene el hombre para llegar con la luz de la razón a conocer la existencia de Dios-Creador. Así lo define el Concilio Vaticano I[68] .

«La misma Santa Madre Iglesia sostiene y enseña que Dios, Principio y Fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana partiendo de las cosas creadas»[69]. Dijo San Pablo: «Lo invisible de Dios, desde la creación del mundo , se deja ver a la inteligencia a través de sus obras»[70].

 

Sin embargo, aunque la razón me indica que hay motivos serios para creer, la razón no causa la fe. Sólo cuando el corazón humano se rinde a la gracia en un acto de humildad y sencillez es cuando nace la fe. La razón tiene que ir acompañada de la oración humilde. Es preciso tener un corazón limpio para creer en Dios. No podemos olvidar que Dios sólo se manifiesta a los humildes[71] .

La ciencia que tiene por objeto la exposición de los motivos de credibilidad, o sea, las razones y argumentos que demuestran ser la fe razonable, se llama Apologética[72]. El Cardenal Newman, que era protestante, se convirtió al catolicismo por puro raciocinio.

Dice el Cardenal Daneels, Arzobispo de Malinas, «la supresión de toda sana apologética es un funesto servicio prestado a la causa de la evangelización»[73].

En Mayo de 1935 se convirtió al catolicismo Marchant, Ministro de Instrucción Pública de Holanda. Al ser interrogado por un miembro de la izquierda del Senado, contestó: «Creo, porque reflexiono»[74] .

 

Pero no se trata de convencer a nadie a base de pruebas, sino de hacer ver lo razonable que es creer. Derramar luz sobre las verdades de la fe. Tal es el papel de la Apologética.

Pero no olvidemos que la conversión no nace sólo tras haber sido convencido, sino tras una iluminación de mi entendimiento y adhesión de la voluntad a Dios, acogiendo las verdades reveladas y acomodando todo mi ser a esa iluminación.

Los motivos de credibilidad constituyen un preámbulo racional de la fe. El acto de fe constituye esencialmente un asentimiento a estas verdades porque Dios las ha revelado.

Y por supuesto que no basta asentir a las verdades reveladas por Dios; es preciso vivir de acuerdo con ellas.

 

Para el que tiene fe, mil objeciones no le hacen dudar; y al que no tiene fe, mil pruebas no le convencen.

 

«La decisión de creer no es la conclusión de una argumentación. Uno jamás está obligado a creer por las leyes de la lógica. (...) Al acabar una operación de cálculo, no puedo por menos que adherirme al resultado obtenido. (...) Entre la clara evidencia y la fe interviene un acto voluntario, perfectamente libre. Del mismo modo que ya pueden mostrarme del modo más convincente y persuasivo que alguien merece ser amado, no por eso lo amaré. No se puede amar de mala gana, ni creer de mala gana. Es lo que ya decía San Agustín en su comentario a San Juan:  nemo credit nisi volens, es decir, nadie cree sino de buen grado[75] .

 

Dice Octavio Rodríguez en Preámbulo epistemológico del acto de fe: «Realizamos un juicio cuando consideramos que son suficientes las pruebas que nos han de llevar a una conclusión» (...) «Si llegamos a convencernos de una conclusión, la afirmamos sin reserva» (nº 2). «Los argumentos no obligan a nadie a creer, igual que los argumentos a favor de la virtud no obligan a nadie a ser virtuoso» (nº 7)[76] .

 

El hombre se convence por razones, pero es la voluntad la que elige las razones que quiere que le convenzan.

 

Por eso no basta dar razones que van sólo al entendimiento. Hay que presentar valores que mueven a la voluntad: bondad, belleza, importancia, utilidad o necesidad para el hombre en cuanto tal.

 

«Nuestra propia voluntad puede “forzar” al intelecto para que le presente sólo las razones que ella desea, o para buscar argumentos -aunque sean falsos- que apoyen su determinación»[77] .

 

La fe es razonable, pero las razones no bastan para creer.

Hace falta un acto de voluntad. Y la voluntad no se decide por razones lógicas, sino por motivos y valores[78] .

No es lo mismo estar convencido que convertido.

Las razones van al entendimiento, pero son los valores los que mueven la voluntad. Un hombre puede saber que el tabaco produce cáncer; pero mientras para él el valor del tabaco sea superior al de la salud, seguirá fumando.

No basta saber el valor de una cosa, es necesario sentir lo que esa cosa vale, para que ese valor mueva nuestra voluntad.

