CUENTOS PARA PENSAR IV
Pbro. Pedro Chinaglia Salesiano (SDB)
127º Las puertas de las celdas eran todas iguales. Pude encontrarla cuando amaneció.
Pablo VI, que era amigo de las parábolas, contaba la historia de Berdiaef, el gran pensador de la iglesia ortodoxa rusa. Un día éste pensador visitó uno de los más famosos monasterios ortodoxos construidos con un bellísimo claustro central sobre el que se abrían, las puertas de las celdas de los monjes. Las puertas eran todas iguales, distinguidas únicamente por el nombre de un santo diferente sobre el dintel.
Cuando llegó la noche cada monje ingresó en su celda y la paz se hizo dueña del claustro. Era una noche muy oscura; ni la luna brillaba en el cielo. Y Berdiaev, dado que no tenia sueño, decidió pasear un rato por el claustro, cuya belleza tanto le había impresionado. Se sintió lleno y feliz andando y viniendo por los corredores tanto que perdió la cuenta de las vueltas dadas por el ancho recinto.
Cuando al fin se sintió dominado por el sueño, tropezó con el problema de distinguir la puerta de su celda, siendo como eran todas idénticas. En una noche totalmente oscura era imposible distinguir los nombres de los santos que las diferenciaban; y no sabía dónde podrían estar las llaves de la luz. ¿Tendría que despertar a unos de los monjes? Su caridad se lo impedía. Sólo tenía la solución de continuar dando vuelvas y vueltas al claustro hasta que llegase la luz del día. Y así hizo.
Y la salida del sol le dio luz suficiente para distinguir su puerta de las demás. Había girado en torno a ella, había pasado ante ella docenas de veces sin llegar a verla, y ahora, ahí estaba facilísima y evidente. Gracias a la luz.
Y Pablo VI comentaba: así nos ocurre a los hombres con la verdad. Vivimos encerrados en la noche del mundo y con frecuencia nos es casi imposible distinguir la verdad de la mentira. Pero sólo la llegada de la luz - de la luz de Cristo - nos permitirá distinguir la puerta de la verdad.
128º Si este ladrillo es tuyo.... quédate con él.
En un viejo libro del siglo IV, en el que se cuentan las vidas de los santos Padres del desierto, leo la historia de aquellos dos anacoretas que vivían juntos y jamás habían tenido una discusión. Un día uno de los dos dijo a su compañero: "Yo creo que, al menos una vez en la vida, tú y yo deberíamos tener una discusión como las tiene todo el mundo. Así sabríamos qué es eso de pelear.
A lo que su compañero respondió: "Si tu quieres, tengámosla, Pero lo malo es que yo no sé cómo empezar". "Muy sencillo - dijo el primero - Voy a poner un ladrillo entre nosotros y después diré: "Este ladrillo es mío" Y tú me contestarás: "No, me pertenece a mí" Esto llevará a polemizar y a disputar".
Colocaron, pues, el ladrillo entre ambos. Y el primero dijo: "Esto es mío". El segundo respondió: "No, estoy seguro de que es mío". Pero el primero insistió: "No es tuyo, es mío, siempre ha sido mío". A lo que, esta vez, respondió el segundo: "Está bien, si te pertenece , tómalo". Y así fue como los dos monjes no lograron pelearse.
Esta ingenua narración deja en ridículo todas nuestras disputas porque demuestra que al menos el 99% nuestras riñas surgen por tonterías que carecen de toda importancia.
Nos dice también que mayor parte de nuestras discusiones surgen de afanes de posesión. Si se borraran del diccionario las palabras 'mío' y 'tuyo' se acabaría la mayor parte de las polémicas entre los hombres.
La tercera conclusión es la de aquel viejísimo refrán que cuenta que 'dos no riñen si uno no quiere'. El segundo de nuestros monjes lo entendía muy bien. Comenzó a discutir, pero se cansó en seguida. Se dio cuenta de que la paz con su compañero valía mucho más que el aclarar quién de los dos tenía razón sobre la propiedad del ladrillo. Y así, cediendo, pareciendo ser derrotado, ganó. Ganó la amistad, que valía mas que un millón de ladrillos.
129º Sólo el artista veía el caballo dentro del bloque de mármol.
Cuentan que un chico, vecino de un gran taller de escultura, entró un día en el estudio del escultor y vio en él un gigantesco bloque de piedra y el escultor que lo estaba mirando. Dos meses después, al regresar, encontró en su lugar una preciosa estatua ecuestre. Y, volviéndose al escultor , le preguntó: "¿Y cómo sabías tú que dentro de aquel bloque había un caballo?"
La frase del pequeño era bastante más que una 'gracia' infantil. Porque la verdad es que el caballo estaba, en realidad, ya dentro de aquel bloque, y que la capacidad artística del escultor consistió precisamente en eso: saber ver el caballo que había dentro y quitarle al bloque de piedra todo cuanto le sobraba. El escultor no trabajó añadiendo trozos de caballo al bloque de piedra, sino liberando a la piedra de todo lo que le impedía mostrar al caballo ideal que tenía en su mente. El artista supo 'ver' dentro lo que nadie veía. Ése fue su arte.
Educar viene de 'educere' es decir sacar de dentro. El gran poeta griego Píndaro, en un famoso verso suyo, nos aconsejaba de ser lo que somos: "Sé lo que eres", es decir, saca de ti mismo aquella personalidad que está escondida en ti y que puedes sacar a luz con tu esfuerzo y perseverancia. Este es el más arduo trabajo que exista.
Pero vale la pena porque lo que hacemos de nosotros mismos durará por toda la eternidad.
130º Dios no se encontraba al otro lado de la montaña. Era Él quien cuidaba al herido.
Hay una leyenda eslava que cuenta la historia de un monje, Demetrio, que un día recibió una orden tajante: debería encontrarse con Dios al otro lado de la montaña en la que vivía, antes de que se pusiera el sol. El monje se puso en marcha, montaña arriba. Pero, a mitad de camino, se encontró con un hombre herido que pedía socorro. Y el monje, casi sin detenerse, le explicó que no podía pararse, porque Dios le esperaba al otro lado de la cima, antes de que se pusiera el sol. Le prometió que volvería en cuanto hubiese atendido a Dios. Y continuó su marcha. Horas más tarde, cuando, aún el sol brillaba en todo lo alto, Demetrio llegó a la cima de la montaña y desde allí sus ojos se pusieron a buscar a Dios. Pero Dios no estaba. Miró entonces hacia atrás y en el fondo valle y vio a Dios que estaba ayudando al hombre herido que él no había querido ayudar.
Hay incluso quien dice que Dios era el mismo herido que le había pedido ayuda..
El prójimo es nuestro lugar de cita con Dios.
En el amor a Dios uno puede engañarse; puede alguien decir que ama a Dios porque decirle a Dios te amo no cuesta nada. Amar al prójimo, en cambio, no admite trampas.
El intento de construir un cristianismo unidimensional es absurdo: lo vertical (el trato con Dios) y o horizontal(el amor efectivo al prójimo) forman una misma cruz. Eso sí, lo horizontal es visible y lleva con toda seguridad a lo vertical que es invisible. La cruz cristiana se puede interpretar como la representación del único mandamiento que tiene dos aspectos: el amor a Dios y al prójimo. Las dos dimensiones son iguales, tanto amo a Dios cuanto al prójimo, pero el amor al prójimo es visible y puedo entonces averiguar si existe también la dimensión invisible. Después de haber explicado eso, a veces presento a los alumnos una adivinanza. En el pizarrón trazo una línea horizontal y pregunto: ¿Qué ven? Todos contestan: ¡un segmento horizontal! Y yo respondo: no, esta es una cruz que tiene la línea vertical invisible.
Dice Jesús: "No basta con que me digan: Señor, Señor, para entrar en el Reino de los cielos, sino que hay que hacer la voluntad de mi Padre que está en el cielo" (Mt 7,21) y la voluntad de Dios nuestro padre es que nos amemos los unos a los otros como Jesús nos ha amado. "Les doy este mandamiento nuevo, que se amen unos a otros" (Jn 13,34)
131º San Camilo de Lelis podía regalar hasta su sombra.
La naturaleza había dado a San Camilo de Lelis un cuerpo de gigante y ocurrió que, caminando un día con un joven novicio, mientras el sol picaba ferozmente desde el cielo, Camilo puso en marcha su fantasía y dijo a su compañero: "Hermano, yo soy muy alto. Camina detrás de mí. Así te haré sombra y te librarás del sol". Camilo descubrió que amar es dar, dar aunque sea una cosa tan poco importante como la propia sombra.
