Ernesto Cofiño

A pedido del postulador de su causa de Beatificación y con gran gusto personal les presento al Siervo de Dios Ernesto Cofiño.

Querido Juan María: soy el encargado de la Oficina de las Causas de los Santos en Guatemala y me ocupo de la causa de Beatificación de Ernesto Cofiño. Estamos interesados en dar a conocer su figura en el  mundo hispanoparlante y he pensado que quizá podás ayudarnos a través de oracionesydevociones. Aparte de encontrar toda la información enwww.ernestocofino.org, se me ocurre que –si lo vieras conveniente- se podría enviar a tus suscriptores el Boletín electrónico que publicamos cada dos meses. En caso de que vieras viable hacer algo, podés avisarme a esta dirección o a mario.grazioso@gmail.com  (mejor porque lo veo todos los días). Los encomienda,

                                                   Mario Grazioso

Te escribo ahora algo más sobre la vida de Ernesto Cofiño:

Su paso por esta tierra prácticamente llegó a dividirse en tres etapas cada una de 30 años: los primeros 30, soltero; lo siguientes 30 casado hasta la viudez y los últimos 30, viudo. Padre de 5 hijos. Conocido en Guatemala como Padre de la Pediatría guatemalteca por haber introducido esa cátedra en la Facultad de Medicina estatal y haber forjado generaciones de pediatras. Pero, además, porque en la práctica profesional,  dedicó gran parte de su tiempo a atender a niños desnutridos y niños tuberculosos. Para él, la desnutrición, era la primera enfermedad en el país.

Actualidad de su figura y su mensaje

            La Carta Apostólica “Tertio Millennio Adveniente”de S. S. Juan Pablo II, al final del número 37,  anima a la búsqueda del testimonio de la vida de hombres y mujeres que hayan vivido en este tiempo, y que hayan realizado su vocación cristiana en el matrimonio; para proponerlos  como modelo y estímulo a los esposos cristianos.  Ernesto Cofiño buscó la santificación  en el matrimonio y la familia.

            La Carta Apostólica “Tertio Millenio Adveniente”  hace ver,  también,  la necesidad de hombres y mujeres que sean como levadura cristiana en medio de la sociedad.

            En la  sociedad actual amenazada por  la indiferencia religiosa, por el materialismo práctico, el hedonismo - que facilita que la gente se aísle, se vuelva egoísta - la vida del doctor  Ernesto  Cofiño Ubico  es  un mensaje de generosidad y entrega, ya que se puede decir,  que la suya  fue “una vida de servicio”.

            Su humildad es ejemplar.  Ernesto tenía una gran personalidad, mucha simpatía y sentido del humor. Gozaba de un gran prestigio profesional como médico pediatra, como catedrático. Recibió muchos premios y condecoraciones. Ocupó puestos importantes. Nunca se sintió superior a nadie y a nadie trató con altanería.

            Consiguió en su  vida una profunda coherencia cristiana.  Fue un hombre en continuo contacto con la Universidad que actuó, como levadura cristiana, en el mundo de la ciencia.

            El amor a los niños enfermos y necesitados presidió toda su vida. Amaba a los niños, y especialmente se prodigaba con los más pequeños indefensos: los huérfanos, los tuberculosos, los azotados por la “enfermedad del hambre” a la que él calificaba como el problema número uno de Centro América.  Dejó en la mente de sus alumnos una idea clara para que fuera siempre una premisa invariable: “velar por el ser humano. Y velar por él es vigilarlo en su dignidad. Que no lo degrade el hambre, que no lo venza una ciencia apoyada en el afán de conquista”.

Su causa beatificación y canonización

                El día 31 de julio de 2000,  en la sesión de apertura de la investigación diocesana  sobre la vida y virtudes del Siervo de Dios Ernesto Cofiño, que tuvo lugar en el Salón del Trono del Palacio Arzobispal de la ciudad de Guatemala, el Señor Canciller de la Curia,  Mons. Gustavo Rodolfo Mendoza dio lectura al Decreto Arzobispal de Introducción de la Causa y del nombramiento del Tribunal Arquidiocesano que se encargaría de instruir el Proceso. La sesión fue presidida por el  Sr. Arzobispo Mons. Próspero Penados del Barrio.

                Fue un acto entrañable para cuantos estuvieron presentes. Entre ellos que se contaba el Vicario Regional del Opus Dei, hijos e hijos políticos, familiares, colegas y amigos del Doctor Cofiño.

                El 5 de abril de 2001, al concluir el Tribunal  la interrogación de los testigos, y recogida de los documentos concernientes a la Causa, tuvo lugar la sesión de clausura, también bajo la presidencia del Señor Arzobispo Primado de Guatemala. Las actas y la  documentación del Proceso fueron presentadas en la Congregación para las Causas de los Santos en Roma, el día 5 de mayo de 2001.

               Sobre su experiencia al ingresar en el Opus Dei (Obra de Dios) escribió más tarde el mismo Ernesto: Mi forma de vida  no cambió -seguí con las actividades de siempre, ya que la Obra no se inmiscuye en estas cosas- pero en lo interior sí hubo una transformación. La formación que la Obra me dio me llevó a asimilar la doctrina de la Iglesia, a tratar a Dios con profundidad a través del cumplimiento de algunas prácticas de piedad, a hacer apostolado con mis amigos para recristianizar esta sociedad, esforzándome en trabajar bien y en atender mis obligaciones familiares, cívicas y sociales. En otras palabras, a estar muy metido en el mundo sin necesidad de salirme de él para tratar a Dios” .

Su última etapa

A los 80 años se le detectó un cáncer en la mandíbula.  Tuvieron que quitarle tres cuartas partes del maxilar inferior.  Era la excusa perfecta para retirarse y, por decirlo de alguna manera, “dormirse en sus laureles”.  Pero no era su estilo.  Para el doctor Cofiño el cáncer fue como el parón  que hace un deportista para recobrar fuerzas, tomar aire, y dar el mejor esfuerzo al final, pues siguió trabajando con gran empeño. Sólo lo pudo detener una cosa: el rebrote del cáncer a sus 92 años.  Luchó por vencerlo, porque quería vivir más para seguir sirviendo, pero ya Dios lo quería a su lado. 

            Murió santamente, auxiliado con los últimos sacramentos, después de una enfermedad larga y dolorosa, llevada con fortaleza y conformidad,  el 17 de octubre de 1991, a las 7:20 de la mañana, en la ciudad de Guatemala, “exprimido como un limón”.

Citado en Testimonio de José Luis Cofiño Samayoa.

Ordenación con San Juan Pablo II 1990

Con San Josemarí�a 16 de junio de 1974

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