El hombre, además de la razón, tiene un corazón, y con frecuencia éste manda sobre la  razón.  Las  obras  salen  más  del  corazón  que  de  la  razón.  Ya  lo  dijo

Jesucristo: Del corazón sale todo lo que mancha al hombre[79].

 

«Nuestra afectividad elige las razones para convencernos que es verdadero lo que nos es querido, y falso lo que nos es odiado»[80].

 

Es necesario dar razones al entendimiento, pero no es menos necesario ganarse el corazón. Y el corazón se gana con el atractivo personal.

Si le caes bien a una persona, ya has conseguido el 50% para convencerla.

 

Si uno considera al cristianismo como un antivalor por los sacrificios que exige, es muy difícil que crea.

Pero si considera el cristianismo como un valor superior a todo sacrificio, porque garantiza una eternidad feliz, empieza a poner la base de una posible fe; si al mismo tiempo tiene la oportunidad de conocer suficientemente las razones en que se apoya la credibilidad del cristianismo.

 

Un hombre que sinceramente quiere la salud acepta encantado una medicina que le ofrece garantías de curación, aunque suponga costosos sacrificios.

Para tomarla basta que ofrezca esperanza razonable de curación.

Pero negarse a tomarla porque no hay seguridad absoluta de su eficacia, es absurdo.

 

«La fe cristiana pone en nuestra vida claridad, seguridad, y fortaleza invencible»[81] 

 

El ateo es como el que está en su cuarto con la ventana cerrada, y sólo ve lo poco que alumbra la bombilla de su mesa de trabajo. Si abriera la ventana, entraría la espléndida luz del Sol, que lo ilumina todo. Es la diferencia entre el ateo y el creyente.

 

Dijo Ortega y Gasset: “La barbarie del especialista es que una persona muy sabia en una materia se permite opinar en cuestiones que ignora, con la misma autoridad con que se pronuncia en su campo de especialidad”[82] .

 

No te deslumbres, con estas afirmaciones que a veces se oyen de labios poco documentados: «La Ciencia moderna contradice a la Fe». Porque puedes tener la seguridad de que la verdadera ciencia no ha contradicho nunca, ni contradirá jamás a los dogmas de fe, porque Dios, la misma Verdad, es el Autor de la Ciencia y de la Fe; y no puede contradecirse.

 

Efectivamente, la Ciencia es el conocimiento de las leyes que Dios ha puesto en la Naturaleza que son la base de la Ciencia; y Fe es el conocimiento de las verdades que Dios ha revelado.

 

Dios, Sabiduría infinita, es Autor tanto de las verdades científicas como de las verdades religiosas: luego estos principios jamás pueden ser incompatibles entre sí.

 

Cuando parezca que hay incompatibilidad, se debe a los hombres que han rebasado o mal interpretado  las verdades de la Ciencia o de la Fe[83] . Dice el Concilio Vaticano II: «Las realidades profanas y las realidades de la fe tienen su origen en el mismo Dios»[84] 

 

Hay que tener en cuenta que no es ciencia indiscutible la hipótesis de trabajo de un científico.

Así como tampoco es verdad revelada la teoría personal de un teólogo.

 

Cuando hablo de Ciencia, hablo de ciencia indiscutible, no de la hipótesis de trabajo de un científico.

 

Y cuando hablo de Fe hablo de verdades dogmáticas, no de una norma disciplinar de la Iglesia, como ocurrió en el caso Galileo (ver nº 39,1).

 

Pero entre ciencia indiscutible y dogmas de fe jamás ha habido contradicción, ni la habrá en el futuro, por lo que acabo de decir.

 

Muchas de las dificultades que algunos creen encontrar en aparentes contradicciones entre la Fe y la Ciencia, o bien provienen de haber tomado como verdades reveladas afirmaciones que bien examinadas no gozan de tal garantía, o bien provienen de mirar como verdades científicas adquiridas definitivamente cosas que más tarde se verá no pasan de simples hipótesis o teorías, que con el tiempo, se han de ir retocando[85] .

 

 «No sólo no hay contradicción entre Ciencia y Fe, sino que mutuamente se ayudan y complementan»[86].

Dice el Concilio Vaticano I: «La razón y la fe, no sólo no se contradicen, sino que se ayudan mutuamente»[87] .

 

«La Física ha cambiado mucho durante los últimos cien años, y las posiciones radicalmente materialistas de algunos físicos del siglo XIX resultan hoy insostenibles.

»Muchos ideólogos influyentes, sin embargo, han permanecido anclados en el pasado, y habrán de pasar muchos años hasta que desaparezcan los prejuicios antirreligiosos, supuestamente científicos, que propagaron los ilustrados del siglo XVIII»[88].