No hace falta ser ricos para practicar la caridad. Lo que cuenta no es lo que se da sino el amor con que se da. Lo que importa es que se dé con el corazón, aunque sea una sola sonrisa. 'una sombra' como S.Camilo
San Camilo de Lelis fue uno de los primeros cristianos a valorar en serio el cuerpo humano. En su tiempo había muchos que se preocupaban por los enfermos, pero lo hacían únicamente por sus almas. Pensaban que había que ayudar al los enfermo a bien morir, que lo importante era asegurar sus almas para el cielo. Por eso casi abandonaban a los incurables una vez que habían conseguido que éstos se confesasen.
Para Camilo en cambio el cuerpo seguía siendo importante, incluso después de 'salvada' el alma, y estaba seguro de que amar a un incurable, ayudarle a ser feliz mientras viviera era una tarea importante. Vivía una ternura tan ingenua con todos los enfermos que limpiaba, curaba, atendía, abrazaba como si fueran literalmente el mismo Jesús. Por eso los hospitales eran verdaderamente para él 'su jardín y su paraíso'.
132º “Vuelve ahora a pegar la rama que cortaste. Es más fácil destruir que construir.
En la historia de Buda se narra que un bandido se había ido a donde estaba Buda para matarlo. Aquel hombre de Dios, entonces le dijo: "Antes de matarme, ayúdame a cumplir con un último deseo: Corta, por favor, una rama de ese árbol". Con un golpe de espada el bandido hizo lo que Buda le pedía. Pero éste añadió enseguida: "Ahora vuelve a poner la rama cortada donde estaba para que pueda de nuevo florecer.".
"Debes estar loco - respondió el bandido - hacer esto es imposible"
"No soy loco, - respondió Buda- el loco serás tú que te crees poderoso porque puedes herir y destruir. Eso es cosa de niños. Lo verdaderamente poderoso es el que sabe crear y curar."
Fácil es destruir, mucho más difícil construir. Todos son capaces de derrumbar un muro a martillazos, pero sólo los albañiles son capaces de levantar un muro bien perpendicular. Es fácil denunciar y protestar cuando las cosas no andan bien, pero no es tan simple resolver tantos problemas que afectan a la humanidad a nivel económicos, sociales y políticos. Dicen que de noche, vale más prender un fósforo que maldecir la oscuridad.
133º La bomba atómica sobre Hiroscima y el padre Arrupe.
El Padre Arrupe se encontró en 1945 en medio de la más espantosa catástrofe que hasta entonces había conocido la humanidad: la explosión de la primera bomba atómica sobre Hirosima. Aquella mañana, cuando el futuro superior general de los Jesuitas acababa de celebrar su Misa, una luz desgarradora redujo a cenizas su ciudad y produjo en pocos minutos más de doscientos mil muertos y heridos. Nadie entendía nada. Nadie sabía de dónde venía aquella fuerza destructora. Sólo veía que la ciudad había sido reducida a cenizas y sabía que, sin duda, junto a los muertos habría millares, decenas de millares de heridos. ¿Qué hacer? ¿A dónde acudir?
La primera reacción del padre. Arrupe fue acudir a la capilla que estaba, también ella, medio destruida y rezar.. Su corazón se llenó de preguntas: ¿Por qué Dios aceptaba, toleraba esto? Y ésta fue la respuesta que se dio a sí mismo: "Por todas partes muerte y destrucción. Nosotros aniquilados en la impotencia. Y Dios allí, conociéndolo todo, contemplándolo todo, y esperando nuestra iniciativa para que ,juntos, tomásemos parte en la obra de reconstruirlo todo".
Por eso Arrupe no perdió su tiempo en hacerle preguntas a Dios; hizo lo único que podía hacer. Salí de la capilla - dijo el jesuita - y la decisión fue inmediata: haríamos de la casa un hospital. Me acordé de que había estudiado medicina. En aquellos momentos, me convertí en médico y cirujano. Fui a recoger el botiquín y lo encontré entre ruinas, destrozado, sin que hubiera en él aprovechable más que un poco de yodo, algunas aspirinas sal de frutas y bicarbonato. Es decir: nada. Pero con esta nada se construyó el primer hospital improvisado de Hirosima al que poco después comenzaron a llegar heridos como fantasmas ambulantes, con la piel desgarrada, los cuerpos cubiertos de ampollas y manchas rojas y violetas, sin saber cómo ni cuándo les había ocurrido tal cosa.
Se hizo lo que se pudo. En todo caso más de lo que se habría hecho si se hubiera puesto a llorar y a quejarse..
Dios ha dejado el mundo en manos de la libertad de los hombres. Dios no fabrica bombas atómicas pero tampoco impide que los hombres las dejen caer sobre Hiroscima y Nagasaki. Son los hombres lo que llevan su libertad hasta esa locura.
Dios conoce todo y sufre por el mal que hacemos más que nosotros mismos.. Y está ahí, esperando a que lo invitemos a la única respuesta válida ante el dolor y la catástrofe: juntar las manos para reconstruirlo todo.
134º Cuando creó el camello...... Dios quiso divertirse.
El cura padre Angel tenía una manera muy especial para catalogar a las personas. Por eso, un día que alguien elogiaba las magníficas virtudes de un obispo, recién elegido, preguntó: ¿Y se ríe mucho? "¡Ah no! le contestaron - es un hombre tremendamente serio, nunca se ríe." A lo que el padre Angel añadió, por todo comentario "¡Hum! Un hombre que no ríe no me inspira confianza."
Dios mismo ama la alegría, el buen humor y también el ridículo. A mirar a un camello, algunos dicen que, en aquel momento, cuando lo creó, Dios tenía gana de reírse, tanto es ridículo aquel animal..
El humor es siempre una victoria sobre el miedo. El miedoso y tímido tiende a ocultar su debilidad con una capa de seguridad y solemnidad. Cree que, endureciendo el rostro, nadie descubriría sus miedos interiores. Cuando un padre o un maestro se ponen a gritar, dan signo de inseguridad; creen que levantado la voz se hacen más fuertes y autoritarios.
135º ¿Reír también durante la Misa?
Contaba Bruce Marshall, notable escritor católico inglés, que un día tuvo que asistir a la primera comunión de un amigo suyo, católico y "papista". Tuvo que acudir a una iglesia católica y ocurrió que, en el momento más solemne de la misa, se le escapó de su bolsillo una moneda que, por el pasillo central, emprendió una carrera que todos los fieles e incluso el cura que celebraba, siguieron con los ojos...hasta que fue a meterse por la rejilla de la calefacción.
En ese momento el cura que celebraba prorrumpió en una sonora carcajada que muchos corearon con sonrisas. El pequeño Bruce quedó asombrado: ¿Cómo es que allí nadie se había escandalizado? Y, con esa lógica propia de los chicos, se dijo a sí mismo: "Esta debe ser la Iglesia verdadera. Aquí la gente se ríe". No son los cristianos los que creen en la Buena Nueva del Evangelio?
.Uno podría decir que hay tiempo y lugar para reírse y que la liturgia no parece ser el lugar apropiado para las risas. Pero cuando las cosas suceden sin premeditación y se presenta algo ridículo, no podemos pensar que esté mal un poco de humor. Quizá que también Jesús, desde el sagrario, se habrá puesto a reír silenciosamente compartiendo la alegría de sus hermanos.
136º " En la cuarta mundial usaremos arcos y flechas" ( Albert Einstein)
El mayor genio científico del siglo XX, el hombre que abrió las puertas a la ciencia atómica, asustado un día por la fuerza terrible de sus descubrimientos, escribió que él no sabía aún si se desataría una tercera guerra mundial, pero que estaba seguro que si llegaba a haber una cuarta, en ésta se lucharía con arcos y flechas, porque todo el resto de la civilización se habría destruido en la tercera.
Este Albert Einstein fue un desastre en sus primeros estudios. Sus padres llegaron a temer que se tratara de un deficiente mental. A los tres años aún no sabía hablar. A los seis años comenzó a presentarse como un chiquillo normal, pero era tan tímido que la muchacha que servía en casa de sus padres, lo llamó "Papaíto aburrimiento" Se pasaba, en efecto, horas y días enteros sin decir palabra.
Jamás fue el primero de la clase. Sólo a los quince años despertó la luz que llevaba en el alma. ¿Y el resto? Lo hizo el coraje, el trabajo, el esfuerzo. Hoy todos le llaman genio.
Pero "el genio es una larga paciencia" (Clemenceau). "La inspiración es trabajar duro todos los días"(Beaudelaire). La inspiración del poeta o la genialidad del genio sólo le llegan cuando ha puesto a muchos grados y en ebullición la caldera de su inteligencia u su sensibilidad.
