raciones a San José

5.1. Preces a San José
5.2. Letanía de San José
5.3. Oración para pedir la pureza
5.4. Los siete domingos de San José 

San José es el esposo castísimo de la Virgen María y el hombre justo que hizo las veces de padre de Jesúsen la tierra. Nadie ha conocido y tratado tan de cerca de Jesús y a María como él. San José cumplió con fortaleza y cariño la misión que Dios le confió. Y se hizo santo sin dejar su humilde trabajo de artesano, como para recordarnos a todos a todos que en eso consiste la santidad: cumplir la voluntad de Dios en el sitio donde Él nos ha colocado, haciendo muy bien y con amor las cosas corrientes de cada día.

5.1. Preces a San José

¡Oh feliz varón, bienaventurado José, a quien le fue concedido no sólo ver y oir al Dios, a quien muchos reyes quisieron ver y no vieron, oir y no oyeron, sino también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo!

V. Ruega por nosotros, bienaventurado José

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Oración: Oh Dios que nos concediste el sacerdocio real; te pedimo que, así como San José mereció tratar y llevar en sus brazos con cariño a tu Hijo unigénito, nacido de la Virgen María, hagas que nosotros te sirvamos con corazón limpio y buenas obras, de modo que hoy recibamos dignamente el sacrosanto Cuerpo y Sangre de tu Hijo, y en la vida futura merezcamos alcanzar el premio eterno. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

5.2. Letanías de San José

La Iglesia nos anima a prepararnos para la hora de nuestra muerte (“De la muerte repentina e imprevista, líbranos Señor”: Letanías de los santos), a pedir a la Madre de Dios que interceda por nosotros “en la hora de nuestra muerte (Avemaría), y a confiarnos a San José, patrono de la buena muerte (CIC 1014).

Señor, ten piedad, Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad, Cristo, ten piedad.
Cristo, óyenos, Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos, Cristo, escúchanos.
Dios Padre celestial, Ten piedad de nosotros.
Dios Hijo Redentor del mundo, Ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, Ten piedad de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios, Ten piedad de nosotros.
Santa María, Ruega por nosotros

San José
Esposo de la Madre de Dios
Custodio de la Virgen
Padre Adoptivo del Hijo de Dios
Solícito defensor de Cristo
Jefe de la Sagrada Familia
José justo

José casto
José prudente
José fuerte
José obediente
José fiel
José pobre
José paciente


Modelo de los trabajadores
Ejemplo de amor al hogar
Amparo de las familias
Consuelo de los que sufren
Esperanza de los enfermos
Abogado de los moribundos
Protector de la Santa Iglesia

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. Ten misericordia de nosotros  

Oración: Oh Dios, que has querido elegir a San José para esposo de tu Madre Santísima: te rogamos nos concedas que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle por intercesor en el cielo: Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

V. San José, haz que vivamos una vida inocente, R. Asegurada siempre bajo tu patrocinio.

5.3. Oración para pedir la pureza

San José, mi padre y señor, tú que fuiste guardián fiel del Hijo de Dios y de su Santísima Madre, la Virgen María, alcánzame del Señor la gracia de un espíritu recto y de un corazón puro y casto para servir siempre mejor a Jesís y a María. Amén.

5.4. Los sietes domingos de San José

La Iglesia, siguiendo una antigua costumbre, prepara la fiesta de San José, el día 19 de marzo, dedicando al Santo Patriarca los siete domingos anteriores a esa fiesta -en recuerdo de los principales gozos y dolores de la vida de San José-. Comienzan el séptimo domingo antes del 19 de marzo (último domingo de enero o primero de febrero).

Primer domingo

Su dolor: cuando decidió abandonar a la Bienaventurada Virgen María.
Su gozo: cuando el ángel le comunicó el misterio de la Encarnación: que el niño nacido de María es Hijo de Dios y el Mesías esperado. 

Oración: Glorioso San José, esposo de María Santísima. Como fue grande la angustia y el dolor de tu corazón, en la duda de abandonar a tu purísima Esposa, así fue inmensa la alegría cuando te fue revelado por el Ángel el soberano misterio de la Redención.