 

Max Planck, Premio Nobel de Física dijo: «No se da contradicción alguna entre la Religión y las Ciencias Naturales; ambas son perfectamente compatibles entre sí»[89].

 

Rudolf Kippenhahns, Director del Instituto de Astrofísica Max Planck de Munich, dice: «Me preguntan una y otra vez en mis conferencias, si en la concepción científica del universo queda lugar todavía para Dios... Cuanto más pienso sobre ello, menos entiendo que los conocimientos científicos deban suprimir las ideas de la fe»[90].

 

Como dice el profesor de la Universidad de Navarra, doctor en
Ciencias Físicas, Mariano Artigas: «la Ciencia nunca se ha opuesto a la Religión, y nunca se podrá oponer, porque no hay oposición real». Es más, añadió: «Hoy se puede afirmar como un hecho patente que los grandes científicos, prácticamente sin excepción, están de acuerdo en que no hay oposición real entre Ciencia y Religión»
[91].

 

La verdadera Ciencia no sólo no se opone a la Religión, sino que la confirma cada vez más con sus nuevos descubrimientos.

 

Por eso Pío XII dijo en su discurso a la Academia Pontificia de Ciencias en 1951: «La verdadera Ciencia encuentra a Dios detrás de cada nueva puerta que abre»[92].

 

Es más, la Historia nos enseña que cuando una teoría se opone a lo que la fe sostiene como cierto y como seguro, esta teoría ciertamente es falsa.

Antes o después será desbancada por otra nueva teoría.

Así ha sucedido siempre. Y es natural: porque esa teoría se debe a un hombre que se puede equivocar; en cambio la fe se debe a Dios, que no puede equivocarse.

 

Dios no puede equivocarse, porque es infinitamente sabio. Y no puede engañarnos porque es infinitamente bueno.

 

Pero hombres a quienes estorba la Religión se agarran ansiosos a estas teorías mal demostradas como si fueran dogmas de fe, para desechar los verdaderos dogmas de fe que les estorban.

No porque en los dogmas de la Religión haya misterios -como decíamos antes, la vida está llena de misterios, y eso a nadie extraña-; lo que ellos tienen contra la Religión no son dificultades científicas, sino prejuicios y dificultades morales.

 

Si la Religión no obligara a tener a raya las pasiones, nadie tendría dificultades contra la Religión.

Y si los preceptos morales dependieran de las verdades de la Física, muchos negarían la Física en lugar de negar la Religión[93].

 

Los que niegan la existencia de Dios es porque les conviene que no exista.

Y cuando el hombre no cree en Dios, cree en cualquier superstición.

 

«Las creencias religiosas pueden ser alteradas y deformadas por la voluntad y el mal uso de la libertad, así como por la incoherencia práctica. O se vive como se piensa y cree, o se termina por pensar y creer como se vive»[94].

 

No hay nada que ciegue más que obstinarse en el pecado. Lo dijo Jesucristo:«el que  obra mal  odia la luz»[95] .

Ya dijo Bacón: «Sólo niega a Dios aquel a quien conviene que no exista».

 

Y Juan Jacobo Rousseau: «Mantened vuestra alma en estado de desear que Dios exista, y no dudaréis nunca de Él»[96] 

 

Con todo, conviene observar que el ateísmo va en retroceso.

 

Paul Paupard, Presidente del Pontificio Consejo para los No Creyentes, dijo en Madrid que el ateísmo técnico está disminuyendo en el mundo.

En España sólo se declara ateo el 7% de los españoles[97].

 

No negamos que un ateo pueda ser honrado, pero evidentemente le falta motivación.

Se puede preguntar: ¿Por qué voy a practicar el bien en lugar del mal, si obrando el bien no me proporciono ventajas sino inconvenientes, y obrando el mal salgo ganando?

Si no hay un árbitro que sancione, cada cual hará lo que más le convenga[98] 

Por eso dijo Dostoieski: «Si Dios no existe, todo está permitido».

 

Cuando el hombre arranca a Dios de su vida se vuelve contra sus hermanos los hombres.

Es lo que expresó Hobbes con frase cruda: «El hombre es lobo para el hombre».

Si prescindimos del mandamiento de Jesús, la solidaridad humana es frágil. Fácilmente el otro termina por ser un extraño, un rival o un enemigo.

 

Si no se respeta a Dios, ¿qué otra cosa se puede respetar?

Las consecuencias, a la larga, son funestas.

Si a un árbol se le cortan las raíces, tendrá algunas reservas, pero para poco tiempo.

 Terminará por secarse y troncharse. La raíz de nuestro pueblo está en el cristianismo.