137º Eva querida. Vivimos en una época de transición
Willam Inge, el dramaturgo norteamericano, pone en labios de Adán, cuando es expulsado del Paraíso, esta broma para consolar a Eva que no acaba de entender lo que les ocurre: "Pero, querida, ¿que le vamos a hacer? Vivimos en una época de transición".
Un montón de siglos después, los hombres seguimos repitiendo eso de la 'época de transición'
Pero resulta que l) Todos los tiempos son de transición. 2) nunca llegará una edad dorada e definitiva
3) Todos los tiempos son igualmente importantes y 4) en todo caso, éste es el tiempo en que tenemos que vivir.
Desde que el mundo es mundo los hombres, las costumbres, la misma vida religiosa han ido caminando y, por tanto, cambiando y todas las generaciones han tenido la tarea de ir cribando lo que tenían y lo nuevo que venía, porque ni podían tirar todo el ayer por la ventana ni tragarse cuanto el nuevo tiempo traía.
138º Le pregunto a Dios: ¿Puedo ayudarte en algo?
En una obra del escritor brasileño Pedro Bloch encuentro un diálogo con un niño que me deja literalmente conmovido. -¿Rezas a Dios? - pregunta Bloch- " Sí, cada noche - contesta el pequeño -. "¿Y qué le pides?" " Nada. Le pregunto si puedo ayudarle en algo."
¿Qué habrá pensado Dios al oír a este chiquillo que no va a El , como la mayoría de los mayores, pidiéndole dinero, salud, amor o abrumándole de quejas, de protestas por lo mal que marcha el mundo, sino que, lo que hace es simplemente ofrecerse a echarle una mano. "Le pregunto si puedo ayudarle en algo".
¿Es teológicamente correcta esta petición? ¿Qué va a necesitar Dios, el Omnipotente?
Y, sin embargo, qué profunda fue la intuición del chico. Porque, lo mejor de Dios, no es que sea omnipotente, sino que no lo sea demasiado y que El haya querido 'necesitar' de los hombres.
Por eso es tan desconcertante ver que la mayoría de los hombres en vez de felicitarse por la suerte de poder colaborar en la obra de Dios, se pasan la vida mirando hacia el cielo para pedirle que Dios baje para resolver personalmente lo que era tarea nuestra..
Con la Iglesia ocurre casi lo mismo. No hay cristiano que una vez al día no se queje de las cosas que hace o deja de hacer la Iglesia, entendiendo por 'Iglesia' el papa y los obispos. "Si el Papa vendiera las riquezas del Vaticano, ya no habría hambre en el mundo". etc. Pero, ¿cuantos le dan una mano a la Iglesia? ¿Cuántos se sienten responsable de la evangelización?
139º Tenemos que vivir: hablando con los muertos, con los vivos y con nosotros mismos.
Un famoso jesuita, Gracián, decía que el hombre tendría que vivir tres vidas. Emplear la primera en hablar con los muertos (leer); la segunda hablar con los vivos (conversar); la tercera, hablar consigo mismo(reflexionar).
Estas tres vidas no deberían ser vivida sucesivamente, de modo que hubiera que dedicar la juventud a leer, la edad adulta para conversar y la vejez para reflexionar.. , sino vivirla simultáneamente porque las tres tareas son parte obligada de toda vida completa.
Somos efectivamente hijos de los muertos que reviven y florecen en nosotros. Por eso quien no dedica al menos un 20% de su vida a esa 'conversación con los muertos', que es la lectura, bien puede estar seguro que mantendrá hueca su cabeza y vacía su vida.
La segunda vida es la que hay que dedicar a la conversación. Hablar con los seres humanos es tan necesario como leer. Pero se trata de hablar de cosas profundas importantes y no charlar de cosas intrascendentes..
Una tercera vida hay que dedicarla a la reflexión: silenciosa, honda, solitaria. Este es el arte que nadie nos enseña.
140º ¡Tonta! ¡tonta!....... a los ojos del mundo, pero sabia a los ojos de Dios.
Recibo una carta, escribe M. Descalzo, de una mujer que me pregunta si su vida no habrá sido un fracaso. Me escribe lo siguiente. "A los siete años era tonta porque creía en los Reyes Magos y me gustaba hacer lo que mis padres y maestros deseaban de mí". A los 15 años, me decían tonta porque creía en el amor y en la amistad y no me gustaban las críticas ni las diferencias entre los amigos. A los veinte, porque, en vez de buscar a un novio rico y con buen porvenir, me enamoré de un muchacho pobre, licenciado en letras y que, a fuerza de sacrificios, había salido de su condición de obrero, y porque me pasaba los fines de semana estudiando para acabar mi carrera. A los treinta me decían 'tonta', porque quise tener varios hijos y a los 40 años porque adopté un niño abandonado. Ahora mis propios hijos también me llaman tonta: "Nosotros te admiramos, - me dicen - pero no cuentes con nosotros; somos más listos que tu. Y si yo le contesto: "no quiero vuestra admiración, sino vuestro cariño "ellos me dicen que los quiero demasiado.
¿Qué decir a esta amiga? Que por favor siga siendo tan tonta como hasta hora. Porque mejor es ser tontos que estar muertos. Mejor tontos que vacíos. Mejor tontos que traicioneros de nuestra conciencia. Ya lo decía S. Pablo a los Corintios (1,18.21.25) "La predicación de la cruz no deja de ser locura para los que se pierden; pero para los que somos salvados es poder de Dios....Dios quiso salvar a los que creen por medio de la locura que predicamos....La locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres ".
El cristiano es un discípulo de Cristo que no se conforma con este mundo: "No sigan la corriente del mundo en que vivimos, más bien transfórmense por la renovación de su mente" (Rom 12,2)No conformarse con este mundo significa luchar contra corriente estar dispuestos a ser perseguido por fue perseguido Jesucristo.
"Me persiguieron a mi, también los perseguirán a ustedes" (Jn 15,20)
141º Las dos primeras comuniones de Loli: hija de dos divorciados.
Supongo que a ustedes va a costarle trabajo creerse lo que voy a contar, pero acaba de ocurrir de veras lo siguiente. Loli, una chiquilina de diez años, llegó el otro día a su colegio llevando dos preciosos albumes. Y las hermanas vieron, con asombro, que la protagonista de todas las fotografías era la misma niña, pero que todo lo demás parecía corresponder a ceremonias diferentes. La niña vestía, en uno y otro álbum, dos trajes diferentes; el cura que celebraba no era el mismo, ni era idéntica la iglesia de la dos ceremonias. Y hasta el banquete posterior se celebraba en dos restaurantes diferentes y con distintos invitados.
"¿Cómo ha sido eso, Loli?" le preguntaban las profesoras.
"Es que - explicó la niña - mis padres están separados, celebré primero con mamá, que no quiso invitar a mi papá. Pero, a la semana siguiente, como me tocaba pasarla con papá, él dijo que él no iba a ser menos. Y fue y me compró otro traje más bonito y me organizó otra primera comunión".
Yo me pregunto si el cura de esta segunda primera comunión conocería las destrezas a las que le sometían y que embrollos se habrá formado en el alma de Loli si ha descubierto cómo han jugado con ella sus padres y cómo han convertido una comunión en un elemento de división y de discordia.
La comunión eucarística es el signo de unidad. Tantos granos de trigo, molidos, forman un solo pan. Tantos racimos de uva exprimidos forman un solo vino. La eucaristía es signo de unidad, de comunión no solamente con Dios sino con nuestros hermanos. Es un sacrilegio, es decir, una profanación del sacramento utilizarlo por otros fines que no sean la unidad y la fraternidad. Estos grandes gastos para el vestido, los regalos y la fiesta no son otra cosa que profanación de un signo sagrado. Y esto sucede también para el sacramento del bautismo y sobre todo del matrimonio. Los signos de la muerte resurrección de Jesús se convirtieron en fiestas profanas que nada tienen que ver con Cristo y la fe.
142º Un día en ‘emegencia médicas’ para aprender a conducir.
En EEUU se ha inventado una pena que no es muy jurídica, pero que es un ejemplo de lo que deberían servir los castigos. Liz Kielsko , acusada de conducir alocadamente, no ha sido castigada a una multa o a unas semanas de cárcel, sino a pasarse un día entero en la sección de urgencias de una clínica de la Cruz Roja, para que viera con sus ojos lo que son realmente los accidentes.
El periódico que publica la noticia dice que la muchacha, al concluir su' castigo' ha comentado: "Es horrible lo que he visto; prometo no volver a conducir a tanta velocidad". El juez había acertado al elegir el castigo y al imponerle "la pena de ver".
Yo creo que realmente los hombres no saben muchas veces lo que están haciendo.