Por este dolor y gozo, te rogamos nos consueles en las angustias de nuestra última hora y nos concedas una santa muerte, después de haber vivido una vida semejante a la tuya junto a Jesús y María. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén  

Segundo domingo 

Su dolor: cuando vio al niño Jesús nacer en la pobreza.
Su gozo: cuando los ángeles anunciaron su nacimiento. 

Oración: Dichoso Patriarca San José, elegido para cumplir los oficios de padre cerca del Verbo Humanado. Grande fue tu dolor al ver nacido a Jesús en tan extrema pobreza, pero este dolor se cambió en gozo celestial al oír los cantos de los ángeles y contemplar el resplandor de aquella luminosa noche. Por este dolor y gozo, te suplicamos nos alcances la gracia de que, después de haber seguido nuestro camino en la tierra, podamos oír las alabanzas angélicas y gozar de la vista de la gloria celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén  

Tercer domingo 

Su dolor: cuando vio la sangre de Jesús vertirse en la circuncisión.
Su gozo: cuando lo llamó «Jesús». 

Oración: Glorioso San José, ejecutor obediente de la Ley de Dios. La Sangre preciosa que en la circuncisión derramó el divino Redentor, te traspasó el corazón; pero el nombre de Jesús, que se le impuso, te llenó de consuelo. Por este dolor y gozo, te rogamos nos alcances la gracia de vivir luchando contra la esclavitud de los vicios, para tener la dicha de morir con el nombre de Jesús en los labios y en el corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén  

Cuarto domingo 

Su dolor: cuando oyó la profecía de Simeón.
Su gozo: cuando supo que los sufrimientos de Jesús salvarían al mundo.

Oración: San José, modelo de fidelidad en el cumplimiento de los planes de Dios. Grande fue tu dolor al saber, por la profecía de Simeón, que Jesús y María estaban destinados a padecer; mas este dolor se convirtió en gozo al conocer que los padecimientos de Jesús y María serían causa de salvación para innumerables almas. Por este dolor y gozo, te rogamos que, por los méritos de Jesús y María, seamos contados entre aquellos que han de resucitar gloriosamente. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén  

Quinto domingo

Su dolor: al huir a Egipto con Jesús y María.
Su gozo: al estar siempre en su compañía.

Oración: San José, Custodio y familiar íntimo del Verbo de Dios encarnado. Grande fue tu sufrimiento para alimentar y servir al Hijo del Altísimo, sobre todo en la huida a Egipto; de igual manera fue grande tu alegría al tener siempre en tu compañía al mismo Hijo de Dios y ver cómo caían en tierra los ídolos de Egipto. Por este dolor y gozo, te rogamos nos alcances la gracia de que, huyendo de las ocasiones de pecado, venzamos al enemigo infernal y hagamos caer de nuestro corazón todo ídolo de pasiones terrenas, para que, ocupados en servir a Jesús y a María, vivamos únicamente para ellos y tengamos una muerte feliz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén  

Sexto domingo 

Su dolor: cuando temía volver a su casa.
Su gozo: al ser avisado por el ángel de ir a Nazaret.

Oración: Glorioso San José, que tuviste sujeto a tus órdenes al Rey de los Cielos. Si tu alegría al regresar de Egipto se vio turbada por el miedo a Arquelao, después, al ser tranquilizado por el Ángel, viviste contento en Nazaret con Jesús y María. Por este dolor y gozo, alcánzanos la gracia de vernos libres de temores, y gozando de la paz de conciencia, de vivir seguros con Jesús y María y morir en su compañía. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén  

Séptimo domingo

Su dolor: al perder al niño Jesús.
Su gozo: al encontrarlo en el Templo.

Oración: San José, ejemplar de toda santidad. Grande fue tu dolor al perder, sin culpa, al Niño Jesús, y haber de buscarle, con gran pena, durante tres días; pero mayor fue tu gozo cuando al tercer día lo hallaste en el templo en medio de los Doctores. Por este dolor y gozo, te suplicamos nos alcances la gracia de no perder nunca a Jesús por el pecado mortal; y si por desgracia lo perdiéramos, haz que lo busquemos con vivo dolor, hasta que lo encontremos y podamos vivir con su amistad para gozar de Él contigo en el Cielo y cantar allí eternamente su divina misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Ordenación con San Juan Pablo II 1990

Con San Josemarí�a 16 de junio de 1974

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