 

Dijo el Papa Juan Pablo II en Liubliana (Eslovenia): “Un mundo construido sin Dios acaba por alzarse contra el hombre”[99] .

 

La fe ilumina al hombre el camino para que se realice a sí mismo en servicio de los demás.

 

La fe ayuda a la razón.

Dice el Concilio Vaticano I[100]: «Podemos conocer a Dios por la razón natural».

Es una certeza que excluye toda duda razonable, pero no se trata de una evidencia axiomática.

La fe es un acto de la voluntad tras el examen, por la razón, de los motivos de credibilidad.

Por eso la razón prepara la fe, no la impone. Para dar este paso al frente es necesaria la gracia de Dios.

Por eso hay que pedir a Dios el don de la fe.

 

La fe es un don en el sentido de que Dios nos ayuda para que nuestra razón no se vea entorpecida por obstáculos psíquicos, morales, culturales, ambientales, etc., que le impidan su correcto funcionamiento.

 

Los fundamentos de la fe hacen la fe razonable. La fe complementa la razón, pero no la destruye.

 

«La razón no es causa de la fe, que es un puro don de Dios; pero es condición indispensable para que la fe sea responsable, humana y no arbitraria. Si la fe no fuera razonable los creyentes seríamos unos estúpidos»[101].

 

«El motivo de creer no radica en el hecho de que las verdades reveladas aparezcan como verdaderas e inteligibles a la luz de la razón natural.

»Creemos a causa de la autoridad de Dios que revela y que no puede engañarse ni engañarnos. Sin embargo, Dios ha querido darnos motivos de credibilidad que muestran que el asentimiento de la fe no es un movimiento ciego del espíritu»[102] .

 

El fideísmo, que es creer sin pruebas, es de raíz netamente protestante (Barth, Bultmann).

Ha hecho presa en algunos teólogos católicos que han olvidado el mandato de Pedro [103] de dar razón de su esperanza.

Las consecuencias han sido nefastas.

Pues no se puede fundamentar la fe sobre la duda y la inseguridad.

 

Hoy está de moda hablar del «riesgo» de la fe, del túnel...

Pero no puede existir una pastoral convincente si no se razona la fe[104].

A nadie le atrae dar un salto en el vacío sin garantías.

En las cosas importantes todos queremos seguridad.

Nadie pone su dinero en un Banco que está en el borde de la quiebra. Nadie toma un alimento putrefacto con peligro de intoxicarse.

 

Como dice Juan Pablo II en su encíclica sobre la Ciencia y la Fe: «Ni fe sin razón, ni razón sin fe».

Según el Santo Padre, la fe se ve dinámicamente enriquecida por la filosofía y la filosofía descubre nuevos horizontes gracias a la fe. Se trata de un enriquecimiento mutuo[105] .

 

Como dice el P. López Pedraz, S.I.: «La evidencia para cada uno es el resultado final de un esfuerzo de atención, de interés, de voluntad, que antecede a la admisión clara.

»¿Admitiríamos la sinceridad del que justifica su desinterés con el pretexto de no ver claro desde el principio?

»En la raíz del no ver puede estar un fallo de la voluntad. En tal caso la oscuridad no excusa, acusa; y la ceguera final es culpable (...).

»La ceguera voluntaria puede llegar a constituir el irremisible pecado contra el Espíritu Santo, contra el que se estrellan todas las manifestaciones luminosas, incluso las más conformes al gusto del interesado (...).

»Hace falta limpiar los ojos.

»No basta con querer ver: los judíos querían ver y muchos terminaron por no ver. Se requiere disponibilidad o receptibilidad para lo que aparezca, sin interponer condiciones que enturbian o tapan visión.

»Purificación de prejuicios.

»Purificación de sentimientos.

»¿Cuántas veces no dedicamos la atención debida a una persona o a un asunto porque se interponen ciertos resabios de simpatía o antipatía, oscuramente nacidos en nosotros, o contagiados por el ambiente, que nos impiden no solamente ver claro sino interesarnos por ver? (...).

»Si un minero, atrapado al derrumbarse la mina, a oscuras, y en trance angustioso de asfixia, ve aparecer por una grieta una luminosidad, por tenue que sea, esto le basta y le sobra para ponerse alerta por si aquello que viene del otro lado de las rocas, donde hay más luz, le anuncia una esperanza de salvación. Dará voces para comunicar su presencia a los posibles salvadores. Si se inhibiese diciendo: “esto no me basta, no hago nada hasta que tenga más luz y señales más claras”, podría quedar sepultado para siempre».