Suele decirse que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Pero hay otro tipo peor de ceguera: la de los ciegos que están convencidos que ven; la de los que se han puesto unas gafas de egoísmo de tal espesor que ya ni se dan cuenta de que las tienen puestas y han llegado a convencerse de que la realidad es tal y como sus ojos ciegos la testimonian.
143º Le llegó una tarta de Viena enviada por su hijo.
El mejor de mis amigos me contaba el otro día - con la cara rebosante de satisfacción - la sorpresa que se había llevado cuando llegó a su casa, perfectamente embalada, una tarta que venía nada menos que de Viena. ¿Era una fiesta especial? No, era simplemente que uno de sus hijos, el menor, que pasaba sus vacaciones por Centro Europa, se encontró , en un restaurante, en el que, de postre, le sirvieron una tarta riquísima que le hizo pensar: ¡Lo que a mi padre le gustaría esta tarta!" Y sin dudarlo un momento, le preguntó al jefe del restaurante si una tarta como ésa podría enviarse a España. Le dijeron que sí, y ese dulce voló hacia España, aunque costó diez veces más el envío que la misma tarta.
Pero el precio valió sobradamente la pena, porque para su padre el gesto y el detalle de su hijo significó más de tanto gasto. Y le hizo pensar algo que ya sabía, pero que no siempre recordamos, que vale la pena hacer todos los esfuerzos del mundo por los hijos. Mi amigo, es claro, no hizo lo que hizo por sus hijos para cosechar un agradecimiento, pero se sentía muy a gusto recibiéndolo.
144º Vinoba Bahve: “decídete una buena vez y no vuelvas atrás.
Vi inoba Bahve, el predilecto de los discípulos de Gandhi, tenía una virtud que era muy apreciada por sus alumnos: la de ver las cosas con claridad y decidirse con rapidez y sin vacilaciones. Con frecuencia alguno le iba a consultar, y entonces el maestro, que estaba trabajando en la quinta de la escuela de Gandhi, dejaba caer la azada y tomaba la rueca para poder escuchar mejor. El alumno contaba entonces su problema con todo cúmulo de divagaciones y circunloquios, y el maestro siempre acababa cortando: "Vamos al grano. Resumo lo que usted me ha dicho. Y el consultante veía, casi asombrado, cómo toda su historia se reducía a una forma precisa como una ecuación.
- ¿Es exacta? - preguntaba el maestro.
- Sí, exacta - contestaba el alumno con ojos inquietos y rostro desencajado.
- La solución - decía entonces el maestro - es sencilla.
- Sí - respondía el otro, es sencilla - y explicaba cómo él también ya la había visto- : pero lo malo - añadía - es que es terriblemente difícil.
- No es culpa ni tuya ni mía que sea difícil - decía el maestro - Ahora vete y obra según las conclusiones que tú mismo has sacado. Y no me hagas perder tiempo pensando una misma cosa dos veces y no pierdas tú el tiempo pensando en si es difícil o no: Hazla.
Las dos gracias más importantes que podemos pedir a Dios son: conocer su voluntad y ser capaces de realizarla. En cuanto a la primera tenemos dos facultades para reconocerla: la razón y la fe. No solamente la fe, sino la razón. Cuando se trata de tomar decisiones: elegir una profesión u otra, elegir un medio u otro para realizar un fin, podemos estar seguros que estamos haciendo la voluntad de Dios cuando actuamos según lo que la razón nos indica y nos parece más oportuno. Lo que importa es que el fin sea bueno y que los medios sean honestos. No hay que esperar un signo especial para estar seguros de la voluntad de Dios.
145º Una tabla de madera que salva una vida no tiene precio.
Cuenta Hebbel, con ironía, la historia de aquel hombre que, estando hundiéndose en el mar recibió la ayuda de un desconocido que le tiró una tabla a la que pudo agarrarse y salvar así su vida.
Y añade que el náufrago, que había salido de las aguas, se dirigió a su salvador y le preguntó cuánto costaba la madera de la tabla, porque quería pagársela y, así, darles las gracias. ¡Como si su salvador le hubiera regalado una madera y no la vida!
Tenía razón Bernanos al escribir que "las cosas pequeñas, que parecen de ningún valor, son las que dan la paz. La pequeña llave del detalle abre más corazones de lo que imaginamos".
Y lo grande de los detalles es que en ellos no cuenta el valor monetario de los mismos.
A veces basta una pequeña señal de amor para dar a una persona una 'tabla de salvación', un motivo para recuperar el sentido y el valor de la vida. Saber, por ejemplo, perder un poco de tiempo para conversar con una persona que necesita una indicación, una orientación y sobre todo una señal que le revele su valor, es muchas veces salvarla de la desesperación.
Son gestos que superan todo valor económico, que no se pueden pagar sino con un 'gracias'. Un día, no muy lejano, caeremos en la cuenta de que pagar a un obrero solamente con un sueldo, aunque justo, no es suficiente. Una retribución puramente económica, no puede recompensar la labor de una persona que trabajó con amor y dedicación. Lo mínimo que podemos hacer hoy es que además del salario, hace falta demostrar a los obreros y empleados el sentido de agradecimiento un sincero gracias un gracias por su labor.
146º Puedes impedir que el pájaro de la tristeza anide en tu cabeza.
¿Puede combatirse la tristeza? Desde luego. Un refrán chino lo explica muy bien: "No puedes evitar que el pájaro de tu tristeza vuele sobre tu cabeza, pero sí que anide en tu cabellera".
San Juan de la Cruz cuando veía algún fraile melancólico le tomaba de la mano, le llevaba al campo y comenzaba a hablarle de la hermosura del mundo, la belleza de la hierba y las flores, la alegría de la creación, hasta que veía aflorar en sus labios una sonrisa.
Dicen que 'un santo triste es un triste santo". Si Jesús resucitó como el primero de los hombres y si nosotros vamos a resucitar un día como él, que nos precedió en la gloria del cielo, entonces no hay ningún motivo para ser tristes. O, mejor, el único motivo de tristeza es el pecado que cometemos, pero "si nuestra conciencia nos reprocha, sabemos que Dios nos perdona porque Dios es más grande que nuestra conciencia"(1 Jn. 3,20). No hay pecado tan grande que Dios no pueda perdonar. Entonces, para uno que tiene fe, no hay ningún motivo verdadero para ser triste. "Cristo resucitó de entre los muertos y resucitó como primer fruto ofrecido a Dios, el primero de los que duermen" (1 Cor. 15,30)
147º Voy a repetir cinco veces el alfabeto y Tú o Dios, formarás mi oración.
Había un campesino, tan bueno como inculto, que tenía que hacer grandes esfuerzos para orar. Iba, por ello, llevando siempre consigo su libro de oraciones que, luego, a la caída de la tarde, leía poco más que deletreando. Sucedió que un día, durante un viaje, descubrió, al llegar la noche, que se había olvidado su libro de oraciones. ¿Qué hacer? ¿Cómo acostarse sin rezar? Trató de hacer un gran esfuerzo para ver si conseguía recordar alguna oración, pero imposible, no sabía ni dos palabras seguidas.
Y entonces, como era un creyente bueno y sencillo, se volvió hacia Dios y le dijo: "Señor, Tú sabes que soy muy distraído y que he dejado en casa mi libro de oraciones. También sabes que soy un burro y que no se de memoria ni una sola. Pero, verás, voy a hacer una cosa: voy a recitar cinco veces y muy despacio todo el alfabeto, entonces Tú tomarás las letras, las irás juntando como se debe y con ellas formarás la oración que a Ti te guste más".
Podemos estar seguros de que a Dios aquel analfabeto le gustó mucho más que toda las plegarias que jamás hayan construido todos lo predicadores del mundo.
La ocurrencia de aquel campesino puede ser una interpretación válida de aquella expresión de
S. Pablo: "El propio Espíritu nos viene a socorrer en nuestra debilidad; porque no sabemos qué pedir ni cómo pedir en nuestras oraciones. Pero el Espíritu Santo ruega por nosotros, con gemidos y súplicas que no se pueden expresar" (Rom 8,26) Nosotros rezamos como somos capaces y el Espíritu Santo, mientras nuestras oraciones están de viaje para llegar a Dios, las arregla para que sea bien aceptas.
La oración de este campesino está muy de acuerdo con la oración que el mismo Jesús nos enseñó. Es una forma diversa de pedir a Dios: "Que se haga tu voluntad". Si Dios es nuestro Padre, y sabe mejor que nosotros lo que necesitamos, ¿cómo podemos pensar que él no sepa lo que en realidad nos hace falta? La ingenuidad de este campesino es una enseñanza muy original por todos nosotros que sabemos quizás mucha teología y nos creemos tan sabios que pretendemos sugerir a Dios lo que tiene que darnos.