 

3,9. También hace falta orar.

¿Cómo puede orar un ateo, que no sabe si hay Dios?

¿Puede caer en ceguera culpable por no orar?

¿Esto es una paradoja inadmisible?

No: el que se encuentra perdido en un bosque, sin saber lo que hay en el entorno, grita pidiendo auxilio.

¿A quién grita? A nadie. A quien sea.

Grita por si hay alguien.

Pues bien, ningún ateo consecuente podrá eliminar, en conciencia, al menos, la sospecha de que haya Alguien[106].

 

Ya dijo Pascal: «No hay más que dos clases de personas a las que se puede llamar razonables: aquellos que sirven a Dios con todo su corazón, porque lo conocen; y aquellos que buscan a Dios con todo su corazón, porque no lo conocen»[107]

 

Lo religioso es una dimensión necesaria, constitutiva del hombre.

No es algo accidental u opcional, como puede ser la afición al tenis o a coleccionar mariposas.

 

El increyente, es, sin duda, un ser psicológicamente mutilado. El hombre no puede despreocuparse impunemente de Dios.

 

«Pero no es menos cierto que creer es un acto auténticamente humano»[108] .

«En la fe la inteligencia y la voluntad humanas cooperan con la gracia divina»[109] .

 

«Dios da una respuesta definitiva y sobreabundante a las cuestiones que el hombre se plantea sobre el sentido y la finalidad de su vida»[110] .

 

Es una pena la ignorancia religiosa. La fe es lo más importante de la vida, porque es lo único que responde a las verdades fundamentales.

 

Todo ser racional, alguna vez en su vida, es lógico que se pregunte:

¿Qué sentido tiene la vida? ¿Qué será de mí después de la muerte?.

El agnóstico no sabe responder.

En la tumba de un ateo se lee: «He vivido en medio de dudas, y muero en la incertidumbre. No sé a dónde voy».

 

¿De qué me sirve saber el número de mis cromosomas o las vibraciones de la luz ultravioleta si no sé el sentido de mi vida? Sólo la fe tiene ante el dolor explicación y consuelo.

Para el ateo sólo hay tinieblas y desesperación. La fe da rectitud, alegría y esperanza.

El hombre tiene un dimensión religiosa que no se puede apagar. El hombre añora lo religioso.

 

Setenta años de ateísmo militante en la U.R.S.S. no han podido acabar con la fe del pueblo ruso que ha resurgido con fuerza mientras rodaban por el suelo las estatuas de Lenin y Stalin.

 

El alma humana tiende naturalmente a Dios, y es imposible ir contra la naturaleza:

Si tiras una piedra hacia arriba, al cesar el impulso, terminará por caer a tierra.

Si soplas sobre el fuego para que el humo vaya hacia abajo, cuando dejes de soplar el humo se irá hacia arriba.

El barco tiende a flotar. Sólo se quedará en el fondo del agua si está agujereado.

 

El alma que no siente su destino hacia arriba es que está rota, destrozada.

Por eso naufraga como un barco agujereado.

 

El que tiene fe ve a Dios detrás de todo lo mundano. Como el que sabe que detrás de los nubarrones está el Sol.

 

3,10. La fe es un don de Dios[111] .

Es una gracia de Dios, que debemos pedir sin descanso. Incluso el que cree que no tiene fe, debe orar. Al menos podría decir: «Señor, si existes, concédeme el don de la fe». Como es cierto que existe, será oído y obtendrá la fe.

 

Carlos de Foucauld (1858-1916), oficial del ejército francés encontró la fe, a los 28 años, después de llevar una vida desordenada, repitiendo: «Dios mío, si existes, haz que te conozca»[112] 

 

Dios sale siempre al encuentro del que sinceramente le busca[113] . «Dios está cerca de los que lo buscan sinceramente»[114].

 

«Dios no rechaza jamás al que hace lo que puede para acercarse a Él»[115] .

 

«La fe es un don sobrenatural de Dios. Para creer, el hombre necesita los auxilios interiores del Espíritu Santo»[116] .

 

Con ella profundizamos en el conocimiento de la Religión y vemos cosas insospechadas para el que no la tiene. Es la diferencia entre la contemplación de la partitura de un concierto hecha por un profano o por un gran músico.

 

Es triste ser sordo, y no poder oír la música. Es triste ser ciego, y no poder ver las flores. Pero más triste es no tener fe, y no poder tener esperanza en la misericordia de Dios, nuestro Padre.

 

El espíritu de fe nos hace juzgar de todas las cosas según las normas de la fe, desde el punto de vista de Dios. Esta iluminación hay que pedírsela al Espíritu Santo.

 La fe ilumina la noche. Pero no suprime la noche.

 

Como las luces que señalan al piloto la pista de aterrizaje. Le señalan el camino, pero no iluminan las tinieblas. Vamos viendo según vamos avanzando. Como con la linterna que alumbra nuestros pasos.

 

La fe ilumina la Verdad. Nos da a conocer cosas insospechadas, y nos lleva a aceptar la Verdad y a adherirnos a la Persona que nos la transmite.

Se une a ella como dos ríos en uno solo.

 

Es una opción por Algo y por Alguien. Dios no se impone. Quiere ser elegido libremente. Dios se me ofrece en una declaración de amor, y espera mi respuesta.

 

La fe nos adhiere a Dios y nos impulsa a adherirnos cada vez más perfectamente a Él por la gracia. Precisamente nos hace ver que en realidad sólo podremos estar reunidos a Él si estamos en gracia.

 

3,11. En la fe «el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece el homenaje total de su entendimiento y voluntad, asintiendo libremente a lo que Dios revela»[117].

 

La fe no debe ser sólo intelectiva, seca, fría, sin palpitación vital.

Debe ser alegre, optimista, ardiente, que brote de las entrañas del espíritu, y vivifique todo nuestro ser y nuestro obrar.

 Fe que se ilumine con la cabeza, y se caliente con el corazón.

La fe da optimismo para llevar esta vida tan llena de calamidades.

Es como el pájaro que oye crujir la rama sobre la que está, al ser zarandeada por vendaval: él no teme, porque tiene alas.


[1] ÁNGEL Mª. ROJAS, S.I.: Espiritualidad del estudiante, II, A, 2, 5. EDAPOR. Madrid. 1984.

[2]  VINTILA HORIA: Fe cristiana y cultura humana, III. Ed. A.D.U.E. Madrid. 1983.

[3] MANUEL CARREIRA , S.I.: El hombre en el cosmos, I.  Ed.Sal Terrae. Santander. 1997.

[4] JOSÉ LUIS COMELLAS: Astronomía, XXIV, C. Ed. Rialp.Madrid. 1987.

[5] VINTILA HORIA: Viaje a los centros de la Tierra, 2ª,I, 3. Ed. Plaza y Janés. Barcelona. 1971.

[6] Diario ABC del 18-V-1969.

[7] Revista PALABRA, 95 (VII-73) 35.

[8] SALVADOR DE MADARIAGA: Dios y los españoles, 2ª, IV. Ed. Planeta. Barcelona. 1975.

[9] Revista PALABRA, 95 (VII-73) 33

[10] MANUEL Mª.CARREIRA, S.I.: Dios el hombre y el universo, I, 1. Madrid. 1976.

[11] Revista MUY interesante, 55 (XII-85) 13

[12] Diario YA dominical del 8-I-87, pág. 20.

[13] Profesor de FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA en la Universidad Gregoriana de Roma. Está considerado como uno de los mayores científicos jesuitas, según el Diccionario Biográfico de la Compañía de Jesús, publicado por el Instituto Histórico de Roma

[14]Diario YA del 6-XII-84, pág. 10.

[15] Varios Autores: Física y Religión en perspectiva, Apéndice 4. Ed. Rialp. Madrid. 1991.

[16] ÁNGEL SANTOS RUIZ: Vida y espíritu ante la ciencia de hoy, XX. Ed Rialp. Madrid. 1970.

[17] MARIANO ARTIGAS: Ciencia, Razón y Fe, VI, 6. Libros  M. C. Madrid. 1985.

[18]GARCÍA DURÁN: Cajal, 2ª, I, 1. Institución Fernando el Católico. Zaragoza.

[19]Diario YA del 28-XII-52.

[20]70 años de ABC.

[21]Revista SEMANA del 30-I-51.

[22]Revista ECCLESIA, 1295 (11-VI-1966) 4

[23]  Boletín informativo del Vaticano en INTERNET: ZENIT 980225-4

[24] ABC de Madrid del 27-XII-91.Pág. 53

[25] M. BERNABÉ IBÁÑEZ: El Evangelio olvidado, X.  Ed. P.P.C. Madrid. 1987.

[26] Revista BLANCO Y NEGRO del 2-I-94.Pág. 46

[27] ABC de Madrid del 14-III-97.Pág.77

[28]Diario YA del 20-VII-1985. Pág.8

[29] Acta Apostolicae Sedis, 44 (1952) 31.