148 ¿Cómo le gustaría a un niño su fiesta de cumpleaños?
En la Universidad de Lovaina han realizado una encuesta (que luego se ha repetido en varios países y siempre con parecidos resultados) en la que se daban a niños tres dibujos que representaban diversos modos de celebrar su cumpleaños y se les pedía que dijeran cuál le gustaba más:
1º - En el primero se representaba a un niño solo, sentado en el suelo y rodeado de toda clase de juguetes.
2º - En el segundo el mismo niño estaba sentado en la mesa con sus padres, mientras se disponía a abrir un gran paquete con un regalo.
3º - En el tercero se representaba al mismo niño rodeado de muchos compañeros, padres y familiares, todos jugando y divirtiéndose, pero sin ningún juguete.
¿Saben en qué proporción fueron elegidos estos dibujos? Sólo un quince por ciento escogió el primero. Otro 15% se inclinó por el segundo. Un 70% prefirió sin vacilar el tercero.
A la hora de la verdad los niños saben bien que el mejor de todos los regalos es la amistad, la compañía, y han entendido que, en circunstancias normales, hay mucha más felicidad en la comunidad que en la soledad y que una cosa no es enteramente buena más que cuando se comparte.
Los padres muchas veces no saben lo que más necesitan sus hijos. Creen que les pueda satisfacer plenamente los juguetes que ven en la televisión o que poseen sus compañeros de escuela. Pero lo que de veras necesitan no son tantos cosas sino cariño y compañía.
149º Las tres mejores maneras de gastar el dinero
Charlaban dos amigos sobre el dinero que ganaban, y uno le decía al otro: "No entiendo en que se te va el dinero. Estás ganando bien y debería vivir como un príncipe". Y el amigo le respondió: "La cosa es bien simple: de todo lo que gano, invierto un tercio en pagar deudas; otro tercio lo coloco a buen interés para el futuro, y con el tercero vivo." "Pero, ¿tantas deudas tienes? ¿Y qué interés es ése?" "Te lo explicaré: Tengo una deuda enorme con mis padres, quienes gastaron un dineral para pagarme los estudios. Ahora ellos están mal y soy yo quién les sostiene."
¿Y los intereses?" "Es lo que invierto en la formación de mis hijos. Este es un capital un tanto arriesgado, como cuando juegas en bolsa. Puede que sea un fracaso y que a la larga no te produzca nada. Pero si tienes un poco de suerte, te aseguro que no hay dinero mejor invertido. Se trata de formar a unos hombres y además estos hombres son mis hijos que mañana me lo devolverán dándome muchas alegrías".
Es verdaderamente interesante esta conversación y muy reveladora sobre la manera de gastar el dinero
¿No dice el cuarto mandamiento: "Honra a tu padre y a tu madre?" Es verdad que el significado más profundo de este mandamiento se puede entender traduciéndolo con esta expresión: "Haz que tus padres sean orgullosos de ti" Como parece, el mandamiento no se reduce a ayudar a los padres que se encuentran en necesidad económica, pero es evidente que implica socorrerlos en caso de necesidad. Nunca los hijos devolverán a los padres lo la vida y el amor que les han brindado desde niños, pero sería una verdadera ingratitud dejarlo en la necesidad cuando ya no pueden abastecerse a sí mismos.
150º El último deseo de aquel párroco: estar con su pueblo en el día de la resurrección.
A los 80 años de edad, un cura párroco tuvo que despedirse de su pueblo. Estaba allí desde muchos años. Él había bautizado prácticamente a todos los habitantes, les había dado la primera comunión, los había casado, los había acompañado docenas de veces hasta el cementerio para enterrar sus muertos.
La despedida fue tan emotiva y difícil para él como para todos sus feligreses, que se apelotonaban en la iglesia a la hora del adiós. El nuestro buen párroco se emocionó al hablar en su último sermón, pero más se emocionó su auditorio cuando , como abriendo su corazón, les dijo que en su testamento había dejado dicho que deseaba que el día de su muerte le llevaran a enterrar allí, porque , decía, "quiero resucitar con todos ustedes, con mi pueblo".
Todos pensaron que lo normal era que dijese:: "Quiero que me traigan aquí porque deseo estar enterrado a su lado, o porque ésta es mi tierra. En cambio, no. Lo que este cura quería era 'resucitar' junto a los suyos, estar con ellos en la gran alegría del final de los tiempos, porque se veía a sí mismo encabezando a sus parroquianos y dirigiéndose todos juntos al encuentro final con Cristo.
Conmueve esta última predica de aquel párroco y aunque su interpretación de la resurrección no responde a la teología actual, sin embargo refleja exactamente el concepto de resurrección como la representaba la teología tradicional y la religiosidad popular. .
La imaginación popular se imagina que un día, el último de la historia, las tumbas se abrirán y los cadáveres de los muertos volverán a vivir. Se interpretaba según este sentido la profecía de Ezequiel, la de los huesos calcinados que por la palabra de Dios volvieron a formar nuevamente cuerpos vivientes.
Pero Ezequiel estaba hablando del pueblo desterrado, semejante a huesos diseminados en la llanura y que volverían a formar primero esqueletos, luego cuerpos con carne y nervios y finalmente hombres completos vivientes, es decir que Dios liberaría a su pueblo del destierro.
La catequesis popular aplicó esta parábola a la resurrección final.
Lo que cuenta no es el modo con que resucitaremos sino el hecho concreto. La vida eterna que nos espera no se reduce a un alma inmortal, sino a la resurrección de los hombres que vivirán para siempre como hombres, es decir como espíritus encarnados.
151º 264 excavaciones inútiles para encontrar un pozo de petróleo.
Al ver cómo los esfuerzos de la maestra se estrellaban en la cerrazón mental de la pequeña ciega sordomuda, alguien le preguntó: "Pero, Ud. ¿nunca fue tentada de desanimarse? ¿Nunca se ha dicho: esto es imposible? o esto es totalmente inútil?" A lo que la maestra respondió: "Ese es el pecado original: desistir, desanimarse, declarar imposible lo que solamente es difícil"
Me impresiona el saber que los buscadores de petróleo tienen que excavar un promedio de 264 pozos para encontrar uno que les resulte rentable. Y no se desaniman por su cadena de fracasos. Siguen buscando, porque saben que un solo pozo fecundo vale la larga serie de búsquedas estériles.
Uno de los grandes pecados de los hombres es el desaliento, el tirar las esperanzas por la borda luego de una serie de fracasos. "No hay nada que hacer, esto es imposible" decimos. . El que desiste de luchar, el que se resigna a cualquier fracaso, ya está condenado a no llenar su vida, a dejarla a medias.
Y es terrible comprobar que a los más de los hombres les falta más la constancia que la inteligencia.
No hay que tirar la toalla a la primera dificultad ni a la segunda o tercera. No olvidemos los 264 pozos excavados sin ningún resultado..
152º La princesa árabe, encerrada con su amante, no pudo más.
Una princesa árabe se había enamorado de un esclavo y quería a toda costa casarse con él. Todos los esfuerzos del rey por disuadirla de su propósito resultaron inútiles. Al fin se presentó en la corte un sabio y anciano médico que, al enterarse del caso, el dijo al rey: "Majestad, si se le prohibe a la princesa casarse con este hombre, lo que ocurrirá es que ella se enojará y se sentirá aún más atraída por él. Le aconsejo que encierre a los dos en una celda por treinta días y treinta noches. Si al final se siguen queriendo se casarán"....... El rey aceptó.
La princesa loca de alegría, le dio un abrazo a su papá y aceptó quedarse encerrada en una celda por un mes con su amado esclavo. Todo marchó lo más bien por una semana, pero no tardó en presentarse el cansancio Antes de que pasaran quince días ya la princesa estaba suspirando por otro tipo de hombre. La irritaba y exasperaba todo cuanto le dijera o hiciera su amante.
Al cabo de tres semanas estaba tan harta que se puso a chillar y golpear la puerta de la celda hasta que finalmente la liberaron. Cuando por fin salió se echó en brazos de su padre, feliz de la vida por haberla liberada de aquel hombre al que había llegado a aborrecer.
Amar no es lo mismo que sentirse atraído por las cualidades del otro, sino quererlo como persona única e insustituible y desear hacerlo feliz a costa también de renuncias y sacrificios.. Las cualidades de la persona tarde o temprano se esfuman, pero la persona queda para siempre.
153º Los tres espejos de la conciencia
Una señorita, estudiante en un colegio, escribió un día a su mamá pidiéndole que le enviara un espejo. La mamá le respondió con una carta en la que le decía: "Muy pronto te llegará un paquete con tres espejos. El primero te hará ver lo que eres, el segundo lo que serás y el tercero lo que tiene que ser.