[30] ÁNGEL SANTOS RUIZ: Vida y espíritu ante la Ciencia de hoy, XX. Ed. Rialp. Madrid. 1970

[31] DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº 1797.  Ed. Herder. Barcelona

[32]Diario YA del 10-III-1977. Pág.25.

[33] Revista ECCLESIA, 2560,(28-XII-91),20.

[34]Revista IBÉRICA de Actualidad Científica, 103 (I-1971) 41

[35]Diario YA del 7-IV-1991.Pág. 6.

[36] OLEGARIO G. CARDEDAL:La entraña del cristianismo,1ª,1,II,2. Sec.Trinitario.Salamanca.1997.

[37] ZENIT, Boletín informativo del Vaticano en INTERNET: ZS00021003.

[38] Diario YA, 2-X-88, pg.21

[39] Diario EL MUNDO de San Juan de Puerto Rico, 19-III-89, pg. 27

[40] JOSÉ M. CIURANA: La verdad del Cristianismo, I, B, c. Ed. Bosch. Barcelona, 1980. Magnífico libro para demostrar que la Iglesia Católica es la única fundada por Cristo-Dios

[41] SANTIAGO MARTÍN: Para qué sirve la fe, I,1.  Ed. Temas de hoy. Madrid.1995.

[42] Citado por BALMES en  El criterio, XXI, 14. Ed. BAC. Madrid.

[43] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 29

[44] Pedidos a: Apartado 2564. 11080-Cádiz. Tel.: (956) 222 838. FAX: (956) 205 810.

[45] MADRE ANGÉLICA: Respuestas, no promesas, X,9.  Ed. Planeta+Testimonio. Barcelona. 1999.

[46] MADRE ANGÉLICA: Respuestas, no promesas, I,6.  Ed. Planeta+Testimonio. Barcelona. 1999.

[47] VITTORIO MESSORI: Algunas razones para creer, XIII,  Ed. Planeta+Testimonio. Barcelona.2000

[48]  VITTORIO MESSORI: Algunas razones para creer,II,  Ed. Planeta+Testimonio. Barcelona.2000

[49]  VITTORIO MESSORI: Algunas razones para creer, IV,  Ed. Planeta+Testimonio. Barcelona.2000

[50]  VITTORIO MESSORI: Algunas razones para creer, VII,  Ed. Planeta+Testimonio. Barcelona.2000

[51] Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitución  sobre la Iglesia en el mundo actual, n.21

[52]  VITTORIO MESSORI: Algunas razones para creer, IV.  Ed Planeta+Testimonio.Barcelona.2000.

[53] MARIANO ARTIGAS: Ciencia, Razón y Fe, III, 2. Libros M.C. Madrid, 1985

[54] JUAN LÓPEZ PEDRAZ,S.I.;¿De veras que el cristianismo no convence? Ed.Sal Terrae.Santand.

[55] MANUEL CARREIRA, S.I.: El hombre en el cosmos, VI,2.  Ed. Sal Terrae. Santander. 1997

[56] JUAN HUARTE: Evolución y problema religioso, pg. 305. Unión Editorial. Madrid, 1984

[57] JUAN HUARTE: Evolución y problema religioso, IX, 3, A. Unión Editorial. Madrid, 1984

[58] JORGE LORING, S.I.: La autenticidad de la Sábana Santa de Turín. Sexta edición. Madrid, 1990.

[59] Pedidos al autor: Apartado 2564. 11080-Cádiz. Tel.: (956) 222 838. FAX: (956) 229 450

[60] BENITO ORIHUEL. En el principio creó Dios...,I,1.  Ediciones Internacionales. Madrid. 2001.

[61] MANUEL CARREIRA, S.I.: El hombre en el cosmos, VI. 2.  Ed. Sal Terrae. Santander. 1997

[62] RENÉ LAURENTIN: Creo en Dios, VII.  Ed. San Pablo. Madrid. 1995

[63] JUAN HUARTE: Evolución y problema religioso, pg.304. Unión Editorial. Madrid, 1984

[64] CÁNDIDO POZO, S.I.: Valor religioso del acto de fe, V. Universidad de Granada

[65] ALFONSO AGUILÓ: Interrogantes en torno a la fe, I, 2. Ed. Palabra. Madrid. 1994

[66] VITTORIO MESSORI: El gran milagro, 1ª, X.  Ed. Planeta+Testimonio. Barcelona.1999.

[67] JUAN LUIS RUIZ DE LA PEÑA: Crisis y apología de la fe, 1º,II,5. Ed.Sal Terrae. Santander. 1995.

[68] CONCILIO VATICANO I: Constitución Dei Filius, II. DENZINGER-S, n.3.004; 3.026.