Llegó el paquete y la señorita encontró un espejo, la foto de su abuela y una imagen de la Virgen María. Entendió enseguida el significado de los tres espejos.
El espejo de vidrio le decía lo que ella era en el presente; la foto de la abuela lo que ella un día iba a ser; y la imagen de María indicaba lo que ella tendría que llegar a ser espiritualmente.
La conciencia moral, cuando está bien iluminada por la razón y la fe, es un reflejo de lo que somos de veras delante de Dios. Él nos habla a través de la voz interior que es la conciencia.
A veces la conciencia nos avisa, antes de actuar, si una decisión es moralmente buena o mala. A veces la conciencia nos reprocha de haber seguido un impulso negativo y nos remuerde por lo que hicimos. En todo caso la conciencia es una voz que no podemos manipular y deformar a nuestro antojo. Nos gustaría que nos dijera lo que nos agrada, pero, si es una conciencia moralmente sensible, la conciencia es un juez insobornable.
Cuando buscamos sinceramente la verdad, nuestra conciencia es recta y nos indica el camino a seguir. En este caso la conciencia es un reflejo de la voluntad de Dios. Es la guía que tenemos que seguir siempre.
154º Tomas More, el incorruptible, devuelve elegantemente una coima.
Gran Canciller de Inglaterra, Tomás More debía en una oportunidad pronunciar su fallo en un proceso en que se hallaba involucrado un importante personaje del reino. Éste intentó sobornarlo remitiéndole dos jarros de plata artísticamente labrados. El canciller no se dejó comprar. Mandó llenar los jarros de muy buen vino y se los devolvió al donante escribiendo: "Siento un gran placer en intercambiar regalos con una persona de tanto mérito como usted. Sírvase aceptar este vino que es lo mejor que tengo en mi bodega y que no dudo será de su agrado". Elegante manera de devolverle el regalo que en realidad era una coima para comprar su conciencia.
El ejemplo de Tomas More es emblemático, sobre todo para la situación en que vivimos en el mundo moderno que ha perdido muchos el sentido de los valores morales. Las coimas, el fraude y tantas otras formas para engañar al prójimo son la causa principal de nuestras desgracias.
La causa principal que explica tanta miseria y sufrimientos en tantos países es la corrupción y la impunidad.
155º El dolor de la ostra, madre de una perla.
Una ostra dijo un día a una amiga suya: "Tengo realmente un gran dolor dentro de mí. Hay algo duro y redondo en mi vientre y me siento sin fuerzas".
Contestó la otra muy complacida de sí misma: "Gracias a Dios yo no tengo dolores dentro de mí; estoy muy bien y me siento sana dentro y afuera"
Pasaba por ahí un cangrejo y oyó lo que las dos ostras estaban diciendo y dirigiéndose a la que se sentía bien le dijo: "Sí , tú estás bien y eres sana, pero el dolor de tu vecina lleva dentro de sí una perla de extraordinaria belleza y valor. Tú, en cambio, está vacía por dentro, tu vida no tiene ningún valor.".
Sabemos que cuando en una ostra le entra un granito de arena , día tras día transformará su dolor en una perla que es una obra maestra de la naturaleza.
La vida de Jesucristo y también la de los cristianos se puede resumir en dos palabras: cruz-resurrección. Dolor-alegría; renuncia de sí mismo y felicidad eterna. Ser cristiano significa participar de la pascua de Cristo, de su muerte resurrección. No hay otro camino para alcanzar la felicidad eterna que Dios nos ha preparado.
156º La peor enfermo era aquel que no espantaba las moscas de su cara.
Cuentan que un médico, con muchos años de experiencia profesional, llevó a un joven colega recién iniciado, a una sala de hospital y, mostrándoles los enfermos presentes, le preguntó cuál de ellos le parecía en peor condición. Los enfermos ofrecían un panorama de los más variados: uno de ellos, bajo carpa de oxígeno parecía respirar con dificultad,; otro pedía un calmante para poder soportar su dolor, ; otro tenía la cabeza vendada, etc. El joven médico respondió a su profesor que el enfermo bajo la carpa le parecía ser el más grave.
Pero el viejo médico le señaló, en cambio, a un enfermo que, acosado por las moscas, no manifestaba ningún signo de reacción. Los ojos estaban fijos y semiabiertos, y las manos no se movían para espantar las moscas que paseaban tranquilas sobre su rostro. "Ese es el enfermo más grave. Ya no lucha, no reacciona, se queda totalmente indiferente.
Hoy día la indiferencia religiosa es la peor forma de ateísmo. A muchos cristianos se les podrían aplicar aquellas tremendas expresiones del Apocalipsis: "No eres frío ni caliente; ojalá fueras lo uno o lo otro. Desgraciadamente eres tibio, ni frío ni caliente, y por eso voy a vomitarte de mi boca" (Ap. 3,15-16).
Hoy día muchos ni discuten sobre la existencia de Dios, simplemente no se preocupan del problema, Dios ni siquiera es un tema interesante que valga la pena discutir.
157º Otra cruz Señor pero no la mía
Había un hombre pobre y sencillo. Todas las tardes, después de un día de duro trabajo, volvía a su casa cansado y lleno de mal humor. Miraba con envidia a la gente que pasaba en coche o a los que estaban sentados en las mesas de los restaurantes. "Ellos sí que saben vivir bien - se decía -.no saben lo que significa sufrir.. Todo le va bien, no llevan una cruz como la que llevo yo"
Dios, que había escuchado sus quejas con mucha paciencia, lo esperó una tarde en la puerta de su casa, le sonrió amablemente y le dijo: "Ven conmigo, Te daré otra cruz o, mejor, tú mismo la vas a elegir..
Aquel hombre se encontró de improviso dentro de una enorme caverna. Estaba llena de cruces pequeñas, grandes, esmaltadas de diamantes, lisas, torcidas, etc. "Son las cruces de los hombres - le dijo Dios - Elige una". Aquel hombre descargó con alegría la cruz que llevaba encima y la tiró a un rincón y frotándose las manos contento comenzó a seleccionar su nueva cruz.
Probó una cruz liviana, pero era larga y difícil a llevar. Se puso al hombro la cruz de un obispo, pero era increíblemente pesada, llena de responsabilidades Otra era muy graciosa y aparentemente liviana, pero, cuando se la puso al hombro comenzó a pincharlo como si fuera llena de clavos. Agarró entonces una cruz de plata que era muy brillante; pero, de pronto, se sintió invadir por una desgarrante sensación de soledad y de abandono. Probó y volvió a probar todas las cruces, pero cada una tenía su defecto insoportable.
Finalmente, en un rincón, encontró una cruz pequeña, ya gastada pero no tan pesada. Se la puso al hombro contento. "Elijo esta" dijo a Dios. Y salió feliz de la caverna. Dios le dirigió entonces su mirada amable y le sonrió y le dijo: "¿No te das cuenta que es la misma que tiraste al suelo al entrar?. Aquel hombre había elegido exactamente la vieja cruz que había siempre llevado..
El sufrimiento es una cruz, una tentación con la cual Dios quiere poner a prueba nuestra fe. Dios nos conoce muy bien, pero permite la tentación para que podamos fortalecernos en la fe. No podemos pensar que Dios ponga, sobre nuestros hombros, una cruz superior a nuestras fuerzas, o ,mejor dicho, superior a las fuerzas que con la ayuda de Dios podemos soportar. Dios no nos tienta nunca sobre nuestras fuerzas.
"No nos han tocado pruebas superiores a las fuerzas humanas, El no permitirá que seamos tentados sobre sus fuerzas; más bien, nos dará al mismo tiempo que la tentación los medios para resistir"(1 Cor 10,13)
Si tuviéramos fe en Dios no dudaríamos un instante en creer que lo que Dios elige es siempre lo mejor. Si Dios nos ama, ¿no hará todo lo posible para que podamos superar las dificultades de la vida? No sabrá medir las pruebas según nuestra posibilidad?
Estupenda es la oración de S. Agustín: "dame Señor lo que me pides y pídeme lo que quieras."
158º Señor, ¿es usted feliz? le preguntaron a Krisnamurti.
Un colegial, después de una charla, le preguntó una vez a Krisnamurti, gran pensador de la India,: "Señor, ¿es usted feliz? Sólo un joven estudiante se había atrevido a hacer la pregunta directa y personal, la pregunta más íntima y amenazadora. Digo 'amenazadora' porque nadie quiere admitir que no es feliz ya que un condicionamiento universal nos hace poner la felicidad como meta de la vida humana y sentencia a la vergüenza pública a los que no lo consiguen.