[69]Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº  510. DENZINGER: nº1.785.

[70] SAN PABLO: Carta a los Romanos, 1:20.

[71] JOSÉ A. SAYÉS: Dios existe, V, 3. Ed. EDAPOR, 1982. Libro breve, pero precioso. Ayuda a ver lo razonable que es creer

[72] ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Jesucristo y la vida cristiana, n.66. Ed. BAC. Madrid. 1961.

[73] Revista ECCLESIA, n.2251 (4-11, I, 86)37.

[74] KOLB: Sin Cristo, VIII. Ed. Euramérica. Madrid. 1958.

[75] JOSEF PIEPER: La fe hoy, IX.  Ed. Palabra. Madrid.

[76] ARBIL. Revista de pensamiento y crítica, nº 35.

[77] JUAN IGNACIO BAÑARES: 39 Cuestiones doctrinales,V, 1.  Ed. Palabra. Madrid. 1990.

[78]  JUAN LÓPEZ PEDRAZ, S.I.: Cuando se está perdiendo la fe, 2º, XII. Ed. Sal Terrae.Santander.

[79] Evangelio de SAN MATEO, 15:19

[80] EUSTAQUIO GUERRERO,S.I.: Jesucristo, la mejor prueba de la fe católica, XII, 1.  Ed. Mensajero

[81] MONS. PEINADO: Exposición cristiana de la fe, 2ª, II, 26.  Ed. BAC. Madrid. 1975.

[82] Diario YA del 26-XII-88. Pg. 13

[83] Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, nº 36

[84] Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitución  sobre la Iglesia en el mundo actual, nº 36

[85] ANTONIO ROMAÑÁ, S.I.: Estado actual de la Cosmología. Apéndice. Publicaciones del Observatorio del Ebro. Tortosa, 1966

[86] MANUEL Mª. CARREIRA, S.I.: Doctor en Ciencias Físicas y Profesor de Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Cleveland, EE.UU.: El creyente ante la Ciencia, II, 4. Cuadernos BAC, n.57. Madrid

[87] DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº1799.  Ed. Herder. Barcelona

[88] Varios Autores: Física y Religión en perspectiva: Introducción. Ed. Rialp. Madrid, 1991

[89] WERNER HEISENBERG: Diálogos sobre Física Atómica, VII. Ed. BAC. Madrid, 1972

[90] RUDOLF KIPPENHAHNS: Luz del confín del Universo. Ed. Salvat. Barcelona, 1989

[91] MARIANO ARTIGAS, Doctor en Ciencias Físicas y Profesor de la Universidad de Navarra: Física y Religión en perspectiva, Apéndice 4. Ed. Rialp. Madrid, 1991

[92] PASCUAL JORDAN: El hombre de Ciencia ante el problema religioso, III, 15. Ed. Guadarrama. Madrid, 1972

[93] STAUDINGER: La vida eterna, I, 1. Ed. Herder. Barcelona.

[94] MANUEL GUERRA GÓMEZ: 39 Cuestiones doctrinales, I,1.  Ed. Palabra. Madrid. 1990.

[95] Evangelio de SAN JUAN: 3:20

[96] ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Dios y su obra, 1º, 1ª, III, n º 40. Ed. BAC. Madrid

[97] Diario YA del 6-VII-92, pg.22.

[98]  VITTORIO MESSORI: Algunas razones para creer, VI.  Ed Planeta+Testimonio.Barcelona.2000.

[99] Diario ABC de Madrid del 19-V-96, pg.63

[100] DENZINGER-SCHRON, nº 3004

[101] JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Cristología fundamental, VIII, 2, b. Ed. CETE. Madrid, 1985.

[102] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 156

[103] Primera Carta de SAN PEDRO: 3:15.

[104] JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Cristología fundamental. Introducción, 2. Ed. CETE. 1985.

[105] ZENIT: Boletín informativo del Vaticano en INTERNET, ZE980916-1

[106] Mons. GUERRA CAMPOS: Ateísmo, hoy, 3º, III, 2. Ed.Fe Católica. Madrid, 1978.

[107] PASCAL: Pensamientos, nº11.

[108] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 154

[109]  Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 155

[110]  Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 68

[111] SAN PABLO: Carta a los Efesios, 2:8. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 153

[112] ANDRÉS LEONARD: Razones para creer, IX, 3. Ed. Herder Barcelona. 1990.

[113] Canon IV de la Misa

[114] Salmo 145:18

[115] ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: La fe de la Iglesia, 1ª,VI, 1.  Ed. BAC. Madrid

[116] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 179.

[117] Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación,n.5.