Y Krisnamurti contestó al instante: "No lo sé. No he pensado sobre ello. Pero el día en que me ponga a pensar en eso, desde luego que me sentiría infeliz"
Feliz es aquel que no se ha puesto a pensar si es feliz o no, que ni siquiera se le ha ocurrido la pregunta. La felicidad es como la salud. Cuando uno se pone a hablar de ella, se ve que anda mal. Un hombre sano no piensa en su salud, no habla de ella, no va preguntado a todo el mundo si tiene salud o no.. El que hace esto demuestra que no está sano. Lo mejor que se puede hacer con las teorías de la felicidad es dejarlas en paz.
159º Los propagandistas de una secta rápidos en enchufar y desenchufar sonrisas.
Estaba yo visitando una vez una especie de feria religiosa organizada por una conocida secta de cierta religión. Sus seguidores guiaban al visitante explicándole cada 'pabellón de la exposición, le daban folletos de propaganda, y sobre todo le sonreían sin cesar con cara de gloria destinada a expresar la felicidad de que ellos gozaban en el ejercicio de su fe.
Me dejé llevar hasta que a mí se me ocurrió meterme detrás de una cortina que separaba, del recinto público, un pequeño espacio reservado a los seguidores de la secta. Allí dentro no había sonrisas; las mismas personas que fuera irradiaban felicidad ante los incautos visitantes, aquí estaban tensas, cansadas, irritadas hablándose unas a otras con aspereza y gestos bruscos. Por fin uno de ellos notó mi presencia, se dirigió a mí llamando la atención de todos y el ambiente cambió al instante como por encanto. Me preguntaron dulcemente qué deseaba. Pedí que me indicaran el camino para salir. Me acompañaron hasta allí con toda amabilidad y más sonrisas y la cortina volvió a caer para encubrir sus enfados y mal humor. Parecían entrenados en 'enchufar sonrisas y a desenchufarlas'.
Esta experiencia, de C. Vallés, nos demuestra una vez más que la alegría de los cristianos es la mejor manera de testimoniar que Jesús ha resucitado y que con eso todos los problemas tienen una solución positiva. Si Jesucristo venció la muerte, que es el más terrible enemigo, ¿cómo no va a vencer las otras dificultades y problemas de la vida?
160º El pastor no quiso tapar el agujero en la cerca del redil.
Una oveja descubrió un agujero en la cerca y se escabulló a través de él. Estaba feliz de haber escapado., Anduvo errando mucho tiempo y acabó por desorientarse. Entonces se dio cuenta de que un lobo la estaba persiguiendo. Echó a correr...pero el lobo la seguía siempre más de cerca. Por suerte llegó a tiempo el pastor y la salvó. La condujo de nuevo al redil con todo cariño, sin pegarla ni retarla.
A pesar de que todo el mundo le insistía para que cerrara el agujero en la cerca, el pastor nunca lo hizo. Prefirió dejar a las ovejas la posibilidad de escapar aunque a costa del peligro.
¿A quién se parece el pastor? Dios quiso correr el riesgo de crearnos libres. Sin la libertad seríamos animales incapaces de elegir entre el bien y el mal, incapaces entonces de amar porque el amor no puede ser fruto de una obligación. Es un deber amar, pero no se puede amar por obligación. ; no sería amor sino coacción. Es por eso que Jesús nos dijo: "Ya no les diré servidores, porque un servidor no sabe lo que hace su patrón. Les digo: amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre" (Jn 15,15) .
El dicho de los proverbios: "El hombre propone y Dios dispone"(Pro 16,1) no se refiere a las relaciones con Dios, sino a los propósitos que el hombre hace y que muchas veces fracasan porche las circunstancias no le permiten realizar lo que se había propuesto. No es Dios que dispone sino la realidad concreta que nos condiciona y que tenemos que tener en cuenta cuando nos proponemos algo. Así nos amonesta el apóstol Santiago: "Uds. dicen: haremos buenos negocios y sacaremos ganancias. Pero Uds. no saben lo que pasará mañana. Digan más bien: "Si Dios quiere, estaremos vivos y haremos esto o lo otro". En cambio Uds. se confían con orgullo en sus proyectos" (St 4,13-16)
Por lo que se refiere a las relaciones con Dios, habría que dar vuelta a la expresión y decir: Dios propone y el hombre dispone" es decir, Dios nos ofrece su amistad y nosotros tenemos la libertad de responder libremente a su propuesta de amor.
161º ¿Cuándo va a arrancar el ten?
Una vez estaba yo sentado en un departamento del tren y un niño pequeño estaba a mi lado y comenzó a hacer preguntas y preguntas a sus padres: ¿Cuándo arrancará el tren? ¿Cuándo partiremos? ¿Falta mucho para comenzar a viajar? Yo sentí la oportunidad de jugar con él y le dije muy serio: "El tren echará a andar cuando nosotros empecemos a empujar". El niño abrió sus grandes ojos con las sorpresa: ¿De veras? ¿De veras? ¿Y si no empujamos no arranca? "No puede arrancar" le contesté; "una vez empiece, ya va por su cuenta, pero para que arranque tenemos que empujar. "Entonces vamos a empujar" insistió el niño. "Enseguida; sólo espera un poco a que suban todos los pasajeros, Ya te diré cuando hay que empezar".
Me fijé en el reloj de la estación para estar al tanto de la hora exacta; vi la luz roja cambiar a verde, oí el pitido del jefe de la estación y le grité al chico: "Es ahora.; empuja con toda fuerza" Y , él y yo nos pusimos a empujar con todas nuestras fuerzas contra el panel del departamento hacia la máquina. El chico empujaba más y más, hasta que sus labios iniciaron una sonrisa y se le iluminó la cara. ¡El tren se movía! Muy despacio al principio y al fin a toda marcha, con los resoplidos rítmicos de la enorme locomotora.
Le felicité por lo bien que había empujado. "¡Lo conseguimos! ¿Qué te parece? Así es como se pone en marcha el tren. El chico estaba encantado. Viajaba en un tren que él mismo había ayudado a poner en marcha.
¿Se podría aplicar este juego a la colaboración del hombre con Dios? La historia humana ¿es únicamente obra de Dios? ¿Sirve para algo la actividad del hombre o, como en el cuento, es Dios que lo hace todo? La acción del hombre y la de Dios ¿se juntar de tal manera que las dos acciones se suman y el resultado depende en parte de Dios y en parte del hombre? Y si Dios lo hace todo ¿por qué Dios pide nuestra colaboración? . S.Pablo escribiendo a los corintios les decía: "No cuenta ni el que planta ni el que riega, es Dios que hace crecer. Dios nos tiene por cooperadores suyos, pero a él pertenece el campo y la construcción que son ustedes"(1 Cor 3,6-9)
Tenemos que concluir que este tema tan profundo no tiene solución clara y distinta. Podemos decir que el misterio consiste en que: Todo depende de Dios y también todo depende del hombre. Cómo se armonizen las dos libertades, nadie lo puede saber con claridad.
El cuento del chico que cree que el tren se mueve por su esfuerzo no sirve para iluminar el misterio de la relación entre la libertad del hombre y la voluntad de Dios. S.Agustín resumía todo eso diciendo: "Dios que te creó sin ti, no puede salvarte sin ti"
162º Lo lamento; no puedo quejarme
Una vez, sigue escribiendo C. Vallés, vi un programa divertido en televisión. Un equipo de televisión se había lanzado a la calle y, metiéndole el micrófono entre los dientes a cualquiera a quien lograban parar, le daban dos minutos para decir lo que quisiera a todo el país mientras rodaban las filmadoras frente a su cara. Dos minutos no dan mucho juego a la retórica, y las fugaces entrevistas pronto degeneraron en un desfile monótono de rostros contraídos y voces agudas. Pero entonces un dato común saltó con sorpresa del montón de escenas repetidas; lo capté al vuelo y lo verifiqué en todas las entrevistas restantes del programa. El dato común era éste: cada uno de aquellos hombres y mujeres entrevistados, cada uno sin excepción, hizo uso de los dos minutos que le concedían en urgencia improvisada.... para quejarse de algo.
Eran personas muy distintas, en edad, ocupación o trabajo, y todos decían cosas distintas. Pero todos coincidían en quejarse. Uno se quejó de que no había autobús desde su barrio al centro; un colegial se quejó de cómo le había reñido su padre cuando lo suspendieron y pidió con lágrimas a todos los padres que le oían que no castigaran así a sus hijos. A nadie se le ocurrió decir que a veces, sí, funcionan algunas cosas. Salí convencido de que somos todos profesionales de la queja.
Hay una frase que, nos delata y proclama a los vientos nuestra inclinación a la queja. Cuando a alguien le va bien las cosas y le preguntamos sobre ellos, él contesta con resignación: "No me puedo quejar" ¡Qué lástima! No puede quejarse el pobre. Estaría deseando hacerlo, deseando poder quejarse de algo o de alguien, pero, por desgracia, le va bien en todo y no puede darse el gusto de quejarse. Al fin acaba por salirse con la suya. Se queja que no puede quejarse.
¿Por qué será que nos quejamos continuamente de todo? ¿Es que todo anda mal en el mundo? ¿O será porque estamos destinados a una plena felicidad y nos sentimos extranjeros hasta que llegamos a la Patria definitiva?
163º Si no sabes decir que 'no', tu 'si' no vale nada.
Una vez pude observar cómo una niña pequeña sufría al tener que escoger entre dos muñecas en una tienda llena de juguetes. Quiso ambas muñecas y se las puso bajo el brazo para salir. La mamá le hizo entender que tenía que elegir a una sola. Resignada escogió una; pero cuando llegó a la puerta, la pequeña se desprendió de la mano de la mamá y volvió corriendo al mostrador donde aún estaba la muñeca en la resignación de su abandono. Le dio un gran beso y volvió corriendo a su mamá. Una pequeña niña encantadora comenzaba a aprender lo difícil que es escoger.
Elegir es renunciar, no se puede conseguir todo lo que el corazón desea. Una novia que no es capaz de decir que no a su novio que la invita insistentemente a anticipar las relaciones propias de los esposos, ¿cómo podrá decir un sí responsable en el día de su boda? El sí presupone la capacidad de decir que no, es decir la libertad. El 'si' de la promesa matrimonial significa, algo semejante a la premisa de los mandamiento: "No tendrá otro Dios más que a mi" El sí del matrimonio, en la nueva alianza, significa: " No tendré otro hombre u otra mujer más que a ti" ¿Qué valor puede tener esta promesa si siempre se dejaron llevar por los deseos o impulsos? El acto libre es tal si sale de una persona que puede elegir entre una opción y otra.
164º El Dios de las quinielas
Entré un día en la casa de una familia cristiana; me senté, charlé, tomé el té y noté que en una esquina de la habitación había una estatua de la virgen María que entre los dedos de la mano tenía un papel doblado.
Me picó la curiosidad, y aproveché el momento de la despedida, al pasar de uno a otro en la familia, para acercarme al rincón y echar una mirada rápida al pequeño papel. En efecto el papel doblado, en las manos de la imagen sagrada, era un billete de la lotería. Lo comprendí todo: la familia piadosa, la pobreza, la esperanza en la Providencia estatal de la lotería. Algo que no estaba en manos del hombre (parece que es una de las pocas cosas en que no se hacen trampas) y, por tanto, estaba pura y exclusivamente en manos de Dios. Rogémosle a él y hagámosle fácil satisfacer nuestras necesidades y oír nuestras oraciones a un tiempo. Una vuelta más al boletero, sale el número y todos felices.
¿Qué problema ese billete de lotería le estará causando a Dios? ¿Qué va a hacer con él? Además ése no es el único billete por el que se han elevado oraciones. Hay otras familias piadosas y necesitadas que han pensado lo mismo y rogado lo mismo ¿Qué va a hacer Dios ahora? ¿Echar a suerte entre los que han rogado? Eso sería otra lotería. Pero lo más serio es que, si Dios decide que le toque el gordo al billete que cuelga de las manos de la estatua, pronto se sabrá y cundirá la voz de que con poner el billete en las manos de una estatua toca el gordo y no va a haber estatuas en todo el país para el próximo sorteo.
166º ¿Has hecho buenas preguntas en la escuela?
Un científico de fama mundial a la pregunta obligada de a qué atribuía sus éxitos en el campo de la investigación contestó así: "Cuando yo era pequeño, al volver todos los días de la escuela, mi mamá me hacía una pregunta y era ésta: "Hijo mío, ¿has hecho alguna pregunta en clase? Yo sabía que tendría que responder su mamá todos los días y así me esforcé por prestar atención en clase, pensar por mi cuenta y aprender a hacer preguntas que merecían la pena.
Una pregunta puede ser una puerta genuina para un mejor entender. Lo que más cuenta en la vida es buscar la verdad. Quién la busca, está buscando a Dios., mejor se podría decir, lo ha ya encontrado. S.Agustín decía que nadie busca a Dios si no recibe de Dios una gracia que lo inquieta. "No me buscaría si no me hubiera ya encontrado".
167º “Ahora Ud. no puede entender el retrato....no está terminado.
Una pintora aficionada quiso, en cierta ocasión, hacerme un retrato. Me sentí halagado y me sometí a la tortura imprescindible de posar horas y horas seguidas sin moverme. Humilde sacrificio en aras del arte. Después de la primera sesión, cuando mis entumecidos miembros habían llegado al límite del aguante y ella parecía haber embadurnado suficientemente el lienzo, me levanté y me acerqué amistosamente al caballete para inspeccionar el primer boceto y alabarlo, fuera como fuera. Pero ella me lo impidió cubriendo el lienzo con un trapo; y con una sonrisa pero con decisión me dijo: "Verás el retrato cuando esté acabado. Si lo ves ahora, a medio hacer, no te va a gustar"
La obedecí, desde luego, pero al mismo tiempo me puse a pensar. Si veo mi retrato ahora a medio hacer no me va a gustar...Unas pinceladas inciertas, manchas aisladas de color, expresión sin vida. Entendí las órdenes de la artista y las obedecí. Entre tanto, me había asaltado otro pensamiento: no critiques la vida mientras no esté acabada. Es posible que no te guste, que no le encuentres sentido a unos trazos aislados y unos colores caprichosos.
Muchos son los que se quejan de que la vida no tiene sentido. Toda la vida no basta, quizá, para encontrarle el auténtico sentido Hay que esperar un poco; el retrato, es decir la vida, no ha terminado todavía. Hasta el último retoque nada hay de definitivo. Entendemos la vida cuando estamos ya al final.
Es por eso que no podemos dar un juicio definitivo sobre las personas. "No juzgue y no serás juzgado" nos dice Jesús (Mt 7,1). No juzgue ni a los demás ni a ti mismo, antes que se termine la vida, es decir nunca. Sólo Dios puede juzgar porque sólo El nos conoce hasta el fondo. Sin decir que ni Dios nos juzga ahora, sino que pacienta hasta que hayamos emitido el último respiro.
El hecho es que nosotros los hombres vivimos tan poco tiempo que estamos siempre apurados para conocer todo y dar un juicio definitivo sobre lo que todavía está en marcha. Nadie critica un edificio que todavía está en construcción porque sabe que todas aquellas tablas y vigas no son que andamios. El edificio perfecto está todavía en la fantasía del arquitecto.
169º Aquel hombre sirvió a Leonardo para retratar a Jesús y a Judas.
El gran Leonardo da Vinci había aceptado pintar el comedor del convento de Santa María de las Gracias en Milán con un gran fresco que representara la última cena de Jesús con sus apóstoles. Quería que esta pintura fuera su obra mayor y por eso trabajaba con calma y atención excepcionales. Por eso, no obstante la impaciencia de los frailes del convento, el trabajo progresaba con mucha lentitud.
Para representar el rostro de Jesús Leonardo había buscado, por meses, el modelo que tuviera todas las condiciones necesarias, un rostro que expresara fuerza y dulzura a la vez, espiritualidad y bondad intensa.
Finalmente lo encontró y dio a Jesús el rostro de un joven abierto y bueno que había encontrado en la ciudad.
Años después, Leonardo volvió a dar vueltas y vueltas por la ciudad, pero ahora visitaba los barrios bajos de Milán, por las tabernas más sospechosas y ambiguas. Necesitaba encontrar un rostro para pintar al apóstol traidor, Judas. Después de noches y noches transcurridas en medio de borrachos y malhechores de toda laña, Leonardo encontró al hombre que necesitaba para su Judas. Lo llevó al convento y se puse a retratarlo. Estaba por comenzar cuando vio en los ojos de aquel hombre brillar una lágrima. "¿Por qué lloras?" - le preguntó - Leonardo mirando atentamente aquel hombre. "Yo soy aquel joven que le sirvió para pintar el rostro de Jesús", le respondió.
Los rasgos del rostro son un reflejo del alma. Decía Abraham Lincoln, que a los cuarenta años un hombre es responsable de la cara que tiene.
Cuando nos presentaremos delante de Jesús al final de nuestra vida, no será necesario sumar y restar todas las acciones buenas o malas que hayamos cometido; bastará al juez divino mirarnos en la cara para ver si en algo nuestro rostro tiene alguna semejanza con él. En base a esto seremos juzgados.